lunes, 7 de julio de 2014

"Jugando Al Amor" capítulo 27






Dos años más tarde...
Al sonido de un carraspeo levanté la mirada en el espejo y vi a Nicola
apoyado contra el madero de la puerta de nuestra habitación. Me di la
vuelta, mis manos inmediatamente yendo a mis caderas.
—¿Qué estás haciendo aquí? No deberías estar aquí.
Nicola sonrió suavemente, sus ojos embebiéndome, y la mirada de ellos
me hizo sentir toda sensiblera. Maldito sea.
—Te ves hermosa, nena.
Eché un vistazo al vestido y suspiré.
—No puedo creer que te las arreglaras para meterme en esto.
—Puedo ser muy persuasivo cuando quiero serlo. —Él sonreía con aire de
suficiencia ahora.
—Persuasivo es una cosa. Esto... esto es un milagro. —Lo miré con
atención—. Espera, ¿es por eso que estás aquí? ¿Para asegurarte de que
vaya? —Eso me molestó. Mucho. De hecho, sentí que mi corazón se
detuvo.
Nicola hizo una mueca.
—No. Tengo plena fe en que vas a salir por esa puerta.
—¿Entonces por qué estás aquí?
—Porque no te he visto en un par de días y te extraño.
—Vas a verme en media hora. ¿No podías esperar?
—Sin embargo, habrá gente allí. —Dio un paso hacia mí, dándome esa
mirada.
Oh no. ¡No!
—Eso puede esperar. —Levanté una mano, deteniéndolo—. Ahora, tú me
metiste en esto. No estaba segura de querer hacerlo, pero tuviste que ser
todo persuasivo, y luego me convenciste de todo esto. Y quiero que sea en
cierto modo perfecto, como... bien hecho. Así que saca tu trasero de aquí,
señor.
Estaba sonriendo ampliamente ahora mientras retrocedía.
—Está bien, tú eres la jefe. —Resoplé ante eso—. Te veré en media hora.
—¡Nicola! —Diana apareció en la puerta en un vestido color champán de
seda largo hasta el piso—. Es de mala suerte ver a la novia antes de la
boda. ¡Fuera! —Ella lo empujó por el pasillo fuera de la vista.
—¡Hasta pronto, nena! —gritó en respuesta, riendo.
Negué con la cabeza, tratando de calmar los nervios y el vértigo en guerra
cuando me miré en el espejo cheval. Estaba casi irreconocible en mi
vestido de novia color marfil.
—¿Lista, Negra? —preguntó Diana, sin aliento por sacar a los golpes a su
hermano fuera del apartamento.
Jazmín apareció a su lado, con una sonrisa burlona, llevaba el mismo
vestido champán de Diana, y un anillo de bodas de oro junto al anillo de
compromiso de diamantes que Gino le había dado. Habían estado
casados durante ocho meses.
—Sí, ¿lista, Negra?
Estábamos de pie en el dormitorio principal, lo que solía ser la habitación
de Diana, pero ahora era mía y la de Nicola. En el viaje a casa  había encontrado
algunas cosas: las joyas de mamá, el oso de peluche favorito de Eli, Ted,
unos cuantos álbumes de fotos y una pintura; que había querido
conservar. Todo lo demás lo regalamos o arrojamos a la basura. Nos tomó
un par de días, y una gran cantidad de pañuelos para mí, pero lo hicimos,
y luego nos fuimos a despedir de ellos en sus tumbas. Eso fue duro. No
pude evitar el ataque de pánico en aquella oportunidad y por un tiempo
Nicola simplemente se sentó en la hierba conmigo y me abrazó mientras
yo trataba de pedir disculpas a mamá, papá y Eli por haber tratado de
no recordarlos durante ocho años.
Pasar por eso conmigo sólo hizo que Nicola y yo nos acercáramos.
Cuando regresamos, fuimos prácticamente inseparables, y dado
que Diana e Israel eran inseparables, hubo demasiada torpeza con nosotros
cuatro viviendo juntos, con Dianita y Nicola siendo hermanos. Ninguno de
los dos quería oír las cosas del sexo. Así que Diana se había mudado al
lugar de Israel unos meses después de su cirugía, y Nicola había puesto
su apartamento en alquiler y se mudó conmigo. Un año
más tarde, en realidad lo había predispuesto con un taxista, y me propuso
matrimonio en un taxi fuera de la Iglesia, en
recuerdo de cómo y dónde nos conocimos. Un avance rápido hasta ahora.
Después de la boda nos íbamos a volar a Hawai para nuestra luna de miel,
y cuando volviéramos sería como el señor y la señora
Porcella. Mi pecho se apretó y tomé una respiración profunda.
Nicola había estado hablando acerca de tener hijos últimamente. Hijos.
Oh, Dios. Eché un vistazo a mi manuscrito completo en mi escritorio.
Después de veinte cartas de rechazo había recibido una llamada de un
agente literario que quería leer el resto del mismo. Acababa de enviar el
manuscrito hace dos días. Durante dos años ese manuscrito había sido
como un hijo para mí, y tuve un montón de momentos enloqueciendo
acerca de publicar la historia de mis padres. ¿Hijos de verdad? Enloquecí
cuando Nicola lo mencionó por primera vez, pero él sólo se había sentado
allí, bebiendo su cerveza mientras yo silenciosamente me volvía loca. Diez
minutos después, había mirado hacia mí y dijo:
—¿Has terminado?
Estaba acostumbrado ahora a que me asustara.
Lancé una mirada a la fotografía que tenía de mis padres en mi escritorio.
Al igual que Nicola y yo, mamá y papá habían sido apasionados entre sí,
discutían mucho, tenían sus problemas, pero siempre lo superaban debido
a lo mucho que sentían el uno por el otro. Eran todo lo que no podían ser
sin el otro. Claro que podía ponerse difícil a veces, pero la vida no era una
película de Hollywood. Cosas malas pasaban. Tú luchas, gritas, y de
alguna manera trabajabas como loco para salir al otro lado aún intacta.
Justo igual que Nicola y yo.
Asentí a Diana y Jazmín.
A veces, las nubes no eran ingrávidas. A veces sus centros se tornaban
oscuros y llenos. Así era la vida. Sucedía. No significaba que no daba
miedo, o que yo no estaba todavía asustada, pero ahora sabía que
mientras estuviera de pie debajo de ellas con Nicola a mi lado cuando
esas nubes rompieran a llover, yo estaría bien. Estaríamos bajo la lluvia
juntos. Sabiendo que Nicola tendría un enorme paraguas para
refugiarnos de lo peor en él.
Que ahí existe un futuro incierto al que podría manejar.
—Sí. Estoy lista.
Fin del libro


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Gracias a todas las personas que leyeron esta hermosa historia! Los amo!!

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