Capitulo 34
Sus besos eran imparables, los dos deseaban ser uno, disfrutar del cuerpo del otro. Pero un ruido los saco de esa atmósfera de sensualidad y locura.
Mario: ¿Qué fue eso?-sobre los labios de ella
Diana: no sé-extrañada y volvieron a escucharlo. Ella ve para atrás que es de donde venía el ruido y ve una caja-AY-se tocó la espalda
Mario: ¿Qué paso?-preocupado
Diana: hay una caja detrás de mí, y creo que hay un gato dentro.
Mario: ¿Me estás JODIENDO?
Diana: no, me acaba de arañar-se bajo despacio de la mesa, él estaba a su lado. Despacio abre la caja que tiene unos pequeños agujeros-es hermoso-lo tomó en brazos
Mario: ¿Quién nos dio un gato?-sorprendido aún
Diana: no es un gato-le respondió con una sonrisa, acariciando al pequeño animalito
Mario: bueno gata
Diana: tampoco es una gata
Mario confundido: ¿Eh?
Diana: es un tigre
Mario: solta eso, te puede comer-preocupado, ella rió
Diana: Harti, tendrá dos meses pobrecito, no me va a comer-en eso ve un sobre amarillo. Con una mano sostiene al tigre y con la otra abrió el sobre, allí estaban los permisos necesarios para tenerlo y un sobre más pequeño.-Amor ¿Puedes leer tú la nota del sobre?-él enseguida tomó la nota
Mario: “Me enteré que tú sueño era tener un tigre de mascota, por eso tienes los papeles y todo lo necesario para que lo tengas sin problemas. Espero te guste. Te adora tú abuelo.”-terminó de leer-¿Querías un tigre de chiquita?-sorprendido
Diana: si, vi una película y le pedí a papá un tigre, él me dijo que era imposible. Fui a la escuela y le pregunté a la maestra porqué no podía tener un tigre y me dijo que porque eran salvajes.
Mario: así es, ahora puede que no haga nada, pero en unos meses va a ser enorme.
Diana: si, pero estoy segura que no va a ser daño alguno, además en el caserón habrá lugar de sobra-dándole un beso-te pondré Segundo.
Mario: Diani no es un gato.
Diana: lo sé. Voy a darle leche, por los papeles solo tiene un mes y medio-miró de nuevo a la caja y saco una bolsita que tenía una mamadera y unas vitaminas. Se fue a la cocina y calentó un poco de leche, la puso en la mamadera y se la dio despacio. Mario los miraba con ternura. Sabía que si ella quería a ese tigre, él no podría hacer nada, corría riesgo de perderla. Además por arte de magia la tristeza que ella tenía parecía haberse ido.
Mario: ¿Te ayudo en algo?
Diana: si, prepárale la cajita en la que vino, con la piel de símil cordero que tengo en mí maleta.
Mario: OK-preparo todo, cuando volvió Diana tenía preparado el chocolate caliente y aún tenía al pequeño tigre en brazos-¿Puedo agarrarlo un ratito?
Diana rió: ¿No era qué podía comerte?
Mario: ya se que exageré-rió también, y tomó al tigre en brazos-es hermoso
Diana: si, la verdad no sé como mí abuelo se entero de que quería un tigre.
Mario: a mí me mando una nota,-ella lo miró-me ordeno que me alejará de ti
Diana: ¿Lo vas a hacer?-con un dejo de tristeza
Mario: jamás-la beso. Se sentaron los dos en el sofá a tomar el chocolate, el pequeño tigre seguía en brazos de Mario.
Diana: También me mando una a mí, con una cadenita, me decía que era una tradición familiar-le contó todo.
Mario: ¿Leíste la carta?-curioso
Diana: aún no, lo voy a hacer cuando esté lista
Mario: sabes que siempre voy a estar ¿Verdad?-ella asintió, pero tenía miedo de que no fuera cierto. El tigre se durmió, ella lo llevo a la cajita, lo acostó allí, lo tapo con un buzo que Mario le dio.
Él la abrazo y beso.
Diana: gracias por dejar de ser pesado con el pobre Segundo
Mario la volvió a besar: ¿Por qué lo llamas segundo?-curioso
Diana: porque se llama Hart segundo, y para que no te confundas cuando lo llame, le digo así
Mario: ¿Le pusiste mí apellido al tigre? ¿Por una de esas casualidades de la vida me estás tratando de gato?-ella sonrió

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