-Cómo está Jazmín? -le preguntó Angie a su hermana.
-Todavía no ha dicho nada -contestó Diana-. Se ha ido con Sheyla a Arizona, aunque no estoy muy segura de lo que esperan encontrar.
-Rafael Cardozo ha llamado a Nicola -la informó Angie-, pero parece que no regresará hasta enero. Nicola sospecha que su socio puede estar enamorado.
-Lo que nos lleva de nuevo a la elusiva Carol Reali, que, por lo que he averiguado yo, vive en Las Vegas. La he llamado cientos de veces, pero nunca está en casa.
-Tendrás que ir a buscarla a Las Vegas -decidió Angie-. Si se ha ido a alguna parte con Rafael Cardoso, es posible que alguien lo sepa, un vecino quizá... no sé.
-Y el motivo por el que tú no puedes ir a las Vegas, ¿cuál es?
-No puedo irme ahora de Perú -admitió Angie-. Diani, estoy -¿estaba qué? ¿Completamente loca?-. Prometí quedarme hasta enero. Ellos creen que soy una niñera y...
-Supongo que ya sabes que su esposa murió en circunstancias misteriosas.
-Eso no es cierto -replicó Angie con vehemencia.
-Vaya, vaya -rio Diana-. Cuánta seguridad. ¿Cómo se las ha arreglado para convencerte hasta ese punto?
-Vete a Las Vegas, Diani. Por favor.
A las once y veinticinco Angie entraba en la habitación de Adriano.
El niño estaba tan profundamente dormido que ni siquiera se movió cuando Angie lo arropó. Spike alzó la cabeza y movió ligeramente la cola. Angie lo acarició con cariño y se dirigió a la habitación de Ariana.
En cuanto llegó a la puerta, se detuvo bruscamente y escuchó con atención: Ariana estaba llorando. Una vez más.
Angie llamó a la puerta, pero en aquella ocasión no cesó el llanto. Volvió a llamar.
-¿Ange? -preguntó Ariana con una voz trémula que ni siquiera intentó disimular.
Angie abrió la puerta y asomó la cabeza.
-Soy yo, sí. ¿Estás bien?
-He tenido una pesadilla terrible. Me he acostado antes de lo normal y creo que me he quedado dormida, pero luego he tenido ese sueño tan horroroso.
Angie entró en la habitación. La luz del pasillo era suficiente para iluminar a Ariana, que parecía mucho más pequeña y vulnerable en medio de su enorme cama.
-Así que tu subconsciente ha saboteado tu intento de disfrutar de una buena noche de sueño. A mí a veces también me pasa -le tomó la mano y, sorprendentemente, Ariana se la estrechó casi desesperadamente.
-La pesadilla era sobre ti. He soñado que había sacado un sobresaliente en matemáticas e iba a tu habitación a decírtelo, pero tú estabas...
Comenzó a llorar de nuevo y Angie la abrazó con fuerza.
-Pero estabas muerta -sollozó.
-Chss -Angie le acarició el pelo-. No estoy muerta, estoy bien y estoy aquí.
Ariana alzó la cabeza.
-Te encontraba tumbada en el cuarto de baño. Al principio creía que solo era una pesadilla, la misma de siempre, pero cuando volvía a mirar, me daba cuenta de que eras tú, y no mi madre, la que estaba allí. E intentaba conseguir que volvieras a respirar, pero no podía, y nadie venía a ayudarme.
La pesadilla de siempre...
-Y entonces me daba cuenta de que tenía diez años otra vez y de que no había recibido todavía clases de primeros auxilios. Te sangraba la cabeza y yo no podía hacer nada, ¡nada! Era como si todo volviera a empezar otra vez.
-Chss -Angie la mecía delicadamente-. Ya ha pasado todo, solo ha sido una pesadilla -le dijo suavemente, mientras su mente corría a toda velocidad. Quizá no fuera el subconsciente de Ariana el que le había enviado aquel mensaje con el que parecía anunciar la próxima marcha de Angie. Quizá fuera algo más que eso. ¿Habría visto Arisna algo terrible el día que había muerto su madre?
Quizá hubiera visto a Andrea, tumbada en el suelo del baño, con la cabeza sangrante y sin poder respirar.
Dios santo.
Nicola le había contado que había muerto de cáncer. Pero Angie había visto algo en sus ojos, un ligero temblor que le había hecho pensar que le estaba ocultado algunos detalles. Entonces había pensado que se debía a que la verdad era demasiado dura para enfrentarse a ella. Pero no imaginaba que la verdad incluyera una imagen tan terrible como aquella.
No, era absurdo. Había tenido la sensación de que había algo más sobre la muerte de Andrea de lo que Nicola le había contado, pero no creía que llegara a esos extremos.
Aun así, las palabras de Ariana la habían asustado. La niña había dicho que era como si todo hubiera comenzado otra vez. Pero no, era imposible. Nicola Porcella no podía haber matado a su esposa. El hombre al que amaba era incapaz de matar a nadie. ¿O no? Era tan intensamente apasionado, tan inten-so... ¿Sería posible que una pasión como aquella hubiera sido la responsable de la muerte de su esposa?
No. Angie se negaba a creerlo. Nicola no era el tipo de hombre incapaz de reconocer su culpa, hubiera sido accidental o intencionadamente.
Aun así, la pesadilla de Ariana iba a provocar una seria conversación con Nicola. Tendría que contarle el sueño de su hija, preguntarle qué podía significar. Él le diría la verdad y asunto terminado, no había ninguna necesidad de convertir todo aquello en una novela de misterio.
Ariana todavía respiraba agitadamente, pero tenía los ojos cerrados. Los abrió ligeramente mientras Angie la arropaba.
-Quédate un rato conmigo, Angie -musitó somnolienta-. No me dejes todavía, por favor.

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