Las semanas iban pasando y la realidad de su relación iba cayendo sobre la conciencia de Diana. Desde que se presentaron ante todos como pareja, ni una sola chica se le había acercado a Israel. Ella estaba feliz por ello, no quería tener que dañar a ninguna estúp¡ida por resbalosa. Pero también se había percatado de que Israel vivía pendiente de ella. No era algo nuevo, siempre lo había hecho. Aunque desde que eran pareja, parecía que no hacía otra cosa. Le gustaba la idea de que la consintiese tanto pero no tenía tan claro si sería una de sus obsesiones circunstanciales, que pasaría cuando encontrase otra cosa con la que entretenerse.
Ella nunca hablaba de sentimientos, así que era normal que no le hubiese confiado su amor. Pero Israel siempre había sido de aquellas personas que le decían "te amo" al panadero por darle el pan caliente. Y en todo ese tiempo aun no le había dicho nada ¿Sería que no la amaba? ¿Que habría confundido los sentimientos sobreprotectores y celosos de un hermano mayor con algo más? ¿Se habría dejado deslumbrar por su físico olvidando quien era en realidad y ya iba tomando conciencia?
Miles de dudas se iban agolpando y acumulando cada día más en la mente de la chica. Mientras tanto Israel se dejaba llevar por el miedo. Había notado que Diana estaba demasiado pensativa. Y eso nunca era buena señal en ella. Sus temores de que lo dejara o que se agobiara por su relación, cada vez aumentaban más. Así que había decidido no gritarle al mundo cuanto la amaba. Seguro que ella saldría corriendo en el mismo instante que lo escuchase. Era mucho mejor tenerla cerca y demostrárselo. Ella era capaz de abrazar a un desconocido, sin tener ningún significado. Decía de si misma que era una "tocona", así que no se espantaría porque su novio estuviese encima suya todo el rato. Pero saldría huyendo en cuanto se hablase de sentimientos.
Desde hacía años ella ocultaba sus sentimientos a todo el mundo. Israel había pensado al principio que se trataba de un enojo pasajero por haberse mudado con su madre. Pero los años iban pasando y ella nunca más volvió a abrirse de la misma manera. Ese era uno de los motivos por los que se arrepentía de haberse marchado. Haber perdido su confianza, fue lo peor para él. Pero se suponía que con los años deberían haber recobrado ese vinculo y no fue así. Ahora con todo lo que sabía de ella, se preguntaba si no habría pasado algo más que él no supiese.
Yidda y Julián continuaban peleando por todo lo referente a su futuro hijo. No les solía durar mucho, ya que él siempre acababa cediendo y a ella se le olvidaba por lo que discutían al minuto. Sin embargo, ella disfrutaba de los mimos de todos a su alrededor. Sobre todo de las atenciones de su amiga. A la que no cesaba de pedir favores con la excusa de estar embarazada. Diana se quejaba, tan solo en broma, ya que estaba encantada de consentir a la futura mamá.
Ese día como tantos otros Diana y Israel estaban tendidos en el césped de su facultad, esperando para su próxima clase. Yidda apareció tras su abultada barriga, corriendo hacía Diani con cara asustada. Esta se preocupó al ver a su amiga y aún más al ver a Julián correr tras ella. Así que se levantó de inmediato y alcanzó a la chica, que se protegió de su novio, colocándose tras ella. Quedando Diana frente al chico
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- ¿Qué ocurre? -le preguntó a su amiga, sobre su hombro.
- ¡Dile que no se acerque a mi! -exclamó Yidda, ahogada por la carrera, hundida en la espalda de su amiga.
- ¿Otra pelea? -intentó saber de nuevo, probando esta vez con él.
- ¡No! Estábamos hablando y salió corriendo -explicó Julián, parándose junto a ellas.
- Chicos tenéis que dejar de discutir como niños. O no se sabrá quien de los tres es el bebé cuando nazca su hijo -bromeó Israel uniéndose a ellos.
- Vamos Yiddi -comenzó a decir su amiga- no te escondas de él como si te hubiese confesado un crimen. Seguro no es para tanto.
- ¿Ah no? -dijo la chica con rotundidad- ¡Me ha pedido matrimonio!
A Diani se le cayó la mandíbula al suelo de la sorpresa. Miraba a su amiga con pavor ¡Oh, sí, ahora la entendía! Ella también habría corrido, pero estaba segura que habría llegado bastante más lejos.
- ¡Oh, es eso! -dijo Israel sin importancia- Era lógico que os lo acabaseis planteando, teniendo un hijo en camino.
Las chicas se miraron asustadas y dieron un paso atrás, alejándose de esos dos hombres que parecían querer atarlas como si fuesen ganado.
- ¡Isra me no me ayudes! -gruñó Julián al ver las caras de terror de las chicas.
- Yo sólo digo que no es nada descabellado querer casarse con la madre de tu hijo -explicó Israel, aún sin percatarse de los efectos de sus palabras sobre su novia y amiga- Es lo que deberíais hacer si queréis formar una familia.
De nuevo las chicas se miraron, sin poder evitar abrazarse como instinto de protección y dieron un nuevo paso atrás.
¿Lo que deberían hacer si querían formar una familia? se preguntó Diana, rezando para haber escuchado mal ¿Deberían? ¿Estaba hablando de deber? No podía creerse que lo desconociese tanto como para que él pensase de una forma tan anticuada. Nadie estaba en la obligación o "deber" de casarse con nadie. Solo el amor puede ser una buena excusa y solo si ambos creen en el matrimonio. Y que Israel pensase así le hacía llegar a nuevas conclusiones ¿Sería el deber con ella por todo lo pasado lo que le habría llevado a pedirle estar juntos? ¿Se sentía tan culpable de haberla tratado casi como una prostituta y la "recompensaba" con esa relación? ¡Más le valía que no fuese así! Porque de estar en lo cierto, su "deber" sería amputarle un miembro vital de su anatomía.
- ¡En serio Isra cállate la pu'ta boca! -gritó Julián con más miedo que enfado, observando a su novia, que lo miraba como un cachorro en sus últimos minutos de vida.
Al fin Israel captó lo que ocurría. Las chicas estaban agazapadas y huyendo de ellos lentamente, con el rostro tan expresivo que se podía leer en ellos sin problema. Su huida fue truncada por el árbol tras ellas, en el que unos minutos antes Diana y Israel descansaban relajadamente. Israel quiso gritarse por su inutilidad. No quería asustarlas de ese modo. Solo quería expresar que "cuando amas a alguien, quieres pasar el resto de tu vida con ella y formar una familia, el matrimonio es una opción a discutir". Pero una vez más lo había fastidiado. Tenía que recordar que no podía hablar de sentimientos frente a ella. No podía expresarle el deseo que tenía de querer amarla el resto de su vida. El rostro de la chica le decía que hacerlo lo llevaría a perderla.
- Lo siento. Esto no es asunto mío. Creo que deberíais discutirlo a solas -afirmó Israel, con expresión inescrutable.
- Sí, yo también lo creo -confirmó Julián, acercándose a su novia- Yi... -la llamó ofreciéndole la mano.
La chica miró la mano amada y se acurrucó más junto a su amiga. Negó con la cabeza enérgicamente y la abrazó todo lo cerca que le permitió su creciente vientre.
- Chiquita -le susurró Diana a su amiga, acariciándole el pelo- ve a hablar con él y le explicas lo que crees tú al respecto... -se negó a si misma a decir la palabra "matrimonio" en voz alta. Estaba segura que acabaría atragantándose si lo intentaba.
Yidda acabó aceptando con reticencia y acompañó a su novio a un lugar más privado. Sin dejar ni un minuto de mirar hacía atrás en busca de la mirada de apoyo de su amiga.
Seguramente Yidda no le habría confiado a Julián por completo su pasado, pensó Diana deseando que todo se aclarase. La chica tenía como ejemplo un matrimonio frío y formal. Su padre era un dictador que imponía las leyes en su casa sin preocuparse de hacer saber cuales eran los derechos, ya que no los había. Su madre se conformaba con esa relación y se mantenía al margen de las repercusiones que esa actitud absolutista tenía sobre su hija. Además para empeorar el concepto que tenía del matrimonio, Yidda había tenido una larga relación con un manipulador que la menospreciaba y hacía sentir inferior solo para que no prosperase en la vida y así tenerla siempre a su merced. Era lógico que no creyese en las ataduras y que desease poder tener una cierta libertad. El saber que un hombre estaba con ella porque deseba estarlo y no porque un papel lo decía era mucho más gratificante para ellas. Y a Diana le dolió el pecho al pensar que para Israel casarse era una cuestión de "deber" y no de amor.

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