viernes, 27 de diciembre de 2013

"Amigos Desconocidos" capítulo 12





La noche anterior Israel no había encontrado ningún consuelo en la cama de Vania. Nada más cerrar los ojos se encontró inmerso en la oscuridad de un pasillo. Caminaba y caminaba y no se encontraba nada ni a nadie. Vio una luz al final y corrió hacía ella. Se paró en seco al ver la silueta de la mujer más deliciosa que había visto jamás. Estaba desnuda y reconoció la suave curva de su espalda, la pequeña cintura y las exquisitas caderas. Sin pensárselo corrió hasta ella y la abrazó contra él girándola para verle la cara...


- ¡Diani! -gritó Israel despertándose sudoroso. 

Jadeaba sin cesar intentando ubicar donde se encontraba y qué había ocurrido. Lo único que recordaba era la última imagen. Unos enormes ojos marrones clavados en él con la melena azabache flotando, perfilando los rasgos perfectos de su rostro.

- ¿Has tenido una pesadilla? -preguntó Vania jalándolo contra ella.

Israel se dejó recostar y que ella se tumbase sobre su pecho. Con los brazos bajo su nuca miró al techo y evitó tocarla ¿Una pesadilla? Sin duda. Diana era demasiado especial para rebajarla a algo meramente sexual. No podía creer que la hubiese degradado hasta el punto de incluirla en una fantasía de ese tipo. Tenía que acabar con esas estupideces o su amistad se iría a pique. Y no podía perderla. Algo le estaba pasando y en cuanto supiese qué era y lo solucionase, volvería a ser todo como siempre.

Se levantó sin el menor cuidado por su compañera de cama y comenzó a vestirse. Últimamente su vida estaba siendo un caos mental y tenía que hablar de ello con alguien. Iría a hablar con Diana y... No, no podía hablar con ella de ese tema. Buscaría a Julián y le contaría todo. Sí, eso haría. Decidido se colocó los pantalones de un solo tirón y con el pecho descubierto y los zapatos en la mano salió de la habitación.

Vania se arremolinó la sábana sobre el cuerpo y lo siguió confusa.

- ¿A donde vas? -gritó desde lo alto de la escalera.
- Tengo que irme. Hay algo que tengo que hacer. Ya nos veremos en la universidad -dijo Israel cerrando la puerta tras de sí.

No estaba seguro de saber la dirección exacta de Julián pero al encontrarse su coche frente a una mansión enorme, supo que la había encontrado. Caminó hasta la puerta y llamó al timbre. Nadie habría. Volvió a llamar. Minutos más tarde Julián aparecía tras la puerta. Mojado y con un bañador, miraba a Israel extrañado mientras se peinaba con los dedos algunos rizos que le caían por la frente.

- ¿Isra? ¿Qué haces aquí? -preguntó sorprendido.
- ¿Interrumpo algo? -dijo risueño Israel.
- Estaba pasando el día bastante bien acompañado la verdad -confirmó Julián con seriedad.

¿Con una mujer? Eso estaba claro ¿Con la preciosa ninfa de la noche anterior? Esa idea hizo enojar a Israel. Si esa chica estaba allí con él... no se haría responsable de sus actos, pensó Israel furioso. En esos momentos le daba igual que fuesen absurdos e injustificados sus celos. Sería capaz de matarlo con sus manos.

- ¿Con quién? -quiso saber furioso.
- ¡Con mi novia! -afirmó Julián con un destelló de felicidad- Queríamos contarte... -no pudo decir una palabra más porque se encontró una dura mano presionando su cuello.

¿Novia? ¿Tenía novia? El muy cerdo le había hablado de conquistar a Diana cuando ya tenía a otra. Ahora si que lo mataría con sus manos. Con su amiga no jugaba nadie ¡Con Diana no!

- Isra suéltame. No quiero pelear -farfulló Julián casi sin respiración.

No tenía la menor intención de soltarlo. Lo molería a golpes hasta que fuese irreconocible y ni la mujer más desesperada del mundo se fijaría en él. Le advirtió lo que implicaba meterse con ella. Tenía suerte, Diana no le había dado bola así que no sería necesario matarlo por haberle roto el corazón a su amiga. Pero el simple hecho de haberlo intentado justificaba una paliza.
- Para pelear es necesario que haya dos para el combate -se escuchó tras ellos y ambos siguieron con la mirada de donde venía la voz- Y me temo cielo que, en este caso, estás fuera de combate -concluyó Diana con una sonrisa.

¿Cielo? Ella era su novia. Israel soltó a Julián más por la perdida de fuerzas que por deber. Diana estaba frente a él, con su cara angelical, el pelo mojado y un enorme albornoz. Parecía una niña pequeña con el albornoz de su papá. Tan dulce, inocente y pura. Una oleada de ira recorrió su cuerpo ¿Pura? No tanto. Había pasado la noche allí con ese tipo y seguramente habrían... Sin pensarlo volvió a coger a Julián por el cuello. No midió sus fuerzas y lo levantó del suelo y apretó hasta que toda la sangre se acumuló en su cara, haciendo que se viera completamente rojo. Diana se alarmó y corrió hacía ellos.

- Israel ¡Isra! -gritó intentando apartar los brazos del cuello de su novio- Suéltalo ¡Suéltalo! -ordenó frustrada por no conseguir separarlos.
- Lo voy a matar por lo que te ha hecho -espetó Israel sin racionalizar.
- No me ha hecho nada ¡No me ha hecho nada! -repitió Diana intentando convencerlo- No hemos hecho nada ¡Suéltalo! -gimió apartándolo al fin de él.

Julián cayó al suelo tosiendo sin parar y Diana se colocó de rodillas a su lado. Israel vio como ella acunaba en su regazo la cabeza de él y sintió que nada era como debía ser. Se había comportado como un orangután y ellos estaban... juntos. Parecía irreal y aterrador. Se dio miedo y asco a la vez, pero sabía que si volviese a pasar haría exactamente lo mismo.

- ¡Eres un bruto! -le espetó Diana acariciándole el pelo a Julián que ya respiraba con normalidad.

Israel no dijo nada solo siguió mirándolos impasible.

- No era así como me había imaginado que te tomarías la noticia -intentó bromear Juli aún con dificultad.
- ¿Y qué esperabas? ¿Qué me alegrase de que hayas engañado a una inocente niña, que resulta ser mi mejor amiga? -gruñó furioso.
- Anoche no pasó nada -informó Diani levantándose del suelo- Pero si hubiese pasado no habría sido asunto tuyo. Julián y yo hemos comenzado una relación así que vete acostumbrando y deja los aires de hermano protector, que no son necesarios.
- Me preocupo por ti. Ese tipo puede aprovecharse de que seas... -se cayó por vergüenza.
- ¿Virgen? ¿Inexperta? ¿Inocente? ¿Qué estupidez ibas a decir? -replicó aireada- ¿Es que no me conoces? Te recuerdo que era yo la que te defendía a ti en el colegio cuando los niños querían pegarte y te insultaban por andar con una niña en vez de con niños como se suponía. Te recuerdo que es a mí a la que siempre acudes por consejo porque soy más astuta y mucho más responsable que tú. Te recuerdo... que soy mayorcita como para follarme a medio país si se me pega la gana -gritó Diana furiosa.
- Tranquila preciosa -dijo Juli abrazándola de lado- Él solo se preocupa por ti. Me alegro de que sea así. Pero –continuó mirando a Isra - vuelve a hacerme algo parecido y me olvido de que eres mi amigo y como un hermano para mi novia.

¡Novia! A Israel se le clavo la palabra en el corazón como un puñal. Ahí estaban Diana odiándolo y en brazos de otro, su novio. Él sobraba en esa escena, posiblemente también en su vida. Se frotó la cara con una mano esperando que la imagen cambiase. No fue así. Decidió que debía dejarlos como ellos habían pedido y salió de la casa
Diana se había vuelto a sentir como siempre que estaba con Israel, como una niña ingenua y estúp¡da. Él pensaba que no era capaz de conseguir que un hombre la desease o que incluso, la quisiese, si no era para engañarla. Pero ella no era la virginal niña que él pensaba y estaba harta de escucharlo hablar así de ella.

Se dio cuenta de que era posible que se hubiese pasado un poco con la rabia de pensar en que Israel la consideraba una tonta ingenua, al ver cómo se iba. Se había dejado arrastrar por la idea de que Israel pensase que el único motivo por el que un hombre desearía acostarse con ella era desvirgarla. Pero respiró hondo y salió tras él.

- Isra -dijo Diana casi en un susurró. Pero él la escuchó y se paró- Hablamos durante toda la noche de nosotros e hicimos planes para estar juntos. Estoy muy ilusionada con él -dijo saliendo completamente de la casa, con los pies descalzos sobre el asfalto. Caminó hacía él, que estaba de espaldas a ella, y lo abrazó por la cintura- ¿No puedes alegrarte por mí?

Su Dianita. Su tierna y dulce Dianita, pensó Israel acariciando las manos de ella que se unían en su abdomen. Solo quería que ella fuese feliz. Y si lo era, él estaría con ella. Pero no permitiría que le hiciesen daño. No le gustó sentirse excluido de su vida. Pero en ese momento supo que pasase lo que pasase, ellos siempre seguirían juntos.
- Diani -se giró y la abrazó contra su pecho- yo siempre estaré para lo que me necesites -afirmó Israel besándole el pelo húmedo- Pero no esperes que me quede de brazos cruzados si veo que te hacen daño.- 
Bien -dijo Diana abanicando el aire con sus largas pestañas al parpadear- Pero procura preguntar primero si me han hecho daño o no- replicó ella con una cara de sincera inocencia.

Israel se quedó embobado mirando a la niña que tenía entre sus brazos. Se veía tan frágil y vulnerable. Solo quería protegerla del mundo, y lo haría. Sonrió al ver la cara de niña esperando el regaño de su papá que ponía mientras apretaba los labios con ansiedad y lo miraba con sus enormes ojos marrones, como un perrito abandonado. No pudo evitarlo y se soltó en carcajadas mientras la abrazaba más fuerte contra él. Si de algo estaba seguro es de que él era el único al que ella permitía que viese tan vulnerable. Ella temía perderlo, supo Israel, tanto como él a ella. Pero eso nunca pasaría, se afirmó mientras la apretaba aún más contra él.

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Gracias por leer y no se olviden de leer la novela isriana de @fco_israydiana 

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