- Así que quieres que te venda el terreno – dijo Julián mirando fijamente a Ernesto.
Este se recostó de sillón y asintió.
- Ambos sabemos que no estás hecho para el campo. Julián, eres un tipo de ciudad. – se encogió de hombros – además este contrato es más que generoso, te ofrezco el triple de lo que vale en realidad.
Nicola lo estudió.
- Algo de especial debe de tener si estás dispuesto a pagar esa exagerada suma de dinero.
- En realidad no, tú mismo lo has visto, no vale mucho. Yo podría esperar hasta que quiebre y comprarlo a precio regalado pero esa no es la idea.
Nicola se llevó su copa de vino a los labios.
- ¿y la idea es?
- Que ambos nos beneficiemos con esto. ¿Qué dices?
- Que pareces muy seguro de que fracasare y quedare en bancarrota.
Ernesto se fingió ofendido.
- Jamás insinué eso pero llevar un terreno de esta magnitud de por sí es un trabajo difícil y cuando no se tiene la experiencia pues… bueno, tiende a fracasar
- Aprecio tu interés Ernesto pero no estoy interesado gracias – contestó Julián colocándose en pie.
- Oh vamos hombre – Ernesto lo siguió- ¿Qué harás aquí perdiendo el tiempo cuando puedes estar en la ciudad ocupándote de tus asuntos?
- Este es mi asunto Ernesto y no voy a dejarlo. Lo lamento pero no está a la venta.
Ernesto deposito un contrato sobre la mesa.
- Piénsalo Julián ¿Qué pierdes y que ganas?
- Mucho y poco.
- Como sea tomate unos días para pensarlo – diciendo esto se encamino hacia la salida.
Julian lo siguió y abrió la puerta.
- Se me olvidaba – dijo Ernesto deteniéndose en el umbral. – Mi esposa y yo queremos invitarte a cenar a casa una noche que puedas.
La noticia lo dejo pasmado un segundo. ¿Una cena? ¿Con Yidda y Ernesto como pareja real?
Él nunca los había visto juntos actuando como una pareja, se había limitado a imaginarlos y ese simple hecho le hacía hervir la sangre de rabia. ¿Podría soportarlo?
Se obligo a sí mismo a mantenerse sereno.
- ¿Tú esposa?
- Yidda – asintió Ernesto – estaremos encantados de tenerte en nuestro hogar.
- Realmente no sé…
- ¿Hay alguna razón por la que no podrías ir? – Ernesto alzó una ceja y lo miró fijamente.
“Qué la amo… No soportaría verlos juntos… Y sería la situación más horrible que pueda vivir”
- Para nada – se apresuró a corregir Julián – Yo solo no quiero importunar.
- Oh, no serás molestia para nada. – Ernesto le regalo una sonrisa socarrona. – Piénsalo Julián nos conviene a ambos.- y diciendo eso bajo las escaleras de porche. – Ah – se detuvo en el último escalón – y si ves a mi esposa dile que la espero en casa.
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- ¿Qué hiciste qué? – preguntó Yidda mirando como Ernesto se desnudaba.
- Lo invite a comer con nosotros.
- ¿Por qué hiciste algo así? –
Ernesto se encogió de hombros y le lanzó una mirada altiva.
- Porque se me antojo. Fin. Ahora deja de quejarte y agradece que pase por alto el hecho de que desaparecieras y no me dijeras donde.
- Te dije que estaba con Angie. – se excuso Yidda.
- Me dijiste, ahora que llegue pero debiste decirme antes incluso de irte.
Yidda bufó.
- ¿Esperas que te pida permiso para salir?
- Espero que guardes el debido respeto hacia tu esposo y me comunique todo lo que haces – Ernesto se puso de pie y se acercó a ella.
- Si sales quiero que me lo digas, si entras quiero que me lo digas, Todo.
- Eso es absurdo - se quejó ella.
- Eso es lo que yo quiero y si yo lo digo tú lo haces.
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- Así que enamorado de Yidda – Niko palmeo la espalda de Julian y le pasó el vaso de whisky. – Hermano… estas jodido.
Julián rió sin humor.
- ¿Crees que no lo sé? ¡Diablos! Ella está casada pero…
- Pero no puedes evitarlo.
Niko miró en los ojos de su amigo su tormenta interna.
- Pero no puedo evitarlo. Ella… simplemente se me metió bajo la piel.
- Sé a qué te refieres
- No me sirve que lo sepas, dime como hago.
- ¿Para qué?
Julian se pasó una mano por el pelo con frustración.
- No lo sé. Para tenerla, para olvidarla, algo.
- No se puede, estas jodido, fin.
- Eso no es de consuelo.
Niko rió.
- No planeo consolarte. Yidda está prohibida.
Julian lo miró como si quisiera golpearlo.
- ¿Crees que no lo sé? Sé que está prohibida pero eso no me hace quererla menos.
- Y que se derrita en tus brazos tampoco te hace quererla menos.
Julián suspiró.
- No, en definitiva no.
Niko lo miró con pesar, sabia como se sentía, él mismo lo había vivido con Yamila. Amarla hasta el último instante aun sabiendo que no podría tenerla nunca.
- ¿Estás seguro que es lo correcto?
Julián lo miró sin entender.
- Quedarte, ¿Estás seguro de que debes hacerlo? Digo, no es más fácil que accedas, lo vendas y regreses a tú antigua vida. Sin ranchos en ruinas, sin misterios ocultos, sin mujeres prohibidas.
- Yo… - Juli dudó – a este punto no lo sé pero no voy a irme. Le prometí a Renzo que sacaría adelante este rancho y lo hare, independientemente de Yidda… incluso por Yidda.
- Incluso aunque eso signifique perder tú corazón en el intento.
Julian lo miró con solemnidad.
- Sobre todo porque eso significa perder mi corazón en el intento.

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