sábado, 26 de julio de 2014

"Hermoso Desastre" capítulo 7






La Apuesta
—Definitivamente él está mirándote. —susurró Diana, inclinándose para echar un vistazo por el salón.
—Deja de mirar, tonta, él va a verte.
Diana sonrió y saludó. —Ya me vio. Aún está mirando.
Dudé por un momento y luego finalmente junté el suficiente valor para voltear en su dirección. Mario tenía su mirada fija en mí, sonriendo.
Le regresé la sonrisa y entonces fingí escribir algo en mi laptop.
— ¿Aun está mirando? —Murmuré.
—Sí. —ella rió.
Después de clase, Mario me detuvo en el pasillo.
—No te olvides de la fiesta este fin de semana.
—No lo haré. —dije, intentando no pestañear mucho o hacer alguna otra cosa más ridícula.
Diana y yo caminamos hacia la cafetería, sobre el césped, para encontrarnos con Nicola y con Israel para el almuerzo. Ella todavía se estaba riendo acerca del comportamiento de Mario cuando se acercaron Israel y Nicola.
—Hola, bebé. —dijo Diana, besando a su novio, públicamente, en la boca.
— ¿Qué es tan gracioso? —preguntó Mario.
—Oh, un chico en clase se le quedó mirando a Angie durante toda la hora. Fue adorable.
—Siempre y cuando él estaba mirando a Angie. —Israel guiñó un ojo.
— ¿Quién era? —Nicola hizo una mueca.
Ajusté mi mochila, provocando que Nicola la deslizara fuera de mis brazos y la sostuviera. Sacudí mi cabeza. —Diani está imaginando cosas.
— ¡Angie! ¡Gran y gorda mentirosa! Era Mario Irivarren, y él estaba siendo tan obvio. El chico prácticamente estaba babeando.
La expresión de Nicola se transformó en disgusto. — ¿Mario?
Israel tiró de la mano de Diana. —Vamos a almorzar. ¿Disfrutarás de la fina cocina de la cafetería esta tarde?
Diana lo besó de nuevo en respuesta y Nicola y yo los seguimos. Me senté con mi bandeja entre Diana y Gino, pero Nicola no se sentó en su asiento normal frente a mí.
En vez de eso, se sentó en un lugar más allá. Fue entonces que me di cuenta que él no había dicho mucho mientras caminábamos a la cafetería.
— ¿Estás bien, Nico? —Le pregunté.
— ¿Yo? Bien, ¿Por qué? —dijo, suavizado las facciones de su rostro.
—Es sólo que has estado callado.
Varios miembros del equipo de fútbol se acercaron a la mesa y se sentaron, riendo ruidosamente. Nicola parecía un poco molesto mientras removía la comida en su plato.
uno arrojó una papa francesa al plato de Nicola.
— ¿Qué hay de nuevo Nico? Escuché que te tiraste a Francesca. Ella está barriendo tu nombre por el barro el día de hoy.
—Cállate,. —dijo Nicola, manteniendo los ojos en su comida.
Me incliné hacia adelante para que el fornido gigante sentado frente a Nicola pudiera experimentar toda la fuerza de mis reflejos. —Déjalo,.
Los ojos de Nicola se clavaron en los míos, —Puedo defenderme a mí mismo, negra.
—Lo siento, yo…
—No quiero que lo sientas. No quiero que hagas nada. —dijo bruscamente, empujándose fuera de la mesa, y salió muy furioso por la puerta.
Gino me miró con las cejas elevadas. — ¡Whoa! ¿Por qué fue todo eso?
Inserté una papa en mi tenedor, y sin aliento dije: —No lo sé.
Israel acarició mi espalda. —No es nada que tú hayas hecho, negrita.
—Sólo que a él le están sucediendo cosas en este momento. —añadió Diana.
— ¿Qué tipo de cosas? —Pregunté.
Israel se encogió de hombros y centró su atención en su plato.
—Ya deberías saber que se requiere de paciencia y una actitud indulgente para ser amigo de Nicola. Él es su propio universo.
Sacudí mi cabeza. —Ese es el Nicola que todos los demás ven… no él Nicola que yo conozco.
Israel se inclinó hacia adelante. —No hay ninguna diferencia. Sólo tienes que seguir la corriente.
Después de clase me fui con Diana al apartamento, para descubrir que la motocicleta de Israel no estaba. Fui a su habitación y me enrosqué en una bola en su cama, descansando mi cabeza sobre mi brazo. nicol estaba bien esta mañana. Por más tiempo que habíamos pasado juntos, yo no podía creer que no hubiera visto que algo lo había estado molestando. No sólo eso, me preocupaba que Diana parecía saber lo que estaba sucediendo y yo no.
Mi respiración se normalizó y mis ojos se volvieron pesados; no mucho después me quedé dormida. Cuando mis ojos se abrieron nuevamente, el cielo nocturno había oscurecido la ventana. El sonido amortiguado de unas voces se filtraba por el pasillo de la sala, incluyendo el tono profundo de Nicola. Me deslicé por el pasillo y luego me congelé cuando escuché mi nombre.
—Angie lo entiende, Nico. No te tortures. —dijo Israel.
—Ya van a ir a la fiesta. ¿Dónde está el daño en invitarla a salir? —preguntó Diana.
Me quedé quieta, esperando su respuesta. —No quiero salir con ella; Sólo quiero estar a su alrededor. Ella es…diferente.
— ¿Cómo diferente? —le preguntó Diana, sonando irritada.
—Ella no sigue mis pendejadas, es refrescante. Lo dijiste tú misma, Diani. Yo no soy su tipo. Simplemente no es… de esa forma con nosotros.
—Estás más cerca de ser su tipo de lo que crees. —dijo Diana.
Retrocedí tan silenciosamente como pude, y cuando las tablas de madera crujieron bajo mis pies descalzos, alcancé la puerta del dormitorio de Nicola y la cerré y luego caminé por el pasillo.
—Hola, negra —Diana sonrió—. ¿Cómo estuvo tu siesta?
—Estuve inconsciente durante cinco horas. Es más cercano a un coma que a una siesta.
Nicola me miró fijamente por un momento y cuando le sonreí, él caminó directamente hacia mí, agarró mi mano y me jaló al pasillo de su dormitorio. Cerró la puerta y yo sentí mi corazón golpeando en mi pecho, preparándose para que él dijera otra cosa para aplastar a mi ego.
Levantó sus cejas. —Lo siento, Pajarita. Fui un imbécil contigo.
Me relajé un poco, viendo el remordimiento en sus ojos. —No sabía que estabas enojado conmigo.
—No estaba enojado contigo. Es sólo que tengo la mala costumbre de desquitarme con quienes me preocupan. Es una excusa pobre de mierda, lo sé, pero lo siento. —me dijo, envolviéndome en sus brazos.
Puse mi mejilla contra su pecho, recargándome. — ¿Por qué estabas enojado?
—No es importante. Lo único que me preocupa eres tú.
Me incliné hacía tras para verlo. —Puedo manejar tus rabietas.
Sus ojos analizaron mi cara durante un momento antes de que una pequeña sonrisa se extendiera por sus labios. —No sé por qué me aguantas, y no sé lo que haría si no lo hicieras.
Pude oler la mezcla de cigarrillos y menta en su aliento, y miré sus labios, mi cuerpo estaba reaccionando ante la cercanía que teníamos. La expresión de Nicola cambió y su respiración vaciló, él también lo había notado.
Me incliné infinitesimalmente, y luego ambos saltamos cuando sonó su teléfono celular. Él suspiró, sacándolo del bolsillo.
—Sí. ¿Hoffman? Jesús… De acuerdo. Será grande y fácil. ¿Jefferson? —Me miró y giñó un ojo—. Estaremos ahí. —Colgó y tomó mi mano—. Ven conmigo. —Me sacó al final del pasillo—. Era Brivio —Le dijo a Israel—. Brady Hoffman estará en Jefferson en noventa minutos.
Israel asintió y se levantó, sacó su celular de su bolsillo. Después de unos momentos, repitió lo que Nicola le había dicho por su teléfono, colgó, marcó nuevamente y repitió una vez más la información. Él marcó otro número mientras cerraba la puerta de su habitación detrás de él.
—Aquí vamos —dijo Diana, sonriendo—. ¡Sera mejor que nos arreglemos!
El aire en el apartamento estaba tenso y optimista al mismo tiempo. Nicola parecía el menos afectado, poniéndose sus botas y una camiseta blanca, como si él estuviera preparándose para ir a hacer un encargo.
Diana me llevó al final del pasillo, al dormitorio de Nicola y frunció el ceño. —Tienes que cambiarte, Angie. No puedes usar eso en la lucha.
— ¡Llevaba un maldito cardigán la última vez y no dijiste nada! —Protesté.
—No pensé que irías la última vez. Toma —Me arrojó ropa—, Póntelo.
— ¡No usaré esto!
— ¡Vámonos! —Llamó Israel desde la sala de estar.
— ¡Rápido! —dijo Diana bruscamente, corriendo hacia la habitación de Israel.
Me puse la escotadísima y ajustada blusa amarilla sin mangas, y los pantalones vaqueros de corte bajo que Diana me lanzó, y luego deslicé mis pies en un par de tacones, pasé un cepillo por mi cabello mientras caminaba hacía final del pasillo. Diana salió de su habitación con un vestido corto de color verde y tacones que hacían juego, y cuando dimos vuelta en la esquina, Nicola e Israel estaban de pie en la puerta.
La boca Nicola cayó abierta. —Oh, carajo no. ¿Está intentando matarme? Tienes que cambiarte, Pajarita.
— ¿Qué? —pregunté, mirando hacia abajo.
Diana puso sus manos en sus caderas. —Ella se ve linda, Nico, ¡Déjala en paz!
Nicola tomó mi mano y me llevó al final del pasillo. —Ponte una playera…y unos tenis. Algo cómodo.
— ¿Qué? ¿Por qué?
—Porque voy a estar más preocupado por quien está mirando tus tetas, en esa camiseta, que por Hoffman. —dijo, deteniéndose en su puerta.
— ¿Pensé que habías dicho que no te importaba nada lo que todos los demás pensaran?
—Ese es un escenario diferente, Pajarita. —Nicola bajó su mirada a mi pecho y luego la subió a mí rostro—. No puedes usar eso en la pelea, así que por favor… sólo… por favor sólo cámbiate. —Tartamudeó, empujándome a la habitación y encerrándome.
— ¡Nicola! —grité. Pateando mis tacones y metiendo los pies en mis Converse. Luego me quité la blusa, lanzándola al otro lado de la habitación. Jalé sobre mi cabeza la primera camiseta de algodón que mis manos tocaron y luego corrí hacía el pasillo, deteniéndome en la puerta.
— ¿Mejor? —dije respirando con dificultad, peinando mi cabello en una cola de caballo.
— ¡Sí! —dijo Nicola, aliviado—. ¡Vámonos!
Corrimos hasta el estacionamiento. Salté sobre la parte trasera de la motocicleta de Nicola, mientras él arrancaba el motor, y nos fuimos, volando por el camino hacia la universidad. Sujeté fuertemente su cintura anticipadamente; la prisa de salir por la puerta había enviado adrenalina que estaba emergiendo por mis venas.
Nicola condujo sobre la acera, estacionando su moto en las sombras detrás del edificio de artes liberales. Empujó sus gafas de sol a la cima de su cabeza y luego agarró mi mano, sonriendo mientras nos dirigimos a la parte de atrás del edificio. Se detuvo en una ventana abierta, cerca del suelo.
Mis ojos se ampliaron cuando caí en cuenta. —Estás bromeando
Nicola sonrió. —Esta es la entrada VIP. Deberías ver cómo entra todo el mundo.
Sacudí mí cabeza cuando el metió las piernas a través de la ventana y desapareció. Me agaché y lo llamé inconscientemente: — ¡Nicola!
—Aquí abajo, Pajarita. Sólo entra con los pies primero, yo te atraparé.
— ¡Estás completamente loco si crees que voy a saltar hacia la oscuridad!
— ¡Yo te atraparé! ¡Lo prometo! ¡Ahora trae tu culo aquí!
Suspiré, tocando mi frente con mi mano. — ¡Esto es una locura!
Me senté, y rápidamente me empujé hacia delante, hasta que la mitad de mi cuerpo estaba colgando en la oscuridad. Me giré sobre mi estómago y estiré mis pies, buscando sentir el piso. Esperé que mis pies tocaran la mano de Nicola, pero perdí mi agarre y chillé cuando caí hacia atrás. Un par de manos me agarraron, y escuché la voz de Nicola en la oscuridad.
—Caes como una niña. —Se rió.
Descendió mis pies al suelo y, luego me adentró aún más en la oscuridad. Después de una docena de pasos, pude oír los gritos familiares de nombres y números, y luego la sala iluminada. Una linterna colocada en la esquina iluminaba la sala sólo lo suficiente para que pudiera distinguir la cara de Nicola.
— ¿Qué estamos haciendo?
—Esperar. Brivio tiene que decir su discurso antes de que yo entre.
Me puse nerviosa. — ¿Debo esperar aquí, o debo entrar? ¿A dónde voy cuando se inicia la pelea? ¿Dónde están Isra y Diani?
—Fueron por el otro lado. Sólo sígueme, no te enviaré a ese agujero de tiburones sin mí. Permanece junto a Brivio, él evitará que te aplasten. No puedo estar cuidándote y lanzando golpes al mismo tiempo.
— ¿Aplastar?
—Va a venir más gente aquí esta noche. Brady Hoffman. Ellos tienen su propio círculo allí. Va a ser nuestra gente y su gente, por lo que el lugar va a ser una locura.
— ¿Estás nervioso? —Le pregunté.
Él sonrió, mirándome. —No. Aunque tú pareces un poco nerviosa.
—Tal vez. —admití.
—Si te hace sentir mejor, no dejaré que me toque. Ni siquiera dejaré que me de uno para hacerlo sentir mejor.
— ¿Cómo vas a lograr eso?
Se encogió de hombros. —Normalmente dejo que me den uno, para que parezca justo.
— ¿Tú…? ¿Dejas que las personas te golpeen?
— ¿Qué tan divertido sería si sólo masacrara a alguien y nunca consiguieran darme un puñetazo? No es bueno para los negocios, nadie apostaría contra mí.
—Qué gran mierda. —dije, cruzando mis brazos.
Nicola levantó una ceja. — ¿Piensas que estoy bromeando?
—Me cuesta creer que sólo consigues un golpe cuando dejas que te golpeen.
— ¿Te gustaría hacer una apuesta de eso, Angie Arizaga? —Él sonrió, con sus ojos animados.
Sonreí. —Acepto esa apuesta. Creo que él te anotará uno.
— ¿Y si él no lo hace? ¿Qué ganaré? —preguntó. Me encogí de hombros, mientras que los gritos al otro lado del muro crecían hasta ser un rugido. Brivio saludó a la multitud y luego comenzó a decir las reglas.
La boca de Nicola se extendía en una amplia sonrisa. —Si ganas, no tendré sexo durante un mes. —Levante una ceja y él sonrió de nuevo—. Pero si gano, tienes que estar conmigo durante un mes.
— ¿Qué? ¡Me quedo contigo de todos modos! ¿Qué tipo de apuesta es esa? —Grité sobre el ruido.
—Que arreglaron las calderas hoy. —Nicola sonrió.
Una sonrisa presumida se extendió por mi cara mientras Brivio dijo el nombre de Nicola. —Cualquier cosa vale la pena por verte intentar la abstinencia para variar.
Nicola besó mi mejilla y luego salió, manteniéndose erguido. Lo seguí, y cuando pasé a la habitación de al lado, me sorprendí de ver el número de personas que se habían apretujado en el pequeño espacio. Todos estaban de pie, pero los empujones y los gritos sólo aumentaron una vez que entramos en la sala. Nicola asintió en mi dirección, y luego la mano de Brivio estaba sobre mis hombros, jalándome a su lado.
Me incliné al oído de Brivio. —Apuesto dos a Nicola. —dije.
Las cejas de Brivio se alzaron mientras me veía sacar dos billetes de mi bolsillo. Mantuvo a su palma extendida, y yo estampé los billetes en su mano.
—No eres la Positiva que pensé que serías. —dijo, dándome una rápida mirada.
era por lo menos una cabeza más alto que Nicola y tragué saliva cuando los vi de pie uno frente al otro. era masivo, el doble del tamaño de Nicola y músculo sólido. No podía ver la expresión de Nicola, pero era evidente que a Brady se le había acabado la sangre.
Brivio presionó sus labios contra mi oído. —Puede que quieras taparte los oídos, gatita.
Puse mis manos a cada lado de mi cabeza, y Brivio sonó la bocina. En vez de atacar, Nicola dio unos pasos atrás. Brady se balanceó y Nicola lo esquivó por la derecha.
Brady osciló nuevamente y Nicola lo eludió y quedó de lado.
— ¿Qué demonios? ¡Esto no es un combate de boxeo, Nicola! —Gritó Brivio.
Nicol aterrizó un puñetazo en la nariz de Brady. El volumen en el sótano era ensordecedor. Nicola hundió un gancho izquierdo en la mandíbula de Brady, y mis manos volaron sobre mi boca cuando Brady intentó unos golpes más, cada uno encontró sólo el aire. Brady cayó contra su séquito cuando Nicola le dio un codazo en la cara. Justo cuando pensaba que casi terminaba, Brady volvió a balancearse nuevamente. Golpe tras golpe, Brady no parecía poder mantenerse. Ambos hombres estaban cubiertos de sudor, y jadeé cuando Brady falló otro puñetazo, golpeado su mano en un pilar de cemento. Cuando él se dobló, sosteniendo su puño por debajo de él, Nicola lo acabó.
Fue implacable, primero le dio con su rodilla en cara a Brady y luego lo golpeó repetidamente hasta que Brady tropezó y chocó con el suelo. El nivel del ruido creció cuando Bauer dejó mi lado para tirar el cuadro rojo en el rostro ensangrentado de Brady.
Nicola desapareció detrás de sus fans y yo presioné mi espalda contra la pared, buscando el camino a la puerta por la que entramos. Cuando alcancé la luz de la linterna fue un alivio enorme. Me preocupaba ser derribada y pisoteada.
Mis ojos se quedaron enfocados en puerta, atenta a cualquier señal que la multitud comenzara a desparramarse en la pequeña habitación. Después de varios minutos, y ninguna señal de Nicola, me preparé para regresar sobre mis pasos hasta la ventana. Con el número de personas tratando de salir a la vez, no estaba segura vagando por ahí.
Justo cuando comencé a caminar en la oscuridad, unos pasos crujieron contra el hormigón suelto en el suelo. Nicola me buscaba en un ataque de pánico.
— ¡Pajarita!
— ¡Estoy aquí! —Lo llamé, corriendo a sus brazos.
Nicola me volteó a ver y frunció el ceño. — ¡Casi me matas del susto! Por poco y tuve que comenzar otra pelea para conseguir llegar a ti... ¡Finalmente llego ahí y te has ido!
—Me alegro de que estás de vuelta. No deseaba perder mi camino en la oscuridad.
Toda preocupación dejó su rostro, y sonrió ampliamente. —Creo que has perdido la apuesta.
Brivio llegó, me miró y, luego miró encolerizada a Nicola. —Tenemos que hablar.
Nicola me guiñó un ojo. —Quédate aquí. Ya regreso.
Desaparecieron en la oscuridad. Brivio alzó su voz un par de veces, pero no podía entender lo que estaba diciendo. Nicola volvió, metiendo un fajo de billetes en su bolsillo, y luego me ofreció una media sonrisa. —Vas a necesitar más ropa.
— ¿En serio vas a hacer que me quedé contigo durante un mes?
— ¿Habrías hecho que yo no tuviera sexo durante un mes?
Me reí, sabiendo que lo haría. —Mejor detengámonos en mi dto.
Nicola dijo radiante: —Esto será interesante.
Cuando Brivio pasó caminando, estampó mis ganancias en mi palma, retirándose hacia la turba que se estaba dispersando.
Nicola levantó una ceja. — ¿Apostaste?
Sonreí y me encogí de hombros. —Pensé que debería tener la experiencia completa.
Me llevó a la ventana y luego trepó fuera, dándose la vuelta para ayudarme a subir y salir al aire fresco de la noche. Los grillos se escuchaban en las sombras, deteniéndose, sólo lo suficiente, para permitir que pasáramos. La hierba, que había forrado la acera, se entrelazaba en la suave brisa, recordándome el sonido que el océano hace cuando no estaba lo suficientemente cerca como para escuchar las olas romper. No hacía demasiado calor o demasiado frío; era una noche perfecta.
— ¿Por qué razón quieres me quede contigo, de todos modos? —Le pregunté.
Nicola se encogió de hombros, metiendo las manos en sus bolsillos. —No sé. Todo es mejor cuando estás cerca.
La agradable calidez que sentí por sus palabras rápidamente se desvaneció con la visión de rojo, manchas ensuciaban su camiseta. —Ew. Estás cubierto de sangre.
Nicola miró con indiferencia, y luego abrió la puerta, haciéndome señas para que entrara. Pasé con rapidez junto a Jazmín, que estudiaba en su cama, encerrada entre los libros de texto que la rodeaban.
—Las calderas fueron arregladas esta mañana. —dijo.
—Eso escuché. —dije buscando en mi armario.
—Hola. —Nicola le dijo a Jazmín.
El rostro de Jazmín se retorció, mientras analizaba la figura ensangrentada y sudorosa de Nicola.
—Nicola, esta es mi compañera de habitación, Jazmín. Jazmín, Nicola Porcella.
—Encantada de conocerte. —dijo Jazmín, empujando sus gafas hasta el puente de su nariz. Ella observó mis abultadas maletas.
— ¿Te vas a mudar?
—Nop. Perdí una apuesta.
Nicola irrumpió en carcajadas, agarrando mis maletas. — ¿Lista?
—Sí. ¿Cómo voy a conseguir llevar todo esto a tu apartamento? Vinimos en tu moto.
Nicola sonrió y sacó su teléfono celular. Llevó mis maletas a la calle, y minutos más tarde, el Charger clásico negro de Israel se detuvo.
La ventana del lado del pasajero bajó y Diana asomó su cabeza. — ¡Hola, Pollita!
—Hey, tú. Las calderas funcionan de nuevo, ¿Aún te quedaras con Isra?
Ella guiñó un ojo. —Sí, pensé en quedarme esta noche. Escuché que perdiste una apuesta.
Antes de que pudiera hablar, Nicola cerró la camioneta y Isra arrancó, con Diana chillando cuando cayó hacia atrás en el asiento.
Caminamos hacia su Harley, y cuando envolví mis brazos alrededor de él, él descansó su mano en la mía.
—Me alegro de que estuvieras allí esta noche, Pajarita. Nunca me he divertido tanto en una pelea en mi vida.
Recargué mi barbilla sobre su hombro y sonreí. —Eso fue porque estabas tratando de ganar nuestra apuesta.
Él giró su cuello para que su cara quedara frente a la mía. —Maldita sea que si no lo estaba.
No había ninguna diversión en sus ojos, estaba serio, y él quería que yo lo viera.
Mis cejas que se alzaron. — ¿Esa es la razón por la que estabas de mal humor hoy? ¿Por qué sabías habían arreglado las calderas, y yo me iría esta noche?
Nicola no respondió; sólo sonrió mientras arrancaba su motocicleta. El viaje al apartamento fue inusitadamente lento. En cada semáforo, Nicola cubriría bien mis manos con las suyas o descansaba su mano en mi rodilla. Las líneas se estaban difuminándose nuevamente, y me pregunté cómo sería pasar un mes juntos y no arruinarlo todo. Los cabos sueltos de nuestra amistad se enredaban de una manera que nunca imaginé.
Cuando llegamos al estacionamiento del apartamento, el Charger de Israel estaba en su lugar habitual.
Di dos pasos hacia delante. —Siempre odio cuando ellos han estado en casa durante un rato. Siento como si fuéramos a interrumpirlos.
—Acostumbrarte. Este será tu lugar por las próximas cuatro semanas —Nicola sonrió y me dio la espalda—. Súbete.
— ¿Qué? —Sonreí.
—Vamos, te cargaré.
Reí y subí a su espalda, entrelazado mis dedos en su pecho cuando él corrió por las escaleras.

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