Hice mí camino hasta la clase de inglés, y tomé mi sitio normal, al lado de Jaz.
Unos minutos después él entró. Supe que era él sin ni siquiera mirarlo, lo podía
decir por la forma en la que Jaz agarró mi brazo demasiado fuerte. Levanté la
mirada y lo vi. Él, era totalmente caliente; podía ver de lo que ella estaba hablando.
Él no era tan alto como Nicola o tan musculoso. De hecho, era un poco desgarbado,
pero aprobaba totalmente. Usaba unos vaqueros desgastados y una camiseta
negra con una sudadera negra encima. Tenía los ojos marrones, su pelo castaño
era más largo que el de Nicola, estaba desecho y un poco revuelto. Parecía un poco
tímido, con los hombros encorvados como si estuviera nervioso. Definitivamente
podía ver el atractivo que tenía y también como cada chica de la clase lo estaba
mirando con lujuria. Me reí; pobre chico no sabía lo que le esperaba. Una vez Millet pusiera sus garras en él estaría acabado.
Jaz me dio un codazo para que la mirara. Vocalizo la palabra “caliente” y se
abanicó el rostro, asintiendo con entusiasmo y me hizo reír más fuerte. El chico
realmente estaba en algunos problemas.
—Clase, este es el nuevo estudiante. Erick—dijo la Sra. Stewart, sonriendo
hacia él cálidamente. Se giró hacia la clase y sonrió incómodo.
—¡Te lo dije! Verdaderamente caliente —susurró Jaz.
Claro que era caliente, pero no tenía nada que hacer con mi Nicola.
—Es lindo —confirmé, asintiendo de acuerdo.
—Erick, dinos algo sobre ti —sugirió la Sra. Stewart.
Él se movió incómodo sobre sus pies, mirando nervioso a la clase.
—Er…. Bueno, me acabo de mudar con mi madre y mi padrastro. Y
tengo un hermano pequeño. ¿Y me gusta patinar? —dijo, haciendo que sonara
más como una pregunta.
—Vale, estoy segura de que serás muy feliz aquí. ¿Qué te parece si te emparejo con
alguien de mi clase así te puede mostrar tu próxima clase? —ofreció la Sra. Stewart.
Gruñí. No había forma de que ella me eligiera, esa era la clase de cosas que
pasaban en las historias cursis. Me hundí en mi silla, mirando mi libro, rezando por
un escape.
—¿Millet te ofreces voluntaria? —preguntó la Sra. Stewart. Levanté mi cabeza y di
un suspiro de alivio. Jaz maldijo bajo su respiración y bajo su cabeza, obviamente
quería ser voluntaria, también.
Erick hizo su camino a través de clase para sentarse cerca de Millet, quien
estaba ocupada desabrochando otro botón de su ya camisa de zorra. Él sonrió
hacia mí cuando pasó al lado de mi escritorio.
—Hola, Angie —dijo tranquilamente.
—Hola, Erick —contesté un poco sorprendida.
¿Cómo demonios sabia mi nombre? Lo observé sentando al lado de Millet, ella
inmediatamente empezó a flirtear con él, mientras solo estaba asintiendo
cortésmente, pareciendo incómodo.
Jaz me miró con los ojos abiertos.
—Pensé que no lo conocías —susurró, frunciéndome el ceño, mirándome un poco
confusa.
Sacudí mi cabeza.
—No lo hago, ¿cómo demonios sabía quién era yo? Nunca lo había visto antes —
contesté.
La profesora se aclaró la garganta.
—Bien entonces, si lo tenemos todo claro. ¿Por qué no empezamos con la lección?
—preguntó sarcásticamente. tome mi libro y me hundí furtivamente en mi asiento,
intentando no mirar en su dirección.
Tan pronto como sonó la campana salté de mi silla y prácticamente corrí hacia la
puerta, sin querer otra oportunidad para encontrármelo. Rezaba en silencio una y
otra vez sobre mí cabeza que él no estuviera en otra de mis clases. Gracias a Dios,
el resto de la mañana pasó sin más encuentros con mi nuevo hermanastro.
La gente estaba hablando mucho conmigo hoy, preguntándome si Nicola y yo
éramos pareja, querían saber cuánto tiempo habíamos estado juntos. Bla, bla, bla,
era lo mismo una y otra vez y yo ya estaba aburrida.
—Hola Ángel —ronroneó Nico, cogiéndome por detrás cuando estaba parada en
la cola del almuerzo con Jaz y Gino.
—Hola —sonreí, sintiéndome instantáneamente feliz, ahora que él estaba cerca de
mí.
—¿Cómo va tu día? —preguntó, besándome el cuello, haciendo que me
estremeciera.
Suspiré.
—Bueno, he estado respondiendo las mismas preguntas una y otra vez. Es tan
malo que estoy pensando en tatuarme a través de la frente “Sí, estoy saliendo con
Nicola. Sí, gané la apuesta. Sí, él es un buen novio. No, mi hermano no enloqueció.”
Así no tendré que repetirme todo el tiempo —bromeé encogiéndome de hombros.
Él rió y me sujetó más fuerte—. A parte de la repetición, tuve clase con mi
hermanastro. Él me conocía, oh sí, y va ahora mismo con esa zorra de Millet, quien
por cierto, luce como si me quisiera matar. Así que mí día no está yendo muy bien,
novio —dije, asintiendo discretamente hacia Erick.
—¿Él sabía quién eras? —Nicola preguntó, girándome ligeramente así me escondería
de la vista de Erick.
—Sí. Él me saludó cuando pasó por mi lado —contesté, frunciendo, aun no
entendía como me reconoció.
Nicola se rió y me miró como si hubiera dicho algo estúpido.
—Él probablemente no sabía quién eras, Ángel, seguramente pensó que eras
caliente. No lo puedo culpar —ronroneó, sonriendo mientras su mano se movía
hacia mi trasero.
Puse mis ojos en blanco.
—Nicola él pasó a mi lado y dijo hola, Angie así que creo que sabía quién era —
contesté sarcásticamente.
Él frunció y miró sobre su hombro antes de reírse con maldad.
—Él no se ve muy cómodo con Millet.
—Bueno, ¿quién demonios se encuentra cómodo cerca de Millet? Oh, sí, tú no te
veías muy estresado cuando ibas con ella a todas partes —me burlé, sonriendo
hacia él.
Él levantó su nariz, fingiendo un temblor.
—No me recuerdes mi estilo de vida antes de ti, Ángel. Voy a tener pesadillas —
dijo con una mueca de horror, haciéndome reír.
tome un par de sándwiches y bebidas. Nicola insistió en pagar y llevar la bandeja
como siempre. Me dirigí hacia su mesa y me senté a su lado. Israel ya estaba allí con
alguno de los miembros del equipo, mis amigos se sentaron, también, tomando los
últimos asientos. Desgarré la envoltura de mi sándwich y estaba a punto de
morderlo cuando una sombra cayó sobre mí.
—Hola —dijo Erick sonriendo, estaba ligeramente ruborizado.
Tragué, sintiendo que mi estómago se hundía un poco.
—Er… hola.
—¿Te importa si me siento contigo? —me preguntó mirándome de manera
esperanzadora.
Vi a Israel tensarse desde la esquina de mi ojo. Miré alrededor de la mesa completa.
—Um…. —me callé, mordiéndome el labio.
—No importa, no te preocupes. Sólo pensé que debería presentarme. —Se encogió
de hombros, ruborizándose con más fuerza, cambiando de un pie a otro
incómodamente.
Jaz me pateó por debajo de la mesa.
—¡Ay! ¿Por qué demonios fue eso? —pregunté, frotándome la pierna. Me miró
ferozmente. Sabía exactamente por qué era, tenía que pedirle que se sentara con
nosotros por ella o no escucharía el final de esto esta tarde. ¡Oh Dios, mátame
ahora!—. Está bien, Erick. Agarra una silla, puedes sentarte en el extremo de aquí
—sugerí, moviendo mi bandeja para que él pudiera poner su plato y su bebida.
Él sonrió y se relajó.
—Gracias, Angie —dijo, sonriendo agradecidamente mientras se alejaba para
agarrar una silla a un par de mesas de distancia.
Volteé hacia Jaz, frunciendo el ceño.
—¡Eso dolió endemoniadamente, Jaz! En serio, ¡no es tan ardiente! —le dije en un
susurro gritado.
—Sí lo es. —Asintió con entusiasmo, riendo y terminé riendo con ella. Maldita chica
cachonda.
Erick se sentó en el extremo de la mesa.
—Así que, esto es raro, ¿eh? —afirmó, sonriendo tímidamente.
Reí incómodamente.
—Vaya, eso es un eufemismo y medio. Si piensas que es raro, prueba con
desconcertante y embarazoso —bromeé, haciéndolo reír.
—No soy tan malo —se quejó, fingiendo dolor.
Decidí simplemente salir de ahí y preguntar lo que me había estado molestando
toda la mañana.
—¿Cómo sabes quién soy? —pregunté en voz baja.
Él sonrió.
—Matías me mostró una foto tuya. Sin embargo no he visto una de tu hermano,
así que no tengo idea de quién es —explicó, encogiéndose de hombros.
¿Mi papá tenía una foto mía? En realidad no estaba muy segura de cómo sentirme
al respecto. ¿Por qué demonios tendría una foto mía, y no una de Israel? Ni siquiera
quería pensar demasiado en esa pregunta en caso de que se me ocurriera una
respuesta que no me gustara.
Apunté a Israel.
—Él está justo ahí. Israel, Erick. Erick, Israel —dije, ondeando una mano entre
ellos en presentación.
—Eh, ¿cómo te va? —gruñó Israel, su rostro era severo y para nada amigable.
Johnny se retorció un poco en su asiento… Israel podía ser bastante intimidante si
quería serlo.
—Sí, bien gracias. Es bueno conocerte —respondió nerviosamente.
Jaz me pateó de nuevo bajo la mesa en el lugar exacto de la vez anterior,
haciéndome contraerme de dolor. La miré ferozmente en advertencia; ella
obviamente quería que la presentara también.
—Erick, estos son mis amigos, Gino, Sheyla y Jazmín. Este es mi novio, Nicola —
afirmé, presentando a cada uno de los que estaban en nuestro extremo de la mesa.
Erick sonrió cálidamente.
—Oigan, lo siento, soy malo con los nombres. Probablemente los olvide en media
hora —admitió, haciendo una mueca ligeramente.
Jaz encendió su modo coqueteo, lanzando su cabello sobre el hombro, sonriendo
seductoramente.
—Yo también soy mala con los nombres. Tenemos algo en común —ronroneó,
examinándolo lentamente. Él se echó a reír, luciendo incómodo. No parecía que
estuviese acostumbrado en absoluto a la atención de las féminas.
—Entonces, ¿a qué escuela ibas antes de esta? —pregunté, tratando de ayudarlo
un poco.
Me sonrió agradecidamente.
—En realidad iba a una escuela para chicos—respondió, encogiéndose
de hombros. OK, eso explica el sonrojo y el estar incómodo. Casi podía ver el
cerebro de Jaz funcionando con la idea de enseñarle nuevos trucos y entrenarlo.
No pude evitarlo pero sentí lástima por el pobre chico.
—¿Una escuela para chicos? Bueno eso no es divertido. —Jaz sonrió, comiendo
una papa frita, obviamente tratando de lucir sexy.
Nicola estalló en carcajadas a mi lado.
—Mery, deja al pobre chico en paz, es su primer día —se burló.
Israel miró a Jaz con una expresión ligeramente molesta en su rostro. De repente
me di cuenta de lo que estaba sucediendo. ¡Israel estaba totalmente flechado por
Jaz!
—Vi eso, Israel —declaré, sonriéndole con complicidad. Él se estremeció y trató de
parecer inocente. Sip, ¡totalmente celoso!—. Entonces, ¿qué clases tienes esta
tarde? —pregunté, volteando de nuevo hacia Erick, tratando de mantener la
conversación.
Me sentía un poco mal por él; obviamente estaba como pez fuera del agua aquí.
Sacó su horario y me lo tendió. Le di un vistazo y casi me ahogo con mi sándwich…
tenía todas y cada una de las clases de la tarde conmigo
—Tengo las mismas —dije en voz baja, tendiéndoselo de vuelta. Nicola frotó su
mano en mi pierna tiernamente y me incliné hacia él en busca de apoyo. Erick
parecía un buen chico pero no lo quería cerca de mí todo el tiempo.
Probablemente podría lidiar con la conversación ocasional, pero ¿y si iba a casa y
mi padre le preguntaba por mí? Él sabría demasiadas cosas sobre mí para mi gusto.
—¿Sí? ¡Impresionante! ¿Crees que podrías enseñarme el camino y esas cosas? —
preguntó esperanzadamente. Asentí lentamente, no podía decir exactamente no.
Millet se acercó pavoneándose; ahora sólo tenía dos botones abrochados en su
camisa.
—Hola, Erick. ¿Quieres venir y sentarte conmigo? —preguntó, enroscando su
cabello alrededor de un dedo.
—Millet, te faltan unos cuantos botones ahí, cariño —dije inocentemente.
Me miró ferozmente.
—Se supone que luce así, fenómeno Emo —espetó repugnantemente.
—En realidad, sí creo que tienes razón. Vi que esa camisa la usaba exactamente así
una prostituta en una esquina ayer por la noche —respondí, sonriendo
amablemente.
—¿Pasas el rato en las esquinas de las calles? —preguntó ella, sonriendo,
obviamente pensando que había ganado.
—Cuando me encuentro con tu mamá lo hago. —Me encogí de hombros.
Nicola y Erick estallaron en carcajadas.
—Perra —murmuró ella mientras salía echando pestes. Jaz y Shey chocaron los
cinco en alto, soltando risitas tontas como chicas locas bajo los efectos de las
drogas.
—Eres graciosa —dijo Erick, sonriéndome.
—Sí, creo que tal vez sólo arruiné tus posibilidades de que tengas sexo hoy. Sin embargo
te dará otra oportunidad mañana así que no te preocupes —me burlé mientras
empezaba a comer de nuevo.
Él volteó la nariz hacia arriba.
—Ella ha estado volviéndome loco toda la mañana; está quejándose sobre una
chica que le robó a su novio. ¿Qué clase de sujeto saldría con alguien como ella de
todos modos? Debe ser total idiota —se burló, encogiéndose de hombros.
La mesa entera, excepto por Nicola, se echó a reír.
—Er, ese idiota sería yo. Pero nosotros no estábamos saliendo —declaró Ni ola,
sacudiendo la cabeza.
Erick se sonrojó como loco.
—Oh lo siento —murmuró, encogiéndose ligeramente de dolor.
Envolví el brazo alrededor de Nicola.
—No te preocupes, chico amante, tu gusto ha mejorado desde entonces —dije en
un arrullo, halándolo más cerca de mí.
—Ángel, mi gusto siempre ha sido el mismo. La fruta prohibida. —Se inclinó
rápidamente, mordiendo mi cuello, haciéndome reír tontamente. Israel se aclaró la
garganta y Ni ola se alejó con un suspiro y puso los ojos en blanco.
Dejé que Jaz hablara con Erick por el resto del almuerzo, añadiendo preguntas
o respuestas ocasionales cuando necesitaba hacerlo. En realidad era un chico
agradable. Habría sido más sencillo si fuese un cretino, entonces de esa forma yo
habría sido capaz de apartarlo y no sentirme como un pedazo de mierda después.
Le mostré sus clases y se sentaba junto a mí cuando podía. Cuando el timbre sonó
para el final del día suspiré de alivio.
—¿Entonces te diriges directamente a casa? —preguntó Erick, sonriendo,
mientras caminábamos hacia mi casillero.
Sacudí la cabeza.
—No. Tengo que esperar que Israel y Nicola terminen su práctica.
—Sí, ¿qué juega Israel? —preguntó curiosamente.
—Hockey sobre hielo.
—Genial. Sabes, podría darte un aventón si quieres —ofreció—. Mi mamá y
joaquin me compraron un auto impresionante por mi cumpleaños —añadió,
sonriendo de oreja a oreja. Sentí mi corazón hundirse ante el sonido de su nombre
de nuevo, la forma en que lo usaba en una conversación casual me asustaba a
muerte.
—Um, gracias por la oferta, pero los voy a esperar. Por lo general es Ni ola el que
viene después porque Israel se va a trabajar —dije rápidamente.
—¿Dónde trabaja Israel? —preguntó, apoyándose contra los casilleros.
—En el gimnasio Benny. —Metí los libros en mi bolso con demasiada fuerza
doblando todas las páginas, porque me estaba poniendo incómoda.
—Parece que no le caigo bien a Israel —murmuró Erick, luciendo un poco triste.
Sonreí tranquilizadoramente.
—No te conoce. Es sólo que esto es raro para nosotros, eso es todo. No hemos
visto a nuestro padre en tres años, entonces de repente se aparece aquí y ¡bang!,
tenemos otro hermano y un hermanastro. A Israel no le gusta el cambio —expliqué,
tratando de rodear el problema un poco.
Él asintió, luciendo pensativo.
—Sí, supongo que es difícil. Entonces, ¿crees que podría esperar contigo hasta que
su práctica termine y nosotros podamos llegar a conocernos el uno al otro un poco
más? Quiero decir, no quiero que esto siga siendo incómodo para ninguno de
nosotros, estoy aquí ahora así que creo que tenemos que hacerlo lo mejor posible
—preguntó, mirándome esperanzadoramente.
¡Sagrados cubos de mierda! No sabía qué decir, así que no dije nada, asentí y cerré
mi casillero.
—¿Quieres que nos sentemos afuera en el frente? Por lo general me siento bajo el
árbol y espero —dije mientras salíamos del edificio.
—Suena bien —acordó, siguiéndome con una pequeña sonrisa.
Caminé hacia el gran roble donde usualmente me sentaba y hacía mi tarea y me
senté apoyándome contra éste. Él se dejó caer frente a mí, agarrando un par de
hojas de hierba, jugando con ellas nerviosamente. Había una pequeña margarita al
lado de mi pie, así que la recogí y la metí en la parte trasera de mi cola de caballo
porque me recordaba a la que Ni ola había recogido para mí antes de la práctica de
baile después de esa primera noche en que nos besamos.
Estaba tan incómoda que me retorcía en el lugar, tratando de pensar en algo que
decir.
—Así que, tu hermano menor, Adriano… Bueno, supongo que ahora también es mi
hermano, de todas formas lo que iba a decir es, ¿cómo es él? —pregunté
curiosamente.
Él sonrió.
—Es lindo. Es un dolor en el trasero, especialmente cuando llora en la noche, pero
es lindo. Tengo una foto si quieres verla —ofreció, sacando su billetera y
tendiéndomela.
Sonreí e impacientemente la abrí, queriendo ver al pequeño bebé. Mi aliento
quedó atrapado en mi garganta cuando vi la foto, no era sólo el bebé, era una foto
familiar. Miré a mi padre; él estaba sonriendo orgullosamente con un brazo
alrededor de su nueva esposa y el otro alrededor de Erick quien estaba
sosteniendo a un niñito rubio. Mi padre parecía más viejo, su cabello había
cambiado y se había vuelto un poco más grisáceo, pero sus ojos eran lo que más
me llamó la atención. Recordaba esos ojos siendo duros y fríos y siempre furiosos,
pero estaba diferente aquí, sonriente y cálido, lucía amable y bondadoso.
—Lindo, ¿eh? —dijo Erick.
Aparté mis ojos de mi padre y miré al pequeño bebé; era lindo, regordete, cabello
rubio, ojos marrones y una gran sonrisa. Miré a la señora en la fotografía; ella tenía
cabello marrón y ojos grises igual que mi mamá y yo. Se veía agradable.
—¿Esta es tu mamá? —pregunté, señalándola.
Él sonrió y asintió.
—Sí. Su nombre es Ana Karina —dijo, recuperando su billetera cuando terminé.
No podría sacar de mi cabeza la imagen de mi padre sonriendo. ¿Él había
cambiado? Inspeccioné a Erick, parecía feliz, sin raspones o cortes, ni cojera
delatora ni mueca de dolor ni nada.
—Así que, ¿te la llevas bien con él? —pregunté con curiosidad, observando su
rostro por su reacción.
—¿Con Adriano? Sí él está bien. Será mejor cuando sea más grande y pueda hacer
más cosas —respondió, encogiéndose de hombros.
Tragué.
—No, me refiero a mi padre —aclaré, tratando de no retroceder ante la idea de él.
Erick se encogió de hombros y asintió, pero no dijo nada—. Debe ser difícil tener
a un tipo viniendo después de años de ser sólo tú y tu mamá —declaré, tratando
de empujar por una respuesta.
¿Mi padre estaba lastimándolo a él también, o tal vez al bebé, o a su mamá?
Inmediatamente estuve agradecida de que no hubiera otra chica viviendo con él. El
abuso físico era malo; Israel se llevó la peor parte de eso, pero el abuso sexual, eso
dejaba cicatrices mentales que sabía que todavía no habían terminado. Los
recuerdos de esos domingos destellaron en mi mente y me mordí el interior de la
mejilla para evitar llorar.
Él asintió y miró al suelo.
—Fue un poco difícil, pero ellos han estado juntos por más de dos años ahora, así
que… —Su voz se desvaneció, y se encogió de hombros. Abrí la boca para empujar
el asunto más allá pero él me interrumpió—. Así que, ¿por cuánto tiempo han
estado juntos Ni ola y tú? —preguntó, arrancando un poco más de hierba y
rodándola en sus manos para hacer una bola.
Sonreí ante el pensamiento de Nicola.
—Una semana y media.
—Él es amigo de tu hermano, ¿cierto? —preguntó.
—Sí. Lo he conocido desde que tenía cuatro años —confirmé, amando hablar de
Nicola. Incluso estaba extrañándolo en realidad. Me quedé acostumbrada a verlo
todo el día el fin de semana así que era difícil volver a verlo sólo durante el
almuerzo—. Así que, cuéntame más acerca de ti —sugerí, acostándome sobre mi
vientre y apoyando mi cabeza en mis manos, mirándolo.
Él se acostó también y habló sobre su vida, lo que le gustaba y lo que no. Era un
patinador aficionado y entraba en competiciones y otras cosas los fines de semana,
hacía acrobacias y piruetas. Extrañaba a sus amigos. Nunca ha tenido una novia. Su
comida favorita era el pollo al curry. Acababa de comenzar a decirle la mía cuando
divisé a Nicola trotando hacia mí a través del estacionamiento, tan apuesto que era
casi doloroso mirarlo. Me puse de pie de un salto y sonreí cuando él envolvió sus
brazos alrededor de mí, levantándome y estrellando sus labios contra los míos. Le
devolví el beso hambrientamente.
Él se apartó después de unos segundos.
—Necesito tener algo de tiempo a solas contigo —susurró mientras me besaba de
nuevo, más tierno esta vez.
Sonreí.
—¿Qué, justo ahora? ¿No puedes esperar hasta que lleguemos a casa? —bromeé.
Él sacudió la cabeza.
—No, pero puedo esperar hasta el estacionamiento en la parte de atrás del
gimnasio después de que dejemos a Israel —sugirió, sonriendo perversamente.
—En tus sueños, Nicola —dije, riendo y poniendo los ojos en blanco.
—Probablemente —acordó mientras me bajaba, sosteniéndome cerca de su lado,
riendo ante mi expresión horrorizada. Erick se empujó hacia arriba y estaba allí
parado torpemente—. Gracias por cuidar de mi chica por mí —dijo Nicola, sonriendo
amigablemente.
—Sí, no hay problema —murmuró nerviosamente Erick, silviaeando su zasilviao
contra la hierba. Israel caminó hacia nosotros, mirando entre Erick y yo con una
expresión confundida—. Bueno, supongo que los veré mañana chicos. Gracias por
dejarme pasar el tiempo contigo, Angie —dijo Erick, sonriendo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario