martes, 25 de marzo de 2014

"Amor En Desencuentro" capítulo 6




Capitulo VI
Yidda cabalgaba por las viñas desgastadas del terreno vecino. Kilómetros de tierra se extendían ante ella mientras las recorría a toda velocidad al lomo de su caballo. Una casa enorme e imponente se alzaba frente a ella. Bajando la velocidad se propuso estudiarla, parecía desgastada pero fuerte.
Esa mañana había ido al pueblo y Angie le había comentado sobre el nuevo dueño de “Mandaya“. Esas viejas tierras habían pasado años sin dueño y la curiosidad picaba a Yidda.
Al girar en una de las esquinas de la casa Yidda se topo con una muy bien formada espalda, de piel bronceada y músculos firmes, hombros anchos y caderas estrechas, piernas fuertes se podían vislumbrar por los vaqueros roídos.
El sonido del galope del caballo pareció alarmar al hombre que levantando la cabeza y girándose la encaro. Yidda lanzo un silbido mental frente a ese perfecto pecho y ese bonito y bien definido abdomen.
-       Los citadinos no suelen tener tan buen físico – Dijo Yidda bajando de un golpe del caballo.
-       Las mujeres casadas no suelen andar mirando a pobres hombres indefensos.

La risa de Yidda resonó en la tarde mandando vibraciones al cuerpo de Julián.     
Ella lo estudio y se acercó lentamente con paso felino como asechando.
-       Así que tu eres el nuevo dueño??
-       A su disposición señorita – Respondió él abriendo los brazos.

Ella lo ignoro y camino hasta la cerca que él se encontraba arreglando antes de su llegada.
-       Porque un hombre importante como tu no manda a arreglar su cerca?? Tienes el dinero – Se giro para verlo – O no??
Julián alzo una ceja y sonrió.
-       Has venido hasta aquí para preguntar por mis cuentas bancarias?? – Se cruzo de brazos sobre el pecho y ladeo la cabeza.
Ella paso una mano por la madera recién lijada.
-       No.  Vine aquí para conocer al nuevo dueño de estas tierras.
-       Porque??
Ella se encogió de hombros.
-       Curiosidad. Simple y llana curiosidad.

Julián descruzo los brazos y camino hasta ella.

-       Y que opinas?? – Pregunto parándose detrás.
-       Sobre que?? Sobre tu aquí?? – ella se giro alzo los ojos para encontrarse con su mirada azul.
-       Si – Fue todo lo que él respondió.

Yidda sintió la repentina necesidad de poner distancia, girando sobre sus talones se encamino a su caballo y lo montó de un movimiento.
-       Mi opinión no interesa. – respondió ella desde arriba.
-       A mi me interesa – Ella se abstuvo de preguntar “porque”.
-       Pues no la tendrás – y de una zanjada cerro el asunto.

Julián lo dejo pasar.
-       Hermoso espécimen – Dijo refiriéndose al caballo mientras caminaba hacia ella.
-       No te acerques tanto porque puede hacerte daño, no se fía de extraños. 

Julián la ignoro y camino con paso decidió hacía el hermoso animal. Sin pensarlo estiro la mano y acaricio el hocico del caballo quien a su tacto se relajo y restregó la cabeza en su palma extendida.

Yidda lo miro con sorpresa, su caballo nunca había dejado que lo tocaran salvo Yamila y ella.
No dijo nada y aparte de un leve brillo en sus ojos no demostró ningún pensamiento.

-       Así que  también encantas animales – La voz de Yidda era divertida.
-       También?? –Julián alzo una ceja- A quien mas encante??

Rocío quiso morderse la lengua. 

-       A todo en el pueblo – respondió encogiéndose de hombros – eres el tema del momento.

La sonrisa torcida de Julián le demostró que no le creía una palabra.
Yidda acaricio las crines del caballo y  se ergio con total arrogancia.

-       Todo un Don Juan – su voz serena denotaba altanería.- supongo serás la nueva sensación del pueblo.  
Julian curvo un poco la comisura de sus labios.
-       Celosa vecinita?? – La carcajada de Yidda fue tan espontanea que Julián no pudo contener una sonrisa por mucho que lo intento – Ok, ya entendí el mensaje.
-       Al parecer tu ego ronda el subsuelo – se burlo ella.
Él se encogió de hombros divertido.
-       Muy pocas se resisten a mis encantos. –
-       Pronto encontraras a una – respondió Yidda con voz seria – Si no es que ya la encontraste.
El desafío teñía esas palabras de retos y Julián nunca dejaba pasar uno.
-       No mi hermosa vecinita, nadie se resiste a mis encantos.
Yidda giro el caballo sin contestar y al pasar por su lado susurro.  
-       En eso te equivocas vecinito… Yo lo hago. – y antes que Julián pudiera contestar se alejó galopando a todo lo que el caballo podía dejando una estela de tierra detrás.
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-       Donde estabas?? – Ernesto la avasallo de preguntas apenas entro en la casa.
Yidda camino hasta la cocina sin responder y se sirvió un vaso de agua. Se  apoyó en el mesón mientras bebía para ver como Ernesto hecho una fiera entraba en la estancia y la taladraba con la mirada.

-       Te he preguntado que donde estabas. – exigió arrogante.
-       Y a mi no me a dado la gana de responder – Dijo ella calmadamente colocando el vaso en el fregadero.
Ernesto la miro incrédulo lanzando destellos peligrosos por sus ojos.
-       Te niegas a decirme donde estuviste?? – Pregunto acortando la distancia.

Yidda sabía que jugaba con fuego pero no pensaba detenerse.

-       Si – lo miro – me niego a hacer algo, cualquier cosa, que no quiera.
Ernesto la tomo fuertemente de la muñeca y la acerco a él.
-       Tú – susurro contra su cabello. –vas a hacer y decir absolutamente todo lo que yo diga me has entendido?? –Yidda sintió como la opresión en sus muñecas crecía.
-       O sino que?? –
-       Sino mi amada esposa – La tomo por el mentón con igual fuerza y la obligo a mirarlo. – Tu pequeño secreto será revelado.
El miedo que vio en la mirada de Yidda lo hizo sentir una agridulce satisfacción.

Yidda quiso gritar, decirle que no le importaba, que él podía hacer lo que se le antojara porque a ella le valía, pero sabía que no podía.
Él la tenia atrapada y ella nada podía hacer. La impotencia la carcomía, la furia y el odio se hacían más hondos, más profundos.

Ernesto la tomo por la cintura y la beso con fuerza, rudamente. Yidda quiso escupirle, un mareo repentino lleno de asco la invadió.
Ernesto la apretó más e introdujo su lengua en la boca de la joven.
Ella dejo caer las manos a ambos lados del cuerpo y cerro los ojos imaginándose en otro lugar. 

Su mente vagaba fuera de su cuerpo, o eso intentaba. Se imagino una Yidda libre y feliz, con sus propias tierras, su propia vida; se imagino a Yamila con ella, cabalgando felices.
Por una ráfaga de momento se imagino casada, pero casada por amor, casada con un hombre que la amara y cuidara, alguien que la ayudara a borrar todo su pasado. Julián la miro con sus hechizantes ojos azules desde algún punto de su imaginación. 
“Julián”?? Se pregunto mentalmente, estaba fantaseando con Julián?? Y ante esta revelación se apartó de un empujón de Ernesto y antes de que este pudiera decir nada corrió escaleras arriba para encerrarse en el baño.

Pego la cabeza de la puerta cerrada y se deslizo hasta el suelo llena de dudas.
Era la primera vez que soñaba con estar casada, era la primera vez que fantaseaba con un hombre, con Julián.
De pequeña había fantaseado con un príncipe que la viniera a rescatar y la librara del infierno en que vivía pero la vida le había enseñado muy rudamente que esos cuentos no eran reales y a ella nunca nadie la salvaría jamás.
Todos los hombres que habían pasado por su vida la habían dañado.
Yidda había aprendido que en la vida solo podía contar con ella misma y nadie más. Depender de otro te hace frágil. Se dijo así misma.
De la única persona de quien había necesitado era Yamila y ahora estaba muerta.
-       Bastardo – susurro golpeado la puerta con un puño cerrado. – él la mato, yo lo sé.

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