viernes, 9 de mayo de 2014

"Una Princesa En Casa" capítulo 13

                             






Estaba tan seria que Nicola se puso nervioso. ¿Querría pedirle permiso para abandonar el trabajo antes de la Navidad, en vez de esperar hasta enero?



-Normalmente, consideraría que esto no es asunto mío -continuó diciendo Angie-, pero esta noche he tenido una conversación con Ariana bastante inquietante y si quiero tener alguna oportunidad de asentar mi relación con ella creo que necesito saber... Bueno, será mejor que haga ya la pregunta -tomó aire-: ¿Cómo murió exactamente la madre de Ariana y de Adriano?


Ah, así que era esa la pregunta. Nicola sabía que tenía que llegar antes o después. Se levantó de la silla y se volvió, apartándose de la firmeza de su mirada.

-Supongo que habrás oído los rumores -comentó mientras se acercaba nuevamente hacia el bar.
-Sí. Y aunque creo que es importante conocerlos, porque seguramente los niños también los oyen, quiero que sepas que no me los he creído en ningún momento -rió suavemente-. Aunque supongo que lo sabes, pues encaso contrario no estaría aquí en este momento, ¿verdad?

Nicola ya había bebido demasiado aquella noche, así que se sirvió una refresco de limón con la única intención de poder tener algo entre las manos.

-Andrea murió de cáncer. Todo sucedió terriblemente rápido. Le diagnosticaron la enfermedad y murió tres meses después -se volvió hacia ella-. Para los niños fue devastador.
-Y supongo que también para ti -dijo suavemente-. Lo siento.
-Andrea tenía un tumor en el estómago y otro en el cerebro que no se podía operar. Fue un proceso terriblemente doloroso. El cáncer se extendió por todo su cuerpo, pero ella decidió no pasar por el quirófano. Al fin y al cabo, no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir.
-Oh, no sabes cuánto lo siento -susurró nuevamente Angie.

Era extraño. Normalmente, cuando la gente pronunciaba aquellas palabras, parecía estar repitiendo una frase hecha. Pero Angie lo sentía verdaderamente, Nicola podía verlo en sus ojos.

-Andrea también decidió que no la ingresaran en el hospital. Quería estar cerca de los niños hasta el final, pero ahora mismo no estoy seguro de que fuera una decisión acertada. Sufría unos dolores terribles e intentar disimularlos delante de Ariana y de Adriano le robaba muchas fuerzas. Era muy duro para ella. Y también para los niños. Estoy seguro de que no entendían nada de lo que estaba ocurriendo.

Había bajado la guardia y Angie podía ver reflejada en sus ojos una inmensa tristeza. Nicola era un hombre acostumbrado a luchar y ganar, pero aquella había sido una pelea en la que no había tenido una sola oportunidad. Parecía tan vulnerable en ese momento, tan perdido...

-¿Murió aquí? -preguntó Angie suavemente-. ¿En casa?
-Sí -contestó Nicola en un susurro. Forzó una sonrisa-. Y ahora Ariana cree que su espíritu se dedica a vagar por los pasillos de la casa.

Ariana le había contado a Angie que Andrea había tenido una muerte violenta. Para una niña de diez años debía de haber sido estremecedor perder a su madre de forma tan repentina. Y el dolor de su madre debía haberle parecido terriblemente violento.

-No sé lo que piensa Adriano -continuó Nicola. Se acercó a la ventana y fijó la mirada en el exterior-, porque nunca habla conmigo.

Parecía tan terriblemente solo estando allí, con el vaso de refresco en una mano y frotándose el cuello con la otra...

-Tienes que darle algo más de tiempo a Adrianito -le aconsejó ella. Se le había ocurrido una idea para que Adriano volviera a hablar, pero no quería decirle nada a Nicola para no crearle excesivas esperanzas. Su plan consistía en hacer visitas regulares a la perrera después del colegio, donde al parecer necesitaban desesperadamente voluntarios para cuidar a los perros abandonados que allí vivían.
-Ya estamos cerca de su cumpleaños. Va a cumplir siete. No tengo ni idea de a qué compañeros de clase deberíamos invitar para la fiesta. Ni siquiera sé si tiene amigos.
-Su profesora dice que es un niño muy callado -lo informó Angie-, pero hay un par de niñas, Elizabeth y Ximena, que juegan siempre con él.
-Probablemente no tengan perro en casa -bromeó Nicola. 

Angie no pudo evitar una carcajada. Nicola se volvió y, durante un instante terrible, la joven no fue capaz de interpretar la expresión de su rostro. Hasta que lo vio sonreír. Era una sonrisa irónica, pero una sonrisa al fin y al cabo.

-Me alegro de que nos encuentres divertidos -dijo-. La mayoría de la gente huye de nuestro lado en cuanto puede.
-Adoro a tus hijos -le dijo Angie. 
-Aja. Entonces, si huyes repentinamente ya sabré de quién estás escapando.
-No seas tonto.-Nicola volvió a sonreír.
-Tonto. No es algo que me llamen cada día -bajó la mirada hacia el vaso que tenía en la mano-. Me alegro de que te gusten los niños.
-Y también me gusta usted, señor Porcella -Nicola la miró fijamente y Angie le explicó-: No quiero que te lleves una idea equivocada, y tratándote de usted me parecía que sonaba menos descarado.


Fue entonces Nicola el que soltó una carcajada.

-Me alegro de que tú también me encuentres divertida -le dijo-. Reírse de vez en cuando le viene bien a todo el mundo.

Nicola se apoyó contra el alféizar de la ventana y la miró.
Era curioso. Aquella conversación había dado un extraño giro. Si no hubiera sido porque Angie había dejado muy claro que no era eso lo que pretendía, parecería que estaban flirteando.

-Por favor -le pidió-, no dejes de tutearme, te prometo que no me llevaré una idea equivocada. Siempre y cuando tú no me malinterpretes si te pido que seas mi pareja en una aburrida ceremonia a la que tengo que ir el martes por la noche.

Angie no se lo podía creer. ¿Realmente Nicola Porcella estaba pidiéndole que saliera con él?

-Aburrida -repitió, con el pulso ligeramente acelerado-. Cuando dices «aburrida», ¿a qué te estás refiriendo exactamente?
-A mi socio le han dado un premio que yo tengo que ir a recoger por él. Por alguna razón, mi madre cree que despertaré menos rumores si no voy solo -se acercó al mueble bar y dejó el vaso en la pequeña barra-. He pensado que podríamos cenar con los niños y con Cathy, pasarnos por la cena a la hora del postre, recoger el premio y estar de vuelta en casa a las diez y media. ¿Qué te parece? ¿Estás dispuesta a evitarme la compañía de Priscila Howarts por segunda vez en una semana? Aquello no era una verdadera cita y Nicola acababa de asegurarse de que lo entendiera.
-¿Has estado hablando con Ariana?
-¿Con Ariana? -preguntó Nicola confundido.
-Déjalo -replicó ella-. Ha sido una coincidencia. Por supuesto que iré contigo. Estoy dispuesta a hacer cualquier cosa para evitar que Priscila Howarts te agarre.
-No es eso lo que he dicho.
-Quizá no con palabras, pero lo has insinuado -vaciló un instante-. Aunque me temo que no tengo nada que ponerme...

Nicola se sacó la cartera del bolsillo y le tendió una tarjeta de crédito.

-Quería habértela dado antes. He puesto una cuenta a tu nombre en el banco. Lo único que tienes que hacer para poder usar la tarjeta es firmarla. ¿Crees que tendrás tiempo de aquí al martes para ir a comprarte algo?

Angie tomó la tarjeta. En ella aparecía su nombre en letras doradas.

-Si no tienes tiempo, hay algunas boutiques en las que se pueden hacer compras a distancia. Ariana puede ayudarte a buscarlas por Internet.

-Nicola, no es necesario. Yo puedo comprarme todo lo que necesito -Angie intentó devolverle la tarjeta.
-No, este gasto me corresponde a mí -repuso Nicola, dando por zanjada la discusión. Se dirigió hacia la puerta.-. Y ahora, vete a la cama, ya te he entretenido demasiado.

Angie se metió la tarjeta en el bolsillo, aunque no pretendía usarla.

-Supongo que no hay ninguna posibilidad de que tu socio aparezca de pronto y pueda asistir a la ceremonia.
-En lo que al loco de Rafael concierne, siempre hay alguna posibilidad de que ocurra algo inesperado.
-Porque he estado hablando con mi her... -se interrumpió bruscamente. Había estado a punto de decir su «hermana»-, con mi amiga, la princesa Jazmín. Por teléfono, claro -Dios santo, ¿por qué tenía que parecer tan nerviosa? Se imaginaba perfectamente a James Bond observándola detrás de Nicola y sacudiendo la cabeza disgustado por su torpeza. Tomó aire y sonrió-. Jazmín cree que pudo coincidir con tu socio en una ocasión. Me ha pedido que le dé un mensaje, así que espero que cuando vuelva me avises.
-Claro, te avisaré. Qué pequeño es el mundo, ¿eh?
-Mucho.
-Mañana tengo que madrugar, así que, si no te veo, espero que tengas un buen día.
-Gracias e igualmente.

Mientras se alejaba, Nicola estuvo pensando en lo que Angie le había dicho. Le había confesado expresamente que le gustaba. Y el sentimiento era completamente mutuo.
El martes por la noche iba a ser divertido. Por primera vez desde hacía años, Nicola esperaba con anhelo una velada.

Una velada que iba a pasar en compañía de Angie Gutiérrez.

Su amiga, se recordó. Simplemente su amiga.



Continuará!

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