- ¿Enserio? - Preguntó Julian soltando una carcajada.
Yidda asintió con la cabeza sin poder hablar de la risa.
- Nos ganamos una cita a la dirección pero nadie volvió a meterse con nosotras.
- Eso no lo dudo – se burló él – yo en definitiva no lo hubiera hecho.
Ella se encogió de hombros.
- Éramos inseparable.
Julián sonrió dulcemente mientras se recostaba del asiento y la observaba. Ella estaba nerviosa, lo sabía.
La cena había transcurrido tranquila, habían comido y hablado, se había conocido y reído.
Ahora Julián sabía que a Yidda le encantaba la actuación y Yidda sabia que Julián tenía una vena artística. Ambos no se habían divertido tanto en años.
- Dime como lo conociste – pidió la joven.
- ¿¿A quién?? – preguntó él confundido.
- A Nikko – Julián rió.
- Nikko era sobrino de Renzo, era su sobrino favorito y lo llevaba todos los años en vacaciones a la ciudad con él. Pasábamos todo el verano jugando los tres.
- ¿¿Los 3??
- Si, Nikko, Diana y yo.
Yidda alzó una ceja.
- ¿¿Diana??
- Si, la hija de Renzo.
Ella no pareció muy entusiasmada con la idea.
- MM… Ya veo – dijo con voz algo cortante. – Y esta Diana era prima de Nikko pero de ti… - dejó la frase incompleta.
¿¿Podría ser?? ¿¿Yidda celosa??
- Para mí era mi hermana – contestó él disfrutando de su evidente disgusto.
Ella pareció relajarse un poco.
- Vale pero… ¿¿Cómo fue que terminaste aquí??
Julian pareció pensárselo y con un dedo largo y elegante recorrió el contorno de la copa. Yidda sintió un escalofrió como si fuera ella el objeto que la esbelta mano de él acariciaba.
- Realmente no lo sé. Fue una sorpresa para mí enterarme de que Juan me había dejado este lugar a mí. Pero antes de fallecer él me dejó muy claro lo mucho que amaba este lugar y estoy comprometido a restablecerlo. No podía hacerlo desde la distancia así que decidí tomarme un merecido año sabático e instalarme aquí una temporada. – la miró con clara diversión – Claro que nadie me informo sobre ciertas vecinitas que me espían desde colinas y me amenazan con degollarme.
Ella rió encantada.
- En mi defensa tú no debiste aparecer por él río, me estaba bañando – Ella vio como un recuerdo se adueñaba de él y hacia su mirada más carnal. – y nunca admití estarte espiando.
Él alzo una ceja.
- Pero lo hacías.
Ella se encogió de hombros y se negó a responder.
La música de fondo cambió y Julian se puso en pie con lentitud tendiéndole la mano. Yidda unió sus dedos a los de él sin pensarlo y lo siguió.
- Todo era perfecto – pensó risueña –
Él la tenía atrapada entre sus brazos y la hacía girar de tal manera que Yidda se sentía la mejor bailarina del mundo. La noche en general no había sido más que perfecta y Yidda quería que no terminara nunca. Le extrañaba y adoraba la forma en que él la hacía olvidarse de todo y vivir el presente.
- No es real – se dijo a sí misma mientras daba otro giro entre sus brazos. No era prudente dejarse llevar por fantasías, solo conseguiría hacerse daño a ella y él.
Angie tenía razón, lo estaba utilizando, para escapar de sus problemas, para escapar de su vida. Julian no se merecía eso, pero que bien se sentía estar entre sus brazos. ¿¿Por qué le costaba tanto estar separada de él??
Julian notó su cambio de actitud y su mirada perdida. Tomó su rostro entre sus manos y la obligo a mirarlo.
- No pienses Yidda – susurró a centímetros de ella – Solo déjate llevar.
Ella dio un paso atrás y lo miró con tristeza.
- No es tan sencillo Julián. Es preciosa esta velada y hace mucho no me divertía así… pero sabes que esto no es real. Sabes que si Ernesto se entera te matara. Sabes que entre nosotros no puede haber nada.
- Sé que no me importa – La miró y volvió a tomar su rostro entre las manos. – Esto es real, tú y yo, y este momento es real.
- ¿¿Hasta cuándo?? – preguntó ella con un matiz desesperado.
- Hasta que nosotros queramos.
Ella se sintió frustrada y se alejó de él.
- No es así y lo sabes. Te guste o no estoy casada con Ernesto.
- Pero no lo amas.
- Pero no voy a dejarlo.
Julian la miró.
- Y yo no entiendo porque, tú no lo amas.
Yidda se sentía presa, la situación era diferente. Julian era diferente. Ella era una estúpida por haber aceptado esa cena.
- A ti tampoco – contesto con acido – a ti tampoco te amo.
Por un segundo ella pudo ver… ¿¿Dolor?? En su semblante que luego camuflajeo.
- Lo sé y no te pido que lo hagas. – respondió con voz serena –
- ¿¿Entonces qué pides?? ¿¿ Que es lo que quieres??
- A ti – contestó Julián con voz implacable antes de tomarla por la cintura y besarla con rudeza.
Yidda sabía que estaba mal, pero también sabía que ella sola se había metido allí. Ese era desde un principio el final de esa velada. Ella siempre lo supo y aun así fue ¿¿Por qué?? ¿¿Por qué no podía negarse a él?? … Porque solo él la hacía sentir eso, ¿¿Eso?? ¿¿Qué era eso??¿¿Deseo, Amor??¿¿Qué sentimiento la llenaba??
Yidda no quiso seguir pensando, solo quiso sentir, los labios dulces y exigentes de él sobre los suyos, fuertes y suaves que la instaban a abrir la boca y dar paso a sus lenguas que se trazaron juntas en un juego sensual y perfecto. Como siempre sus manos no la decepcionaron y parecieron multiplicarse al recorrer su cuerpo con tanta maestría y sensualidad que ella sintió las piernas flaquear.
¿¿Por qué ella no podía resistirse a él??
Por eso, porque solo Julian la hacía sentir viva.
Julián enfilo y recorrió la cintura de la joven.
¡¡Qué bien se sentía tenerla entre sus brazos abrazarla de esa manera!!
Ella era tan dulce, era tan suave y tan perfecta.
Él bebió la miel dulce de sus labios y se embriago con su perfume. Su cuerpo esbelto quedó a su merced apoyado a él. Julián había querido recorrerla desde que la vio entrar tan exquisita con ese vestido, amaba la forma en que se amoldaba a cada curva, él quería recorrer con las manos cada contorno, mejor con los dientes, esa piel tan blanca y suave.
Deseaba a esta mujer con cada fibra de su cuerpo.
Julián la tomo por la cadera y la pegó a él. Yidda tuvo un momento de pánico al sentir la dura prueba de su excitación contra su vientre. Él único hombre con el que había estado era Ernesto y cada encuentro representaba una tortura para ella.
Julián abandono su boca para regar besos en su cuello y ella cerró los ojos ladeando la cabeza para darle mejor acceso, el miedo se había ido. Julián nunca le haría daño, ella lo sabía y sus caricias la estaban desquiciando. En vez de sentir esas ganas inmensas de alejarse que sentía junto a Ernesto, el hecho de no poder estar más pegada a Julián la frustraba. Ya no era suficiente. Necesitaba más. Necesitaba fundirse con él.
Él pareció sentir lo mismo porque la alzo y ella enrosco sus piernas a su alrededor. La dulce fricción hizo que ambos soltaran un gemido ahogado. Julián recorrió con la mano las piernas de la joven y ella sintió un hormigueo en su centro.
- Alguien te dijo que tienes las piernas más increíbles del mundo - susurró él entrecortadamente contra su boca.
Yidda rió como una colegia y lo beso con mayor fuerza.
Dando tumbos ambos se dirigieron hacia el sofá y cayeron en el. Ella no se resistió y llenó de besos el cuello del joven. Amo la forma en que él se estremecía con sus caricias.
Sentada a horcansas sobre él se sentía fuerte y poderosa y siguiendo un impulso soltó uno a uno los botones de él.
Su pecho bronceado y musculoso quedó a la vista y ella se extasió de él. Volvió a besarlo con fuerza mientras la pasión los arrastraba a ambos.
Julián tomo en sus manos el cierre del vestido y la miró inseguro.
Ese gesto, esa mirada pidiendo permiso, sabiendo que él no haría nada que ella no quisiera la desarmo. Tomo su mano y lo obligo a bajarlo.
Debajo del ceñido vestido había, nada. Y Julián la contemplo con tan adoración que Yidda se sonrojo.
Su cabello caía en cascadas por su cara cubriendo sus desnudos pechos. Yidda con la mirada encendida y los labios hinchados de sus besos era la imagen más hermosa que él hubiera visto nunca.
Sus suaves senos grandes color marfil contrastaban con sus rosadas puntas parecían llamarlo a gritos pidiendo que los acariciara. Ella era la más bella y seductora de las criaturas
- Eres preciosa – susurró con adoración antes de llevar sus mano a los suave senos de la joven.
Yidda gimió en su oído y Julián la recompenso con una caricia más atrevida y un roce más excitante.
Ella ya no podía para, él ya no quería hacerlo. Ambos estaban envueltos en una espiral de sensaciones y pasiones de la que no podían desprenderse.
Julián la tomo por la nuca y la hizo besarlo. Sus manos siguieron indagando igual que los del ella y ambos se vieron arrastrados por algo más grande que los dos.
Tres golpes en la puerta hicieron que ambos se separaran de golpe. Julián frunció el ceño y Yidda intento calmar su agitada respiración.
- Abre vecinito tenemos que hablar – ambos se quedaron paralizados y Julián leyó el miedo en los ojos de Yidda.
Era… Ernesto.

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