El mes siguiente pasó muy rápido. Nicola seguía siendo el novio más adorable del
mundo, llevándome a citas, comprándome flores y chocolates. Israel seguía siendo
sobreprotector como de costumbre, nada iba a cambiar con eso.
Mi mamá volvió a trabajar pero estuvo devuelta en casa dos semanas, porque tenía
que quedarse debido al lanzamiento de un nuevo producto o algo así. Jaz seguía
coqueteando con Erick, para el disgusto de Israel. Nicola me contó que había
hablado con Israel acerca de ella, al parecer, él no quería salir con Jaz, sólo no le
gustaba el hecho de que estuviera detrás de alguien más, cuando solía estar detrás
de él. Se sentía un poco dejado de lado, aparentemente. Así que, para solucionar el
problema se acostó con un par de chicas extra y se sintió mucho mejor.
Nuestra relación con Erick había cambiado también. De hecho, era un amigo
muy cercano ahora; era un buen chico y parecía aumentar su confianza cada día.
Creo que tal vez tenía algo que ver con la influencia de Jaz. Habían estado
saliendo un par de veces, y Jaz me dijo que él la había besado la anterior noche,
con lo que estaba encantada. Realmente le gustaba, y creo que a él también le
gustaba ella, lo cual era muy dulce.
Erick había estado yendo a ver los partidos de hockey de los viernes con
nosotros por las últimas dos semanas, incluso había venido a nuestra “fiesta
después del partido” por un par de horas también. Nunca hablamos de mi padre,
nunca me preguntó algo acerca de él y no saqué el tema. De vez en cuando, lo
mencionaba de paso, cosas que tenían que ver con su vida o casa, y cada vez me
hacía sentir enferma y un poco nerviosa.
Hoy era domingo, iba con Erick, a verlo en una competencia.
Cuando paró con su auto enfrente de mi casa, justo después del almuerzo, le di un
beso de despedida a Nicola y reí ante sus pucheros.
—Deja de hacer pucheros Nicola. Estaré devuelta en un par de horas —dije, riendo.
Suspiró dramáticamente.
—¿Pero por qué no puedo ir? Los domingos son mis días —se quejó frunciendo el
ceño.
Sonreí.
—Nicola, ya te lo dijo, sólo podía conseguir un pase de invitado. ¡Me pidió que fuera
con él! Deja de quejarte. Nos vemos más tarde —le ordené, besándolo de nuevo
mientras me levantaba—. Te amo —juré, a la vez que agarraba mis llaves y el
teléfono celular.
—Te amo más, Ángel —gritó mientras abría la puerta y corría hacia el coche.
—Hey —saludó Erick, sonriendo mientras me subía a su brillante auto deportivo.
—Hey. ¿Ya estás mentalizado y listo para la competencia? —pregunté, sonriendo.
Asintió con la cabeza.
—Sí, estoy un poco nervioso. El nuevo truco que he estado practicando sigue
saliéndome mal. Voy a quedar como un idiota si fracaso —refunfuñó, haciendo una
mueca.
—No fracasarás Erick. Ten algo de confianza —le respondí con firmeza.
Sonrió y rodó los ojos, conduciendo al parque donde habían colocado
una enorme rampa de media pipa. Erick había estado tratando de enseñarme
algunas cosas acerca pero para ser honesta, como la mayoría de las cosas
deportivas, me entraba por un oído y salía por el otro. Si no estaban bailando,
entonces no estaba realmente interesada.
Por lo general me gustaba ver a Nicola jugar, pero eso era sólo para verlo en su sexy
uniforme.
La rampa que habían colocado era absolutamente enorme. Me sentí un poco
enferma cuando la miré. Era tan alta, por lo menos quince pies de altura de cada
lado.
—Umm, Erick, ¿estás seguro acerca de esto? —pregunté, mientras caminábamos
al stand de iniciación. Erick entregó nuestros pases de competidores y nos
dieron las bandas amarillas para la muñeca y saludamos.
—Angie, voy a estar bien, no te preocupes —rió mientras me arrastraba hasta la
zona de patinaje donde la gente estaba dando vueltas esperando para continuar y
practicar.
—Mierda, Erick, ¡es tan alto! ¿Qué pasa si te lastimas? —pregunté, tragando el
nudo en mi garganta.
—Hey, termina eso ahora mismo. Me dijiste en el coche que tenga algo de
confianza, espero que hagas lo mismo —dijo sonriéndome, abiertamente. Vaya,
tenía confianza, ¡pero dolería caer de allí! Nos sentamos allí viendo a los otros
dar sus vueltas. Los trucos que estaban haciendo me dejaron alucinada,
saltos mortales, sosteniéndose de las manos, todo en lo que pudieras pensar.
Todo el tiempo sólo me sentí cada vez peor. Ni siquiera estaba segura de poder
verlo haciéndolo. Después de una hora, Erick fue llamado para ir y estar listo, y
mi corazón empezó a tratar de salir de mi pecho.
—Oh Dios. Por favor, ten cuidado —le supliqué.
—Voy a tratar. Pero si me muero, puedes tener mi auto —replicó, guiñándome un
ojo.
—Sólo si puedo volver a rociarlo de rosa —bromeé, tratando de no mostrarle que
estaba aterrorizada. Se echó a reír y se alejó rápidamente a la zona de
calentamiento por un par de minutos.
Cuando finalmente fue su turno, no podía respirar. Lo vi subir las escaleras hasta la
cima de la plataforma y posicionarse al final, con el consejo de inclinarse a la
espera. Me sonrió y traté de devolverle la sonrisa, estoy bastante segura de que mi
expresión parecía más una mueca de pesar. El silbato sonó, y se tiró. Apreté los
ojos, cerrados, escuchando el aplauso y la alegría de la gente, pero no quería ver.
Sabía que en el momento en que abriera mis ojos, caería y se rompería el cuello.
Después de una hora, bueno, sentí como si fuera una hora, probablemente fuera
aproximadamente un minuto, la gente aplaudió como loca, así que por casualidad
abrí mis ojos. Johnny estaba caminando por las escaleras, sin huesos rotos ni
sangre. Salté de la silla y aplaudí junto con los demás, decidiendo fingir que lo
había observado. La próxima vez tendría que decirle que no podía venir. Sólo gasté
su boleto de repuesto cuando ni siquiera lo vi.
Hizo un trote corto y me abrazó con fuerza.
—¡Eso fue impresionante! —gorjeé con entusiasmo.
Se echó a reír y sacudió la cabeza.
—¿Sí? ¿Se veía bien a través de tus parpados? —preguntó, riendo más fuerte.
Lo miré con tono de disculpa.
—¡Lo siento tanto! No podía verte, Erick. Me sentía tan enferma. Tenía tanto
miedo, simplemente no pude —dije disculpándome.
Negó con la cabeza.
—No te disculpes, está bien. Sin embargo, aterricé —se jactó, sonriendo
ampliamente.
Asentí con la cabeza.
—Lo sé, escuché a la gente animada —dije un poco avergonzada. Me sentía muy
culpable. Me trajo aquí para verlo y darle apoyo y ni siquiera podía hacer eso.
Supongo que era una hermanastra inútil.
Nos sentamos de nuevo y me dio un resumen de todo lo que me había perdido y
otras cosas para ser contadas.
Erick fue uno de los últimos en hacerlo, así que no tuvimos que esperar
demasiado tiempo antes de que los resultados fueran anunciados. Cuando el
hombre entró en el escenario agarré su mano nerviosamente, rogando que haya
obtenido buenos resultados.
—Está bien, así que tuvimos algunos trucos excelentes hoy. Los jueces quedaron
muy impresionados, así que felicitaciones —el hombre se paró en la pequeña
plataforma—. Bien, entonces, en orden inverso. Viniendo en el tercer lugar con un
puntaje de cuarenta y cuatro puntos de cincuenta, es… Erick Sabater —llamó.
Chillé y salté sobre él con entusiasmo mientras se reía.
—¡Oh Dios, Erick, eso es impresionante! Estoy tan orgullosa de ti —me
entusiasme, casi llorando.
Sonrió abiertamente.
—Gracias, Angie. Será mejor que vaya a buscar mi trofeo —asintió hacia el
escenario. Me quedé allí animando y aplaudiendo como una idiota, mientras subía
y conseguía su trofeo de plata. Volvió corriendo y me abrazó girándome en un
círculo.
—Erick, eso es tan bueno. Déjame verlo —prácticamente lo arrebaté de sus
manos y observé el trofeo de plata con un pequeño hombre en una patineta.
—Estoy muy contento con cuarenta y cuatro puntos. Es mi mejor resultado —
sonrió con orgullo.
—Hey, ¿vamos comer algo para celebrar? Yo invito —sugerí, felizmente.
—Por supuesto. Sólo tengo que cambiarme primero; realmente no puedo salir así
—miró abajo a su camiseta rasgada, pantalones cortos de patinador, sucias
zapatillas de deporte, haciendo una mueca.
¿Por qué diablos iba a necesitar cambiarse?
—Erick, no me importa qué te pongas —dije con honestidad, mientras
comenzábamos a caminar de regreso a su coche.
Se echó a reír.
—Rocio, estoy hecho un lío. Estas son mis ropas de competencia. Siempre llevo la
misma cosa; son como mi ropa de la suerte. Están todas rasgadas y sucias. Además,
estoy sudado y eso —respondió, encogiéndose de hombros. Subimos al auto—.
Voy a hacer una parada en casa y me cambiaré, luego podemos irnos —dijo
mientras sacaba el auto de la playa de estacionamiento.
¡Oh, mierda! ¿Quiere que yo vaya a su casa?
Empecé a sentirme mal. No podía ir, no quería ver a mi padre, no podía. Cerré los
ojos, dispuesta a no enloquecer. Nicola no estaba aquí, así que no quería tener un
ataque de pánico.
—No puedo —susurré.
Me miró, confundido.
—¿No puedes ir a cenar? —preguntó, mirándome como si estuviera loca,
probablemente porque era mi idea, en primer lugar.
Negué con la cabeza.
—No puedo ir a tu casa, Erick. Por favor, no puedo verlo —supliqué, cuando
continuó en la dirección opuesta de mi casa.
—¿Matías? —preguntó, frunciendo el ceño. Asentí con la cabeza, incapaz de
hablar a través del nudo en mi garganta. Me temblaban las manos. Cerré los ojos y
pensé en Nicola, tratando de mantener la calma. Pensé en el color de sus ojos, cómo
se sentía su pelo cuando pasaba mis manos a través de él, el sonido de su voz.
—¿Estás bien? —preguntó Erick, sonando afectado.
Asentí débilmente.
—No quiero verlo, Erick —susurré, dándome vuelta en mi asiento para mirarlo.
Él estaba tratando de ver el camino y mirarme, al mismo tiempo.
—¿Por qué no? —preguntó en voz baja. Sacudí la cabeza. No podía hablar de ello,
sobre todo no con él, era su padrastro, por amor de Dios, vivía con él.
—Yo no, por favor —rogué con mis ojos. Suspiró y meneó la cabeza.
—No está ahí de todos modos. Se fue el fin de semana con mamá y Adriano. No
volverán hasta tarde, esta noche —dijo.
¿No estaba allí?
—¿Estás seguro? —pregunté, mi cuerpo empezaba a relajarse.
Asintió y sonrió para tranquilizarme.
—Positivo. Fueron el fin de semana para ver a mis abuelos. No estarán
volviendo hasta las diez o algo así.
Lo miré para asegurarme de que no estaba mintiendo o tratando de engañarme o
algo así. Parecía estar diciendo la verdad. Erick era un muy buen tipo, no me
haría algo así, no me mentiría.
—Está bien —acordé, en voz baja.
Sonrió y volvió a mirar a la carretera.
—Por lo tanto, ¿puedo saber por qué tú y Israel odian tanto a Matías? —preguntó
con curiosidad. Cerré los ojos, realmente no quería tener esta conversación con él,
con nadie. Incluso Jaz no sabía ningún detalle acerca de mi padre y de mi infancia.
—Erick, no quiero hablar de ello. Está en el pasado, prefiero que se quede ahí —
contesté, rezando para que lo dejara.
Asintió con la cabeza, viéndose un poco decepcionado y triste.
—Está bien. Bueno, si alguna vez necesitas hablar conmigo sobre cualquier cosa,
puedes hacerlo. Ya lo sabes, ¿verdad? —preguntó, mientras entraba en una calle
muy bonita. Asentí mirando por la ventana, las casas eran enormes, con grandes
coches de lujo en las entradas. Se puso en el camino de entraba y miré a la gran
casa azul pálido. Se veía como si mi padre la hubiera hecho, ciertamente, por sí
mismo.
—¿Estás seguro que no está aquí? —cuestioné nerviosa, mientras me levantaba y
caminaba hacia el lado de Erick.
—Estoy seguro. El coche ni siquiera está aquí —confirmó, moviendo una mano al
estacionamiento vacío. Me relajé y seguí muy de cerca de Erick, hasta la casa.
Apenas podía respirar. Al abrir la puerta de entrada me apoderé de la parte de
atrás de su camiseta. Rió entre dientes.
—Angie, no hay nadie aquí —me aseguró, sacudiendo la cabeza mientras envolvía
su brazo alrededor de mis hombros, tirándome dentro de la casa. Era preciosa—.
¿Quieres un trago? —ofreció, llevándome a la cocina.
—Um, claro —miré alrededor, a todos los adornos y muebles caros—. Podría caber
toda mi casa en tu sala de estar y cocina —dije, sonriendo.
Se echó a reír.
—Está casa es agradable, pero es demasiado grande para nosotros. No sé por qué
este tipo de casa tan cara.
—¿Qué hace mi padre ahora entonces? —pregunté con curiosidad, cuando me
entregó una lata de Pepsi.
—Acciones y participaciones. Es un gran agente de bolsa o algo, realmente no lo
entiendo. Hace un montón de dinero, sin embargo —dijo, casualmente.
Todavía estaba haciendo eso, entonces, eso era lo que hacía cuando éramos niños.
No quería hablar más de él; estar en su casa me estaba volviendo bastante loca.
—Por lo tanto, tú y Jaz, ¿huh? —bromeé, tratando de cambiar de tema.
Se sonrojó y asintió con la cabeza.
—Es bonita —murmuró nervioso.
Sonreí al ver su sonrojo, era realmente adorable.
—Dijo que la besaste —levanté las cejas con entusiasmo, a la espera de más
detalles. Tenía la visión de ella del “beso perfecto”, ahora quería la suya.
Sonrió abiertamente.
—Sí, ¿dijo que le gustó? —preguntó, ruborizándose más fuerte.
¡Oh infiernos, si lo hizo!
—Sí, le gustó mucho —confirmé, meneándole las cejas.
Largó una carcajada.
—Bueno, gracias a Dios por eso —parecía tan aliviado que no podía dejar de reír—.
Estaba pensando en invitarla a salir, correctamente, ya sabes, siendo exclusivo.
¿Crees que iría por eso? —preguntó, mirándome con esperanza.
Sonreí al ver su cara de preocupación.
—Claro que iría por eso —a Jaz realmente le gustaba, sin duda sería exclusiva.
Se rió y desordenó la parte de atrás de su pelo.
—¡Increíble! Gracias, Angie.
—Ve a cambiarte, entonces, y después vamos a comer. Estoy muerta de hambre —
instruí, asintiendo hacia el pasillo.
—Está bien, estaré en cinco minutos.
Me encogí de hombros.
—Puedes ducharte y esas cosas si quieres, no me importa esperar.
—¿Estás diciendo que huelo? —preguntó, riendo, mientras se abría camino a la
sala.
—Bueno, estaba tratando de ser cortés —bromeé. Se rió y rebotó por las escaleras.
Me senté en el mostrador de la cocina, bebiendo felizmente mi Pepsi, jugando con
su trofeo, cuando oí la puerta abrirse y a una mujer hablando.
—No, sólo tengo que darle un poco de medicina y ponerlo en la cama —dijo.
Sentí mi aliento entrecortado en la garganta.
—Bueno, no ha dejado de estar malditamente llorando —espetó mi padre,
sonando molesto.
Salté de la silla tan rápido que casi me caigo. Me mudé al otro lado del mostrador,
teniendo que poner algo entre nosotros, estaba viniendo hasta aquí. Mi corazón
estaba fallando en mi pecho. No podía respirar correctamente. Había una puerta
detrás de mí, agarré la manija, desesperadamente buscando alejarme antes de que
él llegue. No podía verlo; no podía dejar que me viera. Agitando la manija
rápidamente me di cuenta de que la puerta estaba cerrada con llave. Podía sentir
las lágrimas empezar a picarme en los ojos.
—Lo siento, Matías. Lo pondré en la cama en un minuto, dormirá —dijo la mujer,
en voz baja.
—Que esté malditamente mejor, me está dando un dolor de cabeza —gruñó
furioso.
Metí la mano en mi bolsillo, agarrando mi celular. A quién pensaba llamar, no
sabía. Nicola e Israel estaban demasiado lejos, y Erick probablemente en la ducha.
No había nadie, sin ayuda; estaba sola en mi horror. Me di la vuelta frente a la
puerta, esperando a que entrara. Me sentí enferma. Oh Dios, ¿realmente iba a
vomitar?
La señora entró, llevando un niño lloriqueando en sus brazos, acariciando su
espalda con dulzura. Sus ojos se posaron en mí y saltó una milla, obviamente, no
sabiendo que estaba aquí.
—Hola, lo siento, no me di cuenta de que Erick tenía amigos —dijo,
sonriéndome con gusto. Era muy bonita, cabello castaño y ojos grises, como mi
madre y yo. Asentí con la cabeza, incapaz de hablar.
—¿Erick tiene amigos aquí? —preguntó mi padre, mientras caminaba a través de
la puerta.
Me sentí mareada, mis piernas estaban débiles, se veía casi exactamente como él
mismo, sólo un poco mayor, un poco menos de pelo y más gris. Sus ojos eran
duros y severos, como solían ser, no como la foto que Erick me mostró. No había
cambiado en absoluto.
Me miró, sus ojos rastrillando sobre cada parte de mi cuerpo mientras me quedaba
ahí, sin poder moverme, sin poder respirar. Me sentí como una niña de nuevo.
Estaba aterrorizada, y esta vez no tenía a Israel para protegerme. El hombre que
arruinó mi infancia, la niñez de mi hermano, estaba de pie a menos de quince
metros de mí.
—Angie —dijo en voz baja. Sonrió y sentí aumentar la bilis en mi garganta.

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