NICOLA
Nicola,
Lo siento. Por no haberte llamado. Por fugarme. Por Mario. He arruinado todo para ti. Fui
tan egoísta. No puedo explicarte cuan arrepentida estoy. Por favor, sólo olvídame. Puedo
soportar cualquier cosa si sé que me olvidarás. Tal vez lo que hicimos estaba mal. Tal vez
deberíamos haberlo manejado de otro modo pero no puedo arrepentirme de ningún momento
que pasamos juntos. Me diste recuerdos que siempre apreciaré. No quiero hacer esto más
duro para ti. Te dejaré partir por tu propio camino. Sólo déjame saber que no me odias.
Te amo,
Angie.
Pasé el pulgar sobre las palabras "te amo" mientras miraba la carta de Angie. Ella
me ama. Angie Arizaga me ama. Dejé que pensara que todo esto era su culpa. El
pánico en su escritura era claro. ¿Ella pensó que la odiaba? ¿No escuchó nada de lo
que le dije? ¿Mis acciones no le dijeron suficiente? Habría sacrificado cualquier
cosa por ella. ¿Cómo pudo pensar que la odiaba? Ni siquiera era posible. El dolor
permanente donde mi madre había rasgado mi pecho y básicamente lo había
tirado lejos se alivió cuando releí las palabras "te amo".
Ahora mismo necesitaba sus brazos a mi alrededor, así podría llorar. Llorar por el
hombre que había sido el único padre que había conocido y perdido a una edad
tan temprana. Llorar por el hermano que nunca me di cuenta que tenía, pero, sin
embargo, amaba. Llorar por la única chica a la que he amado, la única persona por
la que además de Mario habría muerto y por la situación imposible en la que
estábamos. La amo tanto. La elegí a ella por sobre Mario y lo haría de nuevo. Pero
las cosas cambiaron ahora. Mario estaba enfrentando el mismo dolor que yo. Tal
vez más porque era su padre, o nuestro padre, quien había engañado a su esposa,
quien me había ignorado a mí toda mi vida y quien le había mentido.
Una lágrima resbaló por mi mentón y rápidamente moví la carta para que mis
lágrimas no emborronaran las palabras de la página. Necesitaba saber que a
alguien le importaba. Alguien me amaba. Plegando la carta para poder ver las
palabras "te amo" y su nombre, la apreté de nuevo contra mi corazón y apoyé mi
espalda contra el heno. Esta noche no dormiría mucho pero tenía las palabas de
Angie para mantenerme caliente.
ANGIE
La secundaria siempre ha sido fácil para mí. Teniendo a Mario como novio me
protegía del acoso. Estaba parada frente a mi casillero y vi la palabra "puta"
pintada con esmalte rojo sobre la pintura azul pálida que se había ido estropeando
durante los últimos tres años, era un momento de comprensión. Realmente no
tenía idea de cómo se sentía estar en la secundaria. Tal vez yo era una puta. Ya no
era virgen y tampoco estaba casada. ¿Acaso eso no me hace una puta? Nadie sabía
acerca de Nicola y yo, por lo tanto el hecho de ser etiquetada como una puta
solamente significaba que ellos lo estaban insinuando.
Suspiré y rápidamente puse mu combinación y abrí mi casillero. Al instante me
puse feliz de no tener ventilación en los agujeros de mi casillero. No se sabe lo que
habrían intentado meter adentro. Podía escuchar susurros detrás mío mientras
sacaba mis libros para el primer período. Nadie me habló ni me defendió.
No esperaba eso de ellos. Este era el tercer día del rechazo a Angie. Realmente no
podía culpar a Mario, porque él no estaba participando. Tampoco estaba de mi
lado, pero él no se unía a ellos para divertirse. Todos lo amaban y querían
defenderlo. Si ridiculizarme a mí los hacía sentir como si hubiesen cumplido la
misión, podía soportarlo. Sólo eran palabras. Como si hubiera dicho eso en voz alta
alguien me empujó desde atrás contra mi casillero. La punta me golpeó la cabeza
causándome que vea un poco borroso por culpa del impacto.
Agarré el lado de la puerta rezando que no pasara del otro lado. La risa de la
variedad femenina siguió detrás de mí y cerré mis ojos hasta que el dolor pasara.
—¡Ay, por Dios! ¿Vas a quedarte ahí parada y aceptar esto?
Despacio giré mi cabeza para ver a Sheyla mirándome con una expresión
exasperada. Ella agarró mi brazo para estabilizarme.
—Supongo que llega un punto en que piensas que mereces esto o lo que sea, pero
llega un momento cuando suficiente es suficiente. Necesitas pararlo o ellos
continuaran excediéndose contigo. Ten algo de dientes, niña.
Ella tomó los libros de mis brazos y cerró mi casillero.
—Ven, voy a llevarte a la enfermería porque tienes una mirada aturdida y confusa
en los ojos. Una vez que diga que estás bien, puedes ir a clases.
Yo estaba aturdida y confundida. ¿Por qué Sheyla estaba ayudándome? Ella era una
animadora. Yo había pensado que sería la líder de la tropa anti Angie.
—Realmente deberías haber pensado en esto antes de engañar al príncipe de la
ciudad. Alguien como Mario tiene demasiados súbitos leales. Tú los has enfadado
a todos. Ellos te odian porque lo tuviste por mucho tiempo y te odian porque le
hiciste daño. Se sienten justificados en su brutalidad hacia ti. Así que te consigues
un guardaespaldas o te haces dura. Esto no va a desaparecer de la noche a la
mañana. Podría durar todo el maldito año.
Sheyla me condujo por el pasillo hacia la oficina de la enfermera.
—Lo sé. Pensé que si los dejaba sacar su cólera tal vez esto se calmaría más rápido
—expliqué.
Sheyla resopló.
—No va a pasar. O los para Mario o los paras tú. ¿Dónde está Nicola? Si él
estuviera aquí podría parar todo esto.
Quería a Nicola. Lo echaba de menos. Alcancé y toqué mi bolsillo para asegurarme
que la nota que le había escrito a anoche todavía estaba allí. Había decidido dársela
a Johana más tarde por si acaso ella fuera capaz de darle las notas, quería
asegurarme de cómo se sentía. No quería que estuviera sólo.
—¿Realmente lo hiciste? ¿Engañaste a Mario con Nicola? Encuentro difícil de creer
que Nicola le hiciera algo así a Mario. Pero Mario no habla y Nicola está perdido en
acción.
Yo no iba a mentir más. Mario sabía la verdad. Ya no podía evitárselo. Mentir
denigraría a Nicola. No podía denigrarlo.
—Sí, lo hice.
Sheyla hizo una pausa y pensé que iba a tirar a mis libros al suelo o alguna otra
reacción dramática pero, en cambio, soltó un silbido bajo.
—Lo admites. Wow.
Me encogí.
—Todos saben que rompí con Mario. No hay razón para mentir.
Sheyla levantó sus cejas.
—Puedo pensar en una razón para mentir. El manojo de chiflados que piensan que
tienen que defender a Mario transformándote en su bolsa de boxeo.
—Tal vez, pero no voy a mentir sobre Nicola y yo. Él no merece esto. No tengo nada
para avergonzarme excepto de arruinar su relación.
Sheyla abrió la puerta a la oficina de la enfermera.
—Realmente eres única. No de extrañar que los chicos Porcella se peleen por ti.
Aparte de un chichón feo en al lado de mi cabeza, no hubo ningún otro daño. Sin embargo, comenzaba a lamentar que, al menos, no hubiera necesitado puntadas así
habría tenido una excusa para marcharme por hoy. A la hora del almuerzo se me
cayeron tantas veces los libros de las manos que ya había perdido la cuenta. Sheyla
se había parado una vez a ayudarme a recogerlos diciendo otra vez como
necesitaba un guardaespaldas. El portero había limpiado mi casillero y todos los
estudiantes habían sido amenazados con la suspensión de la escuela de ser encontrados
pintarrajeando propiedad escolar. Entonces habían escogido pegar notas con
comentarios crueles sobre mi casillero. Dejé de leerlos una vez que me di cuenta
que solamente eran otra forma de castigo.
Mario había mirado silenciosamente como la gente había tirado mis libros al piso
todo el día. Cuando nuestros ojos se encontraron, después de que limpié mi
armario del último embate de mensajes, él no dijo nada, sólo se alejó; decidí que
podía odiarlo un poco. Él no era el tipo perfecto que yo había pensado. Tal vez lo
había puesto sobre un pedestal. El Mario que yo conocía no se quedaría parado mientras alguien fuera intimidado de esa manera. Mis ojos habían sido abiertos
viendo el otro lado de él. A uno que era verdadero, pero que no me gustó mucho.
Yo esperaba con impaciencia conseguir una bandeja y dirigirme afuera para comer
sola y disfrutar de un poco de paz y tranquilidad. Acercándome a la línea de
almuerzo, no hice caso a nadie alrededor mío. Esto se había convertido en mi
mantra para no hacer contacto visual. Pareció empeorarlo. Entonces, en cambio,
practiqué estrechar mi mirada.
Por eso probablemente no vi la coca-cola antes de que fuera vertida sobre mi
cabeza. Chillé cuando el hielo cayó sobre mi cara y quemó mis ojos. Esto goteó
sobre mi blusa y mi pelo quedó pegado a mi cabeza. El comedor estalló en la risa.
Priscila estaba parada delante mío con su vaso vacío y una sonrisa satisfecha sobre su cara.
—Oops —dijo ella bastante alto para que su audiencia se entere, antes de dar
vuelta sobre sus talones y pavonearse hacia la multitud que la adora.
Me quedé allí debatiendo como manejar esto. Sheyla dijo que tenía que ser dura,
pero la lucha me había abandonado. Solamente quería que Nicola viniera a casa.
Extendí mis manos, quité la coca-cola de mis ojos y alisé mi pelo empapado
echándolo detrás de mi cara. Entonces, sin darles la satisfacción de cualquier
reacción, me dirigí de nuevo a las puertas batientes dobles que me condujeron al
vestíbulo. Podía irme a casa ahora. Esto era una excusa bastante buena.
La puerta se abrió antes de que llegara y mis ojos se encontraron con los de
Mario. Los ojos se abrieron sorprendidos por mi
aspecto. Esto no era su culpa. No realmente.
—Perdóname —dije tan correctamente como pude, di un paso alrededor de él y
me dirigí hacia abajo por el pasillo hacia la oficina.
No miré hacia atrás aún cuando podía sentir sus ojos sobre mí. Tal vez esto sería
un final para él. Por otra parte, tal vez no.

No hay comentarios:
Publicar un comentario