Los minutos pasaban y ellos eran incapaces de moverse. Se besaban una y otra vez. Eran incapaces de hablar, más que en susurros de amor.
- Te adoro, estás tan bella -susurró una vez más Israel.
Diana volvió a besarlo otra vez como respuesta. Tenía el corazón acelerado de felicidad, y notaba que él estaba en el mismo estado. Aún no podía creer que de verdad estuviese pasando. Lo abrazó una vez más para asegurarse que no era un sueño.
- No sabes lo que agradezco que compartamos habitación esta noche -bromeó él, besándole el cuello.
Ya no tenían que fingir ser pareja ¡Lo eran! Israel tenía ganas de gritárselo al mundo entero. Ella era toda suya. Y le daba igual cuan posesivo sonase eso.
¡Oh, sí! Agradecía que toda su familia pensase que eran pareja desde antes. Así podría dedicar toda la noche a deshacerse de ese precioso vestido y besar cada centímetro bajo él. Era fabuloso poder pensar en ello y no sentirse culpable por sus pensamientos. Ella deseaba estar con él y aunque no entendiese el porqué, él estaba feliz de que así fuese.
- ¡Dejad de armar una escena porno aquí en medio! -se burló Mario mientras pasaba de largo, con una chica bajo el brazo.
- Esa -dijo Isra señalando a la chica- ¿es la misma de antes?
- ¡No! -exclamó Diana, observando a la morena que se contoneaba junto a su cuñado.
- ¡Oh! ¿Me pegarás si digo que lo admiro? -preguntó burlón él mientras sonreía con malicia.
- ¡Oh sí! -afirmó ella sin dudar.
- ¡Que cerdo! ¿Cómo puede estar con dos en la misma fiesta? -bromeó Israel sin dejar de reír.
Como respuesta ella lo golpeó en el brazo. Él la agarró y apretó contra él. Y de nuevo se besaron con pasión.
- ¿Se la están pasando bien? -preguntó Angie, acercándose.
Había desaparecido nada más llegar y todos dieron por hecho que el motivo de su fuga era el chico con el que había tenido un acercamiento aquella primera noche en la playa.
- Fantásticamente bien -afirmó Israel abrazando a Diana.
- Pero si lo único que habéis hecho toda la noche es besaron sin parar -protestó la chica- Podíais intentar bailar o tomar algo.
- Me parece bastante más divertido el besar a mi novia -aclaró él, besándola fugazmente.
¡Su novia! ¡Oh, sí! Ya era oficial. Nada de fingir o de malinterpretar. Diana tuvo que esforzarse por dejar de sonreír como una estup¡da y obligar a la adolescente que daba saltos de alegría en su cabeza, que se estuviese quieta. Pero en realidad, quería ser ella la que estuviese dando saltos de pura felicidad.
- Bastante más divertido -corroboró Diana, abrazándolo por la cintura.
Israel no se había dado cuenta del miedo que tenía de que ella lo rechazase, hasta que dijo en voz alta lo que más deseaba ¡Que fuese su novia! Y al fin lo era. Una novia real, a la que podía amar y mimar. Consentir sin importarle lo que todos dijesen. No quería pararse a pensar en el motivo por el que ella había aceptado. Una mujer como ella no podía amarlo.
La conocía y sabía que así era. Pero ella tendría sus motivos para aceptar y no iba a ser él quien los criticase.
- ¡Iros a un cuarto y dejad de dar envidia! -bufó Angie irritada.
- ¿El asno ese te rechazó? -preguntó su hermano sorprendentemente protector.
- No. Solamente aceptó a otra -explicó la chica cabizbaja.
- ¿Qué? -gruñó Israel, soltándose de su abrazo.
Si Diana no lo hubiese agarrado se habría ido a buscar al imbécil que había hecho daño a su hermana. Aunque apenas la conocía, un sentimiento tierno y hogareño le calentaba el pecho cada vez que la veía. No dejaría que ningún id¡ota le hiciese daño. Miró a la chica de ojos llorosos y la abrazó para consolarla.
- Recuerda hermanito que es tu hermana. Si quieres hacer un trío te aconsejo que busques a otra con la que no te juzguen de incesto -se burló Mario mientras pasaba junto a ellos abrazado a una pelirroja.
Todos lo miraron mientras se alejaban. Isra y Angie abrieron la boca intentando expresar con palabras su confusión, a la vez que señalaban a la exuberante mujer que se alejaba con él.
- ¡Sí! -afirmó Diana leyendo sus mentes- Es una distinta.
Hasta ella empezaba a admirar al joven. O la estup¡dez de algunas mujeres. Ella estaba a favor de divertirse sin ataduras. Pero apoyaba más la idea de que la mujer tenía que conservar su dignidad entretanto.
Sacudió la cabeza con desaprobación. Había pasado mucho tiempo deshaciéndose de tipos como él. Donjuanes que la tomaban como un reto, para conquistarla. Y cuando todos se habían hecho una idea de que ella era quien elegía con quien estar, había pasado aún más tiempo espantándolos de los alrededores de Yidd. Su amiga podía llegar a ser muy ingenua y Diana era muy protectora con ella.
¡Cuanto la echaba de menos! Tenía tanto que contarle. Al día siguiente volverían a casa y en cuanto llegasen la llamaría para una sesión de cotilleo y café. Solo que sustituirían el café por cerveza.
- ¿Qué te ocurre? -preguntó Isra preocupado.
La cara de Diana se había ido entristeciendo con cada pensamiento. Y el miedo había empezado a inundar a Israel. Temía que estuviese reconsiderando lo que había pasado entre ellos.
- Echo de menos a Yiddi -sollozó Diana, abrazándolo.
Israel suspiró aliviado y le devolvió el abrazo.
- ¿No habéis hablado en toda la semana? -preguntó él, frotándole suavemente la espalda.
- No. Me olvidé el teléfono en casa -explicó ella cabizbaja.
- Podrías habérmelo dicho o llamar desde la casa. No creo que a Renzo le importase -dijo Israel, acariciándole la mejilla.
- No quise molestar -aclaró la joven con media sonrisa.
Isra la atrajo hacía él y la besó con más pasión de lo que pretendía. Quería mostrarle ternura, para que supiese cuanto admiraba todo lo que había tenido que soportar esos días. Ella se había ido allí con un tipo que la trataba como una basura y le había ayudado en todo sin exigir nada a cambio. Era la mujer más espectacular que nunca conocería. En todos los sentidos posibles.
- ¡Ag! En serio, iros a la casa y encerraros en vuestro cuarto. Todos seremos más felices -dijo Angie con cara de asco.
- Que mala es la envidia -afirmó Mario acercándose. Para la sorpresa de todos, solo.
- Chico, eres patológicamente rápido -bromeó Diana, cuando él se paró frente a ellos.
- Si me estás acusando de eyaculación precoz, te diría que te lo demuestro cuando quieras, pero probablemente acabaría con un ojo morado -supuso el italiano.
- No -aclaró Isra- Optaría por patearte las pelotas, para que se te quitasen las ganas.
- Es bueno saberlo -comentó el joven agarrándose las susodichas- Les tengo demasiado cariño como para arriesgarlas.
Todos rieron con las bromas de Mario y las respuestas ingeniosas de Diana. Hasta que estos dos se unieron para darle venganza a Angie. El chico que se atrevió a jugar con ella, se arrepintió de tal cosa, ambos se encargaron de ello. Y aunque deberían tener pena por el estado en el que lo dejaron -semidesnudo en el jardín, unos minutos antes de hacer que toda la fiesta saliese a contemplarlo, atado y amordazado-, no la tenían. Por el contrario, decidieron que escribir sobre su pecho, con un pintalabios "estoy orgulloso de tenerla pequeña", era más divertido.
Angie e Israel se mantuvieron al margen. Básicamente porque eran incapaces de hacer nada con el ataque de risa que tenían. Sabían que Mario y Diana eran traviesos e ingeniosos, y no les cabía la menor duda de que podían ser malévolos, pero cada día se sorprendían más de lo que eran capaces de hacer.

No hay comentarios:
Publicar un comentario