jueves, 19 de junio de 2014

"Amor En Desencuentro" capítulo 26







Julián descendió del auto y tomó la botella de vino. Esta noche sería todo un reto para él, lo sabía.
La noche anterior había tenido una pesadilla en la que veía a Yidda casarse con Ernesto, y él atado y amordazado en un rincón no podía decir nada.  Yidda había estado alegre y enamorada y en la única ocasión en la que se giró a verlo había odio en sus ojos miel. Julián quiso hablar y no pudo, luchó contra sus ataduras pero estas se clavaron más duramente en su piel.  Se despertó temblando y bañado en sudor justo cuando Yidda decía “Acepto” y el pastor comunicaba que podían besarse. 

Desterró esos pensamientos, Yidda estaba casada con Ernesto pero ella no lo amaba, él lo sabía. Las razones de su matrimonio las desconocía, pero se negaba a creer que Yidda alguna vez se casara por amor.
Caminó hasta la entrada y tocó levemente tres veces. La puerta se abrió suavemente y Ernesto apareció en ella con una sonrisa.

-       Julián – lo saludó con una sonrisa – que bueno verte pasa.
Juli le devolvió el saludo y le dio la botella de vino.
-       No debiste – dijo Ernesto con una sonrisa burlona.
-       No fue un problema- respondió el joven rubio intentando no rechinar los dientes.

Ambos caballeros pasaron a la sala y se sentaron en los amplios sillones.
Julián sacó de su bolsillo el contrato y lo colocó sobre la mesa.
-       No lo quiero –
Ernesto negó con la cabeza y lo recogió.
-       No te invite para hablar de negocios pero creo que lo deberías pensar más.

  Julián lo miró.
-       No Ernesto, no está en venta.
Julián vio como Ernesto tensaba la mandíbula pero no contestó nada.

Su ama de llaves, rosa, entró anunciando que la cena estaba servida. 
Cuando ambos se dirigían a la mesa un movimiento capto la atención de ambos.

Yidda venia bajando las escaleras, altiva y hermosa, orgullosa como solo ella.
Usaba un vestido largo y delicado, color crema y de mangas largas y cuello tortuga, era sencillo y no dejaba su piel expuesta pero se amoldaba a la perfección a cada una de sus curvas.
Julián quiso cargarla en su hombro y correr con ella lejos, pero en cambio solo se quedó allí parado mirándola bajar con su habitual elegancia. 

-       Disculpen la tardanza – se excusó ella tres escalones antes de llegar hasta ellos.
Ernesto la interceptó en el último y la tomó de la cintura. Julián quiso arrancarle los dedos con los dientes. 
-       No te preocupes cariño – Yidda le regalo a Ernesto una sonrisa fría e impersonal.
Ernesto pareció no notarlo y la besó.

Yidda quiso empujarlo de un golpe y correr hasta Julián para refugiarse en sus brazos. En cambio simplemente no reaccionó y dejó que Ernesto acabara.  Cuando este se apartó que ella pudo levantar la vista se encontró con un Julián  completamente sereno, ella miró sus ojos y vio que estaban más oscuros, más peligrosos.

-       ¿¿No es la mujer más bella que hayas visto?? – preguntó Pablo pegándola un poco más a él.
Julián asintió despacio.
-       Ciertamente es muy hermosa.

Ernesto se encaminó hacia el comedor y se llevó a Yidda con él.
-       Pero claro tú vienes de la ciudad, estas acostumbrado a todas esas bellezas, modelos, actrices – continuo parloteando. - ¿Has conocido mujeres así?
-       Si – Julián se encogió de hombros – las conozco.
-       ¿Actrices? ¿Modelos?
-       Ambas, mujeres hermosas en general. -   “aunque yo no pensaría en ellas teniendo a Yidda a mi lado” pensó y se amonestó a sí mismo ¡Diablos! Ni siquiera la tenía y de todas formas no podía pensar en nadie más.

Por otro lado Yidda se removió incomoda en su asiento junto a Ernesto y frente a Julián.
¿Él conocida modelos? ¿Actrices? ¿Mujeres hermosas? ¿Quién era ella para él?
¿Qué hacía con ella teniendo todas esas mujeres?  Él era un hombre increíblemente apuesto seguro todas caían a sus pies.
Se imaginó a un Julián sonriente y rodeado de mujeres bellísimas que no hacían nada más que caer a sus brazos.
Él solo la quería porque ella era quien estaba más cerca, si se hubieran encontrado en la ciudad, en su ambiente él ni se hubiera volteado a mirarla. El pensamiento hizo que un nudo se le formara en el estomago.

Julián vio como se distanciaba, como su aire se hacía más frio y su mirada se hacía dura aunque su semblante seguía tan sereno como siempre.
Quizás el plan de Ernesto no separarlos, pero lo estaba consiguiendo.

Los platos fueron servidos y todos comenzaron a comer mientras Ernesto se jactaba de la magnitud de su negocio y la raza pura de su ganado.
Julian asentía en los momentos adecuados y contestaba cuanto podía. Yidda sonreía, de forma fría, de vez en cuando y contestaba en monosílabas.

Un movimiento hizo que todos se giraran hacia la puerta del comedor solo para ver a una figura menuda pasar corriendo.

-       Angie – la llamó Ernesto con voz estridente.

La joven regresó tras dudar unos segundos.
Tenía un vestido floreal y su pelo suelo enmarcaba sus mejillas sonrosadas.

-       Yo – comenzó a balbucear – lamente interrumpir, no fue mi intención, vine a visitar a Yidda no sabía que estaba ocupada. Mis disculpas.
Yidda asintió despacio y Angie hizo una mueca.

-       Bueno, ya que estas aquí ¿Por qué no te quedas a cenar con nosotros? Claro, si  a nuestro invitado no le importa – se giró para ver a Julián quien le sonrió ampliamente a Angie y esta le regresó la sonrisa, Ernesto alzó una ceja ante eso.
-       Para nada, un honor que nos acompañe.
Las mejillas se Angie se encendieron mas mientras tomaba asiento junto a Julián.

-       Así que… - dijo Ernesto cuando todos estuvieron comiendo – La noche en que fui a llevarte el contrato estabas con una mujer, lo pude notar.
Todos guardaron silencio y Yidda se estrujo las manos bajo el mantel.
-       ¿Una mujer? – preguntó Julián haciendo un gesto confundido mientras intentaba mantenerse sereno.
-       Oh si Julian, una mujer estoy seguro, y perdona mi atrevimiento pero… - Miró a Yidda y luego a Julián mientras una sonrisa sínica se posaba en su rostro. -¿Quién era?



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