Las doce menos diez. Angie llegaba tarde.
Nicola comprobó el estado en el que se encontraban las velas que había puesto en el baño, revisó su reflejo en el espejo, reguló la temperatura del jacuzzi una vez más y volvió a mirar el reloj.
Las once y cincuenta y dos. Sabía que mirar el reloj no iba a servirle de nada, pero había estado haciéndolo durante todo el día, así que, ¿por qué detenerse?
Abrió la puerta del dormitorio y miró hacia las escaleras. El pasillo estaba en completo silencio. Entró nuevamente en la habitación. ¿Habría cambiado Angie de opinión?
Descartó inmediatamente aquella posibilidad. Aunque era posible que Angie hubiera recobrado la cordura y se hubiera dado cuenta de que la locura que Nicola y ella compartían no iba a acercarla en absoluto a la familia y el matrimonio que ella deseaba.
Las doce menos cinco. Apagó las velas y decidió salir a buscarla. Ya había esperado demasiado.
Y la encontró. En el sofá que estaba en el rellano de las escaleras, en la puerta de su despacho. Se levantó al verlo.
-¿Cuánto tiempo llevas ahí sentada? -le preguntó Nicola.
Advirtió entonces que parecía cansada. Estaba pálida y tenía unas profundas ojeras.
Angie hizo un gesto vago.
-La verdad es que acabo de sentarme. Ariana ha tenido una pesadilla, me ha pedido que me quedara con ella y...
Nicola tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para poder decir:
-Si quieres, no tenemos por qué... -Dios, la deseaba tanto que le costaba creer que fuera él el que lo estaba diciendo-. Si estás cansada, podemos.. .
-¿Te importaría abrazarme? -le pidió Angie con un hilo de voz.
Y debía saber que Nicola jamás le negaría una solicitud como aquella, porque inmediatamente se arrojó a sus brazos. Nicola la abrazaba delicadamente, intentando no pensar en el sexo. Si Angie necesitaba dormir aquella noche, tendría que aceptarlo. No quería que se sintiera presionada en ningún sentido.
-Estaba aquí -susurró Angie, apoyando la mejilla en su pecho-, intentando averiguar la manera de hacerte una pregunta difícil sin hacer que te sientas acusado.
-¿Acusado? ¿De qué? -pero nada más preguntarlo lo supo. Aquello tenía que ver con Andrea. Casi había olvidado ya aquellos rumores. Había dado por sentado que Angie no les había dado ningún crédito. Pero al parecer se había equivocado.
Se quedó completamente paralizado. Y Angir se dio cuenta.
-Por favor, ¿podemos subir a hablar a tu dormitorio?
Nicola dejó inmediatamente de abrazarla. Y su silencio fue de pronto reemplazado por el enfado y la frustración.
-¿Estás segura de que quieres subir conmigo? Nunca se sabe, es posible que te mate a ti también.
-No seas tonto -lo regañó Angie-. No me he creído ni por un segundo que hayas matado a Andrea. Es evidente que la querías mucho -se le quebró ligeramente la voz, volvió a sentarse en el sofá y se llevó la mano a la frente, como si tuviera un terrible dolor de cabeza-. En realidad, hasta estoy celosa de ella, ¿puedes creerlo? Estoy celosa de una mujer muerta -alzó la mirada hacia él-. Es patético, ¿verdad?
Lo amaba. Angie lo amaba. No hacía falta que lo dijera. Nicola lo sabía.
Y su enfado fue sustituido por un espeluznante terror y al mismo tiempo un júbilo inexplicable. Lo amaba.
Lo amaba. Sabía que la pregunta de Angie era retórica y que no habría podido contestarla aunque quisiera, pero sí podía besarla. Podía y lo hizo.
Sabía que no debía. Sabía que de esa forma le estaba haciendo concebir falsas esperanzas, pero aun así se sentó a su lado, la tomó en sus brazos y la besó con inmensa dulzura. La besó con ternura, deseando que supiera con su beso lo mucho que su sinceridad significaba para él. Lo honrado que se sentía de que le hubiera confiado su más profundo secreto.
Y supo que ella también se merecía conocer sus secretos. Y quizá entonces comprendería por qué no quería arriesgarse a entregarle su corazón.
-Vamos a mi habitación -le dijo-. Allí podremos hablar.
Angie suspiró mientras él la besaba otra vez, moviendo la mano para acariciar su seno.
-¿Te importaría que esperáramos unos cuarenta minutos para hablar?
Oh, Dios. Cuarenta minutos antes, no había nada que Nicola deseara más que volver a hacer el amor con ella. Lo antes posible. Pero en ese momento sabía que Angie lo amaba, y que, para ella, la expresión «hacer el amor» no era solo una forma de nombrar el sexo.
¿Pero qué se suponía que tenía que hacer él? ¿Se suponía que al saber que lo amaba ya no tenía que volver a tocarla para no hacerle daño?
Angie abrió los ojos y lo miró.
-Quizá si te lo pido por favor...
Nicola se rió de sí mismo. Sabía que no tenía fuerza suficiente para resistirse a aquella mujer. Probablemente, hacer el amor con ella sabiendo el valor que para ella tenía aquel acto no era lo mejor, pero no era capaz de separarse de ella. Sobre todo cuando Angie lo tocaba de esa forma.
Angie se levantó, lo tomó de la mano y tiró suavemente de él.
-Por favor -musitó...
No tuvo que arrastrarlo. Y tampoco tuvo que pedírselo dos veces. Nicola la siguió al dormitorio y cerró la puerta tras él antes de volver a besarla otra vez. Lentamente. Dulcemente.
Angie temblaba mientras le desabrochaba la camisa y le hacía desprenderse de ella. Suspiró cuando Nicola profundizó su beso.
¿Cómo podía estar algo tan mal cuando parecía tan perfecto? Nicola renunció a intentar analizarlo. Al igual que se negaba a sentirse mal por lo que estaba haciendo. Ya tendría tiempo de sufrir. En ese momento estaba disfrutando.
Y disfrutando mucho.
La noche anterior, había creído imposible hacer el amor con Angie sin perder el control. Cada vez que se tocaban, sentía desbordarse en su interior la pasión. Pero aquella noche supo que se había equivocado. Aquella noche harían el amor lentamente. Saborearía cada uno de sus estremecimientos. Cada uno de sus suspiros.
La levantó en brazos y la llevó a la cama.
Cuando ella intentó ayudarlo a quitarse los pantalones, le apartó delicadamente las manos. Él se ocuparía de ello. Solo se movió rápidamente para desprenderse de su ropa y a continuación se tumbó a su lado dispuesto a deleitarse en la perfecta suavidad de su piel. La tocaba por todas partes. Y sabía que haciendo el amor tan lentamente estaban disfrutando tanto él como ella. Angie era tan deliciosamente bella... Y le pertenecía.
La idea no lo asustó mientras sentía sus piernas alrededor de la cintura y sus senos rozando sus manos.
Recorrió con las manos el cuerpo entero de Angie y realizó el mismo camino con sus labios, saboreándola, respirando su dulzura. Se colocó el preservativo y entró en ella, lentamente. Angie abrió los ojos y sonrió.
Nicola se sintió electrificado mientras le sostenía la mirada. Era como si acabara de completar un circuito. Angie le rodeó el cuello con los brazos, invitándolo a besarla, moviéndose al mismo tiempo de forma exquisitamente lenta. Nicola imitó sus movimientos. Sentía que comenzaban a encenderse fuegos artificiales tras sus ojos, explotando, haciéndole salir fuera de sí, fuera de todos los territorios hasta entonces explorados.
Y supo entonces que se había equivocado. Que, en lo que a Angie se refería, jamás sería capaz de mantener el control.
Angie escuchaba el ritmo firme y estable del corazón de Nicola.
Habría sido fácil dejarse vencer por el sueño. Ignorar al resto del mundo, obviar el pasado y hundirse en el intenso placer del presente.
Pero el presente incluía que acababa de hacer el amor con el marido de Andra Porcella.
La realidad la obligó a abrir los ojos y suspiró. Hasta que no hablaran, el fantasma de Andrea continuaría interponiéndose entre ellos.
Nicola se tensó ligeramente y apartó el brazo, como si hubiera sentido la necesidad de Angie de liberarse. Y también suspiró, comprendiendo que aquel bello momento había llegado a su fin.
-A Andrea le diagnosticaron la enfermedad cuando ya era demasiado tarde para comenzar un tratamiento -le explicó-. Todavía puedo recordar al médico diciendo la palabra «terminal». Lo oía, pero no podía creerlo. Andrea había adelgazado un poco durante los meses anteriores y parecía cansada, pero.... Le dieron dos meses de vida.
Angie cerró los ojos, imaginándose lo duro que debía de haber sido para Nicola saber que la persona a la que amaba iba a desaparecer para siempre de su lado.
-No era una mujer muy fuerte. Nunca lo había sido. El final fue terriblemente doloroso, y muy duro para ella.
Angie quería acariciar su rostro, pero Nicola parecía tan distante, como si hubiera retrocedido varios años.
-Debió de ser muy duro para ti y para los niños -musitó.
Nicola la abrazó con fuerza.
-Me pidió que la ayudara a morir.
Angie se separó ligeramente de él para mirarlo a los ojos.
-Dios mío, Nicola...
-Maldita sea. Eso todavía me hace sentirme mal, y culpable y... -la miró angustiado-. A veces no comprendo cómo fue capaz de pedirme una cosa así, y otras creo que habría sido imposible que no me lo pidiera. Era su marido, sabía que la amaba. Si de algo estaba segura, era de eso.
-¿Y tú...?
-No, no pude. Fue la única vez que me pidió algo que realmente deseaba, y yo no fui capaz de dárselo. Así que terminó pidiéndole a Mae, nuestra niñera, que le dijera al farmacéutico que se le había caído por el lavabo la medicación contra el dolor y le pidiera una nueva dosis. Mae la consiguió y Andrea se tomó todas las pastillas de una sola vez. Terminó muriendo sola, en el cuarto de baño. Yo no pude hacer nada por ella, Angie. Sabía que se estaba muriendo y en lo único que fui capaz de pensar fue en que ya había vivido un mes más de lo que los médicos le habían pronosticado. Quizá el cáncer había dejado de crecer, y podría haber vivido otro mes. Dios, yo no habría dejado de luchar.
Había lágrimas en sus ojos, y pestañeó para apartarlas.
-Pero fue su elección. Y yo me sentía tan culpable por no haber estado a su lado cuando me necesitaba, por no haber sido suficientemente fuerte...
-Pero si la hubieras ayudado -susurró Angie, también te habrías sentido culpable. Nicola, no hiciste nada malo. Andrea creyó que ya era hora de morir y tú crees que nunca es momento de hacerlo. Y si la hubieras ayudado, te habrías pasado el resto de tu vida preguntándote qué habría pasado si no lo hubieras hecho -Nicola permanecía en silencio y Angiesabía que la estaba escuchando con atención-. Pero también tienes que ponerte en el lugar de Andrea. Estaba sufriendo unos dolores terribles. No era una mujer fuerte, tú lo has dicho, y decidió renunciar. Nicola, tienes que perdonarla, tienes que perdonarla por haberte pedido lo imposible y tienes que perdonarte a ti mismo por haber sido más fuerte que ella.
-Es más fácil decirlo que hacerlo.
-¿Por qué permites que continúen los rumores? -le preguntó-. Hay gente en la ciudad que cree sinceramente que Andrea murió asesinada y que tú eres el asesino.
-Se suicidó, Angie. A mí no me importa lo que digan los demás, pero sus padres no quieren que se sepa. Por eso nunca he querido decir nada acerca de su muerte -Nicola suspiró y se frotó los ojos con las manos-. Fue una muerte terrible. Andrea debió caerse y se golpeó la cabeza. Estaba rodeada de sangre cuando la ambulancia llegó. Dios, intenté ayudarla, hacerla volver a la vida, pero había muerto...
-Nicola -musitó Angie con voz muy grave-, Ariana ha tenido una pesadilla esta noche, y por lo que me ha contado, creo que ella lo vio todo. Probablemente estuvo en el baño antes de que tú llegaras.
-¿Qué?
Angie le contó rápidamente todo lo que su hija le había explicado.
-No tenía ni idea -musitó Nicola, claramente impactado.
-Me ha descrito la situación exactamente. El suelo del cuarto de baño, la sangre. Creo que incluso te vio cuando estabas intentando hacer que reviviera.
-Estaba... tan afectado... Pero aun así me cuesta creer que Ariana estuviera allí -se interrumpió bruscamente-. Pero ella no creerá... ¿No cree que yo soy el responsable...?
-No sé lo que cree. Pero sé que deberías hablar con ella mañana a primera hora. Tienes que contarle toda la verdad. Ya es suficientemente adulta para conocerla.
-Lo es. Absolutamente -sonrió débilmente-. ¿Sabes? Me encanta cuando me hablas con ese tono de niñera estando desnuda -Angie rio para ocultar su confusión-. No sé cómo me las habría arreglado sin ti. ¿Cómo podré convencerte para que te quedes a mi lado?
Angie sacudió la cabeza. Por mucho que lo deseara, no podía quedarse a su lado. La Corte Real de Wynborough la estaba esperando
Continuara...

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