Capítulo
me senté rápidamente.
—¿Qué demonios?
Nicola puso su mano en mi hombro.
—No te levantes —dijo severamente. Jesús, ¿el condenado chico estaba siendo
arrestado y todavía estaba preocupado por mí?
—¡Esto es estúpido! ¡No pueden arrestarlo, no fue su culpa! —grité
desesperadamente, mirando a los dos hombres que estaban observando a Nicola
ponerse sus zapatos.
¿Por qué demonios está tan calmado con esto? ¿Esperaba que algo así sucediera?
—Ha habido un serio reclamo, Señorita. Necesitamos investigarlo —declaró el
hombre, sin siquiera molestarse en mirarme.
—Ángel, todo está bien. No te preocupes —me aseguró Nicola. ¿Bien? ¿Cómo esto
está bien? Se giró para mirar al hombre que sostenía su brazo—. ¿Puedo besar a
mi novia? Acaba de tener un aborto espontáneo —rogó. El rostro del hombre se
suavizó levemente y soltó su brazo. Nicola se inclinó y me besó suavemente en los
labios—. Te amo, Ángel. No empieces a estresarte por mí. Necesitas descansar —
ordenó, acariciando suavemente mi rostro.
Mientras se alejaba, entré en pánico. No podía dejarlo ir, lo necesitaba. Lancé mis
brazos alrededor de su cuello y me negué a soltarlo.
—Por favor no se lo lleven, ¿por favor? Esto no fue su culpa, todo fue mi culpa.
Debería sólo haberme quedado en su casa. No debería haber ido a casa, ¿por
favor? —rogué, agarrando mis manos en el cabello de Nicola, sollozando en su
hombro.
—Señorita, tiene que dejarlo ir ahora —declaró el mismo hombre. Tensé mi agarre
en Nicola, probablemente lastimándolo pero él no se quejó—. ¡Señorita! —ladró el
hombre.
Nicola frotó sus manos por mis brazos suavemente, desenganchando mis manos de
su cabello. Cuando estuvo libre de mis brazos, se alejó para mirarme.
Estaba estresado y preocupado, podía decirlo por sus ojos.
—Te amo —prometió, besándome suavemente en los labios de nuevo.
—También te amo —susurré, no confiando en mi voz para hablar de nuevo.
Nicola se puso de pie y el hombre inmediatamente llevó sus manos detrás de su
espalda, esposándolo. Los ojos de Nicola no dejaron los míos mientras sentía mi
corazón rompiéndose de nuevo. Pensé que después de perder al bebé que nada
podría ser más doloroso. Estaba equivocada.
Observé mientras lo llevaban hacia afuera de la habitación dejándome sola. Me
sentí enferma. No podía dejarlos hacer esto, esto no era su culpa. Podría presentar
cargos también, entonces verían que mi padre me golpeó primero, y luego Nicola
sería liberado porque estaba defendiéndome. Pero no lo dejarían libre por eso,
¿no? Defenderme es una cosa, pero él se volvió loco, nunca creerían que lo que
hizo fue en defensa propia.
Pongo mis manos sobre mi rostro, intentando pensar en algo. En cualquier manera,
Nicola se metería en problemas por esto porque mi padre había presentado cargos,
aún si presentaba cargos contra mi padre, los cargos de Nicola seguirían en pie.
Autodefensa o no, aún sería acusado porque lo hizo a pesar de que fue
provocado. No puedo tomar el riesgo de que fuera liberado. ¿Y si no lo era? ¿Y si
era enviado a la cárcel por esto y lo perdía?
En la única cosa que podía pensar era en conseguir que mi padre quitara los
cargos. Tomé mi teléfono y llamé a Israel. Contestó en el segundo tono.
—Israel, Nicola fue arrestado —dije simplemente.
—¿Qué demonios? ¡No hay manera! —gritó, haciéndome encogerme lejos del
teléfono levemente.
—Israrl, mira me dejarán salir esta tarde, ¿así que puedes traerme algo de ropa
limpia para ese momento? —pregunté, intentando mantener la calma.
—Sí, estaré allí en como veinte minutos —accedió. Podía escucharlo haciendo un
estrépito en el fondo, probablemente lanzando todas mis cosas en un bolso o algo.
—Gracias. —Cerré mi teléfono, presionándolo contra mi frente, pensando. ¿Había
otra manera? Sólo no podía ver otra opción.
Mis manos estaban temblando, estaba asustada como el infierno, pero marqué el
número de teléfono de la casa de mi padre. Sonó por un largo tiempo. Justo
cuando me iba a rendir, contestó. Su voz estaba gruesa de sueño; envió un
estremecimiento por mi columna. Cerré mis ojos con fuerza.
—¿Hola? —De alguna manera se las arregló para sonar aterrador con una palabra.
—Soy Angie —dije, tragando el nudo en mi garganta.
Él rió.
—¿Y qué puedo hacer por ti, Angie?
—Quiero que quites los cargos contra Nicola —contesté, intentando sonar segura.
Rió de nuevo.
—No voy a quitar los cargos, ¡ese cabrón rompió mi nariz! Deberías ver lo que le
hizo a mi rostro —gritó, haciéndome estremecer. ¿Cómo es que aún me asusta, y
tan sólo estaba al teléfono?
—Por favor, por favor no hagas esto, ¿por favor? —rogué, intentando no llorar.
Él suspiró.
—¿Quieres que quité los cargos?
—Sí —contesté, secando las lágrimas de mi rostro.
—Ven a mi casa y hablaremos sobre eso —declaró, sonando entretenido.
¿Ir a su casa? Oh Dios mío, ¿está bromeando?
—Por favor quita los cargos. Sabes que me golpeaste primero, ¿por favor? —
rogué, sintiendo la bilis subir por mi garganta, le encantaba mantener esto en mi
cabeza podía notarlo.
—Ven a mi casa y hablaremos sobre eso —repitió.
Levanté la mirada al reloj; Israel estaría aquí en como diez minutos.
—¿Puedo llevar a Israel? —pregunté, sabiendo que era la pregunta más estúpida
que había preguntado en mi vida. ¿Por qué en la tierra podría llevar a Israel? Si
estaba algún lugar cerca de él entonces no tendríamos que preocuparnos por
cargos, porque estaría enterrado a un lado de una carretera en algún lugar.
—No. ¡Deja a ese cabrón fuera de esto! —gruñó.
Oh Dios, ¿puedo hacer esto? ¿Realmente puedo ir allí y hablar con él? ¿Era lo
suficientemente fuerte? Sabía la respuesta a esa pregunta. Haría cualquier cosa por
Nicola, aún si tenía que matar a mi padre yo misma para detenerlo de presentar
cargos. Sin víctima, no hay crimen.
Me tragué mi miedo.
—Bien, estaré allí en una hora —dije silenciosamente mientras cerraba mi teléfono,
desesperadamente intentando no tener un ataque de pánico. Necesitaba ser fuerte
ahora.
Me recosté en la cama e intenté calmarme. No podía demasiado alterada cuando
Israel viniera, de otro modo no querría dejarme sola. Yací allí, contando las losas de
espuma en el techo, intentando no pensar en algo más. Llegué a 867 antes de que
Israel entrara corriendo a la habitación. Lucía realmente cansado y estresado.
Apostaría mi último centavo que no había dormido muy bien anoche. Me atrajo a
un abrazo suavemente e intenté no estremecerme mientras lastimaba mi estómago
y caderas.
—Mierda, Angie, esto es malo. —Sacudió su cabeza, luciendo ambos enojado y
preocupado al mismo tiempo.
Asentí; necesitaba sacarlo de aquí rápido.
—Israel, necesito que vayas a la estación de policía y veas si hay algo que puedas
hacer por Nicola. No me dejarán salir hasta esta tarde, así que no puedo ir —ordené,
presionando su mano.
Él asintió, luciendo preocupado.
—¿Estás segura de que no quieres que me quedé aquí contigo por un rato? ¿Estás
bien?
Asentí y sonreí débilmente.
—Sólo necesito que Nicola esté bien. Así que si puedes hacer eso por mí, Isra —
pedí, asintiendo hacia la puerta.
Me abrazó de nuevo.
—Bien. Te llamaré si escucho algo. —Besó la parte superior de mi cabeza y puso un
bolso con mi ropa en el suelo junto a mi cama—. Si te dejan salir, llámame y vendré
a buscarte y te llevaré a casa —dijo severamente.
Asentí y lo atraje a otro abrazo para no tener que mentirle a la cara.
—Bien. Por favor anda a ver si puedes hacer algo —rogué.
—Cierto. Te veré en un rato. —Sonrió de modo tranquilizador antes de girarse y
correr fuera de la habitación.
Le di un minuto para irse antes de que apretara el botón de llamada en la muralla.
Una enfermera entró en un minuto.
—Hola, ¿cómo te estás sintiendo hoy? ¿Necesitas más analgésicos? —preguntó,
sonriendo amablemente.
Sacudí mi cabeza.
—No, necesito darme de alta. Mi hermano fue a buscar el auto. Mi mamá ha tenido
un accidente. Necesito irme —mentí, balanceando mis piernas fuera de la cama.
—Angie, no puedes sólo irte, tuviste una cirugía ayer —frunció el ceño.
—El doctor dijo que podía irme a casa esta tarde. Son sólo unas pocas horas antes
—repliqué, agarrando el bolso que Israel trajo y comenzando a ponerme mi ropa,
estremeciéndome levemente mientras me movía.
—¡Angie, no deberías salir de la cama todavía! Aún si eres dada de alta esta tarde
sería para estar en cama por un par de días —explicó, frunciéndome el ceño.
—Mira, aprecio tu preocupación, pero me iré de este hospital ahora. No puedes
mantenerme aquí en contra de mi voluntad. Conozco mis derechos. Puedo darme
de alta temprano siempre que firme una forma diciendo que me voy contra las
órdenes del doctor para que no pueda demandarlos después —dije severamente.
Ella comenzaba a molestarme; no tenía tiempo para esto.
Me miró un poco sorprendida antes de asentir.
—Iré a buscar un doctor —murmuró, dirigiéndose a la puerta.
—Dígale que traiga las formas con él, no tengo tiempo para esperar —solicité,
mordiendo mi labio. Estaba ansiosa para terminar con esto; necesitaba a Nicola fuera
de problemas, ahora. Terminé de vestirme y guardé mis cosas y me senté en la
cama, impacientemente observando la segunda manilla del reloj avanzando.
Finalmente, luego de lo que se sintió por siempre pero probablemente como tres
minutos, un doctor entró mirándome severamente.
—Angie, no recomiendo que dejes el hospital todavía —declaró.
Sacudí mi cabeza.
—Mi mamá ha tenido un accidente; necesito ir con mi hermano. Está en el auto
esperándome, necesito irme ahora. Sólo muéstreme dónde firmar. —Asentí hacia el
sujetapapeles en su mano.
Él suspiró y me pasó la forma apuntando el final.
—Básicamente es un permiso, diciendo que te he recomendado quedarte en el
hospital y te estás yendo en contra de mis órdenes —explicó mientras firmaba mi
nombre en los tres lugares que apuntó. Asentí y se lo devolví, agarrando mi
bolso—. Necesitas tomarlo con calma, Angie. Si comienzas a sentirme mareada o
débil, regresa. Si comienzas a sangrar mucho o tienes dolores fuertes, más fuertes
que los normales calambres menstruales, tendrás que volver inmediatamente —
ordenó, mirándome preocupado.
Asentí confirmando.
—Lo haré. Necesito irme. Gracias por cuidarme —repliqué, ya haciendo mi camino
hacia la puerta. No me detuve para mirar atrás; caminé lo más rápido que pude
hacia la parada de taxis y salté en el primer taxi disponible, dándole la dirección de
mi padre.
Tomé mi teléfono y revisé la batería, haciendo un nuevo grupo familiar con Israel,
Nicola, Erick, Ana Karina, y el teléfono de mi mamá en él.
Escribí un mensaje para Israrl, listo para enviarlo cuando llegara allá. Adiviné que
serían como quince minutos de manejar rápido de la estación de policía a la casa
de mi padre, lo que sería lo suficiente para hacer que mi padre quitase los cargos y
que Israel llegase antes que algo sucediera. Al menos, esperaba que lo fuera.
Cuando el taxi se detuvo afuera de su casa estaba tan nerviosa que mis manos
estaban temblando.
—¿Estás bien allí, cariño? —preguntó el conductor, mirándome preocupado.
—Sí, estoy bien. Gracias —murmuré, pasándole el dinero, tomando profundas
respiraciones para intentar y calmarme.
Cierro la puerta del taxi y le envío a Israel el mensaje que tenía ya escrito:
“Estoy en lo de papá. Por favor ven a buscarme, ahora. NO ME REGRESES LA
LLAMADA. Angie x”

nooooooooooo ,angie no hagas eso !!!!!!!!!!!! Cada ves más interesante y angustiante...POR FAVOR SUBE OTRO RAPIDO !!!!!!
ResponderEliminar