miércoles, 19 de febrero de 2014

"Una Vida Sin Vivir" Capítulo 20

                     





Capítulo 18
la mañana siguiente, después de que Nicola se había escabullido por mi
ventana, fui a la cocina para ver a Israel, sentado ahí conversando con mi
mamá.
—Buenos días —dije alegremente.
Mamá me miró un tanto sorprendida.
—¿Por qué estás tan feliz esta mañana? —preguntó, sonriendo.
Sonreí y reprimí una risita tonta, no podía decirle que mi sexy novio me había dado
una muy buena razón para sonreír antes de salir por mi ventana. Así que en vez de
eso, solo me encogí de hombros.
—¿Por qué no estarlo? —contesté, mirando a todos lados, menos a Israel.
Probablemente sabía la razón exacta para mi feliz, y satisfecha, cara—. Así que,
Israel, ¿hay algo que quieras contarme? —Me burlé, sentándome al lado suyo.
Negó con la cabeza, luciendo confundido.
—No. ¿Debería haber algo? —preguntó, levantando una ceja con recelo.
—Tú, enamorándote de mi mejor amiga, ¿tal vez? —sugerí, golpeándolo con mi
hombro suavemente.
Se quedó sin aliento, derramó una cucharada de cereal en el mostrador de la
cocina, se serenó rápidamente y me sonrió con satisfacción.
—No estoy enamorado tu mejor amiga. Ése es tu trabajo, ¿recuerdas? —dijo
sarcásticamente. No podía parar de reírme, ponerse a la defensiva no ayudaba
mucho en su caso, si no sentía nada por ella entonces sólo habría estado de
acuerdo o hecho algún comentario cachondo.
—Sí, claro. Como digas, Israel. Te estoy vigilando. Sólo no la lastimes —le advertí,
tomando un tazón y poniendo un poco de cereal.
Nicola entró por la puerta, y me imagino que si mi cara se veía como la suya,
entonces probablemente eso era por lo que mi mamá estaba preguntándome
porque estaba tan contenta. Sonreía de oreja a oreja.
—Buenos días —saludó, chocando los puños con Israel al pasar.
—Buenos días, Nicola. ¿Desayunas? —ofreció mi mamá, levantando un poco de pan.
Asintió, sonriendo agradecido.
—Claro, Johana , eso sería genial. —Envolvió sus brazos alrededor de mí por la
espalda.
—Oye, Ángel. Te extrañé la noche anterior —me susurró.
Oí el “aww” en voz baja de mi madre y traté de no reír.
—Oh lo hiciste, ¿eh? —dije, golpeando su mano, mientras él la movía hacia abajo
entre mis piernas por debajo del mostrador.
Rió y se puso a mi lado.
—Por supuesto que lo hice. Me gustó dormir contigo la otra noche. Tal vez tu
mamá me dejará dormir con ustedes de ahora en adelante —dijo, mirando a mi
mamá esperanzado.
—No presiones, Nicola —replicó ella, rodando los ojos.
Él se rió.
—Oye, ¡valía la pena intentarlo! —indicó, acomodando mi cabello detrás de mis
orejas y mirándola un poco avergonzado.
—Siempre fuiste descarado —murmuró mi madre, sonriendo mientras ponía tres
rebanadas de pan tostado en frente de él.
—Estaba preguntándole a Israel sobre su enamoramiento con Jaz —le conté a
Israel, queriendo cambiar el tema de mi vida sexual y él durmiendo en mi cama.
Le había hablado a Nicola acerca de Israel y Jazmín la noche anterior. Me dijo que no
había notado nada, pero que iba a observarlo hoy por mí.
—No estás enamorado de una de dieciséis años, ¿verdad Israel? ¿Qué clase de chico
de dieciocho años podría siquiera ver a una de dieciséis de esa manera? —Nicola
preguntó, fingiendo un shock, usando las palabras Nicolas de un par de semanas
atrás.
Israel lo miró fijamente con advertencia.
—Ja, Ja. Ustedes dos son tan graciosos —gruñó, negando con la cabeza mientras
se alejaba para ir a vestirse.
Cuando nos detuvimos en el estacionamiento de la escuela, había una multitud
cerniéndose sobre el auto de Erick. Estaba parado ahí torpemente, lucía
realmente incómodo, mientras los chicos le hablaban sobre su auto y las chicas le
coqueteaban descaradamente, tratando de meterlo en la parte posterior del
mismo. Millet, como siempre, estaba en el frente.
—Wow, ¡tenemos algunas zorras en esta escuela! —susurré a Nicola. Asintió con la
cabeza, observando sin impresionarse.
—Sip.
—Quizá deberías ir a ayudarlo. Luce muy incómodo —sugerí, mirando a Nicola
suplicante.
Suspiró y me rodó los ojos.
—¿Por qué tienes que ser tan condenadamente agradable todo el tiempo? —
preguntó, besándome suavemente antes de caminar en dirección al auto de
Erick. Lo vi agitar las manos en un gesto de “se acabó”, haciendo que la mitad de
los chicos se fueran inmediatamente. Pasó su brazo sobre los hombros de Erick,
mientras lo conducía lejos de la multitud hacia la escuela, al tiempo que Erick lo
miraba agradecido. Sonreí para mí. Realmente tengo el novio más adorable en este
mundo.
Jaz saltó sobre mí.
—¿Dónde está el trasero sexy de tu hermano? —preguntó.
Israel aclaró su garganta detrás de ella. Se volteó y le sonrió.
—Lo siento, debería haber dicho, el trasero sexy de tu hermanastro —corrigió,
guiñándole un ojo, su semblante se ensombreció ligeramente, pero rápidamente
puso una sonrisa de satisfacción
—Finalmente me di cuenta que no estoy interesado, pero todavía tratas de entrar
en la familia, ¿eh?
Ella río.
—Algo así. Tal vez ya no me gusten los chapados, o tal vez tú has perdido tu encanto
—contestó, sonriendo con satisfacción a su vez.
Casi me ahogué en una carcajada. Israel amaba ir detrás de las chicas, me di cuenta
que nunca había querido a nadie que no podía tener antes y honestamente creo
que quería a Jaz, ahora sólo porque no estaba interesada. La arrastré a través de
las puertas y divisé a Nicola y Erick conversando contra sus casilleros.
—Hey —saludé, sonriendo mientras envolvía mi brazo alrededor de la cintura de
Nicola.
—Hey, Angie. ¿Cómo estas hoy? —preguntó Erick educadamente.
—Excelente, ¿y tú? —pregunté tratando de no reír mientras la mano de Nicola se
deslizaba por la parte de atrás de mis jeans, frotando la mano por mi trasero
suavemente.
—Estoy bien —asintió con la cabeza. Jaz le sonreía seductoramente junto a mí.
—Le estaba contando a Erick acerca del partido de hockey sobre hielo —
intervino Nicola, apretando mi trasero con suavidad. Le sonreí dulcemente mientras
le daba un codazo en las costillas.
¡Maldito chico pervertido! Sacó sus manos de mis jeans riendo para sus adentros.
—Sí, voy a ir al juego del viernes. ¿Crees que pueda sentarme contigo? —preguntó
Erick, mirándome esperanzado.
—Puedes sentarte conmigo, si quieres —ofreció Jaz, lamiéndose los labios
lentamente, mientras lo miraba.
Él se sonrojó y le sonrió tímidamente.
—Gracias. Me gustaría eso —estuvo de acuerdo en voz baja.
—Vamos entonces, vayamos a clase —sugerí, rodando mis ojos. Esos dos no
pararían hasta el final, porque por la mirada en el rostro de Jaz, no pararía hasta
que fuera suyo, y al él parecía gustarle también. Me volteé para alejarme pero me
detuve cuando vi a Millet caminado hacia mí con una expresión de odio en su
rostro. Ella prácticamente tiró un sobre marrón en mis manos mientras me miraba
fijamente.
—Sigo pensado que hiciste trampa, pero la gente dice que es justo que recibas el
dinero, así que aquí está, zorra emo —gruñó furiosa.
¡Caramba! ¿Acababa de darme más de cuatro mil dólares? ¿En realidad gané el
dinero?
Jaz se acercó a mí.
—Millet, es mejor que vuelvas al infierno de donde saliste —bufó enojada.
Sonreí felizmente.
—Está bien Jaz, no hay problema. Gracias por esto, Millet —digo, agitando el
sobre con orgullo.
—Asegúrate de que no se pierda —contestó con una sonrisa de satisfacción en su
rostro.
No tenía duda en mi mente de que ella tenía alguna clase de plan que
probablemente me involucrase a mi tirando el dinero por el desagüe o
prendiéndole fuego. De repente, tuve una gran idea, que en serio podría
molestarla. Sonreí  mientras me volteaba hacia Nicola. Me acerqué a
mientras metía el dinero en la parte delantera de sus pantalones, metiendo toda mi
mano hacia abajo también. Nicola gruñó y me miró sorprendido
—Cuida esto por mí, novio, lo sacaré después —susurré provocativamente,
mientras lo acercaba a mí para que me besara. Oí a la gente aclamar y aplaudir,
chicos diciendo cosas como “oh sí” y “lindo”. Sonreí contra sus labios y lo empuje
un poco. Alcé la vista justo para ver a Millet marcharse echando chispas en la
dirección opuesta.
Me eché a reír, Nicola me agarró y me besó de nuevo, levantándome del suelo. El
timbre sonó y las personas comenzaron a entrar a clase. Me quedé atrás con Nicola,
sin querer romper el beso. No puedo creer que gané ¡cuatro mil dólares! ¿Qué
demonios podía comprar con eso?
Me bajó suavemente al suelo con una enorme sonrisa en su rostro.
—Eso fue tan gracioso, su cara estaba para un fotografía —dijo riendo.
—Tu cara estaba para una fotografía —contesté, pellizcando su nariz suavemente.
—Sí, bueno, no esperaba que metieras dinero dentro de mis pantalones como si
fuera alguna clase de stripper —sonrió y negó con la cabeza, divertido.
—Así que, ¿en qué vas a gastar tu dinero Ángel? —preguntó, mientras quitaba el
sobre de sus jeans y me lo daba.
Me encogí de hombros sonriendo.
—No tengo idea. ¿Qué deberíamos comprar? La mitad es tuya.
—No necesito nada, ya tengo todo lo que podría desear, justo aquí —dijo,
agarrando con sus manos mi trasero.
—Mi trasero, ¿eso es todo lo que quieres? —pregunté, riendo.
Sonrió.
—Técnicamente, es mi trasero ahora, ¿cierto? —se burló de mí, antes de besar mi
cuello.
—Por ahora —bromeé mientras lo empujaba. Me abaniqué con el sobre—. Ahora
que tengo lo que quería, no estoy segura de que haya algo en esta relación para
mí.
Rió y rodó los ojos, mientras envolvía su brazo alrededor de mi cintura.
—Vamos, te llevaré a clase —sugirió, conduciéndonos por el pasillo.
Le tendí el sobre a Nicola. —¿Podrías cuidar de esto por mí? No confió en mí para
hacerlo, probablemente lo perderé —me estremecí ante la idea de perder todo el
dinero.
Sonrió y lo tomó, doblándolo en dos y deslizándolo dentro del bolsillo interno de
su chaqueta.
—¿Y que si lo pierdo? —preguntó.
Sonreí mientras buscábamos mi clase, lo acerqué a mí, aplastando mi cuerpo
contra el suyo.
—Entonces tendrás que pagarme de igual manera —respiré, dándole un besito a
sus labios y caminando a mi clase rápidamente.
Millet me miró fijamente cunado pasé y me senté al lado de Jaz y Erick, en el
asiento que me habían guardado. Para mi suerte, el profesor también estaba
retrasado, de otra manera me habría ganado una detención.

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