viernes, 21 de febrero de 2014

"Lazos" capítulo 25






Una simple y honesta respuesta se sintió como un puño en mi estomago.
—Yo sé que me odias. No te culpo. Pero Mario, Nicola te necesita, por favor no lo
odies a él también.
Al final levanté los ojos para encontrar su mirada, tenía el ceño fruncido y
lentamente sacudió la cabeza.
—No te odio, Angie y no odio a Nicola, me gustaría que volviera, cuando me fui del
bar el Sábado no me di cuenta de que saldría corriendo. Debí haberlo hecho, pero
estabas tú y yo sabía que él no querría abandonarte.
—Te quiere, te hizo daño y no puede enfrentarse a eso.
Una sonrisa triste asomó en la comisura de sus labios.
—No, Angie, él no se fue por eso.
Mario miró de nuevo al ahora vacío pasillo. Ya era tarde para ir a clase, pero no
me importaba, de todos modos pensaba irme a casa.
—Vamos, hay algo que tengo que contarte —dijo Mario dirigiendo su atención
hacia mí.
Lo seguí afuera, hacia su camioneta. Era raro subir sin tenerlo abriéndome la
puerta y levantándome hacia el asiento, pero de alguna manera era lo correcto, así
debía haber sido desde hace algún tiempo.
Salimos del estacionamiento y fuimos hacia el sur, al parecer teníamos que salir de
la ciudad para tener esta conversación.
—El domingo me fui detrás de Nicola. Sabía que lo encontraría jugando al billar en
el bar, es dónde siempre va a relajarse. Cuando llegué nos dijimos algunas cosas y
nos dimos algunos golpes. —Mario me miro y sonrió—. Me gustaría decir que
Nicola salió peor parado, pero los dos sabemos que estaría mintiendo. Tal vez tengo
un buen brazo para lanzar si hablamos de fútbol, pero si hablamos de dar golpes,
me gana por goleada. De hecho, podría haberme hecho daño. Se pasó la mayoría
del tiempo bloqueando mis golpes. —Mario se detuvo y suspiró frustrado.
No los había visto pelearse desde que tenían diez años y Mario había acusado a
Nicola de ser problemático, diciendo que me estaba arrastrando con él. Nicola había
estado soltando golpes esa tarde y Mario terminó perdiendo un diente, que por
suerte, era de leche y aún tendría que salir el definitivo.
—Mi tía Johana estaba ahí, sólo estábamos los tres, trató de detener la pelea pero
no la estábamos escuchando. O más bien, debería decir que yo no la estaba
escuchando. Quería ver sangrar a Nicola. Los dos lo negaron pero yo sabía que él te
había besado. ¡Mierda! Es Nicola, ya sabía que probablemente habían hecho más que eso, odiaba saber que finalmente te había perdido ante él, era algo que siempre temía, incluso cuando no se decían gran cosa, él te miraba y cuando tú creías que nadie te estaba mirando, lo mirabas a él. No soy un completo idiota.
—Nunca creí que lo fueras, Mario. Mentí con lo de Nicola por que esperaba salvar
tu relación con él, realmente intenté alejarme de ustedes.
Mario se rio pero la sonrisa no llegó a sus ojos.
—¿De verdad piensas que Nicola iba a dejar que te alejaras? No en esta vida.
—Él te quiere —respondí.
—Lo sé. La cuestión es, que a ti te quiere más.
Comencé a sacudir mi cabeza.
—Angie, Nicola no me hubiera traicionado si no hubiera perdido la cabeza
enamorándose de ti, no intentes negarlo.
—Cierto. —Estuve de acuerdo, quizá tenía razón, quería que la tuviera—.
¿Entonces me trajiste aquí para decirme qué, Mario?
Mario se movió hasta el borde de un estacionamiento vacío y apagó el motor,
esperé pacientemente mientras ponía en orden sus ideas. Una bolsa de plástico
vacía bailaba en el viento atravesando el estacionamiento y la miré, pensando que
sabía perfectamente cómo se sentía, estaba en un camino que no podía controlar,
como yo.
—Angie, Nicola no es mi primo, él es mi… es mi hermano.
Me quede ahí, sentada, dejando que sus palabras se hundieran. ¿Lo decía en
sentido metafórico? Es decir, yo ya sabía que Nicola era como su hermano.
—No lo entiendo —logré decir finalmente.
—Todavía estoy tratando de entenderlo yo mismo, si soy honesto. —Mario se
giró en el asiento con su cuerpo hacia mí—. Cuando estábamos discutiendo el
domingo y diciendo cosas que en realidad no queríamos decir o de las que al
menos nos retractaríamos después, Johana nos informó que mi padre no era sólo
mi padre, sino también el de Nicola.
—¿Qué?
—Johana fue novia de mi padre en el instituto. Entonces mi padre se fue a la
universidad y conoció a mi madre en su primer año en Derecho. Era la hija de uno
de sus profesores, se enamoraron y se casaron. Ya graduado y obtenido la
abogacía, volvió para abrir un bufete. Johana seguía aquí, al parecer,
armando caos y rompiendo corazones. Ella y mi tío solían enrollarse, así que
cuando se quedó embarazada de Nicola y se casó todos creyeron que era
de él. Mi madre se quedó embarazada de mí el mismo año. Ella no tenia ni idea de
lo de Nicola y no lo supo hasta que puse a papá enfrente de ella el domingo por la
tarde. Mi padre y Johana se liaron una noche en el bar, después de que mi madre y
él se hubieran peleado por que había gastado mucho dinero en muebles.
Estuvieron tomando algunos chupitos de tequila y mi padre dice que todo lo que
recuerda es haberse despertado en la cama de Johana. Seis semanas después ella
tocó a la puerta diciendo que estaba embarazada. Él no le creyó o al menos no
creyó que fuera suyo, así que, mi tío se casó con ella. Le creyó. Cuando nació
Nicola, mi tío amenazó a papá con ir a contar lo de su noche con Johana a mamá sino
se hacía la prueba de paternidad, la hizo y Nicola sí era suyo. Mi tío dijo que lo
criaría como suyo. Estaba enamorado de mi tía. Lo había estado desde el instituto.
Y a partir de ahí ya conoces el resto, se murió y Johana ha sido la peor madre en la
Tierra y Nicola tuvo que valerse por sí mismo.
Me quede ahí mirando la ventana, incapaz de mirar a Mario. ¿Cómo su padre
podía haber hecho algo así? Él sabía lo mucho que había sufrido Nicola. Descansé la
cabeza contra el cristal y cerré los ojos. Las lágrimas comenzaron a descender por
mis mejillas. No era de sorprender que Nicola dejara la ciudad, ya era lo bastante
desagradable no sentirse querido por su madre, como para ahora también sentirlo
por su padre. Porcella sólo había sido su tío. Los únicos recuerdos de una
vida estable que tenía Nicola eran con el.
—Nicola no te abandonó, Angie. Sólo necesitaba tiempo para entenderlo.
—¿Dónde está? —pregunté mientras un sollozo arrancaba desde mi pecho.
—Ojalá lo supiera.
Mario no dijo nada más. La camioneta se movió y volvimos a la ciudad en
silencio. Sabía que debía decir algo pero no tenía palabras, no para esto.
Pablo se detuvo junto a mi Jetta y finalmente lo miré.
—Lo siento, sé que también ha sido difícil para ti. Ahora entiendo porque no
quisiste decir nada en toda la semana, sobre lo que me estaba pasando, tienes
problemas más grandes para arreglar que un pequeño acoso escolar. —Alcancé su
mano y la apreté—. Gracias Mario. Por contármelo. Por ser un amigo. Por todo.
Una sonrisa se asomó por la esquina de su boca.
—No es excusa para haberte tratado como lo he hecho esta semana, pero gracias
por intentar dejarme fuera de esto.
—Ahora lo entiendo, es suficiente.
El asintió, solté su mano y salté fuera de la camioneta, este había sido nuestro final.
El dolor en mi pecho por el sufrimiento de Nicola atravesaba la paz que sabía que
estaba en algún lado. Mario quedaba oficialmente atrás, era mi pasado. Si tan sólo
pudiera encontrar mi futuro.

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