Casi un mes después
Julián agitó las llaves de su auto al aire mientras bajaba para abrir la puerta del copiloto y que Yidda pudiera bajar. Guardó las llaves en los bolsillos de su pantalón y abrió la puerta para después extenderle la mano a Yidda y ayudarla a bajar.
—Bienvenida a mi casa vacacional en viñedos “Terranova” —dijo Julián señalando con su mano a todo el extenso campo de viñedos que se extendía a unos metros hacia debajo de donde se encontraban.
—¿Terranova? —preguntó la chica divertida mientras observaba rápidamente el lugar que era verdaderamente hermoso. Usó sus manos para cubrir sus ojos del sol.
—Yo no escogí el nombre —el chico esculcó en los bolsillos de su pantalón y sacó dos pares de lentes de sol, se quedó con un par y el otro más pequeño se los dio a Yidda. El sol era bastante fuerte en el lugar y llegaba a ser molesto para la vista, lo recordaba bastante bien como las vacaciones anteriores tuvo que manejar casi 20 minutos buscando un lugar en donde vendieran lentes de sol para librar a sus ojos de esa tortura.
—Te creo —se puso los lentes y se dedicó a observar mejor el lugar.
—Creí que tus padres venían detrás de nosotros —dijo Julián al notar que seguían solos, ni los padres de Nicola ni sus padres habían llegado y no sabía si tenía que preocuparse o solo esperar a que llegaran.
—Alondra tiene muy poca capacidad para retener líquidos, seguramente se detuvieron en algún baño público, no te preocupes, llegaran en el momento más inoportuno.
Él sonrió, se colocó los lentes y se dedicó a observar el paisaje verde y café de filas verticales que se extendía campo abajo. Permanecieron en silencio y aunque al principio podía ser interesante después de unos minutos dejaba de serlo, pero al menos para Yidda seguía siendo interesante.
—Que aire tan limpio se respira aquí —dijo la chata absorbiendo todo el aire que pudo retener en sus pulmones y después dejándolo salir—. No podrás sacarme fácilmente de aquí.
—Tenemos una semana completa aquí, disfruta todo lo que puedas.
—Una semana no será suficiente para poder limpiar mis pulmones con ese delicioso aire después de haberlos contaminado durante casi 18 años con el aire de la ciudad —nuevamente repitió el proceso anterior de inhalación y exhalación—. Pero disfrutaré de todo.
—Por cierto, no olvides usar bloqueador —dijo e inconscientemente Julián acarició el brazo desnudo de Yidda queriendo demostrar que su blanca piel podía sufrir quemaduras pero lo único que logró ver fue como la piel de la chica se erizaba ante su toque.
—No, no lo olvidaré —dijo moviendo su brazo para alejarlo de los dedos de Julián.
—Bien —fue lo único que el chico logró pronunciar.
Siguieron observando el lugar en silencio hasta que Julián pensó que era un buen momento para sugerir acercare en lo que sus impuntuales familias llegaban.
—¿Quieres observar de más cerca? —le preguntó a Yidda y ella asintió con una pequeña sonrisilla en el rostro que le hizo a Julián preguntarse el porqué había tardado tanto en decirle eso.
Le extendió la mano y ella la tomó rápidamente emocionada por acercarse y ver de más cerca. Caminaron a través del terreno de tierra cubierto de grava pequeña en donde estacionaban los autos hasta llegar a unas escaleras de madera con barandal del mismo material por ambos lados, primero bajó Yidda y luego Julián la siguió, llegaron hasta un puente de tablas que conducía hasta una pequeña terraza de madera con barandales de metal color negro, había una mesa justo en el centro y dos sillas largas.
—Esto es lujoso —dijo la rubia mientras observaba el lugar en donde se encontraba de pie. Sintió el sol tostar su piel y observó que hacía falta algo que hiciera sombra—. ¿Por qué no hay algún techo?
—Teníamos sombrillas grandes pero como comprenderás todos los lugares son inseguros y una vez nos robaron así que decidimos que solo se sacarían cuando hubiera personas —explicó Julián.
La verdad es que ya empezaba a sentirse acalorado, tuvo que arremangarse las mangas de la delgada camiseta que llevaba hasta los codos y aprovechó para desabotonarse los dos primeros botones, por suerte Yidda sí que había escogido ropa cómoda, nada mejor que unos shorts y una blusa de tirantes para el clima del lugar.
—Wow —se escuchó la voz de la chica lejos de él—. Se siente un delicioso viento por aquí.
Julián se acercó cuidadosamente hasta donde se encontraba ella, sus manos estaban apoyadas en los barandales negros y su cabello sujeto en una liga se movía atractivamente por el ligero aire que los rozaba. Sí, definitivamente había un delicioso viento.
—Gracias por traerme aquí, y también a mi familia —dijo Yidda girando su rostro un poco hacia Julián que estaba de pie a su lado.
—De nada —le sonrió el chico acercando su rostro hacia el de ella para intentar besarla, claro desde luego que Yidda se caracterizaba por tener una familia inoportuna y esa no fue la excepción, cuando sus labios estaban por chocar, la bocina de un par de autos los hizo entrar en razón y ambos se giraron completamente para ver los autos de ambas familias estacionarse.
—Creo que ya llegaron —dijo la chica adelantándose a subir.
—Sí —dijo Julián aun de pie en el mismo lugar mientras observaba a Yidda subir corriendo las escaleras de madera—, tus padres llegaron en el momento más inoportuno.
***
Las ruedas de las maletas de las chicas se escuchaban al pasar por el suelo de madera de la casa de Julián, los pasos eran un poco más silenciosos. Hasta el final estaban los padres de Julián y los padres de Yidda junto a sus 5 hermanos ya que Israel no había podido ir por cuestiones de
trabajo, frente a ellos caminaban en silencio Julián y Yidda y a unos cuantos pasos frente a ellos caminaba un hombre vestido de traje de mayordomo, era un hombre mayor y con apariencia gruñona, desde el momento en que se había presentado ante ellos su rostro había causado miedo en todos, a excepción de Julián, pero era por ese motivo que todos caminaban en silencio.
—¿A dónde vamos? —susurró Yidda lo suficientemente cerca del oído de Julián.
—Nos llevará a nuestras habitaciones —le informó mientras seguían caminando.
—¿Seguro? Creo que quiere llevarnos a alguna habitación de tortura —dijo provocándole una sonrisa al modelo.
—No tienes nada de qué preocuparte, no tenemos habitación de tortura en esta casa.
—Qué alivio escuchar eso —dijo sarcástica.
Siguieron caminando hasta subir a un segundo piso.
—Lamento informarles que varias habitaciones están siendo remodeladas —dijo el hombre con acento británico—. Solo tenemos listas las habitaciones de la pareja Zucchi y la pareja Eslava, claro que si gustan pueden acomodarse como quieran, solo es una sugerencia.
—Gracias, Antonio, puedes retirarte si gustas —dijo Julián y el hombre solo asintió para desaparecer casi mágicamente.
—Lamento el inconveniente con las habitaciones —se disculpó Julián—,pero podemos dormir de dos personas en la misma habitación.
—Yo duermo con Rossi —dijo rápidamente Beariz pero sus padres y Yidda negaron con la cabeza mucho antes de que terminara de decir la oración.
—No, tú y yo dormiremos juntas —dijo Yidda observando a la gemela que amenazó con asesinarla con su mirada—. Rossi y Mario dormirán en la misma habitación, Alondra y Lucien en otra.
—Es una pena que esto esté pasando —habló Laura—. No creímos que el problema de la remodelación de la casa de Julián tardaría tanto.
—No es problema, señora Laura —dijo Yidda amablemente—. Para nosotros no es ningún problema compartir habitación.
La madre de Julián le sonrió y volteó a ver a su esposo para ambos asentir en sincronía.
—Muy bien, entonces los dejaremos instalarse en sus habitaciones —habló Adrián—. En una hora tendremos la comida lista para que bajen al comedor.
—Muchas gracias —coreó la familia de Yidda.
Después de eso los padres de Julián se marcharon y los hermanos de Yidda empezaron a correr por el amplio pasillo abriendo y cerrando puertas para escoger las habitaciones en donde pasarían una larga y divertida semana.
Ambos chicos se quedaron de pie observando el alboroto de los niños.
—Tu familia es increíble —susurró Julián sin despegar su mirada de Alondra y Mario que corrían de una habitación a otra.
—Tus padres también son increíbles —él volteó a verla y le sonrió.
—Les gustas —dijo el muchacho—. A mis padres, en verdad les gustas.
—De eso se trata ¿no?
—Sí.
***
Yidda salió de la habitación que Beatriz había escogido para ellas. En la mañana había estado de muy buen humor y le molestaba que su infantil hermana intentara arruinarle el día con las miradas asesinas que le lanzaba. La verdad era que Yidda se estaba empezando a preocupar por la unión tan cercana entre Beatriz y Rossi, a todos lados iban juntos y también los vio besándose o creyó verlos, ya no estaba segura…. Los gemelos solían ser unidos pero también había un límite para serlo ¿no?
Caminó por el pasillo hasta llegar al final en donde había una puerta con un letrero hecho a mano de “no molestar” levantó su mano y se debatió entre tocar o marcharse del lugar, después de todo no tenía que arruinar el día de los demás por sus preocupaciones o por lo que pudo haber visto mal.
Dejó caer su mano a su costado y cuando se iba a dar la media vuelta para marcharse la puerta se abrió y Julián la observó sorprendido y feliz al mismo tiempo, ya no tenía que ir a buscarla.
—Yidda ¿Qué pasa? —le preguntó recargándose en el marco de la puerta.
—Solo quería hablar pero si estás ocupado creo que iré a perderme por ahí —dijo la chica sonriendo y se dio media vuelta.
Yidda la detuvo sujetándola del brazo y apegando la espalda de la morocha a su pecho.
—Nunca dije que estaba ocupado —le susurró en el odio juguetonamente—. ¿Entras o caminamos?
Yidda se liberó de los brazos del muchacho y se giró para ver la habitación de él y después negar con la cabeza.
—Caminamos —contestó.
Sus manos estaban entrelazadas, era ya tan común en ellos. Durante el mes que llevaban siendo “novios” a todos lados iban con sus manos entrelazadas, en la escuela, en la calle, al trabajo de Julián, ahora incluso aunque nadie los estuviera viendo iban con sus manos entrelazadas.
Ya había llegado la tarde, de hecho habían pasado de la comida pero Matt lo creyó necesario al ver que la chica a su lado no se veía de ánimo para regresar a su casa. Lo cierto es que ya se estaba preocupando, no habían hablado en todo el rato que llevaban caminando por los viñedos, solo estaban en silencio.
El muchacho soltó la mano de Yidda para poder pasar su brazo por los hombros de ella, se detuvieron y la escuchó suspirar.
—¿Qué pasa, Yidda? —le preguntó preocupado.
Ambos se detuvieron y Julián depositó un beso en la cabeza de la muchacha.
—Hace unos días vi a Beatriz y a Rossi extrañamente unidos —susurró Yidda como si intentara que nadie más escuchara.
—Yo siempre los veo juntos, no he visto nada de malo —dijo Julián.
—Es solo que… bueno no sé exactamente lo que vi pero… —suspiró—. Creí ver a mis hermanos besándose y no sé si solo vi mal o en verdad se estaban besando pero estaban muy juntos y no sé qué hacer porque Beatriz me estuvo lanzando sus miradas asesinas durante casi una hora después de no dejarla dormir en la misma habitación que Rossi.
—Bueno —el muchacho se aclaró la garganta—. Primero tenemos que saber si viste bien o solo fue una jugada de la distancia —aconsejó—, sí es verdad pueden acudir a citas con algún psicólogo y si no es verdad puedes comprarte unos lentes para mejorar tu vista —dijo bromeando y logrando sacarle una sonrisa a Yidda—. Vas a ver que todo se arreglará más rápido de lo que piensas. Pero solo te digo que los gemelos suelen ser así de unidos cuando permanecen a una familia grande, sobre todo que ellos son los de en medio así que no te preocupes, pueden estar pasando solo por una etapa.
Yidda asintió y recargó su frente en el hombro de Julián.
La noche había caído y por alguna razón Beatriz seguía molesta.
Cuando la chica entró a tomar una ducha Yidda salió de su habitación, llevaba puesta su pijama color amarillo que tenía pintados pollitos con mostacho por todos lados, su cabello estaba
sujeto en dos coletas que reposaban sobre sus hombros por lo que se veía más joven de lo que era.
Por segunda vez en el día fue hacia la habitación de Julián pero a diferencia de la primera vez que no se decidía en tocar o no, esta vez sí lo hizo sin si quiera detenerse a pensar.
Cuando el muchacho abrió la puerta y la vio pensó que ninguna modelo habría podido ponerse un pijama como la de Yidda junto a ese peinado y verse tan bien como la rubia se veía en ese momento.
—Debe ser mi día de suerte —dijo Julián dejando ver una sonrisa en sus labios.
—¿Nunca ha venido a buscarte una chica a tu habitación dos veces en el mismo día? —preguntó la muchacha levantando sus cejas pícaramente, había aprendido un modo tan inocente de coqueteo.
—Nunca a una que quiero ver —dejó salir y luego se arrepintió, no era exactamente lo que quería decir, es decir, solo brotó de su boca y… ¿Por qué Yidda no había reaccionado de ninguna forma?
La chica rodó los ojos segura de que Julián solo estaba bromeando como solía hacerlo todos los días en el colegio así que solo preguntó por lo que había ido a donde él.
—¿Puedo dormir contigo?
Los ojos de Julián se abrieron como platos debatiéndose entre qué rayos contestar…

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