miércoles, 8 de enero de 2014

"Amigos Desconocidos" capítulo 22





Israel parecía un león enjaulado. Estaba furioso y ansioso a la espera de un encuentro. Ella llevaba una semana escapando de él. Sabía que le pasaba algo, pero no soportaba que huyese de él. Porque sabía que lo hacía. Y era síntoma de algo grave. Diana nunca lo evitaba. Y llevaba días poniéndole excusas que él comprobaba que no eran ciertas con mucha facilidad.


Lo que más lo enfurecía era verla bromear con Julián. Los veía más juntos que cuando se suponía estaban juntos. Y lo peor es que no dejaban de coquetear. Y eso no lo ayudaba a imaginársela como uno más del grupo. Cada día que pasaba la veía más sexy. Se había dicho que controlaría sus hormonas y no intentaría nada pero el que ella lo evitase con tanto ahínco lo estaba volviendo loco.

Diana miraba el reloj nerviosa. No quería ir. Había quedado con Isra en verse en el bar de siempre. Para tomar unas copas y hablar como era habitual. Pero era lo último que deseaba hacer. Sabía que ninguno de los chicos estaría allí, lo que implicaba estar a solas con Isra y no estaba muy segura de querer tal cosa.

-¿Desde cuando era una cobarde? se reprochó Diana, con todo el orgullo que pudo reunir.

Pero no era miedo lo que sentía. Al menos, no miedo a sus sentimientos. Ni siquiera se había permitido pensar en ellos. Lo que la aterraba era la idea de meter la pata y echar por tierra su amistad por un mal paso. Era consciente que ante las situaciones tensas acababa tomando el control y comportándose como la arpía que en realidad era. Sabía que manipulaba a cuantos hombres se le acercaban, pero no quería hacer tal cosa con él. Eran amigos. No podía estropearlo todo ahora, después de tantos años convenciéndolo de que era una buena chica.

Él no la conocía, se dijo hundiéndose en su tristeza. Cuando supiese como era de verdad la odiaría. Ella no lo soportaría. Y ya había comenzado a ponerse la armadura para protegerse del inevitable desenlace.

Llegó hasta la esquina y vio a Isra dando vueltas de un lado a otro, gastando el asfalto frente a la puerta del bar. No pudo más que sonreír. Él no se merecía que fuese la bruja que utilizaba a los hombres como entretenimiento hasta que encontraba algo mejor. Cuando lo veía una ternura que no sabía que existía dentro de ella, la invadía, al igual que un tremendo calor al recordar el beso que se dieron.

No podía fingir que todo seguía igual, pero definitivamente no iba a ponerse a llorar por las esquinas o esconderse. O ya no más. No era una alocada incapaz de entender sus sentimientos. Tenía muy claro lo que había pasado y ese era el motivo de que no quisiese verlo. Le había roto todos sus esquemas. Y, en parte, lo odiaba por eso. Era fácil tenerlo como amigo. Pero sentir algo más por él... ¡No le gustaba la idea! Quería seguir disfrutando de su vida, jugando y divirtiéndose con cuantos hombres le apeteciese. Pero enamorarse de Israel no estaba en sus planes ¡Y no lo permitiría! Él ya ejercía demasiado poder sobre ella como para darle más.

Segura de que no permitiría que Israel se metiese más en su corazón, caminó hacía él con una sonrisa. Él al verla suspiró aliviado y sonrió.

- Es la primera vez que llegas tarde -afirmó Israel.
- Empiezo a tener costumbres de chicas ¡Cuidado! -bromeó Diana. No debía ir por ese camino. Lo sabía pero no podía evitarlo. Una parte de ella estaba deseando que la descubriese.
- Es normal. Eres una chica -y preciosa, pensó con una sonrisa.
- Muy observador ¿Descubrió algún misterio más? -se burló ella intentando no darle ningún significado a la sonrisa boba que ponía su amigo al mirarla.
- Más de los que pensaba y menos de los que me gustaría -y esa ropa no ayudaba, se dijo comiéndosela con la mirada.

Diana decidió que no era prudente ponerse ropa de él, por lo que llevaba una sudadera de estilo urbano y poco ceñida. Pero debido a su delgadez y su espléndido pecho, se le ajustaba un poco al cerrar la cremallera, en esa zona.

Israel quiso bajar la maldita cremallera y ver bajo ella. Sabía que llevaba una blusa ceñida, se notaba por el tipo de cuello ¡Quería verla! Rezó para que pusiesen la calefacción en el bar.

Entraron, pidieron unas cervezas y se sentaron en la mesa de costumbre. Pero ninguno de los dos se sentía como siempre. Israel había decidido no dejarla escapar. Significase eso lo que significase. Y Diana aún recordaba el beso que su "amigo" le había dado, rompiendo todos sus planes.

Ella sonrió aliviada al ver a su salvador acercarse. Había sobornado vilmente a Julián para que fuese para controlar que no se pasaba de la raya.

Lo hacía por el bien de Israel, se dijo Diana segura de estar haciendo lo correcto. Sino lo hacía era probable que acabase destapándose, conquistándolo, o intentándolo y fastidiando su relación ¿A quien pretendía engañar? Ella nunca intentaba conquistar a ningún hombre, simplemente lo conseguía.

Y Israel no sería un reto. Pero no lo haría. Era su amigo y lo respetaba. Y sino para eso tenía a Juli. Él no dejaría que ella coquetease con Israel. Julián saludó a un malhumorado Israel y se acercó al oído de su chantajista, mientras se sentaba junto a ella.

- Un mes -le susurró Julián tajante- ¡Ni un día más!

Diana asintió conforme. Le había prometido ayudarlo a conquistar a Yidda, pero lo había prevenido que no sería fácil y que necesitaría tiempo. Él había estado de acuerdo, al comprender que la muchacha tenía un pasado que superar. Pero Diana se tendría que esmerar, porque en un mes debía haber convencido a la protagonista de sus noches de tortura de que él era diferente a los demás. Aunque no lo fuese.

Y no lo era, pensaba Diana. Pero su objetivo no era tanto hacer que Yidda superarse su pasado como hacer que Juli la complaciera en su futuro. Su amiga debía aprender muchas cosas, entre ellas cómo hacer que ese mujeriego sentase la cabeza. Y ella se ocuparía de eso personalmente.

Israel estaba furioso. Sino tenía suficiente con la inoportuna aparición del "ex" ahora encima tenía que soportarlos hablándose y mirándose con complicidad.

- ¿Y qué haces por aquí? -preguntó molesto Isra.
- Venimos mucho, no es algo raro -contestó hábilmente Juli Y... -cambió de tema con una sonrisa- ¿qué planes tienen para este fin de semana?- sonrió burlón a Diani. Pero ella no era de las que se ponían nerviosas por miedo a descubrirse.Así que contraatacó
- Buscarle novio a Yidd Conocí a un chico súper lindo el otro día... -comenzó a decir risueña.
- ¡Ok! -la interrumpió Julián- Me tienes en tus manos ¿no?
- Aja -afirmó divertida- Pero mira el lado positiva, son unas manos Hermosas -bromeó ella coqueta.

Israel no entendía absolutamente nada. No le gustaba las confianzas y el coqueteo que tenían. Pero siempre que estaba Israel aparecía una Diani que él no conocía y que definitivamente quería conocer mejor ¿Por qué no sería así con él? ¿Solo era así con Juli? ¿O es que solía comportarse así con los chicos que le gustaban? Seguramente, y eso significaba que no sentía absolutamente ninguna atracción por él, ya que nunca le había coqueteado.

- Tu novia -lo avisó Diana sacándolo de sus pensamientos. Se giró y vio como se acercaba Vania hacía ellos. Era lo último que necesitaba. Pero a diferencia de él, Diana estaba de lo más contenta. Al instante supo que planeaba reírse un rato a costa de la animadora. Vania no podía compararse intelectualmente con Diana e Israel no entendía como seguía intentándolo después de tanto tiempo.
- Hola chicos -dijo Vania al llegar hasta la mesa- ¿Qué tal? -preguntó por pura cortesía antes de soltar su veneno- Diani... -comenzó a decir con una sonrisa malévola- creo que conoces a mi primo, Niko. Vio una foto tuya del último partido y te reconoció ¡Como su novia! -declaró satisfecha- Y yo que pensaba que estabas con Juli -intentó hacerse la inocente.
- Vaya -dijo Julián mientras miraba a Diana ceñudo- ¿Con cuantos me has puesto los cuernos? -bromeó estallando en carcajadas.
- ¿No pretenderás que me acuerde de todos los nombres? -le siguió la broma Diana.
- Haz como yo, ponlos en una agenda -sugirió divertido mientras enseñaba una pequeña agenda negra.
- No, gracias. Lo que suelo desear es olvidarlos al día siguiente, no tener sus datos personales -afirmó risueña, volteando hacía Vania- Perdón ¿hemos interrumpido tu patético intento de fastidiar?-preguntó Diana con fingido lamento.
- Puedes burlarte cuanto desees, pero en unos minutos mi primo vendrá y se te quitará esa sonrisa de la cara.

En eso estaba de acuerdo. Para sonreír hay que tener una expresión calmada y con dos de esa familia juntos era probable que acabase partiéndose de risa por el suelo.

- ¡No! -espetó Diana con fingido horror- Entonces no me quedará más remedio que suicidarme.
- Procura no salpicar ¡este traje me costo una fortuna! -bromeó Juli colocándose bien el traje.
- ¡Se te nota la pena! -le pegó la morocha cariñosamente en la nuca.

Juli le contestó con un abrazo a la vez que le aprisionaba ambas manos. Ella se reía y le sacaba la lengua mientras huía de la mano que tenía libre que pretendía pellizcarle la nariz. Cosa que odiaba. Pero la esperada visita llegó y ambos se compusieron en el acto.

- ¡Niko hola! -saludo risueña Diani- ¡Cuanto tiempo!
- Hola -repuso mirándola de arriba a bajo de forma despectiva- ¿Podemos hablar a solas? -preguntó secamente Niko.
- ¡Por supuesto! -no esperaba menos.

Se levantó con una sonrisa inocente que Vania e Israel interpretaron como desconocimiento de lo que iba a pasar. Vania estaba segura de que Niko le armaría una buena bronca. Isra no sabía qué estaba pasando pero estaba seguro de que su amiga se acababa de meter en un lío. Y Juli no paraba de reírse, seguro de que ese pobre hombre se iría con el rabo entre las piernas. Y probablemente más tenso de lo que llegó, añadió mentalmente con una carcajada.

En un tiempo record, incluso para ella, Diana volvió a la mesa con la misma sonrisa. Niko completamente sonrojado caminó tras ella, cogió del brazo a Vania y se la llevó a rastras.

Julián no dejó de reír e Israel la miró atónito. 

- ¿Qué ha pasado? -preguntó sin poder evitar la curiosidad.
- Nada -contestó Diani sin darle importancia- Niko es un amigo y como tal le he pedido que se lleve a su prima que tiene un concepto erróneo de nuestra amistad -O más bien, lo había acorralado contra una pared y le había exigido que se largase con su primita, mientras rozaba sensualmente sus labios con los de él y le recordaba episodios indecorosos de su intimidad juntos, hasta que este estuvo tan excitado que habría sido capaz de matar si ella se lo hubiese pedido.
- Si, tenía cara de eso -bromeó Juli, sabiendo lo que había pasado

Israel no era tonto y supo a qué se refería. Había visto algunos brotes de sensualidad en su amiga cuando estaba con Julián, y el tal Niko no era de los que se fijaban en cualquiera. Ese tipo nunca habría salido con una chica que no fuese o pudiese ser modelo ¿Por qué habría salido con Diana? Todo empezaba a ser muy extraño, pero estaba seguro de una cosa: Diana le ocultaba un aspecto de su vida que él quería conocer. Le enfurecía el engaño, aunque pensó que simplemente sería un desinterés de ella por mostrarse de la misma manera que lo hacía para los demás. Seguramente le costaba mucho esfuerzo ser como todas las chicas, seducir y coquetear con hombres. Pero con él era ella misma. Esta seguro. Pero ¿por qué se veía tan sexy últimamente? Eran alucinaciones suyas. Solo eso

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