Las risas invadieron el pasillo.
Yiddá Eslava entraba corriendo en ese momento, perseguida por JuliánZucchi. Parecían dos niños jugando en el patio de su colegio.
Yiddá se metió en los camerinos antes de que Julián la pueda alcanzar. Él entró a maquillaje, buscándola y riéndose a carcajadas.
Julián: ¡Yi! ¡¿Dónde estás?!
Nada. Silencio. Julián caminó sigilosamente hacia el camerino de las chicas, y escuchó unas risitas.
Julián: ¡Yiddá! ¡Ya sé dónde estás!
Luego de decir esto, corrió y abrió de golpe una de las puertas…
Se llevó TREMENDO susto.
Israel, Mario y Hart se lanzaron encima de él al mismo tiempo. Mientras trataba de soltarse de los chicos, alcanzó a verla escapando por la puerta de maquillaje. Otra vez esas risitas.
Se zafó como pudo de sus amigos y continuó con su carrera detrás de Yiddá. Cuando al fin la iba a alcanzar, algo más lo detuvo.
El programa. Eran las cinco y cincuenta y cinco. Casi lo olvidaba.
Miró a Yiddá, que estaba parada mirándolo al otro lado del pasillo, a diez metros de él. Hizo el ademán de empezar a correr, pero ella habló antes de que pudiera dar el primer paso.
Yiddá: ¡Alto! Vamos a salir al aire, Julián. Seguimos luego, en el comercial.
Él sólo la miró y sonrió. Llegó hasta ella lo más rápido que pudo y la cargó, así se la llevó hasta el set principal.
Yi: ¡Hey! ¡Bájame! ¡Julián!
Julián puso a Yiddá en el suelo en el momento exacto en el que la música comenzó a sonar y salieron al aire.
Mientras bailaban la coreografía intercambiaban miradas que el resto de los chicos nunca percató.
Miradas de complicidad, de amor, miradas como cuando eras niño y te descubrían en las escondidas, esa especie de pacto que se hace con los ojos y tienes la certeza de que no dirán donde te ocultaste.
Y entre mirada y mirada, cuando cambiaron de lugar pudo escuchar algo. Ese algo que Julián escuchaba todos los días, y cada vez lo enamoraba más.
Yiddá volvió a su sitio original para terminar el baile, y Julián escuchó de nuevo esas risitas.
Salieron del aire. Algunos combatientes se acercaron al público a firmar autógrafos y otros fueron a los camerinos a tomar un poco de agua.
Julián miró a Yiddá a los ojos.
Julián: ¡Ahora sí no te escapas!
Yi: ¡Eso dices tú!
Dijo eso y salió disparada del set. Julián también, detrás de ella.
Corrieron hasta la piscina. Yiddá llegó hasta el borde, se detuvo de golpe y aldar media vuelta se encontró cara a cara con Julián.
Julián: Estamos aquí, solos tú y yo. Ya no tienes escapatoria.
Yi: Por lo visto, no. Pero…
Julián: ¿Pero qué? Tú me debías una respuesta.
Yi: ¿Ah, sí? – se rió, no era muy buena mintiendo –
Julián: Yi …
Yi: Juli… -más risas por parte de ambos-
Julián se estaba poniendo nervioso. ¿Y si le decía que no? Ya no era el momento de echarse atrás, la tenía frente a él, y nadie se la podía quitar.
Julián: ¿Te olvidaste de la razón por la cual te estabas escapando de mí?
Yi: Quiero que me lo digas de nuevo.
Julián: ¿En serio?
Yi: Sí.
Julián: Bueno, aquí vamos –aclarándose la garganta- Yiddá Eslava, ¿aceptarías ir a cenar conmigo esta noche?
Antes de que ella pudiera decir algo, Julián se tropezó, chocaron, Yiddá trató de sostenerse de la colchoneta, pero era muy tarde.
Los dos cayeron a la piscina.
Julián: ¿Y? ¿Tuvimos que llegar a esto para que yo te pueda invitar a salir?
Yi: Creo.
Julián: ¿Qué quieres cenar?
Yi: ¡Aún no te digo que sí! –más risas- porque aún no me atrapas.
Dicho esto, se hundió en el agua y comenzó a bucear. Julián la siguió.
Bajo el agua, ambos se chocaron y abrieron los ojos. Dicen que una mirada puede valer más de mil palabras, y ellos dieron el ejemplo.
Se tomaron de las manos y así salieron del agua, sin soltarse ni un segundo. Julián la cargó y la ayudó a salir de la piscina, luego salió él y se sentó a su lado. Ambos se miraron en silencio, sonrieron, se siguieron mirando y luegoYiddá rompió el silencio.
Yi: Bueno, ahora hay que ir a competir. Primero hay que secarnos, va a ser un poco… sospechoso que nos vean mojados antes de la primera competencia de piscina.
Volteó a ver a Julián y comenzó a correr antes de que él reaccione. Esta vez él no la persiguió, solo se quedó mirando cómo se alejaba.
Yiddá desapareció por el pasadizo, y Julián decidió quedarse allí, la pausa comercial ya iba a acabar y no valía la pena cambiarse para volver a meterse a la piscina.
Se sentó en el borde y se dedicó a mirar el logo de Combate en la tele que tenía más cerca.
Y en medio de su silencio, escuchó unos pasos por el pasadizo.
La chica con mirada de niñita estaba ahí parada.
Yi: ¿No vienes?
Julián: No, así nomás. Ya va a acabar la pausa.
Yi: Ya.
Regresó al pasadizo, pero antes de entrar a él, volteó y llamó a Julián.
Yi: Por si acaso, me encantan las pastas – le guiñó un ojo- me buscas cuando acabe el programa.
Se fue, y Julián escuchó nuevamente esas risitas, cada vez más enamorado.

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