sábado, 9 de agosto de 2014

"Amigos Desconocidos" capítulo 75





La semana pasó más rápido de lo que ninguno pudo imaginar. Entre los trabajos y preparativos para la fiesta, no tuvieron tiempo de pensar en nada más. Apenas estaban juntos por las noches y las aprovechaban para demostrarse todo su amor, aunque fuesen incapaces de admitir cuanto se amaban en voz alta. Israel rogaba por escucharla decir que deseaba vivir con él. Pero no quería presionarla, así que se limitaba a esperar y desesperar. Dudaba a cada minuto de los motivos por los que ella quería estar con él, pero después la tenía entre sus brazos y nada importaba. La amaba y no la iba a dejar escapar. Si ella necesitaba tiempo, se lo daría. Aunque esto le hiciese tanto daño que era incapaz de respirar cuando pensaba en la posibilidad de que lo rechazase. Siempre la había tenido a su lado, e imaginarse sin ella, era completamente insoportable.

Diana pensaba en la idea de vivir juntos a cada segundo. Lo amaba más que nada en el mundo. Siempre lo había sido todo para ella. Pero aún recordaba el pasado. Ella ya sabía lo que era que la abandonasen. Y se juro que nunca más lo harían. Prometió que nunca se involucraría con nadie que pudiese hacerle daño. Y sin duda, Israel era la persona que más daño podía hacerle. No soportaría que se fuese ¡Otra vez!

Año Nuevo llegó. Isra y Diani invitaron a sus hermanos a cenar con la familia de ella. La madre de la chica estaba emocionada con la nueva pareja. Siempre había adorado a Israel e insistía a menudo para que tuviesen algo más que una amistad. Pero a Rochi le había parecido absurdo. No porque no le gustase ¡lo adoraba! Sino porque nunca se imaginó de novia con él. Pero allí estaban en una cena familiar, cogidos de la mano, como una pareja formal. Mario y Angie  se acomodaron en el departamento de Israel, que aunque no estaba listo del todo, era más grande que el de Diani.

Tras la cena llegaron, al fin, a la fiesta. Habían reformado el local para la ocasión. Sedas blancas caían en cascadas desde el techo, abrazándose a pilares de diseño. Un número superior de hombres, acompañaban a las bailarinas sobre pequeños escenarios. Toda la minimalista decoración era blanca y fresca. Las luces apenas iluminaban el lugar, pero los cuerpos bronceados de bailarines brillaban bajo una capa de brillantina. El enorme lugar se vería completamente vacío si no fuese por el gentío que lo inundaba y una enorme piscina en el centro. Una especie de acuario improvisado, en el que una chica practicaba una mezcla de natación sincronizada y baile sensual. Los antifaces blancos y sombreros inundaban el lugar, homogeneizando a todos, haciendo que ninguno fuese reconocible. Apenas acababa de empezar y todos hablaban del éxito que estaba siendo.

Diani estaba orgullosa de los resultados aunque no dejó de arreglar problemas desde que llegó. Miró a Mario que coqueteaba con una bailarina que descansaba, y después a Angie que charlaba animadamente con un empresario exitoso, que ella misma le había presentado. Sin separarse un segundo de ella, Israek la acompañaba a la última disputa que se había organizado.

- No deberías meterte en las peleas de borrachos -protestó Israel abrazándola por detrás y hundiendo el rostro en su pelo.
- Sí, si los borrachos son dos de los actores más cotizados del momento. Sus managers me matan si les pasa algo a sus caras -explicó Diana medio en broma.
- Entonces ¿nos vamos a llevar toda la noche separando a famosos para que no se desfiguren por la peda? -preguntó malhumorado.
- No. También me tengo que encargar que no armen un escándalo o cometan un error incorregible. Hace un minuto tuve que convencer a ese cantante que tanto te gusta, de que no se fuese a Las Vegas a casarse con una de mis camareras -comentó ella, resignada.
- ¡Uhm, que gran idea! ¿Por qué no nos vamos nosotros a casarnos? Siempre he querido ver Las Vegas -bromeó Isra, besándole el cuello.
- Es una buena manera de asegurarme que no me dejas. Así si lo intentas, te dejo en calzoncillos con el divorcio -se burló Diana, deseando que pudiese ser verdad una alianza sin fecha de caducidad.
- ¡Oh! Entonces tendré que quedarme a tu lado a la fuerza ¿Cuando nos vamos? -preguntó burlón con ansiedad.


Diana rió con la parodia de un novio deseando ser atado de por vida a ella. Aunque era lo que más deseaba, sabía que nunca era así. Ella sabía por experiencia que confiar en alguien era igual a que la acabasen abandonando. 
Israel la dejó respirar unos minutos al ver a su admirado deportista. Hablaron y discutieron jugadas hasta que el hombre se hartó del fanático y se fue a por una copa. Estaba emocionado y no dejaba de repetir una y otra vez la conversación que había tenido con su gran ídolo, mientras Diana seguía vigilando la fiesta. Lo sonreía cariñosamente mientras él seguía hablando. Le hizo un gesto a Ernesto para que llevase a cabo una pequeña sorpresa que tenía preparada. Segundos más tarde, pequeños y brillantes papelitos inundabas el aire sobre las cabezas de todos. Pero estaba preparado para que no cayesen al suelo, mediante corrientes de aire. Una voz hipnótica comenzó a cantar y surgió de entre las nubes de plata, la cantante más bella y conocida por todos. La muchedumbre aclamó el espectáculo y continuó divirtiéndose con más bebida y bocados exquisitos ¡La fiesta era un éxito!

Diana estaba tan feliz que no podía disimularlo. Había estado tan angustiada de que saliese algo mal, que a esas alturas pensaba que ya se habría desmayado. Pero pronto acabaría todo y no había recibido más que felicitaciones.

Una canción movida y sensual sonaba cuando Diana se acercó a Isra, con una enorme sonrisa. Era el momento de asimilar lo que había entre ellos. ya no había más excusas. No se respaldaría tras la fiesta o el trabajo. Debía ver con claridad la realidad. Su realidad ¡De ambos!

- ¿De verdad quieres que vivamos juntos? -gritó Diana por encima de la música, contra el oído de Israel.

Israel la miró sorprendido. Era lo que más deseaba ¿Debía decírselo así? ¿Cómo podía dudarlo? Lo que él más quería era tenerla noche y día a su lado. Por supuesto que quería vivir con ella. Y la encerraría en su dormitorio si se dejara.

- Por supuesto -contestó Isra subiendo el tono para hacerse escuchar.
- ¿Por qué? -preguntó ella mirándolo fijamente.
- ¿Qué? -replicó el joven sorprendido.
- ¿Por qué quieres vivir conmigo? Necesito saberlo -explicó Diana mostrando su inseguridad.

Israel volvió a ver a su vulnerable amiga de enormes ojos mieles que se clavaban en él esperando las respuestas a sus miedos. Y por una vez él las tenía. Ella siempre había confiado en él para consolarla y Israel siempre había temido que ella acabase dándose cuenta de que no tenía ni la menor idea de cómo hacerlo. Pero esta vez si sabía porqué debía aceptar vivir con él. Debía hacerlo porque él la amaba. Porque él la necesitaba. Porque quería hacerla feliz. Y lo más importante, porque no tenía otra opción. Él no se planteaba una vida sin ella. Eso nunca pasaría.

La abrazó, aplastándola contra su pecho, y besó el cabello. La separó lentamente hasta pararla frente a él.

- No es que quiera vivir contigo -susurró suavemente contra su oído, con una canción más suave de fondo- ¡Es que no puedo vivir sin ti!

De acuerdo, se había enamorado de un romántico. Pero ¿no era para comérselo? Sin duda, era lo que ella deseaba hacer. Lo habría desvestido y demostrado lo mucho que lo amaba allí mismo. En cambio, sollozó levemente y aguanto las lágrimas como pudo ¡Adoraba a aquel hombre! ¿Cómo le iba a negar nada? Sin riesgo no se consigue nada en el mundo. Y ella necesitaba creer que era posible amar y ser amada.

- ¡Oh, mi Isra! -sollozó contra su pecho y se separó rápidamente para mirarlo muy seria- Ni creas que me voy a ocupar yo sola de la casa.

Israel la miró con una enorme sonrisa y la abrazó, haciéndola girar por los aires ¡Había aceptado! La tendría sola para él. Podría pasar toda la vida observándola mientras dormía, mirando como se contoneaba al cocinar o engañándola para que se duchasen juntos. Pasaría el resto de su vida a su lado. Porque no tenía la menor intención de alejarse de ella nunca más.

La soltó y se separó, mirándola con fingida seriedad. Se frotó la mandíbula mientras la observaba.

- Eso tendremos que negociarlo -bromeó Israel con una sonrisa pícara.

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