- Sabes que debemos hablarlo -
Yidda siguió mirando hacia el exterior la oscura noche y se puso rígida.
Julian suspiró y la tomó de su mano para que se girara a mirarlo, ella no se movió.
- Ya es casi media noche – dijo ella evadiendo el tema.
- ¿¿Estas cansada??
- No.
- Bien, entonces creo que es momento de que hablemos. Yidda, necesito saber a que me enfrento para saber cómo debo actuar.
Ella lo miró sonriendo cínicamente.
- ¿¿Es que piensas hacer algo??
- Por supuesto, no voy a dejar que alguien te lastime de esa manera y se vaya sin más.
La sonrisa de ella se volvió un poco más cálida.
- No puedes hacer nada Julián, esta no es tu batalla.
- ¡Y un cuerno que no! Esta batalla es de los dos porque no voy a dejar que te enfrentes a ella sola.
Yidda lo miró a los ojos.
- ¿¿Por qué no??
- Porque no voy a permitir que alguien vuelva a lastimarte.
- ¿¿Por qué??
“Porque te amo” - pensó él, pero no lo dijo.
- Porque no lo mereces.
Yidda suspiró y se fue a sentar frente al fuego.
- ¿¿Qué quieres saber??
Él la siguió.
- ¿¿Quién te hizo eso??
Ella bufó.
- Ernesto, siguiente pregunta.
Nicola recurrió a todo su autocontrol para no correr a casa de ese maldito bastardo y matarlo con sus propias manos.
- Que sucedió exactamente.
- Llegué tarde, él estaba tomando, se puso violento y me golpeo. Fin.
No, Nicola no descansaría hasta verlo pudrirse en una cárcel por lo que había hecho.
- ¿¿Con que te golpeó??
Ella se lo pensó un segundo.
- Con la mano, con el puño, con la correa y… No, creo que eso es todo.
Nicola abrió y cerró sus puños para serenarse. La estudió un segundo y luego preguntó en una octava más baja.
- ¿¿Vas a dejarlo??
Ella miró lejos de él.
- No.
Nicola la miró como si lo hubiera abofeteado.
- ¿No?
Yidda seguía sin mirarlo.
- No.
- Pero – caminó hasta ella y la obligo a mirarlo. - ¿¿Por qué diablos no??
Ella se soltó y caminó hasta el cuarto.
- Fin del interrogatorio.
…
- ¿¿ a dónde vas?? – preguntó ella mirando cómo se ponía la chaqueta para salir.
Julián se detuvo dándole la espalda.
- A casa.
- Juli no – ella lo dio un paso hacia él con ansiedad y él suspiró.
- Solo voy a buscar más ropa para mí.
Ella se removió incomoda.
- Lamento que sea así, solo…
- No – Julián se giró y la miró – ni siquiera sabes lo que me molesta.
- Estás molesto porque no dejo a Ernesto pero…
- Si – Él dio un paso hacia ella - ¡Diablos! Si estoy molesto por eso, pero no se queda allí. Me molesta, no, me duele que después de todo no confíes en mi para ser sincera y decirme que sucede.
Ella se pasó una mano por el pelo frustrada
- Jamás he confiado en nadie.
- Confiaste en Yamila.
Ella lo miró con una extraña expresión.
- Yaya era mi hermana, me salvó la vida
- ¿Y yo que hice? - Juli dio un paso hacia ella. - ¿¿Yo que he intentado hacer todo este tiempo??
Yidda estaba seria.
- ¿¿Eso es lo que quieres?? ¿¿Quieres que como pago a tú enorme bondad y por tus acciones de buen caballero te revele cada uno de mis secretos, saque al aire todos los trapos sucios??
- Jamás he pedido nada cambio. – contestó él con los dientes apretados.
- ¿No? ¿Y qué pides ahora?
- Que confíes en mí. No por mí, por ti, para poder ayudarte.
- No pedí tu ayuda - rugió ella.
- No, pero la tienes. – Juli se pasó una mano por el pelo y caminó en círculos - ¡Rayos! La tienes, no voy a dejarte sola aunque a veces me provoca hacerlo.
- Entonces hazlo – le gritó ella. – Mi vida estaba bien antes de que llegaras, tú solo apareciste y lo echaste a perder todo.
- Estabas muerta cuando yo llegue – Nicola se paró frente a ella y la encaró – te jactas de ser ruda y fuerte y no haces más que esconderte detrás de tu frialdad y decir “si señor” a todo lo que dice Ernesto. No sé porque le tienes tanto miedo, me gustaría averiguarlo pero obviamente, tú estás tan cómoda en tu papel de zombie que no te atreves a luchar contra él.
- ¿Crees que me conoces? – Yidda lo miraba con rabia - ¿Crees que puedes venir aquí y simplemente juzgarme? – lo apuntó con el dedo – tú no me conoces, no tienes idea de quién soy o lo que he vivido para llegar aquí. Tú solo llegaste en tu auto caro y decidiste ser mi príncipe de brillante armadura, pues te digo algo príncipe encantado, no te necesito, no te necesitaba antes y no lo hago ahora. Hay mil damas en problemas que estarían encantadas de que las rescataras, mal por ti, yo no soy una de esas. Si mi vida es una miseria y estoy muriendo es mi maldito problema así que déjame tranquila.
- ¿¿Eso quieres?? – Julian caminó hasta la puerta y la miró - Estás tan metida en ti misma, en tu propia miseria que ya hasta te es cómodo, quedarte en el fango donde caíste es más fácil que luchar para salir.
Ella dio un paso hacia él con lágrimas en los ojos.
- Luché, toda la vida luché ¿Y para qué?, para nada, ya está.
- No – Nicola la tomó por los hombros – no está, porque ya no estás sola, porque ahora yo estoy aquí y juntos vamos a lograrlo.
Ella alzó el rostro hacia él.
- ¿¿Lograr que?? Ni siquiera sabes a lo que te enfrentas.
- No, pero si tú me lo dices, si confías en mí lo sabré y podremos vencer.
Yidda se alejó y se abrazó a sí misma.
- No.
Julián la observó un segundo y dio media vuelta. Abrió la puerta de la cabaña cuando ella lo detuvo.
- Julian yo…
Él no se giró
- ¿¿Qué quieres Yidda??
El silencio inundó la habitación.
Julian salió y cerró la puerta tras sí.
- Quiero ser libre. – susurró ella pero él no la escuchó.
…
El viento crecía embravecido rugiendo con fuerza y la lluvia golpeaba la pequeña cabaña como intentando echarla abajo.
Yidda se hizo un ovillo en una esquina y se abrazó a sí misma con sus delgados brazos. Frente a ella un espejo de cuerpo completo le devolvía su imagen mostrando a una joven demacrada, asustada e indefensa.
Lagrimas heladas caían en silencio por su rostro, hace ya mucho que Yidda había dejado de pelear contra ellas y ahora corrían libre por sus amoratadas mejillas.
El frió se le calaba hasta el alma y la hacía sentir más sola que nunca.
Yidda escuchó un ruido y no se atrevió a moverse, su maltratado cuerpo no le respondía. Se sentía débil y cansada.
Nicola hace horas que había salido y se había desatado toda la furia de la tormenta. El reloj sobre la meseta anunciaba las 2 y algo.
Yidda cerró los ojos y horribles imágenes de la muerte de Yamila y los maltratos de Ernesto vinieron a su cabeza. Estaba asustada y sola.
Se había encerrado en sí misma tras la muerte de Yamila, lo sabía, pero no le importaba, o no le había importado hasta ahora. Julián quería que confiara en él, y ella lo hacía, sabía que él no la traicionaría, pero le daba miedo, estaba aterrada, no por él, por ella misma. La única persona a quién se había abierto había sido Diana y cuando ella se fue Yidda había sentido un vacio en su interior tan grande que pensó que nunca se recuperaría, el dolor de perder a su hermana aun seguía allí y Yidda sabía que probablemente nunca se iría, pero por los momento, era como mucho, soportable y ella no estaba dispuesta a dejar que otra persona le importara lo suficiente como para sentir de nuevo ese dolor cuando se marchara.
El reloj dio las 3 y ella lo miró sin verlo en realidad.
Julián no regresaba, y si no lo hacía ella no lo culparía, pero estaba asustada de sus propios monstruos quienes la estaban atormentando y lo necesitaba. Odiaba hacerlo, pero lo hacía y no quería hondear en el porqué.
Otra lágrima silenciosa rodó por su mejilla y ella le rogó a quien quiera que estuviera escuchando por él, porque viniera a rescatarla como siempre lo hacía.
Abrió los ojos cuando lo sintió agacharse junto a ella. Sus preciosos ojos verdes la miraron con una mezcla de sentimientos que ella no pudo adivinar.
Yidda no lo pensó dos veces y se lanzó a sus brazos enterrando la cabeza en su pecho y sollozando en silencio.
Julián la abrazó contra sí y besó su cabello.
- Ya está bien, va a estar bien, estoy aquí.
Julián sollozó más fuerte.
- Estaba tan asustada.
Él la besó de nuevo.
- No lo estés, no estás sola.
Yidda se alejó para mirarlo a los ojos y tomó una decisión.
- Julián.
- ¿Sí? – él peinó algunos mechones que caían sobre su rostro.
- Juli, te necesito.
Él juntó sus narices.
- Aquí estoy.
Ella lo tomó de las solapas de la camisa y alzó su rostro para mirarlo a los ojos.
- Julián.
- Dime.
- Hazme el amor.

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