martes, 25 de febrero de 2014

"Química Perfecta" capítulo 24






DIANA
       No es que me avergüence de la discapacidad de mi hermana, pero no quiero que gaston la juzgue, porque si se ríe de ella, no podré soportarlo. Me doy la vuelta.
    - No se te da muy bien obedecer órdenes, ¿verdad?
    Me sonríe como diciendo «soy un pandillero, ¿qué esperabas?».
    - Tengo que ir a echarle un vistazo a mi hermana. ¿Te importa?
    - No. Así podré conocerla. Confía en mí.
    Debería sacarlo de casa a patadas, con sus tatuajes y todo. Debería, pero no lo hago. Sin decir nada más, lo llevo a nuestra oscura biblioteca revestida de madera. ella está sentada en su silla de ruedas, con la cabeza torpemente inclinada hacia un lado mientras ve la televisión.
    Cuando se da cuenta de que tiene compañía, aparta la mirada del televisor y nos observa, primero a mí y después a gaston.
    - Este es Israel -le explico, y apago la tele-. Un amigo del instituto.
    ella mira a Israel con una sonrisa torcida y golpea su teclado especial con los nudillos.
    - Hola -dice una voz femenina y computarizada. Golpea otro botón-. Me llamo tati -continúa el ordenador.
    Israel se arrodilla junto a mi hermana. Ese simple gesto de respeto despierta una extraña sensación en mí. Mario siempre ha ignorado a mi hermana, la trata como si, además de discapacitada física y mental, también fuera ciega y sorda.
    - ¿Qué tal? -dice Israel, cogiendo la rígida mano de mi hermana y estrechándola-. Qué ordenador más cool.
    - Es un mecanismo de comunicación especial o PCD -le explico-. Le ayuda a comunicarse con los demás.
    - Juego - dice la voz del ordenador. Israel se coloca junto a mi hermana. Contengo la respiración mientras observo sus manos, asegurándome de que no estén al alcance de su espesa mata de pelo.
    - ¿Esto tienes juegos? -pregunta.
    - Sí -respondo por ella-. Es una fanática de las damas. tati, enséñale cómo funciona.
    Mientras presiona despacio la pantalla con los nudillos, Israel lo observa todo visiblemente fascinado. Cuando aparecen las damas en la pantalla, ella empuja la mano de gaston.
    - Tú primera -dice él.
    Ella niega con la cabeza.
    - Quiere que empieces tú -le digo.
    - bueno -dice él, dándole un golpecito a la pantalla.
    Les observo. Ver jugar tranquilamente a este tipo duro con mi hermana mayor me hace sentir muy bien.
    - ¿Te importa si voy a prepararle algo de comer? -le pregunto. Necesito salir de la habitación.
    - No, adelante -repone gaston sin apartar la vista de la pantalla.
    - No tienes que dejarte ganar -le advierto antes de marcharme-. Se le dan muy bien las damas.
    - Eh, gracias por el voto de confianza, pero estoy intentando ganar -responde Israel.
    Sonríe con sinceridad. No intenta representar el papel de chico duro y arrogante. Me hace desear con más fuerza escapar de allí. Poco después, cuando entro en la biblioteca con la comida de mi hermana, Israel dice: - Me ha destrozado.
    - Ya te dije que era buena. Pero se acabaron los juegos por hoy -le digo a mi hermana. Acto seguido, me vuelvo hacia Israel y añado-: Espero que no te importe que le dé de comer.
    - Desde luego que no.
    Israel toma asiento en el sillón de piel favorito de mi padre mientras yo coloco la bandeja delante de mi hermana y le doy de comer su compota de manzana. Es un desastre, como siempre. Ladeo la cabeza y veo a gaston que está observándome mientras le enjugo a mi hermana la comisura de los labios con una toallita.
    - tati, tendrías que haberle dejado ganar. Ya sabes, por educación. -Mi hermana responde negando con la cabeza. La compota le resbala por la barbilla-. De modo que así están las cosas, ¿eh? -le recrimino, esperando que la escena no asquee a Israel. Tal vez le estoy poniendo a prueba para averiguar sí puede soportar un rato de mi vida en casa. Si lo hace, aprobará-. Espera a que se vaya Israel. Ya te enseñaré yo quién es la campeona de las damas.
    Mi hermana me regala una de sus sonrisas dulces y ladeadas.
    Es como si expresara mil palabras con ese gesto. Durante un momento, me olvido de que él me observa. Es tan extraño tenerlo aquí, dentro de mi vida, en mi casa. No pertenece a este lugar y, sin embargo, no parece importarle estar aquí.
    - ¿Por qué estabas de tan mala leche en clase de química? -me pregunta.
    Porque van a llevarse lejos a mi hermana y ayer me pillaron con las tetas al aire mientras Mario tenía los pantalones bajados delante de mí.
    - Estoy segura de que has oído los espantosos rumores.
    - No, no he oído nada. Quizás estés obsesionada.
    Quizás.. Miro a Israrl y le digo:
    - A veces desearía poder retroceder en el tiempo.
    - Sí, yo desearía poder retroceder unos cuantos años -responde muy serio-. O hacer que los días pasaran muy deprisa.
    -Por desgracia, la vida real no funciona con mando a distancia -me lamento. Cuando mi hermana termina de comer, la siento delante de la televisión y me llevo a Israel a la cocina-. Mi vida no es tan perfecta, después de todo, ¿verdad? -le pregunto mientras saco unos refrescos del frigorífico.
    Israel me mira con curiosidad.
    - ¿Qué? -le espeto. -Supongo que todos tenemos problemas. A mí me persiguen más demonios de los que salen en una película de terror -dice, encogiéndose de hombros.
    ¿Demonios? Nada parece perturbar a Israel. Nunca se queja de su vida.
    - ¿Cuáles son tus demonios? -insisto.
    - Si te cuento cuáles son mis demonios, saldrías corriendo de aquí.
    - Creo que te sorprendería más saber qué me hace correr a mí, Israel.
    Las campanadas del reloj de pared resuenan por toda la casa. Una. Dos. Tres. Cuatro. Cinco.
    - Tengo que irme - anuncia Israel-. Mañana podemos quedar en mi casa, después del instituto, para estudiar.
    - ¿En tu casa? ¿En la zona sur?
    - Puedo enseñarte un pedacito de mi vida. ¿Te atreves? -me reta.
    - Claro -aseguro, tragando saliva. Que empiece el juego.
    Cuando le acompaño a la puerta, oigo que alguien está aparcando el coche en la entrada de mi casa. Si es mi madre, me la cargo. Da igual que hayamos tenido un encuentro de lo más inocente, se pondrá hecha una furia.
    Miro a través de las ventanas de la puerta principal y reconozco el deportivo rojo de Alomdra. - Oh, no. Mis amigas están aquí.
    - Que no cunda el pánico -dice-. Abre la puerta. No puedes fingir que no estoy aquí. Mi moto está aparcada en la entrada.
    Tiene razón. No puedo ocultar su presencia. Abro la puerta y salgo al exterior. Israel está justo detrás de mí cuando me encuentro con Alondra, y Angie en la acera.
    - ¡Hola, chicas! -exclamo. Tal vez si actúo con normalidad no le darán tanta importancia al hecho de que gaston esté en mi casa. Le doy un codazo a mi compañero de laboratorio-. Estábamos hablando de nuestro proyecto de química. ¿Verdad, Israel?
    - Así es.
    Angie arquea las cejas. Cuando ve salir de mi casa a Israel, me da la sensación de que está a punto de sacar el móvil, sin duda para poner al corriente.
    -¿Deberíamos irnos y dejaros a solas? -sugiere Alondra.
. -No seas ridícula -me apresuro a añadir. Israel monta en la moto. La camiseta que lleva marca una espalda perfectamente musculada y los pantalones un perfectamente musculado...
    - Nos vemos mañana -dice, señalándome con el dedo tras ponerse el casco. Mañana. En su casa. Asiento con la cabeza.
    Después de que gaston se haya ido, Angie interviene:
    - ¿De qué iba todo esto?
    - Química -murmuro.
se ha quedado boquiabierta.
    - ¿Estabais haciéndolo? -insiste Alondra-. Porque hace diez años que somos amigas y puedo contar con los dedos de la mano las veces que me has invitado a entrar en tu casa.
    - Es mi compañero de química,
    - Es un pandillero, Diani. No lo olvides nunca -dice Alondra. Diana niega con la cabeza y añade:
    - ¿Estás colada por otro chico que no es tu novio? Mario le ha comentado a Nicola que últimamente te comportas de un modo muy extraño. Somos tus amigas, así que hemos venido aquí para hacerte entrar en razón.
    Me siento en el primer escalón y las oigo parlotear sobre la reputación, los novios y la lealtad durante media hora. Tienen razón.
    - Prométeme que no sucede nada entre Israe y tú -exige Angie cuando Alondra se marcha en coche y nos quedamos solas.
    - No sucede nada entre Israel y yo -le aseguro-. Te lo prometo.

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