Julián noto que Ernesto se fijaba en su presencia.
Había visto como interactuaba con la joven y había sentido rabia al imaginarse a Yidda en casa con un delantal y las mejillas llenas de harina y sonrosadas mientras le preparaba la cena a su esposo. Luego vio a Ernesto coquetear con la joven mientras Yidda posiblemente lo esperaba en casa y quiso romperle la cara.
Si él fuera su marido, y una sensación cálida lo invadió al decir eso, jamás la dejaría sola, simplemente le demostraría lo mucho que la amaba y la respetaría por sobre todas las cosas. Pero él no era el esposo de Yidda y el verdadero lo miraba con rudeza desde la barra.
Pago su cuenta y se encamino hacia la puerta donde Angie lo intercepto.
- Lo prohibido se vuelve tentador Juli, pero no dejes que el misterio te consuma – sin más lo beso en la mejilla y se fue.
Juli salió al aire de la noche algo confundido y una voz lo detuvo.
- De visita Turista??
Aunque Julián nunca lo había escuchado reconoció esa voz.
- No – se giro para encarar a Ernesto – soy el nuevo dueño de Mandaya, Julián Zucchi, y vine para quedarme.
Ernesto pareció sorprendido.
- Así que al final el viejo vendió las tierras. –
- No – Juli lo miro ceñudo – Renzo Falleció.
De nuevo una expresión de sorpresa en el rostro de Ernesto.
- Bueno – Ernesto hizo una pausa- supongo que debo darle el pésame a la bella Diana.
La sonrisa cínica de Ernesto hizo que a Julián lo recorriera un escalofrió.
- Supongo – respondió caminando hacía su auto.
- Piensas quedarte mucho aquí??- Ernesto camino a su lado.
- Hasta devolver a Mandaya su vieja gloria. – La carcajada de Ernesto lo irrito.
- Eso es una causa perdida – dijo el morocho entre risas.
- Y tu quien eres pare dictaminar eso??? – Pregunto Julián deteniéndose para encararlo.
Ernesto lo miro socarronamente.
- Ernesto Jiménez, el dueño de las tierras Jiménez, en realidad creo que somos vecinos.
Julian reanudo la marcha sin contestar hasta llegar a su auto.
- Cuando quieras pasarte encantado te muestro mis tierras y a mi familia. –
Juli sintió un nudo en el estomago al escuchar eso y alzo una ceja.
- Familia??
- En realidad somos solo mi esposa y yo. Yidda.
La mirada de ambos hombre brillo ante la mención de la joven.
- Yidda – repitió Juli y el nudo en su estomago creció.
- La perla más hermosa que puedas encontrar, nadie se compara a ella – Julian sabía muy bien eso, pero quiso golpearlo por exhibirla como si fuera un trofeo.
- Te refieres a la mujer que estaba en el bar?? – Juli no pudo resistirse a picarlo.
Ernesto pareció desconcertado por un momento y luego su ceño se frunció.
- Karen es solo una amiga. – dijo restándole importancia.
- Y tu esposa sabe de tus amigas?? – Julián sabía que jugaba con fuego pero estaba demasiado molesto con la actitud de Ernesto como para importarle.
- Mi esposa atiende sus deberes de esposa – Contesto Ernesto claramente más molesto.
Julián quiso escupirle.
- Lo que no entiendo es… - ataco Julián de nuevo – porque teniendo una esposa tan (Increíblemente perfecta) Especial como dices estas aquí en un bar.
Cuando Ernesto se disponía a contestar Juli se monto en su auto.
- Cuidado Ernesto, no sea que por andar de juerga la exquisita belleza que tienes en casa se canse de esperar.
Ernesto se quedo solo en medio de la calle bastante molesto y aun más confundido cuando Juli arranco sin darle el chance de contestar.
Julián cabalgaba recorriendo el final de sus tierras. Las montañas imponentes se alzaban ante él y el sol inclemente calentaba su piel.
A lo lejos escucho el ruido de aguas. Él caballo alzo la cabeza hacía el sonido, su instinto no le fallaba. Reanudo la marcha y con energías renovadas se acerco al comienzo del bosque donde el tronar del rio se hacía más intenso.
Descendió del caballo y se abrió paso entre la maleza.
Al llegar a la fuente del rio, se quedo preso de una visión.
Una voz serena y dulce lo hechizo de inmediato. Se agacho en las sombras y la observo.
Las gotas de agua perlaban su piel y el sol la hacía brillar.
Estaba sentada en una roca cual sirena y su cabello brillante se mecía cada vez que se agachaba.
Julian estaba hipnotizado no podía moverse, jamás había visto un ser más hermoso.
El caballo negro de la joven se acerco a ella y movió sus crines salpicando agua en todas direcciones.
Yidda dio un respingón y soltó una carcajada cuando las gotas impactaron en su piel.
Ella era un ángel cuando sonreía con esos encantadores hoyuelos.
Juli recorrió su cuerpo con una mirada y una oleada de deseo lo atravesó tan fuerte que lo obligo a apartar la vista.
Ella vestía encaje, solo una diminutas bragas de encaje color azul marino y un sostén a juego.
Toda su piel dorada y expuesta parecía llamarlo a tocarla.
Era la mismísima imagen de la seducción.
Julián lentamente retrocedió antes que la prueba física de su deseo le dificultara más el camino de regreso.
El caballo tras el relincho y Julián se acerco a él para calmarlo antes que Yidda se diera cuenta de su presencia cuando un cuchillo brillo ante él para afincarse en su garganta.

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