Yidda bajo de su caballo y se encamino a guardarlo en el establo, acaricio su lomo y se recostó en él, el enorme animal restregó su enorme cabeza del hombro de la chica.
- Sí, yo también la extraño – Whisky bufo.
Yidda lo envolvió en sus brazos y beso su hocico.
- Sabía que te encontraría aquí – la voz de Ernesto hizo que se pusiera rígida.- me extrañaste?? – pregunto envolviendo la cintura de la joven.
Ernesto besaba su cuello y ella se revolvía inquieta entre sus brazos.
- Pensaba que llegabas mañana – Yidda se soltó y se dirigió a refugiarse en el establo de su caballo.
- Te extrañaba y decidí adelantar mi regreso.
Yidda no contesto y por tan solo tener algo que hacer tomo el cepillo y lustro las crines del caballo.
Ernesto se encamino hacía ella y al acercarse el caballo amenazo con patearlo haciendo que retrocediera.
- Maldito caballo – refunfuño dando un paso atrás.
- No está acostumbrado a ti es todo – lo defendió Yidda, acariciando su hocico.
- Si me dejaras comprarte otro mejor yo… - Rocío le lanzo una mirada tal, que lo hizo callarse.
- No quiero otro caballo – sus palabras salieron cortantes.
- Está bien lo entiendo, por lo menos puedes venir y darme un beso – Yidda suspiro y se acerco a él tan seria como siempre.
El beso fue osco y mecánico, Yidda respondía por inercia sintiendo odio y asco por él y por si misma.
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La tarde caía sobre Julián mientras caminaba entre la viñas olvidadas de su terreno, lleno de hectareas marchitas a su alrededor representaban el trabajo duro que le tocaba afrontar.
El galope de un caballo lo saco de su ensimismamiento, alzo la vista vio como un joven más o menos de su edad, de cabello castaño, ojos azules y cuerpo fornido descendía y caminaba hasta el.
- Buenas tardes – saludo alegremente el joven deteniéndose frente a él – Nicola Porcella, un gusto.
Julián estrecho su mano y lo estudio otro segundo. Nicola parecía divertido y alegre.
- Julián Zucchi – se presento.
- Es usted el dueño de estas tierras??.
Nicola tardo un segundo en responder
- Así es, soy yo.
Nicola se restregó las manos.
- Mire, soy hijo de Salvador, un buen hombre que solía trabajar para el antiguo dueño de estas tierras, mi padre… - el joven agacho la cabeza – murió hace poco.
- Lo siento – la voz de Julián fue un susurro.
- Eh venido a hablar con usted porque… - dudo un segundo y miro a Julián a los ojos – necesito trabajo y sé que usted necesita empleados. Sé todo lo necesario y si no lo sé lo aprenderé. Eh vivido aquí toda mi vida, este lugar es mi hogar y conozco absolutamente todo y a todos. Estoy capacitado para lo que necesite y le aseguro que soy una persona honrada, mis padre se aseguraron de inculcarme valores y puedo ser un excelente empleado, compañero y si lo necesita, un buen amigo.
Julián guardo silencio.
- No conozco a nadie de aquí…- comenzó a decir – así que… un amigo voy a necesitar. – Julián sonrió y le tendió una mano – tienes el trabajo.
Nicola apretó con fuerza y sonrió.
- Y cuando comienzo?? – parecía emocionado.
- Mañana mismo.
- Y que haremos??.
Julián dudo.
- Todo, este lugar necesita muchos arreglos.
- Ni que lo diga. Si me lo permite conozco varios trabajadores del pueblo, personas honradas que necesitan trabajo y estarían encantados de laburar aquí, además son excelentes obreros.
- Perfecto porque vamos a necesitar mucha mano de obra.
- Y … - Nicola parecía incomodo. – el sueldo y eso…
Julián comenzó a caminar.
- No te preocupes, los contratos en regla llegan mañana para que firmes y con respecto a tu sueldo lo discutiremos mañana.
Nicola asintió.
- Por hoy tu tarea será llevarme al mejor bar de pueblo.
Una sonrisa resplandeció en el rostro de ambos caballeros. Mientras comenzaba una amistad.
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Yidda miro la cama y lo vio recostado de lado durmiendo plácidamente, parecía incluso tierno. Sintió rencor - ese hombre es el causante de tu miseria y vos te acostas con él.- cerro sus delicadas manos en puños y camino con andares silenciosos a refugiarse en el baño.
-eres su esposa, es tu deber – se recordó mientras cerrabas la puerta y sacabas una caja de pastillas. Tomo el anticonceptivo casi con urgencia y abrió la ducha para relajarse, sintió el agua tibia rodar por su cuerpo y quiso fundirse con ella. Restregó meticulosamente su cuerpo, casi con desesperación. Quería quitar de su piel el olor del hombre que yacía recostado en su cama. Se sentía sucia y cansada. Lagrimas de frustración, tristeza y soledad se juntaron en sus ojos y cayeron fundiéndose con el agua. Golpeo la pared de la ducha he ignoro el dolor.
- esta es la maldición en la que te toco vivir Yidda, deja ya de martirizarte y enfréntala – se dijo entre sollozos, mientras se resbalaba lentamente para quedar sentada bajo el agua sobre el frio piso de cerámica.
Flash-back
- Vas a ver que sí, yo me casare con Ernesto y tú con ese príncipe azul que va a venir a rescatarte. – la risa de Yamila hizo que Yidda sonriera levemente.
- No entiendo porque quieres casarte con el idiota petulante de Ernesto… y yo no espero un príncipe azul. Prefiero un sapo. – ambas jóvenes explotaron en carcajadas.
- Ya sé que odias a Ernesto, pero no entiendo porque si es tan lindo e inteligente y tan caballero – Yami suspiro y se recostó del pasto. – y estoy segura de que algún día te casaras y yo seré las madrina.
- Tienes suerte de ser linda porque tiene humo en el cerebro. La vida no es así. –
- La vida es hermosa Yidda no seas cascarrabias.- Yidda sonrió y se quedo pensativa.
- Yo nunca me voy a casar – concluyo y ambas acariciaron el lomo del caballo que se encontraba recostado junto a ellas.
Fin flash-back
Yidda sintió como el nudo en su estomago aumentaba. - Yaya se caso y eso le costó la vida.- susurro - Yo me case y eso me costara la mía.

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