miércoles, 25 de diciembre de 2013

"Amigos Desconocidos" capítulo 7




Yidda corrió lo más deprisa que pudo hasta llegar al local. Aún era temprano para abrir, pero todos los empleados estaban ya allí. Llevaban una semana preparando la gran fiesta que se daría la noche siguiente. Un importante magnate había reservado el local para una fiesta privada para todos sus socios. Diana no había estado de acuerdo, pero cuando el hombre duplicó su propuesta inicial de alquilar el lugar, no pudo hacer nada. Eso no era bueno para el negocio. Todos debían tener claro que no eran más que nadie o se iría todo a pique. No le hizo ninguna gracia tener que cerrarle las puertas a otros clientes mucho más convenientes, para que un recién llegado presumiese ante todos. El tipo ni se había dignado a dar la cara. Solo había dicho que le gustaban las criticas que había escuchado del lugar y quería las puertas cerradas al público. Diana no pudo negarse y ya que tendría que hacerlo, decidió hacerlo bien, así que planeó una velada que ninguno olvidaría.

Diana estaba discutiendo por décimo quinta vez con las bailarinas para explicarle que no podían hacer su baile normal. Era una fiesta, no podía subirse a una tarima y bailar para esos tipos ¡No era un bar de alterne! Ella quería mostrar el estilo que caracterizaba al lugar. Las chicas estaban para animar las fiesta, pero si solo habría hombres o en su mayoría, no pretendía exhibirlas como carnaza. Había preparado un show, sexy pero elegante. Animaría la fiesta pero no se diría que era de mal gusto.

Yidda se acercó de inmediato a Diana y le contó el encuentro con los chicos y su metida de pata. Diana la sonrió para relajar su nerviosismo y la tranquilizó.

- No dijiste nada que me descubra. Ya inventaré algo. ¡No te preocupes! -exclamó Diana con una tierna sonrisa- Ahora sube con las demás a ensayar, que llegas tarde.
- Lo siento, lo siento muchísimo... -dijo Yidda apenada.
- No seas boba. No pasa nada. Sube y colócate -le ordenó suavemente con tono despreocupado.

Si no tenía suficientes problemas ahora esto, pensó Diana.

Pero el estrés por el trabajo era superior a cualquier tontería que pudiesen provocar dos niñitos que se aburrían y no tenían nada mejor que hacer que interrogar a una chica nerviosa.

Las chicas ya ensayaban como debían y los pocos hombres que había estaban cargando el material en la dirección que ella les había indicado.

La fiesta sería privada por lo que no necesitaría a todo el personal, así que había prescindido del elenco masculino de los trabajadores. Solo irían los necesarios para la seguridad, tanto de la puerta -para que no entrase nadie que no estuviese invitado-, como de los clientes y de las chicas. Y eso tampoco le gustaba. No solo afectaría al negocio un día de puertas cerradas, sino que además, dejaría sin un día de sueldo a muchos empleados.

Irritada y furiosa Diana quiso alejarse de todos antes de acabar pagando con un inocente su frustración.

Julián e Israel se quedaron atónitos ante la imagen del local. Esperaron ver a Yidda salir de nuevo o que algo explicase qué hacía ella allí. No es que fuese muy raro verla en un lugar como ese, pero no concordaba con lo que ella había dicho de encontrarse con Diana.

-¿Qué hace ella ahí? -se pregunto en voz alta Israel.
- Parece que trabaja en ese sitio -dijo Julián mirando el letrero- "El Ritual". He escuchado hablar de él.
- Y ¿quién no? Es el lugar de moda de los ricos y famosos. Y da igual cuanto dinero tenga mi padre como yo no soy famoso nunca me dejan entrar -espetó Israel enojado.
- ¿Pero esta chica no se iba a encontrar con Diana? -preguntó confundido Julián.
- Yo creo que fue una excusa o algo así, porque llegaba tarde a trabajar y se avergonzaba de decir que era aquí -especuló Israel.
- ¿Tú sabes la pasta que ganan estás chicas por servirte una copa o bailar una hora en una tarima? Puedo asegurarte que ninguna se avergüenza. No eligen a cualquiera para ese trabajo ¿Acaso no la has visto como viste? Su ropa es de diseñadores que solo una niña rica puede permitirse -observó Julián serio- Esas chicas no van enseñando carnaza como en cualquier tugurio. En esa clase de sitios las chicas visten más recatadas y con ropas más elegantes que las propias clientas -explicó Julián convencido.
- Parece que lo conoces -afirmó Israel.
- Ese sitio en particular no. Pero si muchos otros de idéntica fama -repuso Julián  sin darse importancia.
- Pues no le veo la gracia a ver bailar a una chica que viste como mi madre -replicó Israel ceñudo.
- Visten elegantes pero no dejan de ser muy sexys. Y ahí está la gracia. No necesitan ir semidesnudas para ser las mujeres más sensuales que te hayas encontrado en la vida -aclaró Julian con una sonrisa.
- ¡Mierda! Ahora tengo más ganas de entrar -gruñó Israel.
- Algún día entraremos. Pero este fin de semana no puedo. Recuérdamelo la semana que viene e iremos -prometió Julián con media sonrisa.

Israel estaba feliz e impaciente. Al fin podría entrar en ese maldito lugar, que tanto se le había resistido. Sabía que acabaría decepcionado. Pero ya era cuestión de orgullo. Nunca nada se le había resistido tanto. Y si todas las chicas que trabajaban allí eran como Yidda, estaría encantado de conocer el lugar. Habría que darle una oportunidad al lugar si todos hablaban tan bien de él. Y aunque seguía pareciéndole muy raro que Yidda trabajase allí, no le encontró ninguna relación con Diana. Así que no se preocupó en lo absoluto. Además, iba a ir al lugar donde llevaba meses deseando entrar. Nada era más importante que eso en esos momentos. ¡Ni siquiera Diana!

La imagen de Diana sonriendo le borró todo y cada uno de los pensamientos que le rondaban la cabeza ¡Maldita sea! No había manera que esa escena se le olvidase. Pero un lugar atestado con las mujeres más bellas y sensuales de la ciudad podría hacerlo. Israel albergaba esa esperanza. Allí encontraría la solución a su actual problema. Que aunque no se paró de repetir que no era nada, no dejaba de atormentarle.

Julián estaba apuntó de dar media vuelta y largarse del lugar. Israel parecía inmerso en sus pensamientos y aquella esquina no le parecía más interesante que cualquier otra hasta que vio la puerta del local abrirse. Se quedó confundido y muy sorprendido no pudo más que golpear en el brazo a Israel para que viese lo mismo que él

- ¿Qué hace Dianita aquí? -preguntó atónito.
- ¿Qué? -reaccionó de inmediato Isra

Diana necesitaba aire antes de acabar matando a alguien, así que salió unos segundos a fuera. Llevaba unos vaqueros despintados por lo que no le importó tirarse al suelo y apoyarse contra la pared. Se había manchado la preciosa blusa entallada que llevaba por lo que uno de los guardas le había dejado una camisa suya, que tenía de sobra, en la que cabrían tres como ella. Le llegaba hasta las rodillas por lo que no se veían sus vaqueros ceñidos más que lo acampanado. Ya había aprendido de otros días y no se había maquillado y llevaba cola. Nadie la veía así que quería estar cómoda para el trabajo duro. Si en algún momento venía alguien a quien tenía que dar buena impresión solo tenía que soltarle la melena, ya que iba bien vestida -antes de mancharse- y no le preocupaba que la viesen sin maquillaje.

Diana estaba maldiciendo el mundo cuando el dueño de la camisa que llevaba se sentó junto a ella. Nicola era un engreído como pocos, pero siempre la había tratado muy bien. La respetaba y hacía reír con facilidad. Cuando quería podía ser un encanto. Era una pena que eso no pasase a menudo.

- ¿Qué te ocurre? -preguntó mirando distraído alrededor poniéndose en cuclillas junto a ella.
- Tengo unas ganas locas de que pase este fin de semana -explicó Diana resoplando.
- Va a ser una fiesta única -vaticinó Nicola risueño.
- Ni me hables de la dichosa fiesta
- No seas negativa. Piensa en el lado bueno. Puede que tenga que hacer de organizadora de eventos pero al menos no vas a tener que sonreír a un puñado de esnobs del tres al cuarto. Puedes pasar de ellos. Y quien sabe... -continuó Nicola con una sonrisa pícara- puede que te permita deleitarte con mis encantos en algún que otro escarceo.
- Buen chiste -dijo Diana sin parar de reír- Eres el único capaz de hacerme reír en un momento de estrés como este.
- Debería sentirme herido en mi amor propio, pero verte sonreír lo compensa -afirmó Nicola con una enorme sonrisa.

Nicola la vio estallar en carcajadas y la cogió como si de un saco de patatas se tratase. Sobre su hombro comenzó a darle vueltas y ordenarle animadamente:

- Di que soy el hombre más maravilloso del mundo.- Le ordeno Nicola
- ¡No! -se negó sin dejar de reír Diana.
- ¡Dilo! -gruñó divertido.

Israel y Julián veían la escena atónitos. No entendían qué podía hacer Diana allí y se dispusieron a acercarse para preguntarle, hasta que el 4x4 salió y se sentó junto a ella. Entonces ellos solo pudieron mirarse y esperar que el otro le diese un significado coherente. Pero ninguno dijo nada. Y siguieron así, embobados en Diana, como si nunca la hubiesen visto antes. Charlando con un grandullón que la sonreía coqueto y que después se atrevió a cogerla entre sus brazos y echársela al hombro.

Israel no podía creerse lo que estaba viendo. Empezaba a parecer absurdo que se hubiese preocupado de que Diana se fijase en un tipo como Julián ahora que la veían de lo más alegre con ese oso. Y no sabía como reaccionar. Hasta que escuchó lo que menos esperaba.

- ¡Eres el hombre más maravilloso del mundo! -gritó Diana antes de que Nicola la dejase en el suelo.

Los chicos vieron como la soltaba frente a él, le besaba la frente y entraba de nuevo al local. Pudieron ver que le decía algo pero no escuchar el qué, solo la vieron abrir los ojos como platos y clavar la mirada en el suelo, mientras él se iba.

A Israel no le gustó nada las confianzas que se tomó el tipo y mucho menos la confesión de su amiga. Ese tipo no era para ella ¿Aunque que hombre lo sería? No se la imaginaba con un niñito a la moda, esos siempre iban con barbies. Tampoco con un grandullón como ese. Aunque si era sincero consigo mismo, era más lógico que una chica tan... de sus gustos, acabase con un neandertal como aquel. No, nada que ver. Ella tenía que estar con alguien que compartiese sus aficiones y si ella vestía como un chico, pues al menos que el tipo lo hiciese de la misma forma. Y no lo decía porque ella se vistiese con su ropa, se afirmó Israel intentando convencerse de que no le había dolido ver como su amiga retozaba con el que probablemente era su novio.

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Enserio gracias a todos por leer! Y lean la novela de @fco_israydiana está muy buena!!

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