- ¿Qué quieres? –
Yidda bufó y lo empujó para entrar en el pequeño cuarto del motel.
- Que dejes de comportarte como un idiota cobarde – respondió recorriendo con la vista el lugar húmedo y mal iluminado.
- ¿¿Yo soy el cobarde?? – preguntó Nicola ofendido detrás de ella – ellos nos mienten, se burlan de nosotros ¿Y yo soy el cobarde?
Yidda lo miró.
- Tú eres el que se está escondiendo en este pútrido lugar.
- No – Nicola se recostó de la puerta y se dejó caer al suelo – soy yo el que está intentando aprender a vivir de nuevo porque la mujer que amo, que era mi vida, decidió que no soy lo suficiente para ella.
Yidda se agachó junto a su amigo y sintió su dolor.
- Nicola, Angie está…
- No Yidda – Nicola la cortó como si la mención del nombre le doliera.
La miró con sus ojos azules atormentados.
- No lo digas, a pesar de todo lo entiendo. Angie es…- suspiró – perfecta, es un ángel, hermosa, buena, dulce… Yo soy – se encogió un poco – yo soy nadie, un simple trabajador que la ama.
Nicola alzó la vista y miró a Yidda con el alma.
- Entiendo porque lo escogió a él. Julián puede darle todo lo que se merece.
- Ella merece ser feliz, contigo – lo interrumpió Yidda.
- El tiene una carrera – continuó él ignorando su comentario.
- Tú también – lo acusó ella.
- Una carrera importante Yidda. Él tiene dinero. – contestó el chocante.
- El dinero no da la felicidad.
- Pero ayuda y ella se merece que la traten como una reina.
- Eso ya lo haces tú.
- ¿Pero para que va a conformarse con flores del campo que le corto yo cuando puede tener la floristería más cara y las flores más exóticas que le compre él?
Yidda lo fulminó con la mirada
- ¿Eso crees? ¿Crees que a ella le importa el dinero? ¿la cantidad antes que los sentimientos?
Nicola se pasó una mano por el rostro.
- No, claro que no, no pienso eso pero…- agachó la cabeza – es la única explicación que se me ocurre para justificarla porque…- su voz se quebró un poco – porque yo pensé que me amaba y saber… - carraspeó – pensar que ya no me ama mas, es más de lo que puedo soportar. Prefiero pensar que me ama pero se fue en busca de algo mejor. Porque la verdad… la verdad duele mucho.
Yidda lo abrazó sin decir palabra y Nicola se hundió en su pecho, ella sintió los temblores de sus lágrimas con el corazón en un puño.
- Él sabrá hacerla feliz – lo escuchó decir.
Se apartó de él y lo miró.
- Pero ese es tú trabajo, hacerla feliz. Angie te ama.
Tomó su rostro entre sus manos.
El cerró los ojos como si pensar eso le doliera.
- Y esto es culpa mía.
Él la miró sin entender.
- Hay algo que debo contarte…
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- Es genial – dijo ella emocionada.
- Lo sé –
- ¿ y tienes tú propio aparato de escuchar el corazón?
- Se llama estetoscopio.
- ¿Eso, tienes tu propio etoscopo?
- Estetoscopio Yamila– la corrigió Nikko con una sonrisa.
- No me corrijas che –
Nikko rió y ella le sacó la lengua, luego puso una mirada compradora.
- ¿Lo puedo ver?
Él se lo sacó del cuello y se lo pasó.
Yamila lo tomó con emoción y se lo colocó.
Una arruga se posó en su entrecejo cuando lo apoyó en su pecho.
- Nikko…
- ¿Sí?
Ella lo miró.
- Está dañado.
Él negó con la cabeza.
- Si lo está.
- No lo está Yami.
- Pero yo no escucho nada.
- Porque tú corazón está del otro lado Yaya.
Ella se sonrojó y luego sus ojos se abrieron como platos cuando él tomó su mano y lo acomodó sobre su pechó.
Yamila escuchó con una sonrisa mientras Nikko la observaba.
- Parece un tambor – dijo.
- Así es.
- ¿¿Quieres escuchar??
Él asintió y ella se lo pasó.
Su ritmo cardiaco era suave y acompasado, relajante. A Nikko le hizo gracia que su corazón sonara tranquilo, sobre todo sabiendo lo intranquila que ella podía ser. Suspiró sintiéndose en paz. Yami le daba paz. Podría acostumbrarse rápidamente a aprender a acostarse y levantarse con el sonido rítmico del corazón de Yamila junto al suyo.
- Yo quiero escuchar el tuyo – pidió ella.
Nikko lo acomodó sobre su pecho y se inclinó hacia él.
- Suena muy rápido, más que él mío – dijo ella con una sonrisa.
Él se sonrojó, Yaya le aceleraba el corazón con solo mirarlo.
Ella se quitó el aparató y se recostó en la grama invitándolo a recostarse junto a ella.
- ¿Cómo es eso de la morgue?
- ¿Enserio quieres saber lo que hacemos con los muertos?
Yamila se lo pensó
- No, no quiero. Quiero que me prometas algo.
Nikko giró la cabeza y la miró a los ojos.
- ¿Qué?
Yami sacó un delicado relicario que guindaba en su cuello.
- Quiero que si algún día me pasa algo tú tomes la foto que está dentro y la quemes - lo miró a los ojos como leyendo su alma- bota las cenizas al mar y guarda el relicario contigo hasta que encuentres a esa persona especial digna de llevarlo.
- Nada va a pasarte Yamila. Yo no lo permitiré.
Ella cerró los ojos.
- Prométemelo.
Nikko besó sus ojos cerrados.
…
Nikko observó el relicario en su mano. No había cumplido con su promesa, el relicario seguía allí, la foto seguía allí, él no estaba listo para dejarla ir.
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Angie se detuvo en seco y la bandeja que traía en su mano resbaló hasta chocar contra el suelo.
Quiso correr, gritar, abofetearlo y besarlo, pero en su lugar se quedó allí, muy quieta mirando a Nicola entrar en el bar.
Tenía una corta barba de 3 días y se veía cansado.
No pensó en nada, no supo de nada mientras corría hacia él.
Fue estuvo conscientemente segura de estar viva cuando Nicola la tomó en su brazos y la beso como nunca la había besado en su vida.
Fue un beso dulce, pero fogoso. Él hundió las manos en su cabello y la sostuvo como si no fuera real y temiera que desapareciera de nuevo.
Al separarse para buscar aire ninguno de los dos se alejó.
Se miraron a los ojos y lo demás desapareció.
- Lo que pasó – comenzó Angie llorando antes de hundir el rostro en su cuello – oh, te amo Nicola… lo que pasó.
Nicola la calló de un beso y limpió sus lágrimas.
- Lo sé. No tienes que explicarme nada. También te amo.
- Yo jamás te mentiría. – siguió ella.
- Lo sé, perdóname por haberme ido así, yo solo… no pude soportar perderte.
Angie hundió el rostro en su amplio pecho y sollozó de felicidad por tenerlo de regreso en su vida.
Nicola la sentó en sus piernas y la calmó con palabras de amor y besos.
- ¿¿Por qué volviste – preguntó ella sorbiendo por la nariz.
Nicola sonrió dulcemente y le pasó un pañuelo.
- Yidda fue a buscarme.
Ella lo miró.
- ¿¿Yidda??
- Si, fue ella quien me contó todo, ahora lo entiendo.
- Tenía que hacerlo Nico, era la única manera…
- Lo sé - susurró el contra su cabello.
- Julián jamás te mentiría.
Nicola sonrió.
- Lo sé, lo vi antes de venir.
Angie se abrazó a su cintura.
- ¿¿Hablaron??- preguntó ella.
- No, lo golpee.
Ella se apartó y lo miró con ojos como platos.
- Después hablamos – siguió él.
- ¿¿Lo golpeaste?? ¿pero qué…?? -
Angie se puso de pie.
Nicola la jaló del brazo y la sentó en su regazo de nuevo.
- Me la debía, además fue solo un puñetazo y no le pegue tan fuerte.
- ¿¿Qué hizo él??
- Nada, somos amigos de nuevo.
Angie bufó.
- Jamás comprenderé la mente masculina.
Luego, Nicola la besó.

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