viernes, 21 de febrero de 2014

"Una Vida Sin Vivir" capítulo 22




Angie? —repitió la señora, mirando entre él y yo—. ¿Tu hija,
Angie? —preguntó, con una sonrisa tirando de sus labios. Mi
padre asintió con la cabeza, sin separar sus ojos de los míos. Me sentí como un
venado atrapado en los faros de un coche que se aproxima y lo único que puede
hacer es prepararse para el impacto.
—Bueno, es grandioso al fin conocerte. He oído a Matías y Erick hablar tanto
de ti que ya siento como si te conociera —dijo la señora, sonriéndome con gusto.
Traté de devolverle la sonrisa y fingir que todo estaba bien, que no estaba a punto
de desmayarme en cualquier segundo, que no estaba a unos cinco segundos de
tumbar la casa a gritos.
—Igualmente, Ana Karina —contesté en voz baja, arrastrando mis ojos de él.
—¿Qué estás haciendo aquí, Angie? —preguntó mi padre, levantando las cejas y
sonriendo con una media sonrisa. El sonido de su voz envió escalofríos por mi
columna mientras trataba desesperadamente de no recordar mi infancia. Tenía
pesadillas con su voz, sus ojos, la forma en que se paraba tan derecho y cómo sus
puños siempre estaban cerrados, igual que ahora.
—Yo... yo vine con Erick. Él está... él esta se está cambiando —tartamudeé.
Inmediatamente me regañé mentalmente por mi tartamudez. Sus viejas reglas
volvieron, enderézate, habla claro, no murmures.
Ana Karina sonrió.
—Bueno, es genial que estés aquí. ¿Te gustaría quedarte a cenar? Creo que vamos
a pedir comida, porque no tenemos muchos alimentos aquí. No pensábamos
volver hasta tarde esta noche, pero Adriano ha estado enfermo toda la semana, así
que volvimos temprano —explicó Ana Karina mientras besaba la cabeza del bebé con
suavidad. Ella parecía muy agradable, demasiado buena para este imbécil
abusador.
Negué con la cabeza, incapaz de hablar de nuevo. Me temblaban las manos, así
que las apreté juntas con fuerza, tratando de mantener el control y no lanzarme al
suelo a llorar.
—¿Estás segura? No es molestia. Nos encantaría que te quedaras para la cena, ¿no
es así, Matías? —continuó, sonriéndole, completamente ajena a lo que yo estaba
viviendo mi peor pesadilla en estos momentos.
Él asintió con la cabeza, su mirada viajó a lo largo de mi cuerpo, haciéndome sentir
escalofrío.
—Estoy segura, gracias —dije en voz baja, quebrándome un poco al final.
El niño empezó a llorar de nuevo. Los ojos de Ana Karina se agrandaron mientras miraba
a Matías.
—Voy a darle un poco de medicina y a dormirlo —dijo, levantando la cabeza hacia
la despensa, de la que sacó una botella de medicina y una cuchara.
Mi padre anduvo un par de pasos hacia mí y yo retrocedí contra la puerta, mi
respiración salió entrecortada. Le eché un vistazo a mi teléfono abierto y marqué el
numero de Erick, era la persona más cercana, si tan sólo pudiera llamarlo y
decirle de alguna manera que bajara, podríamos irnos.
—¿Cómo has estado, Angie? He estado tratando de verte por años, pero tu
hermano no me dejó —afirmó con sorna en la palabra hermano.
¿Había estado tratando de verme y Israel no me dijo? ¿Por qué diablos no iba a
decirme algo así? Conociendo a Israel, probablemente pensó que me estaba
protegiendo. Miré a la madre de Erick en busca de ayuda, ella estaba regresando
la botella de medicina.
—He estado muy bien, gracias —contesté. Miré mi teléfono, que todavía estaba
tratando de conectar, Erick no respondía. ¡Maldita sea!
—Voy a llevar a Adrianito a la cama y vuelvo para hacer un poco de café o algo. —
Sugirió Ana Karina, sonriéndome amablemente.
—Está bien, amor —respondió mi padre, sin apartar sus ojos de los míos.
Tragué saliva, ¡no podía estar allí sola con él!
—¿Puedo ir contigo? —pregunté con desesperación. Ana Karina me miró un poco
sorprendida—. Me gustaría ver el cuarto de Adriano, si eso está bien —mentí con
rapidez. De ninguna forma me quedaría aquí con él.
—No creo que eso sea una buena idea, Angie. Adriano no está bien. Puedes ver su
habitación en otro momento —interrumpió mi padre antes de que Ana Karina pudiera
contestar.
Ana Karina sonrió.
—Ya vuelvo. —Se dirigió fuera de la habitación con el niño aferrado a su cuello.
Di un paso a un lado y casi salgo corriendo de la habitación después de ella. Tan
pronto lo pasé, agarró mi muñeca, halándome para que me detuviera, lo que casi
me hace caer. Sentí el grito tratar de salir de mi garganta, pero me lo tragué, no
podía demostrarle cuanto poder tenía sobre mí.
—Te ves hermosa, Angie. Igual a tu madre cuando tenía tu edad. Siempre has sido
un jodido durazno —ronroneó, lamiéndose los labios mientras pasaba su mano por
mi mejilla.
Levanté mi rodilla y le di un rodillazo tan fuerte como pude en la ingle, tirando mi
brazo de su agarre y corriendo por el pasillo tan rápido como mis piernas pudieron
llevarme. Aunque no tenía ni idea de a dónde debía ir. Había venido en el coche de
Erick, así que no quería simplemente salir corriendo de la casa sin un lugar al que
ir. En vez de eso, corrí hacia las escaleras, pasando el pasillo hasta que me detuve
en una puerta con un anuncio de “Entre bajo su propio riesgo” colgando. Tenía que
ser la habitación de Erick. No me molesté en tocar, sino que entré azotando la
puerta detrás de mí y estallando en sollozos histéricos mientras me inclinaba
contra ella.
—¡Angie! ¿Qué demonios? —exclamó Erick. Alcé la vista y allí estaba, de pie
envuelto en tan sólo una toalla, con el cuerpo mojado acabando de salir de la
ducha. Me retiré de la puerta y me lancé hacia él, abrazándolo con fuerza,
ignorando el agua que goteaba de su pelo sobre mí mientras sollozaba en su
cuello.
—¿Qué pasa? ¡Angie, por amor de Dios! ¿Qué pasó? —preguntó
desesperadamente mientras frotaba las manos por mi espalda tratando de
calmarme.
—Necesito ir a casa. ¡Necesito irme, ahora mismo! —grité. Mis piernas apenas me
sostenían, él estaba soportando a la mayor parte de mi peso. Probablemente lo
estaba lastimando dada la fuerza con que me aferraba a él, pero no se quejaba.
—¿Qué pasa? —preguntó, separándome para mirarme.
—¿Erivk, por favor? —Me atraganté.
Él asintió con la cabeza y me arrastró hasta la cama para que me sentara.
—Tengo que vestirme —dijo, ruborizándose.
Asentí con la cabeza y cerré los ojos, tratando de imaginar a Nivola, lo necesitaba
para calmarme, no podía entrar en crisis aquí. Lo escuché moverse vistiéndose.
Menos de un minuto más tarde, tomó mi mano.
—Estoy listo. Vamos —dijo, tirando de mí con suavidad. Me aferré a su mano con
fuerza mientras me conducía a través del cuarto hasta la puerta, deteniéndose con
una mano en la perilla—. ¿Me prometes que me dirás de qué trata todo esto más
tarde? —pidió, mirándome suplicante. Asentí con la cabeza. Aceptaría cualquier
cosa que me pidiera con tal de que me sacara de aquí.
Envolvió su brazo a mi alrededor, acercándome a su lado, mientras abría la puerta
que nos llevaba rápidamente por las escaleras. Me puse rígida cuando su madre
salió de la sala de estar.
—¡Mierda! ¿Qué están haciendo en casa? —preguntó, sorprendido.
Ella sonrió con cierta tristeza.
—Adriano no está bien. Se puso enfermo ayer por la noche y ha estado incómodo
durante todo el día, así que vinimos antes —explicó, abriendo los brazos para
abrazarlo.
Se apartó de mí y sentí mi aliento entrecortado en mi garganta por estar por mi
cuenta. Él le dio un rápido abrazo.
—Te extrañé —susurró ella, dándole palmaditas en la espalda.
Él sonrió y la besó en la mejilla.
—Yo también. Mira, mamá, tengo que llevar a Angie a su casa, su hermano la
necesita —mintió, pasando de nuevo su brazo sobre mí rápidamente.
Ella sonrió con tristeza.
—¿Segura de que no puedes quedarte a cenar, Angie? A Matías le gustaría pasar
algún tiempo contigo.
¿Pasar tiempo conmigo? ¿Es una maldita broma? Negué con la cabeza.
—No puedo —susurré.
Mi padre caminaba por la esquina, así que me encogí al lado de Erick,
apretándome contra él con tanta fuerza que dolía. Su brazo se apretó a mi
alrededor, aunque no sabía por qué estaba actuando de esa manera. Realmente
era un gran hermanastro.
—Hola, Matías —saludó Erick, con rigidez.
—Hola, Erick. ¿Siendo acogedor con mi hija? —preguntó, su voz dura me hizo
estremecer.
—Me tengo que ir —susurré desesperadamente, enterrando mis dedos en su
costado.
—Los veré más tarde —dijo Erick volteándose y empujándome delante de él
para colocarse entre mi padre y yo mientras caminábamos hacia la puerta.
Prácticamente corrí hasta su auto, mirando hacia la puerta todo el tiempo en caso
de que viniera a buscarme. Aunque sabía que no lo haría. Necesitaba mantener su
papel frente a su esposa y Erick, pero eso no impedía que el pánico se elevara en
mi pecho. Erick me miró preocupado mientras aceleraba por las calles.
—¿Estás bien, Diana? Te ves muy pálida y estás temblando —dijo, tomando mi
mano.
Asentí con la cabeza. —Quiero ir a casa —escupí.
—Está bien, shh. Te llevaré a casa. —Frotó su pulgar sobre la palma de mi mano
mientras se dirigía a mi casa. Apreté los ojos cerrados. Realmente no había
cambiado nada, la forma en que me miró me revolvió el estómago. ¡Oh Dios,
necesitaba a Nicola!
Después de unos diez minutos de estar tratando de pensar en otra cosa que no
fuera mi padre, nos detuvimos en mi entrada. Me lancé del auto y corrí hacia la
casa, rezando porque Nicola todavía estuviera allí. Abrí la puerta y lo vi sentado en el
sofá jugando PlayStation con Israel.
Ambos levantaron la mirada cuando entré. Nicola me sonrió con alegría antes de
que su rostro se ensombreciera. Se levantó del sofá mientras corría hacia él.
—¿Qué demonios? —gritó furioso, mirando a Erick que venía detrás de mí.
Me lancé hacia él, sollozando. Vaya, lo necesitaba, era lo único que me mantenía
cuerda cuando mi mundo comenzaba a desmoronarse. Me envolvió en sus brazos
con fuerza, volteándome lejos de Erick, con todo el cuerpo y estresado.
—¿Qué diablos está pasando? —gritó Israel, dando un paso hacia Erick, luciendo
muy enojado.
—No lo sé. Me estaba cambiando cuando ella simplemente se volvió como loca y
comenzó a llorar. ¡Israel, yo no le hice nada! —exclamó Erick sonando un poco
asustado.
Israel me agarró del brazo, tirando de mí lejos de Nicola.
—¿Angie, él te lastimó? —me preguntó con fiereza, señalando acusadoramente a
Erick.
Negué con la cabeza, tratando de hablar. ¿Pensaban que Erick me había hecho
daño?
—Fui a su casa. Se suponía que no estaría ahí. —Lloré, mis piernas no soportaron
mi peso. Nicola me agarró de la cintura antes de que cayera al suelo y me levantó
rápidamente, se sentó, tirando de mí en su regazo, retirando el pelo de mi cara y
besándome en la mejilla.
—Shh está bien, Ángel. Todo está bien —susurró.
—¿Quién no se suponía que iba a estar allí? Alguien tiene que decirme qué
demonios pasó. ¡AHORA MISMO! —gritó Israel cada vez más enojado y furioso.
—Papá —dije con voz ronca.
Los ojos de Israel se ampliaron, sus manos se cerraron en puños, su mandíbula se
mantuvo apretada. Sentí los brazos de Nicola apretarse más a mi alrededor.
—¿Lo viste? —preguntó Israel, su voz sonaba realmente amenazadora.
Asentí con la cabeza y lo vi mirar a Erick de nuevo, como si de alguna manera
fuera su culpa.
—¿La llevaste a tu casa y dejaste que ese imbécil se le acercara? —gruñó Israel,
haciendo que Erick se estremeciera.
—¡Yo no sabía que estaba allí! No se suponía que estuviera allí. Llegaron temprano
a casa, mientras yo estaba en la ducha —protestó, manteniendo sus manos en alto
inocentemente mientras Israel lo miraba como si quisiera matarlo. Si las miradas
mataran, Erick estaría muerto ahora mismo.
—¿Qué hizo, Ángel? —susurró Nicola, empujando mi cara para que pudiera verlo.
Negué con la cabeza. ¿Podría decirles? Si lo descubrían, no tenía duda de que irían
hasta allá en un futuro muy, muy cercano y se meterían en problema.
—Dime —ordenó Nicola.
Lo abracé con fuerza, no podía mentirle.
—Él.... me agarró del brazo. Me dijo... que me veía hermosa, como mi mamá a mi
edad, y que yo era un ma... maldito du... durazno —susurré, apenas capaz de
articular palabra, mi voz subiendo y bajando entre sollozos.
Los brazos de Nicola se apretaron a mi alrededor, tan fuerte que en realidad
empezaban a dolerme las costillas.
—Nicola, me haces daño. —Me quejé, apretando mis manos en su pelo. Sus brazos
me soltaron al instante, pero su cuerpo estaba tan tenso que probablemente
estaba dándole una úlcera.
Israel agarró las llaves.
—Voy a ir. ¿Vienes Nicola? —preguntó Israel, caminando hacia la puerta. ¡Oh, diablos,
no! ¡No podía permitir que se metieran en problemas!
Nicola me levantó de su regazo y me sentó en el sofá.
—Vigílala —le dijo a Erick con severidad, mientras se puso de pie para irse.
—¡No! —grité, agarrando la mano de Nicola—. ¡Israel, no! —supliqué.
—No voy a dejar que te haga daño otra vez —gruñó Israel.
—No lo hará. No se acercará a mí. Ha sido mi culpa, no debí ir a casa de Erick. 
No debía tomar ese riesgo. Por favor, por favor no lo hagas. No puedo ver que se
metan en problemas. Te necesito. Los necesito a los dos. Por favor no me dejes
sola —le supliqué. Apreté la mano de Israel para dar énfasis.
—Por favor —rogué halándolo cerca de mí de nuevo.
Él suspiró y miró a Israel.
—Ella tiene razón, Israel. No podemos ir si él no hace nada primero. Se saldría con la
suya y seríamos nosotros los que nos meteríamos en problemas —razonó Nicola.
Me relajé. Israel estaba siendo sensato; él siempre pensaba bien las cosas, no como Israel.
—¿Qué quieres decir con “hacerle daño de nuevo”? —preguntó Erick en voz baja.
Los tres lo miramos. Israel habló primero.
—Nada. Creo que deberías irte, Erick. —Él asintió con la cabeza mirando hacia la
puerta, señalándole que se fuera.
Erick negó con la cabeza.
—No. Angie, me prometió que me diría qué era todo esto —dijo, mirándome
suplicante.
Tiene razón, le dije eso. Israel me miró, dejándome tomar la decisión.
—Yo le dije eso —confirmé, asintiendo con la cabeza y cerrando los ojos,
presionándome contra Nicola de nuevo. ¡Vaya, esto iba a ser tan duro!



NICOLA 
La halé de nuevo a mi regazo, dejando que se acercara a mí. Mi corazón no había
vuelto todavía a la normalidad después de haberla visto sollozar así. Estaba tan
molesto que mis dientes se apretaban con tanta fuerza que mi mandíbula dolía,
tratando de mantener el control. Quería ir ahí y golpearlo hasta que no quedara
nada de él, pero ella tenía razón, seríamos nosotros los que nos meteríamos en
problemas y ella no necesitaba más estrés en este momento.
Israel le hizo un gesto a Erick para que se sentara en el sofá frente a nosotros y se
sentó a su lado. Ambos se veían estresados. Angie se acurrucó en una bola en mi
regazo, halando sus rodillas y enterrando la cara a un lado de mi cuello. La
balanceé gentilmente mientras escuchaba a Israel contándole a Erick sobre los
abusos de cuando eran niños, cómo su padre había tratado de atacar a Angie y la
forma en que lo había echado de la casa hace tres años. Dejó salir lo del abuso
sexual del que nadie sabía mucho porque ella se negaba a hablar de eso. Todo el
tiempo Erick simplemente se sentó allí, jugando con sus manos. ¿Por qué no
lucía como en shock con todo esto? Si alguien se sentara allí y me dijera que su
padre lo había abusado por años, creo que por lo menos estaría un poco en shock,
¿no es así?
Después de más o menos diez minutos bajé la mirada hacia Angie para ver que
estaba dormida en mis brazos. Se veía tan triste y vulnerable; su cara estaba
todavía roja de llorar. No dejaría que algo la volviera a herir nunca. Agité la mano
hacia Israel para llamar su atención.
—La voy a poner en su cama —susurré, incorporándome y tratando de mantenerla
inmóvil mientras la cargó hacia su cuarto, recostándola en su cama. Gimoteó y se
acurrucó más cerca de mí, así que me recosté con ella por un par de minutos hasta
estuviera de nuevo en un sueño profundo. Besé su frente y volví a la sala.
Erick tenía la cabeza entre sus manos. Israel se veía realmente enojado otra vez.
—¿Qué está mal? —pregunté, mirando entre ellos dos.
Israel me miró, parecía en serio estresado y preocupado. No veía a Israel así muy
seguido, siempre era muy fuerte y de hecho me hacia sentir un poco enfermo verlo
así ahora.
—Lo está haciendo de nuevo. Ha golpeado a Erick y su mamá algunas veces —
gruñó Israel, viéndose disgustado.
¡Maldición! Le dije a Israel que debimos haber llamado a la policía en vez de sólo
patearlo fuera, pero insistió en que no quería que Angie pasara por eso. ¡Y ahora
él se lo estaba haciendo a alguien más!
—Mi mamá estaba hablando sobre dejarlo el año pasado. Entonces en su lugar nos
mudamos aquí. Ella dijo que era un inicio fresco y que todos deberíamos empezar
de nuevo, pero no ayudó —dijo Erick tristemente. Me arrodillé a su lado y puse
mi mano sobre su hombro. Realmente no lo conocía tan bien, era más el amigo de
Ángel que el mío, pero sabía que era un buen chico.
—Erick, ¿tu mamá aún quiere dejarlo? —pregunté, mirando a Israel, quien parecía
listo para explotar en cualquier minuto. Tendría que vigilarlo de cerca. Si el
momento llegaba entonces estaría ahí a su lado, pero no podíamos precipitarnos a
nada, tenía que verse como autodefensa.
Erick se encogió de hombros.
—No he hablado con ella acerca de ello desde que nos mudamos aquí, así que no
sé. Sé que esta asustada por Adriano. Él no lo ha golpeado todavía, pero tiene sólo un año —replicó, su voz quebrándose.
Apreté su hombro solidariamente. Ese idiota era una pieza realmente enfermiza.
Israel se sentó a su lado y palmeó su espalda torpemente. Como chicos, no éramos
muy buenos en reconfortar. Ángel sería perfecta para esto; era tan malditamente
cariñosa y amable.
—Erick, necesitas decirle a tu madre que él ha hecho esto antes. Podría ser el
empujón que necesita para dejarlo antes de que le haga algo a Adriano —dijo Israel amablemente.
Erick asintió, levantándose.
—Iré a casa y hablaré con ella cuando pueda.
—Erick, si alguna vez necesitas ayuda llámame. Día o noche, ¿entiendes? Y si
necesitan un lugar para quedarse algunos días, tu madre y tu hermano también, se
pueden quedar aquí —dijo Israel intensamente. Lo dice en serio, Isra era un gran
chico y nunca dejaría que alguien hiriera a su familia o amigos, supongo que
técnicamente Erick era su familia también.
—Gracias. Esperaré hasta que él no esté allí, y entonces hablaré con ella. —Asintió,
viéndose muy triste, y un poco asustado.
—Llámame y déjame saber como va. Y digo en serio acerca de un lugar donde
quedarse, a mi mamá no le importará, y ella no estará siquiera en casa por otras
dos semanas —declaró Israel, guiando a Erick a la puerta. Puso su brazo
alrededor de su hombro—. Todo va a estar bien —le aseguró Israel. Erick parecía
como un pequeño niño perdido, no se veía preparado para esto para nada, pero
supongo que había necesitado crecer rápido como Israel lo hizo cuando era más
joven.
—No creo que debas decirle a Angie nada de esto. Realmente no necesita nada
más sobre que preocuparse, y ni siquiera sé que es lo que va a decir mi mamá
acerca de todo esto —murmuró Erick, frunciendo el ceño.
Asentí. Esa probablemente era una buena idea. Si Ángel supiera de esto estaría
poniéndose toda preocupada, preocupándose acerca de Erick y Adrianito, y por todo
lo que sabíamos quizás su mamá no quería dejarlo en primer lugar. Podíamos
decirle cuando el momento llegara.
—Sí, buena idea —estuve de acuerdo, asintiendo.
—Está bien, gracias. Nos vemos. —Sonrió tristemente y se dirigió fuera de la casa.
Israel cerró la puerta y presionó su frente contra ella.
—Nicola, necesitas darme una buena razón de por qué no debería ir allí y cortar su
garganta —gruñó, todo su cuerpo rígido.
—Porque entonces tú estarías en la cárcel, y Ángel no tendría a su hermano mayor
aquí para protegerla —dije rápidamente, sabiendo que Angie era la única cosa
que lo mantendría calmado y contenido.
Israel se giró hacia mi e hizo algo que nunca lo había visto hacer en su vida; se dejó
caer contra la puerta, tiró sus rodillas hacia su pecho, y lloró. Sentí mis entrañas
retorcerse ante la vista de eso. Estaba tan enojado de nuevo que necesitaba
recordarme a mi mismo exactamente la misma razón de por qué no podía ir allí y
cortar su garganta. Me senté a un lado de Israel y puse mi brazo alrededor de su
hombro mientras lloraba. No creo que jamás haya tenido una liberación adecuada
antes.


ANGIE
Las cosas habían sido muy tensas durante la última semana entre Erick y yo.
Sabía que él sabía sobre lo que mi padre nos había hecho, bueno, una parte de
cualquier modo. Israel me aseguró que no le dijo demasiado acerca de mí porque
sabía que no querría a gente sabiendo acerca de eso. Le había dicho a Erick que
no quería hablar acerca de nada de eso, lo que él respeto. Parecía pasar el rato con
Israel y Nicola más de lo que lo hacía conmigo y Jaz en el momento. Siempre
estaban fuera hablando en silenciosos susurros, y pararían en cualquier momento
en que yo estuviera cerca. Me pregunté si estarían hablando de mí, pero para ser
honesta realmente no quería saber. No quería volver a hablar acerca del hombre
nunca más, así que si eran felices de hablar sobre mí y dejarme fuera de ello,
entonces bien.
Cuando me desperté el viernes por la mañana, Nicola ya estaba despierto y
vistiéndose silenciosamente.
—Oye, ¿estás haciendo la caminata de la vergüenza? —bromeé, preguntándome
por qué se estaba escabullendo de mi cuarto. Nunca se levantaba antes que yo.
Se rió y se puso su camiseta antes de trepar de nuevo a la cama. Enganché mis
dedos en las presillas del pantalón, tirándolo más cerca de mí.
—La única vergüenza que tengo es que tengo que salir de tu cama. Felizmente me
quedaría en la cama contigo para siempre, pero tengo algo que necesitó hacer hoy
así que me tengo que ir. —Me besó suavemente, causando los acostumbrados
pequeños revoloteos en mi estómago que sus besos evocaban en mí.
¿Algo que necesitaba hacer? ¿De qué trata?
—¿Qué necesitas hacer, chico amante? —pregunté, jalándolo más cerca de mí,
deteniéndolo de que se levantara.
Sonrió y rodó en su espalda, tirándome encima de él.
—Nada interesante. Sólo necesito hacer algo acerca de la universidad eso es todo
—replicó, viéndose incómodo. ¿Me estaba mintiendo? Miré a su rostro, sus ojos
estaban un poco estrechos, definitivamente se estaba viendo incómodo acerca de
algo.
—Nicola, ¿algo está mal? —pregunté preocupada. Oh mierda, ¿está viendo a alguien más o algo?
Sonrió y enredó sus dedos en mi cabello.
—Nada está mal. No preocupes a tu linda cabecita acerca de nada. Es sólo un par
de reclutadores que quieren encontrarse conmigo, y este era el único momento en
que podían venir —explicó, aún viéndose incómodo.
Asentí, obviamente tenía algo que estaba tratando de mantener en secreto de mí,
me diría eventualmente. Confiaba en él. Estaba segura de que no me engañaría,
que había sido un pensamiento estúpido del momento. Sabía que me amaba. Me
incliné hacia adelante y lo besé, alejándome para morder su barbilla, amaba
cuando hacia eso. Sus manos se apretaron en mi cintura mientras su respiración
empezaba a acelerarse; sonreí y mordí el lóbulo de su oreja.
Gimió.
—Ángel, necesito irme. No me provoques —se quejó.
Sonreí contra su cuello y me incorporé, haciendo pucheros, decidiendo tener algo
de diversión con él antes de que se fuera. Suspiré dramáticamente.
—Está bien, bueno supongo que sólo tendré que ducharme sola entonces.
Gimió de nuevo.
—Ángel, no me hagas eso, no es justo tú sabes —gruñó, frunciendo el ceño.
No pude evitar reírme ante su lujuriosa expresión mientras trepaba fuera.
—Bueno, diviértete con los reclutadores. Ve e impresiónalos con tus asombrosos
talentos, chico amante —instruí, besándolo suavemente de nuevo.
Cepilló mi cabello detrás de mi oreja.
—Te amo. Te veré después de la escuela.
Fruncí el ceño. ¿No va a ir a la escuela?
—¿No vas a venir a la escuela después? —pregunté, decepcionada que no podría
verlo mucho hoy.
Suspiró y sacudió su cabeza.
—No, sin embargo te veré después —contrarrestó, besándome de nuevo mientras
salía de la cama.
—¿Nicola? —lo llamé justo cuando estaba apunto de salir por la puerta. Se detuvo y me miro, curioso—. También te amo, y buena suerte con los reclutadores. Sólo
recuerda, ellos tendrán suerte de tenerte, no al revés —dije honestamente.
Los reclutadores estaba tropezando sobre si mismos por Nicola, no necesitaba
trabajar muy duro para impresionar a la gente, sus habilidades hablaban por si
mismas. Sonrió y me guiñó antes de dirigirse fuera por la puerta.
Me duché y salí para tomar algo de desayuno; Israel estaba sentado ahí con pijamas incluso aunque era casi tiempo de irse.
—Hey, será mejor que te apures o llegaremos tarde —lo regañé, frunciendo el
ceño ante el pensamiento de una detención.
Sacudió su cabeza.
—No me estoy sintiendo bien, así que no iré. Le pedí a Rafael que te llevara porque
Nicola está con los reclutadores —dijo en voz baja.
Israel difícilmente se enfermaba alguna vez. Caminé hacia él un poco preocupada, y
puse mi mano sobre su frente. No se sentía caliente o algo.
—No creo que tengas temperatura. ¿Qué está mal? —pregunté, preocupada.
—Me siento enfermo eso es todo. Voy a volver a la cama. Rafael estará aquí en
quince minutos —replicó, parándose y dirigiéndose al pasillo.
—¿Quieres que te traiga algo, Israel? —pregunté.
Meneó la cabeza.
—Estaré bien, Angie. Te veo después. —Agitó la mano sobre su hombro y
desapareció dentro de su cuarto.
Erick era divertido en el camino a la escuela, siempre me ha gustado y nunca trató
de hacer un movimiento conmigo ni una vez, lo que era genial. Todos los chicos
parecían haber dejado de hacerme sus comentarios desde que estoy con Nicola.
Cuando llegamos, vi a Jaz, Shey y Gino así que me dirigí hacia ellos.
—Hola —gorjeé, sonriendo.
—Hola, Angie. ¿Dónde están Nicola e Israel? —preguntó Gino, mirando sobre mi
hombro.
—Nicola se está encontrando con algunos reclutadores universitarios —dije
orgullosamente—. E Israel está enfermo —agregué, arrugando mi nariz. ¡Espero que
no vomite en algún lugar y lo deje para que lo limpie!
—¿Si? Erick está enfermo también. Me llamó esta mañana —dijo Jaz, haciendo
pucheros. Aún no la invitaba a salir como dijo que iba a hacer. No le había dicho
todavía lo que había dicho de ella, pensé que sería mejor viniendo de él.
—¿Erick está enfermo también? Espero que no sea nada. —Hice una mueca ante
el pensamiento de estar enferma, odiaba vomitar.
—Yo también. Venga, vamos a clases —sugirió Jaz, uniendo su brazo a través del
mío y tirando de mí hacia el edificio.
La escuela pasó increíblemente lento debido a que no había visto a Nicola a la hora
del almuerzo para mirar hacia adelante. La mañana y la tarde sólo se difuminaron a
un largo día sin Nicola, y por encima de todo eso empezaba a sentirme un poco
enferma también. Mi estómago se sentía revuelto y ni siquiera pude obligarme a
comer algo para el almuerzo.
¡Genial, ahora yo me estoy enfermando!
Traté de llamar a Israel para ver cómo se estaba sintiendo, pero no hubo respuesta.
Probablemente estaba dormido o algo. Jaz me estaba llevando a casa porque los
chicos no estuvieron aquí hoy. Me dejó en el frente y caminé dentro de la casa,
sintiéndome exhausta, todo lo que quería hacer era irme a dormir.
Mientras caminada a través de la puerta principal vi maletas y cajas y bolsas negras
de basura llenas de cosas y apiladas en el vestíbulo. ¿Qué demonios es todo esto?
—¿Israel? —llamé.
Podía oír voces en la cocina así que hice mi camino hacia ahí, sólo para ver a Nicola, Israel, Erick y Ana Karina que estaba sosteniendo a un niño pequeño en sus brazos, él
cual asumí era mi hermano pequeño, Adriano. No lo había visto oficialmente aparte de
la parte trasera de su cabeza la semana pasada. ¿Qué diablos están haciendo aquí?
Espera, pensé que Jaz dijo que Erick estaba enfermo, no parecía enfermo.
—Hey. ¿Qué es todo esto? ¿Ustedes chicos están teniendo una conferencia? —
bromeé.
Ana Karina me sonrió débilmente, sus ojos estaban ligeramente rosas, como si hubiera
estado llorando. Sentí mi espalda ponerse rígida a la vista de su cara triste.
Nicola vino y envolvió su brazo alrededor de mi cintura.
—Ángel, tenemos algo que decirte —dijo suavemente. Tragué por el tono de su
voz; esto iba a ser malo lo que sea que fuere.
Israel dio un paso al frente.
—Él ha estado haciéndolo de nuevo, Angie. Lo han dejado. Dije que podían
quedarse aquí por un tiempo. Mamá dijo que estaría bien —explicó.
Ana Karina empezó a llorar suavemente de nuevo. Alcé la vista hacia Erick. ¿Él ha
estado siendo abusado y no me lo dijo? Pude sentirme enojarme con él. Sabía que
nos había hecho ese hombre; ¡debió saber que podía hablar conmigo! Abrí mi
boca, a punto de gritarle, pero su expresión me detuvo. Se veía triste, culpable, y
de hecho un poco asustado. Me alejé de los brazos de Nicola y abracé fuertemente a Erick. Dios, ha estado siendo abusado por el hombre de mis pesadillas también,
no debería estar enojada con él, no necesitaba eso por encima de todo lo demás.
Repentinamente, todo tuvo sentido para mí; nunca le gustaba hablar acerca de él
tampoco. Cuando le pregunté si se llevaba bien con él, siempre se veía realmente
incómodo. Estaba tan tenso cuando estuve en su casa la semana pasada cuando
vio a mi padre.
—Pudiste haber hablado conmigo —susurré, sintiendo las lágrimas cayendo por mi
rostro lentamente, afligida porque sabía exactamente por lo que había pasado y
cómo se estaba sintiendo ahora mismo. Por lo menos yo tenía a Israel y a Nicola para
mirar por mí en ese entonces; pero Erick era el mayor, probablemente se sentía
como si fuera el que tenía que proteger a su mamá y su hermano.
Erick me abrazó de vuelta.
—No quería preocuparte; lo hemos estado planeando toda la semana. Nicola e Israel
nos ayudaron a empacar nuestras cosas hoy mientras él estaba en el trabajo. Está
lejos por el fin de semana. No tiene planeado volver hasta el domingo por la
mañana.
Lo alejé y besé su mejilla.
—Todo está bien ahora. No te preocupes, ya no puede herirte —dije severamente.
Me giré y abracé a Ana Karina aunque ni siquiera la conocía; simplemente se veía como
si necesitara un abrazo ahora mismo. El bebé en sus brazos era hermoso; se veía
justo como ella.
—¿Estás bien, Angie? —preguntó Israel, preocupación coloreando su voz.
Tragué ruidosamente. De hecho me estaba sintiendo enferma. Supongo que estaba
un poco abrumada por todo. No podía realmente tragar todo.
—De hecho, me siento un poco extraña —admití, frotando mi mano sobre mi cara.
—Ángel, te ves un poco pálida. ¿Quieres una bebida o algo? —preguntó Nicola,
caminando hacia mí.
¡Maldición, tenía tanto calor! Mis labios y dedos estaban temblando; empecé a
sentirme un poco mareada.
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Gracias a todos por leer! Se imaginan que es lo que tendrá Angie?? Jiji las quiero!


Isa.

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