sábado, 22 de febrero de 2014

"Una Vida Sin Vivir" capítulo 23




estaba consciente de un pitido molesto; mi cabeza estaba palpitando y
pulsando en un lado. Apreté los ojos cerrados intentando alejar el dolor.
—¿Ángel? —dijo Nicola cerca de mi cabeza. Gemí y volví la cabeza hacia su voz. Me
sentía muy mal, como si estuviera en una especie de burbuja. Por fin abrí mis ojos
para verlo inclinado por encima de mí, viéndose magnífico como siempre, excepto
que ahora parecía estresado. Tenía el ceño fruncido, la mandíbula apretada.
—Hola —dije con voz ronca, tratando de sonreír y de ignorar el dolor en mi
cabeza.
—Gracias a Dios. Me asustaste. —Inclinó la cabeza y me besó suavemente la frente,
pareciendo respirar un suspiro de alivio.
—Está bien. Si tan sólo pudiera entrar y echar un vistazo —dijo una voz femenina
con severidad. Miré a mí alrededor y no tenía idea de dónde estaba. Yacía sobre
una cama pequeña, todo junto. Era una pequeña habitación de algún tipo, con
estantes y armarios a lo largo de las paredes, excepto que se movían, y podía sentir
las vibraciones de la carretera.
Nicola se movió a un lado y una señora con mono verde se inclinó sobre mí.
—Hola, Angie. ¿Cómo te estás sintiendo? —preguntó, haciendo brillar una luz en
mis ojos.
Empujé su mano fuera de mí, en busca de Nicola.
—¿Dónde estoy? —pregunté, un poco presa del pánico. ¿Cómo diablos llegué
aquí? Estaba en la cocina, entonces me sentí un poco mal…
—Estás en una ambulancia, cariño. Te desmayaste y te golpeaste la cabeza
bastante fuerte contra el mostrador de la cocina —explicó, tomando mis manos y
colocándolas sobre mi pecho—. Sólo necesito comprobarte. Has estado
inconsciente durante unos veinte minutos. —Encendió la luz hacia mis ojos de
nuevo, asintiendo con la cabeza, pareciendo satisfecha—. ¿Te duele la cabeza? —
preguntó, tocando ligeramente detrás de mí oreja. El dolor atravesó mi cabeza y
silbé a través de mis dientes—. Creo que vas a necesitar un par de puntos aquí —
dijo ella, asintiendo hacia el lado de mi cabeza.
Tendí una mano hacia Nicola. Inmediatamente la tomó y besó mis dedos, sus ojos
no dejaban mi cara. Se veía muy estresado. Después de otro par de minutos nos
detuvimos en el hospital y comenzaron a rodarme en mi pequeña cama.
—Puedo caminar —protesté, sintiéndome estúpida por ser llevada dentro del
hospital en una cama.
—Lo siento, cariño, es una práctica habitual. Arribaste con luces, debes ir en una
cama —respondió, guiñándome un ojo. Sonreí débilmente y Nicola se echó a reír,
pero no era su risa habitual, era apretada y sin sentido del humor.
Rodamos dentro de un pequeño cubículo y nos dejaron por nuestra cuenta.
—¿Qué paso, Ángel? —preguntó Nicola, inclinándose sobre mí y rozando su mano
suavemente por un lado de mi cara.
Me encogí de hombros y luego hice una mueca cuando el movimiento hizo que mi
cabeza doliera otra vez.
—No lo sé. Me sentía un poco mareada, entonces me desperté contigo en la
ambulancia —le expliqué. Eso era todo lo que podía recordar.
—Asustaste la mierda fuera de mí. No vuelvas a hacerme eso otra vez. Promételo
—indicó, haciéndome reír por cuán serio estaba. ¿Quería que le prometiera que
nunca me pasaría de nuevo?
—Nicola, no puedo prometer algo de lo que no tengo control —bromeé, sin dejar
de reír. Suspiró y se inclinó hacia delante, besándome ligeramente, prendiendo
fuego en mi cuerpo. Se retiró cuando la cortina se abrió y entró un médico.
—Oops, lo siento. ¿Debo volver más tarde? —preguntó el doctor, sonriendo. Me
reí, avergonzada de haber sido sorprendida haciéndolo en un hospital.
—Sí, ¿podría darnos cinco minutos? —bromeó Nicols, haciendo reír al hombre.
Tomó mi mano con fuerza mientras el doctor miraba mis ojos y comprobaba mi
cabeza, garabateando en su libreta.
—Entonces, te desmayaste, Angie, ¿te has estado sintiendo bien hoy? ¿Has
tomado algo que no deberías? —preguntó, mirándome con un poco de suspicacia.
—¿Cómo drogas o algo así? —cuestioné, sorprendida. ¿Parezco una maldita adicta
a las drogas? Asintió con la cabeza, mirándome expectante—. No, no he tomado
nada. Me estado sintiendo un poco apagada hoy, un poco mareada —admití.
Escribió de nuevo.
—¿Has comido?
Pensé en ello, ¿había comido? Tenía algunas tostadas para el desayuno, pero no
comí el almuerzo, porque me sentía mal.
—Um, no realmente. Me sentía mal durante el almuerzo.
—Hmm, probablemente ese es tu problema allí. ¿Estás bajo cualquier tipo de estrés
o cualquier cosa en este momento? ¿Haciendo exámenes, ese tipo de cosas? —
preguntó, escribiendo de nuevo.
Estrés. Guao, eso es un eufemismo. Mi padre abusivo se mudó de nuevo a la
ciudad, trayendo con él una nueva familia. Hace una semana que lo vi de nuevo
por primera vez desde que trató de forzarse sobre mí. Me enteré hace un
momento de que ha estado abusando de su nueva familia y ellos se van a mudar
con nosotros por un tiempo. En realidad, ¿cuánto tiempo estarán con nosotros?
¿Alguien mencionó eso? Tendría que tener a Erick con Israel, y Ana Karina y Adriano
pueden compartir la habitación de mi madre, entonces cuando mamá venga a casa
yo podría…
—¿Angir? —dijo el médico, sacándome de mi pequeño mundo.
—Oh, claro. Um, sí, mi vida ha estado estresante últimamente —declaré,
mordiéndome el labio de lo mucho que un eufemismo en realidad era real.
—Bueno, el estrés puede hacer cosas divertidos por ti. Realmente necesitas comer
adecuadamente. Voy a sacar algunas muestras de sangre para asegurarme de que
no hay nada más pasando. Conseguiré a alguien para que venga y haga los puntos
en tu cabeza y te voy a tener un par de horas sólo para comprobar que todo está
bien después de ese golpe —afirmó, sonriendo amablemente.
Fue al armario y sacó una aguja. Miré a Nicola, con los ojos muy abiertos. Odiaba las
agujas. Cuando el médico se acercó a mí, Nicola inclinó la cabeza y me besó.
Cerré los ojos y fundí mis labios contra los suyos. ¡Por Dios, sabia tan
condenadamente bien!
—Está bien, todo hecho. Iré a mandar esto, deberían estar de vuelta en una hora o
algo así —anunció el doctor, lanzando la aguja a la basura y escribiendo en un
pequeño frasco. Eché un vistazo a mi brazo para ver un pedacito de cinta adhesiva
blanca sosteniendo una pelota de algodón en el interior de mi codo.
—¿Lo hizo ya? —pregunté, sorprendida. ¡Guao, ni siquiera lo sentí!
El médico y Nicola sonrieron.
—Sí, todo hecho. Ah, el poder de distracción —reflexionó el médico, sonriendo
abiertamente. Sonreí a Nicola, tendría que llevarlo en cada pinchazo que alguna vez
tuviera a partir de ahora.
—Está bien, así que la enfermera estará haciendo puntos en tu cabeza en pocos
minutos. Probablemente estarás aquí durante dos o tres horas —dijo, dirigiéndose
a la cortina.
Asentí.
—¿Puede quedarse mi novio conmigo? —le pregunté esperanzadoramente
mientras me aferraba a la mano de Nicola. No quería estar en este lugar estéril por
mi cuenta.
—Claro, eso está bien. Sólo uno de los visitantes, sin embargo, porque podría
haber una multitud preguntando por ti, por tu vuelta a casa —sugirió, riendo entre
dientes mientras se iba y dejaba caer la cortina.
Multitud, ¿Qué es eso? Miré a Nicola, él sonrió.
—Todos vinieron. Yo, literalmente, tuve que empujar a Israel cuando dijeron que
sólo una persona podía viajar contigo —dijo, viéndose un poco culpable de ello.
Me sonrió y le apreté la mano.
—Bueno, me alegra de despertar contigo en lugar de Israel. Así que gracias.
Inclinó la cabeza y me besó ligeramente.
—También me alegro. —Suspiró—. Será mejor que vaya y les diga que estás muy
bien, y que deben ir a casa —dijo, poniéndose de pie.
—Igual date prisa, ¿de acuerdo? —le pedí, dándole mi cara de mendicidad.
Sonrió.
—Voy a ser tan rápido como sea posible —prometió, besándome en la frente y
saliendo rápidamente. Cerré los ojos y escuché el ruido en la sala y esperé a que
regresara.
Nicola estuvo de vuelta en cinco minutos con un sándwich pre-empacado y una
bebida.
—Oye, no sé si tienes permitido uno de estos, todavía, por lo que tendrás que
esperar hasta que la enfermera venga a coserte la cabeza. No me perdí eso,
¿verdad? —preguntó preocupado.
—No, no te lo perdiste. —Sonreí a cuán pensativo era todo el tiempo.
Se sentó en la sillita y me tomó de la mano. La enfermera entró unos minutos más
tarde y cosió mi cabeza, al parecer necesitaba seis puntos de sutura. Hice que Nicola
me distrajera todo el tiempo, realmente era el mejor analgésico conocido por el
hombre. Tal vez debería tratar de embotellarlo de alguna manera, y luego venderlo.
¡Sería rica!
Finalmente, después de una hora y media, el médico regresó.
—Hola, tengo los resultaos de los análisis de sangre y parece que no fue la falta de
alimentos lo que te hizo perder el conocimiento —dijo, mirándome con seriedad.
Nicola se puso tenso a mi lado, apretando mi mano, inclinándose tan adelante en su
silla que no me sorprendería que se cayera de un momento a otro.
—Ok, así que, ¿qué era? —le pregunté con curiosidad. No podía ser nada malo.
Sólo tenía dieciséis años, por amor de Dios, no fumaba, no bebía mucho, no tenía
exceso de peso, hago ejercicio físico con regularidad. Quiero decir, no debería
enfermar, ¿o sí?
—Estás embarazada —afirmó.

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