martes, 4 de febrero de 2014

"Lazos" capítulo 21






capitulo
NICOLA
—Bueno, el infierno ha dado una bofetada congelada. Mario  está
caminando hacia un bar.
La voz de mi madre me llegó alta y clara a través de la habitación vacía. Bajé la
cerveza. Estaba haciendo de enfermera desde que entré aquí hace unos cinco
minutos.
No había encontrado a Angie en ninguna parte, por lo que vine aquí con la
esperanza de que también me estuviera buscando.
—No estoy aquí para una visita social, tía. Vine para ver mi espalda
apuñalada por el hijo de puta de mi primo.
Mamá dejó escapar un silbido y meneó la cabeza.
—Tenía que haber pensado mejor antes de creer que lo sabías todo sobre Ni ola y
Angie paseando juntos alrededor del pueblo.
—Cállate mamá —dije sin mirarla.
Mantuve mis ojos en Mario. El odio en los suyos era algo que jamás había
imaginado ver dirigido hacia mí. A pesar de saber que lo merecía, aún era difícil
lidiar con ello.
Su cabello estaba comprimido detrás de sus orejas y sus dientes estaban tan
apretados que podía ver la marca de su mandíbula.
—¿Está aquí? —preguntó Mario mientras echaba un vistazo al bar vacío. Él
también había pensado que ella vendría hacia mí.
—No.
—¿Dónde está?
—No lo sé.
Mario acechó en mi dirección. Dios, no quería golpearlo. Yo sólo quería a Angie. La
verdadera. La que él no conocía. La que él nunca sería capaz de amar.
—¿Cómo pudiste hacerme esto Nivola? Eres como mi hermano.
El dolor en sus ojos se sentía como un cuchillo revolviéndose en el estómago. No
era suficiente para hacer que me arrepintiera de algo, pero dolía como el infierno.
—No la conoces, nunca lo has hecho.
—¿No la conozco? ¿NO LA CONOZCO? ¿Quién diablos te crees que eres Nicola?
Ha sido mía por tres años. TRES AÑOS. Ustedes apenas se miraron en tres años.
¿Me voy un verano y resulta que están juntos? ¿Se hicieron amigos? ¿Qué pasó
exactamente? Porque no pienso tragarme la mierda que ella me dijo fuera de la
iglesia.
¿Debía decirle la verdad? La merecía pero no podía hacerlo sin el consentimiento
de Angie. También era su historia.
—Nos acercamos. Pasamos tiempo juntos. Recordamos por qué éramos tan
cercanos cuando éramos pequeños.
Me detuve y lo miré largamente. Había algo que necesitaba saber. Una verdad que
era mía para poder decirle. Pero admitirlo probablemente mataría cualquier
posibilidad de que pudiéramos superar esto. Todo se reducía a quién era más
importante. Mi primo. El único que siempre estaba allí para mí, sin importar lo que
pasara, mi mejor amigo. Y estaba Angie. La única persona sin la cual no podía vivir.
No más.
—La amo.
En el mismo segundo, la mandíbula de Mario cayó y volvió a tensarse. Se estaba
preparando para lanzarse hacia mí, lo pude ver en su postura.
—Tú, la, amas —repitió furioso e incrédulo—. ¿Eres consciente de que pensaba
casarme con ella algún día? ¿Y tú Nicola, eh? ¿Planeas casarte con ella? ¿Mudarte
con ella al remolque de tu madre? Tal vez podría conseguir un trabajo aquí, con la
tía Johana, cuando sus padres dejen de darle el dinero.
Mi puño se estrelló contra su rostro antes de que supiera lo que estaba sucediendo.
Mario se tambaleó hacia atrás, con la sangre corriendo por su nariz. Un rugido
estalló en su pecho y cargó contra mí, arrojándome contra el suelo. Su puño se
estrelló con mi mandíbula sólo porque sabía que lo merecía. Pero esa era lo último
que dejaría que hiciera. La sangre que corría de su nariz, por encima de su boca,
logró que hiciera todo lo que estaba en mi poder para contenerlo. Yo no quería
golpearlo de nuevo, pero que me aspen si iba a dejar que él me golpeara.
—¡Deténganse! ¡Los dos! —gritó mamá por encima de nuestros gruñidos, pero
Mario no paraba de intentar lanzarse sobre mí y yo no paraba de bloquear sus
golpes.
—Eres un bastardo Nicola. Ella es una buena chica. No le puedes dar lo mismo que
yo. —Las palabras de Mario hicieron que perdiera temporalmente la calma y que,
nuevamente, mi puño se estrellara en un lado de su cara. Diablos.
Tenía que callarse de una maldita vez.
—Cállate, —le grité, empujándolo lejos de mí y poniéndome de pie.
—Es la verdad y lo sabes. Sólo es demasiado estúpida para darse cuenta…
No terminó la frase antes de que lo tuviera con la espalda contra el suelo, con mi
mano cerrándose sobre su garganta.
—No la vuelvas a llamar estúpida —le advertí.
Había cruzado una línea. Yo lo quería, pero la quería más a ella.
—Es suficiente, quítate de ahí Nicola. Esto ha ido demasiado lejos. Están dejando
que una chica arruine su amistad. Ninguno de ustedes se casará con ella. Ni hablar
de hijos. Es dulce y bonita, eso se los concedo, pero no vale la pena deshacerse de
su familia por ella.
Mamá se acercó a nosotros, su sombra cubrió la cara de Mario. Reduje mi agarre
en su cuello, en caso de que se estuviera poniendo azul, porque era incapaz de
verlo bien.
—Él no es mi familia.
Las palabras de Mario me dolieron, pero me habría sentido de la misma forma si
hubiera alejado a Angie de mí. Deshice la llave y lo liberé, irguiéndome nuevamente,
poniendo distancia entre ambos. No aparté mis ojos de él.

—Lo siento chico, pero estar furioso con él por esa chica no le quitará la sangre que
también corre por tus venas. Ustedes son y serán siempre parte de la misma
familia.
Mario puso una expresión desdeñosa mientras se ponía de pie y se limpiaba la
sangre de la nariz con la manga de la camisa.
—No es más que el bastardo del hermano perdedor de mi padre.
No reaccioné. Quería que lo hiciera. Pero no le di ese gusto. Mamá chasqueó la
lengua como lo hace cuando sabe algo importante que los demás no. Dejé que mis
ojos se fijaran en ella por un segundo, para descubrir qué quería decir.
—De hecho, Nicola no es el bastardo del hermano de tu padre. Es el bastardo de tu
padre. La sangre en sus venas es la misma que la tuya. No te confundas sobre eso.
Me quedé paralizado en mi lugar mientras las palabras de mamá se hundían en mi
conciencia. Retrocedí un paso y me sostuve del borde de la mesa de billar,
buscando apoyo mientras la miraba, esperando por una señal de que mentía.
—No. —Fue la única respuesta de Mario.
No podía mirarlo. No ahora.
—Sí. Pregúntale a tu padre. Diablos, pregúntale a tu madre. Eso será divertido. Me
odia de todos modos. Bien podría hacer que me odiara un poco más por liberar al
gato encerrado.
Decía la verdad. Lo notaba en su voz. Había oído sus mentiras durante toda mi
vida. Sabía percibir la diferencia.
—No. No eres más que una puta estúpida. Mi padre nunca lo haría.
Mamá se rió y rodeó el bar para coger una toalla que le tiró a Mario.
—Limpia la sangre de tu cara y vete a casa. Cuando te des cuenta que estoy
diciendo la verdad, entonces, tú y tu hermano podrán resolver las cosas. Como
dije, ninguna chica vale tanto la pena como para luchar de esa manera.
Probablemente te gustaría preguntarle a tu padre acerca de eso, también. Estoy
segura que tiene una opinión sobre el tema. Teniendo en cuenta que la manzana no
cae lejos del árbol.
¿Qué estaba diciendo? Una amarga sonrisa afloró a sus labios.
—No sé qué es peor. Enterarme de que son basura blanca después de todo o tener
a tu madre tratando de acusar a mi padre —escupió Mario antes de darse la
vuelta y caminar hacia la puerta por la que había entrado apenas quince minutos
antes.

ANGIE
—Bueno, abue, he vuelto. Es tiempo de enfrentar la música —dije mientras
colocaba el tallo de la rosa en la lápida de su tumba la mañana siguiente.
Me levanté a las cuatro de la mañana después de pasar la noche con Diana, para
poder regresar a tiempo para ir a la escuela. No necesitaba agregar una ausencia
injustificada a mi lista de transgresiones. Mis padres probablemente me hubieran
encerrado de por vida si eso sucedía.
Me senté en el banco de madera al pie de la tumba, mi madre lo había sacado del
porche de la abuela y lo había traído aquí.
—Metí la pata a lo grande. No estabas aquí para correr hacia ti por lo que fui con
Diana, lo cual probablemente sólo empeoró las cosas. Incluso salí de la iglesia
después del solo del coro. No creo que mis padres sepan el motivo aún, pero
tampoco creo que importe.
Tomé un sorbo del café moka que había recogido en mi camino a la ciudad. La
escuela no empezaba hasta una hora después y volver a casa en este momento no
era lo mejor.
—Todo esto es por Nicola. Lo amo. Loco ¿no? Nicola Porcella, el chico malo del
pueblo y tenía que enamorarme de él. Yo, la novia de su primo y mejor amigo.
Pero él me deja ser yo misma. Justo como tú. No es malo como todo el mundo
piensa. Nadie conoce su corazón. No pueden ver más allá de su grosera boca, el
hecho de que beba cerveza, ni su actitud rebelde para ver que es un chico sin un
padre. Nadie se acercó y trató de enseñarle algo mejor. Lo dejaron crecer solo. No
es justo. Todo el mundo lo juzga sabiendo que no tiene ninguna influencia positiva
en su vida. Su tío nunca se ha preocupado por cuidarlo, disciplinarlo o siquiera
interesarse en él. Creo que es maravilloso a pesar de la mala mano que le tocó.
Odio cuando todo el mundo juzga a los demás aquí. Ellos llaman a este lugar el
Cinturón de la Biblia, pero en realidad, abue, creo que todos ellos necesitan ir a leer
sus Biblias un poco más. Recuerdo claramente a Jesús siendo amable con los
pecadores, no juzgándolos. Nicola sólo necesita a alguien que crea en él y yo lo hago.
Tomé otro trago de mi café con leche y me recosté en el banco. El cementerio de la
iglesia estaba en silencio al amanecer. Un autobús escolar pasando cerca era la
Única  señal de vida.
Mi teléfono sonó, alertándome de la llegada de un mensaje. Lo miré y fruncí el
ceño.
“¿Dónde estás y dónde está Nicola?”
Era de Mario.
Dudé, insegura de cómo responderle. Aunque, la idea de que Nicola estuviera
perdido me molestó.
“Estoy en la tumba de mi abuela. No he visto a Nicola desde que me fui de la iglesia ayer”.
Esperé por una respuesta pero no vino. Agarré mis llaves del banco y me puse de
pie.
—Tengo que irme, abue. Te amo —dije y lancé un beso hacia su lápida antes de
volver al coche.

No hay comentarios:

Publicar un comentario