martes, 14 de enero de 2014

"Amigos Desconocidos" capítulo 25




Un ruido hueco hizo que Diana se despertase. Desorientada y adormilada intentó levantarse pero no pudo, un cuerpo yacía sobre ella. Israel. Recordó todo lo sucedido y observó el cuerpo desnudo del hombre sobre ella. De nuevo el ruido. Llamaban a la puerta. Aún seguían en el local, y ya no se escuchaba música. Seguramente era hora de cerrar y ellos seguían encerrados en esa habitación. Intentó hacer a un lado a Isra, pero no pudo. Así que recurrió a la único que se le ocurrió.


- No se preocupes -gritó Diana- Yo cerraré cuando salga.
- Niko ya cerró -se escuchó tras la puerta- Soy Yidd. Te he estado esperando para que me... ¡Ahm! ¿Isra sigue ahí? -preguntó indecisa- No, no me lo digas, no quiero saberlo. Bueno si, pero... ¡Después hablamos! Tú tienes llaves así que podrás salir. Solo venía para avisar de que... ahm, de que ya todos nos vamos. Esto... ya después hablamos.

La voz nerviosa de Yidda se perdió con el ruido de sus tacones por el pasillo vacío. Diana sonrió por las expectativas. Su amiga se había imaginado lo que hacían y seguramente estaba roja pensando en ocultárselo a los demás. Tan dulce, pensó Diana risueña.


Una vez más hicieron el amor, pero esta vez más suave y delicadamente. 

 ¡Maldita sea! Estaba totalmente enamorada. Era un asco. Estaba claro que para él solo sería una noche y en cuanto acabasen hablarían de lo arrepentido que se sentía y le pediría que siguiesen siendo amigos. Y como estaba estup¡damente enamorada diría que sí para no perderlo ¡Era un asco!

El éxtasis llegó para ambos e Israel comenzó a preocuparse. Algo le pasaba. No era normal que lo hubiesen hecho... -no recordaba cuantas veces- y aún la desease más. Iba a pensar que era un pervertido o un obseso sexual. La miró, completamente desnuda y peinándose la mata de pelo revuelto, y la tensión volvió a apoderarse de él ¡No era posible! 

Se apartó de ella con dificultad, ya que su cuerpo se negaba a la separación, y se concentró en el techo. No estaba con cualquier mujer sino con Diani, su amiga. Tenían que hablar y para ello era fundamental estar alejados ¡miercoles! 

Su traicionero cuerpo la había buscado desesperadamente y había comenzado de nuevo a hacerla suya.

Diana veía la posibilidad de salir de esa habitación muy remota y con cada unión se volvía más vulnerable a él. Cada vez más recuerdos, más amor... ¡Tenía que pararlo! Se levantó, cogió su ropa y se dirigió al baño que había en esa misma sala. Mientras Israel la devoraba con la mirada.

¿Cómo demonios había podido ocultarle tremendo cuerpo?, se preguntó Isra más excitado, si era posible. Y comenzó a atar cabos. Le había ocultado muchas cosas, toda una vida. Parecía otra en ese ambiente. Y entonces cayó. La chica a la que besó en la fiesta de disfraces y Diana ¡eran la misma! Se habían besado y ella había actuado al día siguiente como si nada ¿Haría ahora lo mismo? La Diana que él conocía no sería capaz, pero se había dado cuenta de que no la conocía.

Se vistió y esperó a que saliese del baño. Caminó por la sala de lujo y miró el sofá en el que la había hecho suya durante toda la noche. Y volvió a tener una revelación. De repente la sangre volvía a su cerebro y le permitía pensar. Era más feliz cuando no le llegaba, pensó Isra triste y avergonzado.

Ella salió del baño con una imagen perfecta, como si no hubiese pasado toda la noche en vela haciendo el amor en un sofá. Se veía espectacular. Y la sangre de Israel volvió a desplazarse en el mismo sentido en el que corrió durante toda la noche.

Diana caminó hacía su amigo y le sonrió. Tenía claro lo que tenía que hacer sino quería perderlo. Hablarían del tema con sinceridad, o toda la que no implicase decir que lo amaba, buscarían una solución sensata para conservar su amistad y se marcharían antes de que los acusasen de ocupas, planeó Diana segura de que todo saldría como pensaba.

- Bueno -comenzó a decir Diana- supongo que tengo muchas cosas que explicar y tú muchas dudas que resolver. Además, de... aclarar lo que ha pasado.
- Sí -contestó Israel nervioso- pero salgamos de esta habitación -rogó con ansia. Si seguía allí no sería capaz de hablar, la poseería una y otra vez, hasta morir de agotamiento

Ni siquiera era capaz de estar en el lugar donde había pasado todo, pensó Dianita. Pero era mejor así. Él le dejaría claro que se arrepentía de lo ocurrido y ella volvería a su rol de amiga. Podría soportarlo, se dijo.

Cerró tras de sí y caminaron por las calles desiertas, a tan tempranas horas de la mañana de un domingo. En silencio se miraban fugazmente y esperaban a que el otro comenzase a hablar. Isra se paró y la miró fijamente. Ella imitó el gesto y se preparó para lo peor.

- ¡Hemos hecho una tontería! -exclamó Israel rompiendo el silencio.

¡Se arrepentía! ¡Lo sabía! se dijo Diani. Pero ella no lo iba a perder por eso. Y no iba a dejarlo tratarla como a una más. Ella había sido siempre especial y no la iba a despreciar como a cualquier otra porque hubiese sucumbido a sus encantos.

- Entiendo que te ha sorprendido mi apariencia y por eso has actuado de esta forma tan... -comenzó a justificarlo Diani.
- ¡No! -la interrumpió ceñudo- De tu vida "nocturna" ya hablaremos después -comentó irritado- Me refería a que no hemos tomado precauciones. 
- ¡Oh! -sonrió ella- Yo sí, tomo la píldora -informó aliviada.
- Bien -le devolvió la sonrisa y reanudó la marcha- Espera -se paró en seco- ¿Por qué? Si se supone que Julián y tú nunca hicisteis nada.
- La tomaba de antes y simplemente no dejé de tomarla. Además, que no hiciésemos nada no significa que no hubiese expectativas de hacerlo -explicó Diana algo incómoda.

"La tomaba de antes". Eso quería decir que había tenido otros novios. La miró de arriba a bajo. Muchos otros novios. Con ese cuerpo estaba seguro de que todos los hombres que la conocían lo habrían intentado. Y él era el único estupido que no se había dado cuenta, se recriminó furioso consigo mismo.

- Entonces no hay de qué preocuparse -dijo por pura cortesía Israel cuando lo que quería era una lista detallada de cada uno de esos malditos hombres.
- No en ese aspecto -comentó ella intentando pasar el mal trago lo antes posible.
- No quiero hablar de tus engaños en estos momentos -confesó Isra leyéndole la mente.
- Solo quise ser uno más. Y no era muy adecuado presentarme a jugar a basket con minifalda y tacones.
- Me engañaste y no hay excusas para eso. Pero como he dicho, no quiero hablar de eso ahora -repitió Israel pensativo- Solo quiero que me aclares una cosa.
- Dime -dijo ella nerviosa.
- Tú eras la chica de la fiesta de disfraces -a Diani se le descompuso la cara pero él siguió- ¿por qué no me lo dijiste?
- No quería descubrirme -afirmó ella avergonzada por el descubrimiento.
- Pero te besé ¿por qué no dijiste nada? O el lunes cuando me viste.
- ¿Y qué te digo? "Oye Isra, la chica a la que besaste el sábado era yo ¿nos vamos a tomar unas chelas y me hablas de la tipa que te tiraste unos minutos antes?" -se burló malhumorada mientras era él, esta vez, al que se le descomponía el rostro.
- ¿Lo sabías? -preguntó horrorizado.
- Sí, Tu primo me contó -comunicó sin importancia- Y esa es otra, últimamente estabas muy raro, no me contabas nada, temía que si te decía algo dejásemos de ser amigos.
- No tenías la menor intención de contarme nada. Pero te podías haber ahorrado el reírte de mí -espetó Israel irritado.
- Pero si me levanté para gritarte cuatro burradas y antes de que pudiese decir nada estabas... -se interrumpió para evitar ser la primera en admitir lo que había pasado entre ellos.

Israel recordó la escena y era verdad, se había excitado al verla enojarse. No la había reconocido pero esa furia le había recordado a Diani por eso la había deseado tanto. Ahora lo entendía.

- De acuerdo -dijo Israel decidido- Iremos a mi casa, nos ducharemos, nos cambiaremos de ropa y comeremos algo -Se ducharían por separado, le dejaría la ropa menos sexy que pudiese encontrar y comería comida de verdad, no a ella, se prometió y ordenó tajante.

Diana aceptó la sugerencia porque era evidente que él no deseaba perderla de vista para poder aclarar todo ese mismo día. Y ella también lo deseaba. Aclarar las cosas, no a él. Bueno, a él también, se confesó abatida. Pero era evidente que él solo quería respuestas y se las daría. Cualquier cosa para que todo volviese a la normalidad.



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