El domingo se fue increíblemente rápido. Estaba realmente emocionaba de ver a
mi madre; no la había visto por más de dos semanas. Ella no tenía pensado volver
hasta el próximo fin de semana pero en su lugar quiso volver esta semana. Era
ahora justo después de las seis en punto, y llegaría en cualquier minuto. Estaba
sentada en el regazo de Nicola en la sala, prácticamente vibrando de emoción.
Cuando escuché su auto detenerse afuera, corrí hacia la puerta, chillando
alegremente.
Israel saltó al mismo tiempo que yo y me sujetó alrededor de la cintura, riendo
mientras me tiraba al sofá.
—Yo primero, renacuajo —declaró, corriendo a la puerta delante de mí,
haciéndome reír.
Lo seguí fuera de la puerta y atacamos a mamá en un abrazo.
—¡Hola, Israel. Hola, Angie! —gorjeó, abrazándonos fuertemente. Nicola fue directo
a la camioneta y sacó su equipaje. Cuando se empujó fuera del abrazo estaba
sonriendo con lágrimas en los ojos—. Los extrañé chicos —dijo, besándonos a
ambos felizmente—. Hey, Nicola. ¿Tienes un abrazo para mí? —preguntó, sonriendo.
Él se rió y asintió.
—Siempre, Johana —dijo, abrazándola fuertemente.
—Te has vuelto más guapo —declaró, palmeando su mejilla afectuosamente.
Se rió.
—No sé acerca de eso —contestó, sacudiendo su cabeza, sonriendo. Mordí mi
labio; definitivamente se había vuelto más guapo en mi opinión. Mi mamá adoraba
a Nicola, siempre lo ha hecho. Él pasa mucho tiempo en nuestra casa, y desde que
mi padre la dejó ella se hizo realmente cercana a Silvia y Pedro ahora que tenía
“permitido” socializar.
—Entonces, ¿qué me he perdido? —preguntó, enganchando su brazo con el mío,
caminando hacia la puerta, dejando que los chicos cargaran sus maletas.
Sonreí sabiendo que iba a enloquecer cuando le contara acerca de Nicola.
—Um, no demasiado. Me enamoré —dije alegremente.
Jadeó y me obligó a detenerme, mirándome tan sorprendida que no pude evitar
reírme.
—¿Tú… Tú qué? —tartamudeó, mirándome con una expresión perpleja.
Sonreí y la hice caminar dentro de la casa, tirando de ella dentro de la cocina.
—Tengo un novio —confirmé, sonriendo como loca.
—Oh, Angie, ¡nunca pensé que serías capaz de hacerlo! Estoy tan orgullosa de ti,
cariño. Sé que tan difícil te es dejar que las personas estén cerca de ti —susurró,
abrazándome apretadamente, lágrimas brillando en sus ojos de nuevo. Nicola e Israel
entraron; ambos recargándose contra el mostrador de la cocina. Gaston me dio un
pequeño guiño y sonreí en respuesta—. Bueno, ¿cuál es su nombre? ¿Lo conoceré
mientras esté aquí? Oh espera, ¿Israel lo sabe? —preguntó, susurrando la última
parte, probablemente pensando que estaba arrojándome a algo con mi hermano
mayor sobreprotector.
Me reí y miré a Israel que estaba en proceso de mirar a Nicola otra vez.
—Sí, mamá. Israel lo sabe —confirmé, riendo entre dientes.
—¿Bueno? ¿Quién es? ¿Cómo es? —preguntó, sonriéndome emocionadamente.
—Bueno, mayormente es un dolor en el trasero. Es arrogante y demasiado seguro
de sí mismo. Pero por el lado positivo, es extremadamente ardiente —declaré,
viendo la cara de Nicola mientras él trataba de no reír.
—¡Las apariencias no duran, Amgie! ¡No deberías basar una relación en cómo se ve
alguien! —me regañó, sus cejas juntas en señal de desaprobación.
No pude evitar reírme.
—No te preocupes, mamá, no lo voy dejar cuando deje de lucir guapo —bromeé.
—¡Más te vale que no! —advirtió Nicola, moviéndose a mi lado, envolviendo su
brazo alrededor de mi cintura.
Mi mamá miró entre los dos varias veces, una expresión sorprendida en su rostro.
Sus ojos se movieron a Israel, su expresión desconcertada y confundida. Israel asintió
un poco a regañadientes. De repente, ella empezó a reír y a menear la cabeza.
—¡Debí haberlo sabido! Todas las provocaciones y por el estilo, no me di cuenta
que era tensión sexual —dijo, riéndose más fuerte cuando Israel bufó enojado.
—¡No quiero saber! —gruñó Israel, cubriendo rápidamente sus oídos, sacudiendo su
cabeza mientras todos nos reíamos.
Mi madre me tiró en un abrazo.
—Estoy tan feliz por ti, Angie. Él es un chico tan bueno —susurró.
—Sé que lo es —coincidí mientras me soltaba. Tomé la mano de Nicola, presionando
mi costado contra el suyo. No pude evitar desear llevarlo a mi cuarto y tenerlo
frotando sus manos sobre todo mi cuerpo de nuevo, no había estado con él desde
esta mañana y se sentía como una eternidad.
—Felicidades, chicos —chilló, sonriendo. Nicola apretó mi mano, sonriéndome
felizmente, haciendo derretirse a mi corazón. Mi mamá sonrió un poco triste,
mirando primero a Israel, luego a mí—. Chicos, necesito hablar con ustedes acerca
de algo. Hay una razón por la que volví una semana antes —admitió, su voz tensa y
seria.
Israel se puso rígido, su rostro endureciéndose.
—No queremos verlo si eso es lo que vas a decir —dijo severamente, moviéndose
para pararse a mi lado protectoramente.
Mamá meneó la cabeza.
—No es así de simple. No quiero tener que decir esto, él me ha puesto en una
posición tan difícil y lo lamento —dijo en voz baja. Israel y Nicola ambos se movieron
más cerca de mí inconscientemente, así que estaba completamente apretujada
entre los dos. Por Dios, ¿por qué demonios se ponen tan preocupados acerca de
eso? ¡Él no está aquí ahora!
—Mamá, ¿de qué estás hablando? No dejaré que ese imbécil se acerque a Angie
—gruñó Israel enojado.
Ella empezó a llorar así que empujé a los chicos y envolví mis brazos alrededor
suyo. Mierda, esto era malo. Lo sea que fuera, ella estaba realmente alterada sobre
ello.
—¿Qué está mal? —susurré, obligándome a no llorar también. Odiaba ver a mi
mamá alterada, siempre era la fuerte.
—Necesitó sentarme —dijo en voz baja, limpiando su cara con fuerza, secando las
lágrimas mientras tomaba un profundo respiro. La seguí a la sala, sentándome en
el sofá, apenas capaz de respirar. Pensamientos de ellos dos volviendo a estar
juntos, él queriéndose mudar con nosotros, demandando para vernos, incluso él
queriendo la custodia de nosotros, todos estos pensamientos pasaban zumbando a
través de mi cerebro tan rápido que me hizo sentir enferma. Nicola se sentó a mi
lado, envolviendo fuertemente sus brazos a mí alrededor. Me presioné a él por
apoyo, esperando que ella lo dijera.
—Tú padre se ha mudado a esta ciudad —dijo suavemente.
Israel saltó de su asiento.
—¡Hijo de puta! ¡Le dije que se mantuviera lejos! —gritó furioso, viéndose como si
quisiera golpear algo.
Mi madre asintió.
—Israel, él quiere estar en contacto con ustedes dos de nuevo. Dice que lo lamenta
y que ha cambiado. Quiere que le den otra oportunidad.
—¿Quieres decir que quiere otra oportunidad para tratar y violar a Angie? —gritó
Israel. Me estremecí mientras los recuerdos volvían. Los brazos de Nicola se tensaron
a mí alrededor, sus manos apretándose en puños.
Mi madre sacudió su cabeza, mirándolo suplicante.
—¡Israel, no me gusta esto más que a ti, así que por favor deja de gritarme! Odio
que sea yo quien tenga que decirles eso, pero no es mi culpa —dijo, llorando de
nuevo.
Israel suspiró y meneó la cabeza, arrodillándose enfrente de ella y tirándola en un
abrazo.
—Lo siento. No debí desquitarme contigo —dijo, aun sonando enojado. Presioné
mi cara en el hombro de Nicola, inhalándolo. Lo sentí poner sus labios en mi cuello y
me concentré en la sensación de su respiración soplando tranquilizadoramente por
mi espalda, tratando desesperadamente de no enloquecer. Luego de un minuto de
silencio, Israel habló—: ¿Por qué vuelve? ¿Por qué no sólo le dijiste que no
queríamos verlo? —preguntó.
Ella cerró sus ojos y sonrió tristemente.
—Se volvió a casar. Tiene un hijo de un año, es su medio hermano. Aparentemente,
la mujer con la que se casó ya tenía un hijo. Él tiene diecisiete. Su padre quiere que
conozcan a su nueva familia —dijo, burlándose ligeramente en “nueva familia” un
poco al final.
Mierda, ¿tengo un hermano pequeño, y un hermanastro?
Israel saltó.
—¡Ese hijo de puta debió haber sido castrado! ¡No debió haber tenido permitido
tener más hijos! —gritó, pasando sus manos por su cabello apretadamente.
—Necesitaba volver hoy y hablar con ustedes porque el chico más grande, Erick
ese es su nombre; él va a empezar en su escuela mañana. Sabe acerca de ustedes
dos —dijo, mirándome excusándose.
Israel pateó la mesa de café, fuerte, mandándola volando. Nicola saltó y se paró
enfrente de mí protectoramente mientras Israel gritaba blasfemias y silviaeaba la
mesa una y otra vez, probablemente lastimándose el pie. Me paré y empujé a Nicola,
apartando sus manos mientras trataba de impedirme acercarme a mi hermano.
Agarré el brazo de Israel, haciendo que se detuviera y me mirara. Su cara era pura
ira y pienso que si mi padre estuviera aquí justo ahora, estaría muerto. El hombre
necesitaba mantenerse malditamente lejos de Israel. Envolví mis brazos a su
alrededor apretadamente, sabiendo que necesitaba tranquilizarlo antes de que se
hiriera a sí mismo. La única manera de calmar a Israel cuando enloquecía así era
hacerle creer que estaba alterada, eso usualmente lo sacaba de su ira bastante
rápido.
—Israel, detente. Me estás asustando. ¿Por favor? —susurré, aferrándome a él para
calmarlo.
Estaba temblando por la rabia mientras envolvía sus brazos alrededor de mí.
—Está BIEN. Shh, todo está BIEN. Lo siento —murmuró, acariciando mi espalda, su
naturaleza sobreprotectora revelándose.
—Lo siento —murmuró mi madre, sollozando detrás de nosotros.
Salí de los brazos de Israel y me senté junto a ella.
—Está BIEN, mamá. Nada de esto es tu culpa. Ya veremos qué hacer. Ni Isra ni yo
queremos verlo, así que simplemente no lo veremos —declaré, pretendiendo que
sería así de fácil.
—¿Qué sobre este chico, Erick, tu hermanastro? Él va estar en tu escuela mañana.
Él sabe quién eres pero no sabe sobre qué paso en aquel entonces. Tu padre me
dijo que su nueva familia piensa que no quieres verlo debido al rompimiento de
nuestro matrimonio, nada más —dijo ella sacudiendo la cabeza.
Israel se rio sin humor.
—Sí, ¿por qué el invertebrado bastardo le diría a su nueva esposa que golpeó por
años a su vieja familia antes de finalmente tratar de violar a su propia hija? ¿No es
algo que puedas sacar en una conversación normal cierto? —escupió de manera
repugnante. Me estremecí otra vez. Odiaba la palabra violar, era horrible.
—¡Israel, maldita sea! ¿Dejarás de decir eso? —chilló Nicola, mirando hacia él con
enojo mientras se sentaba enfrente de mí, tomando mi mano.
—Lo siento, Ange, no pensé —Israel murmuró en tono de disculpa.
Sacudí mi cabeza y fingí una sonrisa.
—Está bien, Isra, no te preocupes. —Agité la mano con desdén, pretendiendo que
no estaba afectada por toda esta situación—. ¿Cuál es el nombre del bebé? —le
pregunté a mamá, queriendo saber sobre el hermano pequeño que ahora tenía.
Ella sonrío tristemente.
—Adriano.
Sonreí. Adriano. Era lindo, me gustaba. Podía sentir la histeria creciendo dentro de mí
aunque sabía que necesitaba estar sola.
—Bueno, no hay nada que podamos hacer al respecto ahora, supongo. Tendremos
que ver como es este Erick mañana. Pero no quiero tener nada con ese hombre
jamás —declaré segura de eso mientras me ponía de pie—. Voy a recostarme.
Tengo dolor de cabeza —dije mientras empecé a alejarme. Necesitaba salir de aquí
antes de tener una crisis enfrente de Israel, eso sólo lo haría volverse loco otra vez.
Israel tomó mi mano.
—¿Quieres algo de compañía? —preguntó en voz baja, mirándome con una cara
de perrito. El condenado chico sabía que no podría decirle no a esa cara.
—Sí, de acuerdo. —Asentí ligeramente y empecé a caminar hacia mi habitación.
—Estaré ahí en un minuto. Sólo voy a ayudar a Israel a limpiar la mesa —dijo Nicola,
asintiendo hacia el desastre de madera rota que solía ser nuestra mesa de café.
Asentí y me alejé rápido. Podía escucharlos susurrando detrás de mí, sabía que
ellos estaban hablando sobre mí, pero simplemente no me importaba. Me enrollé
en una bola en mi cama y sollocé mientras pensaba al respecto. Mi padre estaba en
el pueblo y quería tener contacto con nosotros otra vez. Tenía una nueva familia.
No podía evitar preguntarme si los trataba bien o si los amaba, y si los trataba bien
y los amaba, ¿Por qué demonios no pudo haber sido así con nosotros? ¿Por qué no
nos amó?
Uno minutos después Nicola entró, envolviendo su cuerpo alrededor del mío,
dejándome sollozar en su pecho hasta que me dormí. La última cosa que pasó por
mi cabeza fue que sabía que todo en mi vida era demasiado perfecto. Sabía que no
debía poner mis esperanzas por un final feliz. Yo nunca tenía un final feliz.
Cuenta Nicola
—¿Cuál es el nombre del bebé? —preguntó Angie curiosamente a su mamá. Ella
había estado tan calmada. Sabía que esto probablemente la estaba matando por
dentro pero ella estaba montando un acto, probablemente para el beneficio de
Israel. Sus ojos estaban apretados; su mano estaba sosteniendo la mía un poco
fuerte como para que estuviera bien.
—Adriano —respondió Johana , luciendo triste.
Angie sonrío.
—Bueno, no hay nada que podamos hacer al respecto ahora, supongo. Tendremos
que ver como es este Erick mañana. Pero no quiero tener nada con ese hombre
jamás —declaró, como si no importara que el hombre que la golpeó, abusara
sexualmente de ella por años, y finalmente intentando violarla, estuviera de regreso
y quisiera verla otra vez. Se puso de pie y soltó mi mano. Instintivamente salté y me
puse de pie también. Israel estaba todavía realmente molesto, sabía que él jamás
lastimaría a Angie a propósito pero si se salía de control ella podría ser lastimada
por accidente, así que necesitaba estar allí, sólo por si acaso—. Voy a recostarme.
Tengo un dolor de cabeza —murmuró Angie, alejándose sin una sola lágrima. Esto
era malo; ella de verdad lo perdería en cualquier momento, podía decirlo por la
manera en que sus hombros se encorvaron ligeramente.
Agarré su mano.
—¿Quieres algo de compañía? —pregunté, rezando para que no me alejara.
—Sí. De acuerdo. —Asintió ligeramente y se alejó sin esperar por mí.
Necesitaba hablar con Israel primero, asegurarme que él no fuera a salir por ahí sin
mí o algo.
—Estaré ahí en un minuto. Sólo voy a ayudar a Israel a limpiar la mesa —mentí,
asintiendo hacia las astillas de madera esparcidas por el suelo. Ella asintió y se alejó
rápidamente. La miré caminar por el pasillo antes de girarme hacia Israel—. No te
atrevas a ir ahí por tu cuenta. Estoy hablando en serio, Israel. Si quieres ir, entonces
iré contigo —susurré en tono de advertencia.
Él frunció el ceño pero asintió de mala gana.
—No voy a ir al menos que haga falta. Si él no se acerca a nosotros no quiero tener
nada que ver con él. Si se acerca a ella, lo mataré —gruñó.
Asentí, sabía que lo haría, podía verlo por su rostro. Arizaga estaría con la
mierda hasta el cuello, porque si Israel no lo mataba, entonces yo lo haría si se
acercaba sólo un poco a mi Ángel.
—Escucha, necesito ir allá y asegurarme que ella está bien. Hablaremos más tarde
sobre esto. No hagas nada imprudente, Israel —dije severamente. Él asintió y yo
prácticamente corrí por el pasillo hacia ella. Entré en su habitación; ella estaba
enrollada en una bola en su cama, sollozando su dolor. Odiaba verla así; me trajo
aquellos recuerdos de cuando solía verla así cada noche desde que tenía ocho. La
vista de eso ahora estaba rompiendo mi corazón.
Me acosté enfrente de ella y envolví mis brazos a su alrededor apretadamente,
lanzando mi pierna alrededor de las de ella, empujándola cerca de mí mientras
descansaba mi barbilla en la cima de su cabeza. Si él la llegaba a tocar otra vez iba
a matarlo. No la dejaré vivir su vida asustada por un hombre. No me importaba si
terminaba gastando todo mi tiempo en ello, mientras ella estuviera segura, eso era
todo lo que necesitaba.
Después de media hora sollozando histéricamente, su respiración se volvió más
profunda. Me retiré lentamente y miré hacia ella. Se había quedado dormida. Su
cara estaba roja e hinchada, estaba manchada con lágrimas, pero aun así lograba
verse como la chica más hermosa en el mundo. Besé su frente gentilmente y limpié
sus lágrimas, desenredándome lo más cuidadosamente que podía.
Salí a hurtadillas de su habitación y encontré a Israel sentado en el sofá; su madre
estaba en la cocina haciendo la cena. Me senté cerca de Israel dejando mis ojos
vagar por su cara. Lucía tan estresado; no lo había visto así desde un par de años.
La última vez que lo vi así fue cuando su papá se puso en contacto hace dos años,
cuando teníamos dieciséis. Eso fue cerca de un año después de que lo hubiésemos
golpeado fuerte y sacado a patadas.
Aparentemente, Matias había querido verlos otra vez para redimirse, o eso dijo él
de cualquier manera Israel se había vuelto loco, justo como antes, y en términos no
vacilantes le dijo a su papá que si se acercaba otra vez a Angie, lo cortaría en
pedazos. Fue sólo suerte que esa conversación pasara por teléfono; de otro modo
ese imbécil se estaría descomponiendo en su tumba en estos momentos.
—¿Todo bien Israel? —pregunté, agarrando su hombro, apretándolo suavemente.
Él suspiro y asintió.
—¿Está bien ella? —preguntó en voz baja.
Sacudí mi cabeza.
—No —admití tristemente. Miré mientras su cara se enfurecía; odiaba ver a Israel
tan furioso—. Pero, está dormida ahora.
—Necesitas ayudarme Nicola —murmuró cerrando sus ojos.
—Por supuesto —coincidí, asintiendo rápidamente. Haría lo que sea para mantener
a salvo a mi Ángel, cualquier cosa en el mundo.
—No la quiero sola por su cuenta. Uno de nosotros necesita estar con ella a toda
hora. ¿Puedes quedarte mientras yo voy a trabajar durante la semana? —preguntó,
mirándome esperanzado.
Sonreí con un poco de culpa.
—Siempre lo hago Israel. No te preocupes. Todo estará bien. Ella estará bien. —
Sonreí de modo tranquilizador. Nunca dejaría que nada la lastimara otra vez. Lo
permití cuando ellos eran niños y nunca me perdonaré por eso. Quiero decir, si le
hubiera dicho algo a mi mamá o mi papá, quizás hubiera parado antes de que
fuera demasiado lejos.
Él asintió.
—Sí, lo sé. Escucha, sobre mañana, no sé cómo va a reaccionar con este chico
Erick. Ya sé que él no sabe nada, pero ¿Qué si el empieza a preguntarle por qué
no lo vemos? Podía molestarla en la escuela. Ella odia eso. Ella tiene años en esto
ahora —dijo tristemente.
—Israel, sólo tenemos que ver como juega. —Tomé un profundo respiro y decidí
decirle acerca de lo que había estado pensando desde que su madre dijo que ese
imbécil estaba de regreso en el pueblo. No estaba seguro como Israel reaccionaria a
mi sugerencia, sin embargo; tenía la esperanza que lo viera de forma que estaba
pensando sobre ella—. Sabes me iré a la universidad en un par de meses. Bueno,
iba a rechazar mi beca e ir a una universidad más cercana aquí así todavía
podría quedarme con ella, pero si pasa lo peor, la llevaré conmigo. Puede
transferirse de escuela —sugerí, encogiéndome de hombros, esperando por su
reacción.
He estado pensando bastante sobre esto los últimos meses, desde que recibí la
carta de aceptación. Esa universidad era una oportunidad increíble para mi carrera,
pero no quería irme. No quería dejar a Angie ni siquiera antes de estar juntos,
pero pienso que no sobreviviría ahora que finalmente la tengo. Estaba pensando
sobre o ir a una universidad local, o preguntarle para que viniera conmigo a
Boston. El problema era que Angie sólo tenía dieciséis, así que estaba seguro de
que tendría que tomar la primera opción y quedarme aquí con ella. Ahora que esta
situación se había presentado, regresaba a la idea de preguntarle para que viniera
conmigo. Podría alejarla de todo; podríamos tener un nuevo comienzo donde ella
no pensaría sobre él cada día, donde no tendría que preocuparse sobre
encontrarse con él cada vez que saliera de la casa.
Esperaba que Israel se volviera loco conmigo por siquiera sugerir alejarla de él, pero
me sorprendió cuando no lo hizo. Él sólo asintió.
—Gracias, amigo —dijo tristemente.
—Voy a preguntarle a tu mamá si puedo pasar la noche —dije, poniéndome de pie
y dirigiéndome a la cocina. Johana todavía estaba molesta; sus ojos todavía
estaban rojos por las lágrimas.
Ella se acercó a mí y me abrazó apretadamente.
—Eres un buen chico, Nicola, siempre lo has sido —dijo con una lágrima en su ojo.
—¿Es eso un, “sí, puedes compartir la cama con mi hija, Nicola”? —bromeé, tratando
de aligerar el ambiente. Funcionó, ella se rió.
—Sí, de acuerdo. —Asintió, poniendo los ojos en blanco y suspirando
audiblemente.
La besé en la mejilla.
—Todo va a estar bien. Israel y yo cuidaremos por las dos —le prometí mientras la
abrazaba fuertemente.
Ella asintió.
—Sé que lo harán. Sólo cuida también de Israel por mí. Tengo el sentimiento que va
a hacer algo imprudente y meterse en problemas —dijo ella frunciendo el ceño.
—Lo cuidaré. No te preocupes por nada. —Sonreí y la solté gentilmente—. Voy a
buscar algo de ropa en mi casa. No tardaré mucho. —Me giré y prácticamente corrí
a mi casa, tratando de ser lo más rápido posible.
Mi mamá estaba planchando en la sala.
—Oye, mamá. Me quedaré con Ángel esta noche —le informé mientras la pasaba
sin siquiera esperar por una respuesta. Empujé ropa limpia y mis libros de la
escuela dentro de mi bolso, antes de dirigirme de regreso a ver a mi mamá. No la
había visto desde el viernes por la mañana cuando salí de mi habitación,
pretendiendo que había pasado la noche aquí como es usual.
—¿Cómo van Angie y tú? —preguntó ella, sonriendo felizmente.
Sonreí, pensando sobre cuán bien nos estábamos llevando antes de que todo esto
pasara hace unas horas.
—Increíble. Realmente increíble —admití.
Ella me dio una brillante y feliz sonrisa.
—Ustedes dos están teniendo cuidando, ¿cierto? —preguntó, mirándome con
advertencia.
Sonreí y asentí.
—Sí, mamá, Ángel está tomando la píldora —declaré poniendo los ojos en blanco.
Ella jamás me había preguntado sobre mi vida sexual antes ¿y ahora de repente
estaba interesada?—. Escucha, tengo que irme. Adriana está de regreso así que
está haciendo la cena. Sólo vine para tomar algo de ropa. —Moví el bolso en mi
hombro, mirando a la puerta con ansiedad; sólo quería regresar allí rápido en caso
de que ella despertara.
Mamá me miró con curiosidad.
—¿Johana está en casa y va a dejar que te quedes con Angie? —preguntó,
luciendo un poco sorprendida. Sonreí, sabiendo que bajo circunstancias normales
Johana hubiera pateado mi trasero sólo por preguntar si podía quedarme, pero
con todo lo que había pasado a ella parecía no importarle.
—Sí, dijo que estaba bien. —La besé en la mejilla—. Te veo mañana en la noche
cerca de las nueve cuando Israel llegue a casa del trabajo, ¿de acuerdo? —dije sobre
mi hombro mientras caminaba hacia la puerta.
Suspiró dramáticamente.
—Fue lindo verte, Ni ola —dijo sarcásticamente.
Me reí.
—Te amo, Mamá.
—También te amo —dijo, justo mientras cerraba la puerta.
Corrí tan rápido como pude a la casa de Angie, ella todavía estaba dormida en la
misma posición. Sólo eran la siete treinta; quizás ella duerma toda la noche. Me
acosté cerca de ella otra vez, mirando por encima de ella. Instantáneamente, se
apretó cerca de mí, de la misma manera que lo hacia cada noche. La envolví
fuertemente en mis brazos y cerré mis ojos, tratando de pensar en otra cosa que
no fuera el peor recuerdo de mi vida. La imagen de caminar dentro mientras su
padre trataba de forzarla mientras ella yacía en la alfombra del salón sangrando.
Después que él se fue, admitió que su padre la había estado tocando desde que
ella tenía cinco. Después de esa confesión, nunca más habló sobre eso. Creo que lo
enterró tan profundo dentro de ella y pretendió como si no hubiera pasado o algo,
como en un estado de negación supongo. La única vez que veías los efectos de
ello, era cuando las personas la tocaban y entraba en pánico.
Un tiempo después, Israel trajo dos platos la comida. Miró a Angie con una
expresión de dolor en su cara.
—¿Crees que deberíamos despertarla y hacer que coma algo? —susurró.
Sacudí mi cabeza.
—No, déjala dormir. Si despierta con hambre entonces le haré algo —dije en voz
baja, mientras empezaba a comer mi pasta ávidamente. Se sentó al pie de su cama
sólo viendo su sueño por un rato—. Estará bien, Israel —prometí.
Suspiró y asintió.
—Sí lo sé. Buenas noches, Nicola. —Sonrió tristemente mientras tomaba mi plato
vacío y el plato sin tocar de Angie y se deslizó fuera de su habitación. Me envolví
alrededor de ella otra vez y la vi dormir hasta que no pude quedarme despierto
más tiempo.

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