jueves, 13 de febrero de 2014

"Sin Olvido" capítulo 33





Capitulo 34

Sus besos eran imparables, los dos deseaban ser uno, disfrutar del cuerpo del otro. Pero un ruido los saco de esa atmósfera de sensualidad y locura.
Mario: ¿Qué fue eso?-sobre los labios de ella
Diana: no sé-extrañada y volvieron a escucharlo. Ella ve para atrás que es de donde venía el ruido y ve una caja-AY-se tocó la espalda
Mario: ¿Qué paso?-preocupado
Diana: hay una caja detrás de mí, y creo que hay un gato dentro.
Mario: ¿Me estás JODIENDO?
Diana: no, me acaba de arañar-se bajo despacio de la mesa, él estaba a su lado. Despacio abre la caja que tiene unos pequeños agujeros-es hermoso-lo tomó en brazos
Mario: ¿Quién nos dio un gato?-sorprendido aún
Diana: no es un gato-le respondió con una sonrisa, acariciando al pequeño animalito
Mario: bueno gata
Diana: tampoco es una gata
Mario confundido: ¿Eh?
Diana: es un tigre
Mario: solta eso, te puede comer-preocupado, ella rió
Diana: Harti, tendrá dos meses pobrecito, no me va a comer-en eso ve un sobre amarillo. Con una mano sostiene al tigre y con la otra abrió el sobre, allí estaban los permisos necesarios para tenerlo y un sobre más pequeño.-Amor ¿Puedes leer tú la nota del sobre?-él enseguida tomó la nota
Mario: “Me enteré que tú sueño era tener un tigre de mascota, por eso tienes los papeles y todo lo necesario para que lo tengas sin problemas. Espero te guste. Te adora tú abuelo.”-terminó de leer-¿Querías un tigre de chiquita?-sorprendido
Diana: si, vi una película y le pedí a papá un tigre, él me dijo que era imposible. Fui a la escuela y le pregunté a la maestra porqué no podía tener un tigre y me dijo que porque eran salvajes.
Mario: así es, ahora puede que no haga nada, pero en unos meses va a ser enorme.
Diana: si, pero estoy segura que no va a ser daño alguno, además en el caserón habrá lugar de sobra-dándole un beso-te pondré Segundo.
Mario: Diani no es un gato.
Diana: lo sé. Voy a darle leche, por los papeles solo tiene un mes y medio-miró de nuevo a la caja y saco una bolsita que tenía una mamadera y unas vitaminas. Se fue a la cocina y calentó un poco de leche, la puso en la mamadera y se la dio despacio. Mario los miraba con ternura. Sabía que si ella quería a ese tigre, él no podría hacer nada, corría riesgo de perderla. Además por arte de magia la tristeza que ella tenía parecía haberse ido.
Mario: ¿Te ayudo en algo?
Diana: si, prepárale la cajita en la que vino, con la piel de símil cordero que tengo en mí maleta.
Mario: OK-preparo todo, cuando volvió Diana tenía preparado el chocolate caliente y aún tenía al pequeño tigre en brazos-¿Puedo agarrarlo un ratito?
Diana rió: ¿No era qué podía comerte?
Mario: ya se que exageré-rió también, y tomó al tigre en brazos-es hermoso
Diana: si, la verdad no sé como mí abuelo se entero de que quería un tigre.
Mario: a mí me mando una nota,-ella lo miró-me ordeno que me alejará de ti
Diana: ¿Lo vas a hacer?-con un dejo de tristeza
Mario: jamás-la beso. Se sentaron los dos en el sofá a tomar el chocolate, el pequeño tigre seguía en brazos de Mario.
Diana: También me mando una a mí, con una cadenita, me decía que era una tradición familiar-le contó todo.
Mario: ¿Leíste la carta?-curioso
Diana: aún no, lo voy a hacer cuando esté lista
Mario: sabes que siempre voy a estar ¿Verdad?-ella asintió, pero tenía miedo de que no fuera cierto. El tigre se durmió, ella lo llevo a la cajita, lo acostó allí, lo tapo con un buzo que Mario le dio.
Él la abrazo y beso.
Diana: gracias por dejar de ser pesado con el pobre Segundo
Mario la volvió a besar: ¿Por qué lo llamas segundo?-curioso
Diana: porque se llama Hart segundo, y para que no te confundas cuando lo llame, le digo así
Mario: ¿Le pusiste mí apellido al tigre? ¿Por una de esas casualidades de la vida me estás tratando de gato?-ella sonrió

No hay comentarios:

Publicar un comentario