--qué mierda es esto?! —escuché a Israel bramar cerca. Abrí mis
ojos y lo miré. Su cara estaba de un rojo brillante y lucía
criminalmente molesto.
—¡Israel no tan alto vas hacer sangrar mis oídos! ¿Qué pasa? —pregunté,
sentándome. Pero tan pronto como me moví, me di cuenta que estaba mal. Aún
estaba en el sofá con Nicols. ¡Oh no! salté rápidamente y miré a Nicola, quien tenía su
boca colgando abierta, luciendo completamente en shock. Está bien, necesitaba
salvar la situación rápidamente—. ¡Maldita sea Nicola! ¡Puaj! ¿Tenías tus manos
sobre mí? —grité, pretendiendo estremecerme en horror. Israel me miró, su rostro
aún enojado, pero parecía ligeramente confundido ahora.
—Yo… er… no… ¿Qué? —Nicola balbuceó.
—¿Qué demonios estabas haciendo con él, Angie? —Israel gruñó molesto,
apuntando a Nicola quien se veía confundido a este punto.
—Debí haberme quedado dormida, supongo —fruncí el ceño, agitando mi cabeza
como si estuviera confundida también.
—¿Quedarte dormida? Bueno, ¿qué estabas haciendo con él, en primer lugar? —
pregunto, lanzándole a Nicola otra mirada asesina, antes de volverse hacia mí.
¡Bien, vamos, piensa! Oh lo tengo; ¡él tendrá que aceptar esto!
—Tuve un mal sueño, Israel —murmuré, mirando al suelo, y pretendiendo estar
alterada. Jadeó y envolvió sus brazos a mí alrededor, instantáneamente, poniendo
su barbilla en lo alto de mi cabeza.
—Oh mierda, Angie. Está bien —susurró, balanceándome ligeramente.
—Estaba alterada y pensé que estabas aquí afuera, pero no estabas. Nicola me
consoló, eso es todo. Debimos habernos quedado dormidos —susurré,
sintiéndome culpable de que estaba mintiendo. En verdad no estaba lista para que
supiera aún, especialmente después de la forma en la que estaba mirando a Nicola.
—Lo siento, solo pensé… bueno, olvídalo —Israel murmuró, tirando de vuelta para
mirarme—. ¿Estás bien? —asentí, mordiendo mi labio para tratar y aliviar algo de la
culpa que sentía. Miró por encima hacia Nicola—. Lo siento, hombre, salte a
conclusiones y er… gracias por cuidar de mi hermana.
Nicola se veía realmente incómodo y me dio una mirada; le di una expresión
suplicante, rogándole con mis ojos que no dijera nada.
—Sí, no hay problema —se encogió de hombros, frotando una mano a través de su
desordenado cabello de cama.
Rápidamente salí del agarre de Israel.
—Me voy a ir y me cambiaré para ir a la escuela. ¿De cualquier manera que hora
es? —pregunté, mirando alrededor buscando mi teléfono celular. ¿Por qué no
había sonado la maldita alarma?
—Aún no son las seis, Angie. Me desperté temprano —se encogió de hombros.
—Bien, entonces voy por algo de desayuno antes de darme una ducha. Er… gracias,Nicola, por anoche —dije, ruborizándome y dándole una pequeña sonrisa.
—Definitivamente fue un placer, Ángel. —me guiñó un ojo, sonriendo felizmente.
Israel lo golpeó en la parte trasera de su cabeza, haciéndolo estremecerse.
—¡Hermana menor! —señaló, rodando su ojos y pisando fuerte, dirigiéndose a la
cocina, dejándonos a Nivola y a mí en la sala.
Una vez Israel se había ido, Nivola me miró.
—No me gusta tener que mentirle a tu hermano, Ángel —susurró, frunciendo el
ceño.
—Lo sé, pero sólo un par de semanas, ¿por favor? —rogué, besándolo rápidamente
en los labios y volviendo a correr en dirección a la cocina. Tomó mi mano y me
llevó de nuevo hacia él, besándome otra vez, antes de que me diera una de sus
hermosas sonrisas. Casi iba dando saltitos a la cocina porque estaba tan feliz. Israel
tenía una tostada, así que hice dos cuencos de mi cereal favorito, uno para mí, uno
para Nicola. Los lleve a la sala y le entregué una, antes de dejarme caer en el suelo
junto al sofá.
—Er.... gracias por esto, Ángel, pero no me gusta el Coco Pops —dijo, moviendo su
nariz hacia el recipiente.
Le fruncí el ceño, confundida. Siempre estaba comiendo mi cereal. Cada día tenía
un plato de Coco Pops.
—Claro que sí, te lo comes todos los días —me miró como si hubiera perdido la
cabeza; ¿pensaba que era estúpida o algo así?
Se echó a reír y sacudió la cabeza.
—No, no lo hago. Hago un plato cada día y pretendo comerlo, antes de que
vengas y me lo arrebates —dijo con una sonrisa sexy y ojos divertidos.
—¿Por qué diablos harías un plato y pretender comerlo? ¿Te gusta hacerme
enojar? —le pregunté, molesta.
—No, Ángel. Me gusta hacerte el desayuno —dijo simplemente.
Di un grito ahogado ante la revelación. ¿Los hizo por mí?
—¿Los haces para mí? ¿Todos los días? —pregunté, boca abierta, sorprendida de
que había sido tan dulce y nunca me había dado cuenta. Cada día venía y le hacia
algún comentario desagradable acerca de él comiendo en mi casa y que dejara en
paz mi cereal, ¿y todo este tiempo lo hacía para mí? Por Dios, ¡eso es tan
jodidamente dulce! Se encogió de hombros como si fuera nada. Todo este tiempo
pensé que era un idiota, ¡cuando en realidad estaba siendo amable conmigo! Israel
entró entonces, así que no podía decir nada. Engullí mi desayuno y prácticamente
corrí a mi habitación, tomé mi celular y le envié un mensaje de texto ya que no
podía hablar con él:
“¡Gracias, eso es muy dulce! Nunca me di cuenta de que hicieras eso. ¡Voy a darte las
gracias adecuadamente más adelante! X” envié. Sonreí para mis adentros y me fui a
tomar una ducha.
Cuando salimos del auto de Nicola en la escuela, fuimos inundados por la usual
horda de chicas queriendo manosear a Nicola e Israel. Rodé mis ojos cuando Millet
empujó su camino hacia el frente y envolvió sus pequeños, sucios brazos alrededor
de la cintura de mi novio, mirándolo con sus ojos ven a la cama.
—Millet, en serio necesitas alejarte —dijo Nicola con severidad, desenvolviéndose
de ella y caminando hacia atrás.
—Nico, nene, ¿qué tal si nos saltamos el primer período y vamos a pasar un buen
rato? —ronroneó ella sugestivamente, frotando su mano hasta su pecho.
¡Oh, Dios mío, estaba tan celosa que me sentía realmente enferma!
Di media vuelta y me alejé tan rápido como pude, sólo queriendo estar lejos de
todo. Después de un minuto pude escuchar a Jaz corriendo para alcanzarme, él
me agarró la mano tirando de mí para detenerme.
—En serio, no estoy de humor —casi gritó, dirigiéndome a ella, pero no era ella,
era a Nicola.
—Hey, sólo quería acompañarte a clase —frunció el ceño y me miró con tristeza.
—Oh, claro... er... Lo siento. Pensé que estabas con Millet, teniendo un poco de
diversión —dije sarcásticamente, avergonzada de haberle gritado.
Negó con la cabeza y se acercó a mí.
—No, no estoy con ella, estoy contigo —dijo dulcemente, sonriéndome, y haciendo
que mi corazón latiera más rápido.
—Claro, sí, lo siento, sólo.... No sé.... —mi voz se apagó, ruborizándome como un
loca.
—Estás celosa —afirmó, al parecer satisfecho de ello. Asentí con la cabeza de mala
gana, en realidad no quería admitirlo—. Bien, he estado esperando para que te
pusieras celosa por los últimos doce años —dijo, sonriendo como un loco.
Me eché a reír.
—¿En serio? Pues aquí lo tienes entonces, finalmente ocurrió —di una patada a mis
zapatos en las piedras; tratando de distraerme de la sensación de celos que todavía
estaba corriendo por mis venas. Supongo que iba a tener que acostumbrarme a
que las chicas estuvieran sobre él. Era Nicola, por el amor de Dios, las chicas
siempre lo seguían a todas partes, pidiendo su atención.
—Recuerdas la charla que tuvimos ayer, ¿esa acerca de la confianza? Bueno, eso
funciona en ambos sentidos, sabes. Nunca te haré daño, pero necesitas creer eso
también —puso su dedo debajo de mi barbilla e inclinó mi cabeza hacia arriba,
haciéndome mirarlo.
Suspiré, sí bien, supongo que dije eso.
—Confío en ti, sólo es difícil de ver —le contesté, sonriendo, imitando sus palabras
de ayer.
Se echó a reír.
—Sí, bueno, lo que se dice por ahí ahora es que tengo una novia por lo que debe
poner fin a todo este coqueteo —dijo con confianza, cepillando el pelo de mi cara.
—¿Les dijiste a todos que tienes una novia? —pregunté, sorprendida. Bien, wow, tal
vez era más serio de lo que pensé sobre hacer esto funcionar.
—Sí, por supuesto. Tengo una novia. Tengo la más sexy, más bella novia del
mundo, que aún no me da las gracias que me prometió en un texto esta mañana
—sonrió, con su sonrisa coqueta y sentí como un millón de mariposas
revoloteaban en mi estómago.
Me reí y me incliné hacia delante hasta que mi boca estaba casi tocando la suya.
—Todas las cosas buenas vienen a aquellos que esperan —me burlé, guiñándole
un ojo y alejándome.
Gimió y me atrapó con rapidez.
—No crees que doce años sea tiempo suficiente para esperar —preguntó,
fingiendo sorpresa, haciéndome reír.
—Hmmm, no realmente. Creo que voy hacerte esperar un poco más —le lancé un
beso al entrar por la puerta de mi clase de Historia. Lo oí quejarse, pero cuando
miré hacia atrás estaba sonriendo, mirándome marcharme. A propósito balanceaba
mi trasero, tratando de lucir sexy; debió haber funcionado porque tres chicos de mi
clase de historia silbaron e hicieron un comentario acerca de mi sexy trasero. Puse
los ojos en blanco. ¡Chicos!
No pude hablar con Nicola mucho en el almuerzo, nos sentamos en la misma mesa,
pero todo el mundo quería hablar con él.
—Así que, ¿realmente tienes una novia secreta? —preguntó Guty, uno de sus
amigos, lo miraba como si no lo creyera en absoluto.
—Sí —confirmó Nicola, pareciendo muy orgulloso de ello. Cada vez que me miraba,
me ruborizaba como una loca, y estaba segura de que alguien lo iba notar.
—Ella debe ser una mujer caliente que ha domado a la bestia para sentar cabeza —
sonrió Erick.
Nicola se rió, sus ojos se posaron en mí por una fracción de segundo.
—Ella es la cosa viva más sexy, hombre —dijo con confianza.
—¿En serio? ¿Es buena follando? —preguntó Erick, recogiendo su emparedado.
—Hombre, en serio, no voy a contestar eso de mi chica —dijo Nicola con una
sonrisa.
—Apuesto a que podría sacarla del agua2 —coqueteó Melissa, pasando la mano
por su brazo.
Se echó a reír.
—Sabes qué, no tendrías ninguna posibilidad. Mi chica es increíblemente hermosa,
tanto por dentro como por fuera —Nicola se encogió de hombros, tirando de su
brazo a distancia, con una sonrisa. Todas las chicas en la mesa hicieron aww y ahh.
Sonreí y trate de comer mi almuerzo. Podía sentir los ojos de Jaz en mí, para que
la mirara, ella me sonreía de oreja a oreja. Puse los ojos en blanco, riendo entre
dientes.
—No ha dormido con ella, ella no cree en el sexo antes del matrimonio —terció
Israel, sonriendo. Me tragué una risa. ¿Le había realmente creído Israel cuando le dijo
eso esta mañana? Todos jadearon y miraron a Nicola, quien estaba sonriendo como
loco.
—¡No me digas! ¿No te has acostado con ella? —preguntó Erick escéptico.
—No, no lo he hecho, pero eso en realidad no es de su incumbencia, chicos —Nico
sacudió su cabeza, sonriendo—. Me tengo que ir. Tengo que hablar con el
entrenador acerca de la práctica —se encogió de hombros, poniéndose de pie. La
mitad de los chicos también se levantaron, después a seguirlo.
Tan pronto como se marcharon, todas las chicas empezaron a planear y conspirar.
Querían saber quién era la chica secreta, y no se detendrían ante nada para
descubrirlo, a continuación, cada una de ellas sacó veinte dólares y los puso en el
centro de la mesa. Las miré, confundida.
—Entonces, la próxima chica que se acueste con él, se lleva la apuesta —dijo
Millet, con una sonrisa.
Di un grito ahogado.
—¿En serio? Acaba de decir que tiene una novia y no está interesado, ¿y están
apostando a quién va a dormir ahora? ¿Qué pasa si su novia es la próxima en
dormir con él? —pregunté, sorprendida. ¡No podía creer que estas chicas
estuvieran apostando por tener sexo con alguien! ¡Es una competición maldita sea!
—Bueno si ella pone su dinero, entonces va a ganar, pero obviamente ella no le
esta dando lo que él necesita. Se alejará con el tiempo. La próxima en engancharlo
gana, pero te garantizo que no será su novia. Él no puede esperar. Sin sexo antes
del matrimonio. ¡Sí, claro! Es de Nicola de quien estamos hablando —rodó sus
ojos riendo. Era obvio que ella tenía muy claro que ganaría.
Entonces tuve una idea, saque uno de veinte y lo puse en su montón.
—La próxima en engancharlo, ¿no? —pregunté, apenas siendo capaz de contener
mi sonrisa.
—Sí ¡Claro! Como si tuvieras una oportunidad, emo —me soltó Millet,
desagradablemente.
—Entonces, ¿qué obtiene el ganador? —pregunté emocionada, ignorando su burla.
Contó el dinero que había en el montón.
—Bien, hay doscientos cuarenta dólares ahora mismo, pero una vez que la gente se
entere… bueno, no lo sé… la última vez que hicimos esto fue por Miguel. Tuvimos
seiscientos veinte, pero Nicola es más caliente, y por su aspecto de intocable, bueno,
por ahora de todos modos —Millet se rió, doblando el dinero y poniéndoselo en
su bolsillo, apuntando los nombres en un trozo de papel. Me reí, wow, esto iba a
ser dinero fácil. Jaz se reía como una loca.
—¿Van a entrar también? —preguntó Millet a Jaz y a Shey, cortésmente.
—No, yo no. No tengo ninguna oportunidad —Mery se encogió de hombros, aun
riendo.
Sheyla le pasó a Millet su dinero.
—Estoy dentro. Quien podría decir que no a la oportunidad de ganar todo ese
dinero y de dormir con Nicola —dijo Shey, de manera soñadora. tome a mis
dos amigas por el brazo y las arrastré fuera de la sala del almuerzo hacia nuestra
siguiente clase.
Tuve que pasar el rato por los alrededores después de la escuela, esperando a que
Nicola e Israel acabaran su entrenamiento de hockey. Me colé en la pista y me
escondí en la parte de atrás así no sería vista. No teníamos permitido estar aquí
durante los entrenamientos por que el entrenador decía que las chicas distraían a
los jugadores. Amaba ver sus partidos de hockey; había algo en la forma que ellos
se deslizaban por el hielo tan rápido y con gracia. Estaban haciendo carreras cortas
en este momento, patinando de una línea a otra tan rápido como podían, luego
tenían que regatear un disco alrededor de los conos, y al final estaban tomando
turnos para disparar a la portería, con mi hermano haciéndolo lo mejor que podía
para mantener los discos fuera. Era un gran portero, pero sólo jugaba por
diversión. A Nicola por otra parte, le habían ofrecido una beca de atletas completa
para una de las mejores universidades del país. Él esperaba convertirse en
profesional —en lo que aparentemente tenía muchas posibilidades de hacer, por
que tenía a los reclutadores encima.
Me encontré viéndome patinar a Nicola. Lo había observado hacer esto cientos, si no
millones de veces, había algo simplemente hermoso sobre él. Me quitaba la
respiración. Estaba mirando la manera en la que sus pies se movían, la manera en
la que su desastrado pelo marrón se revolvía cuando patinaba, la manera en la que
el hielo se esparcía cuando paraba. Y por supuesto, me di cuenta de cuan
increíblemente caliente estaba con ese uniforme.
Me escabullí fuera cuando la práctica terminó y esperé en el coche de Nicola y a Israel
que se ducharan. Sheyla se acercó cuando estaba allí.
—Hola chica —gorgoreó, saltando de arriba a bajo con emoción.
—Hola, ¿qué pasa contigo? No has estado inhalando esas hierbas otra vez
¿verdad? —bromeé. Era una broma recurrente, Sheyla había comprado algunas
“hierbas” de un amigo suyo y las encendió en su habitación para limpiar su aura o
algo. Terminó siendo marihuana y se colocó, corriendo calle abajo medio desnuda
mientras llamaba a todo el mundo por su teléfono para que vinieran a ver el
desfile. Nunca lo superó.
—¡Ja, ja! No, solo que acabo de hablar con Micheille y me ha dicho que la apuesta
por Nicola llega a ¡1860 dólares! ¿Puedes creerlo? Así que, voy a intentarlo
cuando salga del entrenamiento —dijo, saltando en el sitio y mirando alrededor,
buscándolo.
Casi me ahogo, ¡1860! ¿Era una broma? ¡Santa mierda! Eso significaba que más de
noventa chicas estaban rogándole a mi novio para tener sexo, ofreciéndose en
bandeja y yo estaba asustada de que me tocara. Quizás esto no iba a ser tan
divertido como pensé en un principio.
Sobre unos cinco minutos después los chicos salieron.
—Hola Nicola, wow, hueles bien —ronroneó Sheyla seductoramente, mientras se
inclinaba hacia él.
Miró hacia ella, con una expresión de horror en su rostro. Mordí mi labio, fuerte, así
no me reiría.
—Hola, Shey. Escucha, quizás no te hayas enterado de que tengo novia así que…
—se retiró encogiéndose de hombros.
—Eso esta bien, no me importa compartir —ronroneó Sheyla, poniendo una mano
sobre su pecho para hacer que se parara delante de ella.
Parecía un poco enfadado.
—Shey, en serio no estoy interesado, vale —movió su mano y entró en el auto,
frunciendo el ceño.
Sonreí en modo disculpa hacia Sheyla, por que parecía un poco derrotada.
—Ahí van veinte dólares que no volveré a ver —apuntó.
Reí.
—Hey, cuando gané te devolveré los veinte —le giñé un ojo, haciéndola reír
cuando me subía al coche.
Hoy era uno de los días que Israel trabajaba, así que Nicola siempre lo dejaba en el
gimnasio, donde trabajaba de lunes a miércoles por la tarde. Luego Nicola
normalmente me llevaba a casa.
—Mierda, hombre. Creo que he sido golpeado más veces hoy que en toda mi vida.
¿De que demonios se trata? Le digo a la gente que tengo novia, y toda la tarde la
gente ha estado rogándome para foll… —paró abruptamente de hablar,
mirándome por el espejo como si hubiera dicho demasiado. Me reí. Bendícelo, ¡no
tenia ni idea de que un centenar de chicas cachondas estaban intentando dormir
con él por una apuesta!—. ¿Qué es tan gracioso, Ángel? —me preguntó, elevando
sus cejas hacia mí por el espejo.
—¿Quieres saber porque tuviste atención extra hoy? —pregunté, riéndome.
—Sí —contestó, viéndose un poco aprensivo.
Israel se giró para mirarme desde delante. Sonreí.
—Bueno, hay una apuesta corriendo entre las chicas para ver quien se puede
acostar contigo, la primera que lo consiga, gana el bote. Es bastante dinero —
declaré, aun sonriendo. Israel estalló en risas, y Nicola casi desvía el coche al otro
carril por que estaba muy sorprendido.
—¿Están haciendo qué? ¿No saben que tengo novia? —gritó, obviamente muy
enfadado. Su indignación parecía hacer reír más a Israel.
Asentí.
—Sí, por eso lo están haciendo. No les gusta la idea de que estés atado, viendo
que tú eres tan jugador, quieren ser las próximas en dormir contigo —me encogí
de hombros con desdén, fingiendo que no era gran cosa cuando realmente estaba
preocupada. ¿Cuánto tiempo iba a ser capaz de resistir toda esa atención?
—¿De cuanto es el bote? —preguntó Israel, con diversión.
—De más de mil ochocientos dólares —reí. Nicola casi nos saca de la carretera otra
vez y la boca de Israel cayó abierta. Miró hacia Nicola con los ojos llenos de orgullo—.
Sí, veinte dólares cada una. Así que eso hace unas noventa chicas queriendo ser las
siguientes en follar contigo, Nicola —sonreí hacia él por el espejo. Parecía
horrorizado, y honestamente, un poco asustado.
—¡Santa mierda, hombre! —ya sabes, simplemente puedes elegir a una, ¡tirártela y
dividir el dinero! —dijo Israel, emocionado. Nicols le dio la mirada más sucia del
mundo, como si él hubiera sugerido que le arrancara la piel a un cachorro o algo.
Israel levantó las manos disculpándose—. Estoy bromeando. Jesús. ¡Es una broma!
—dijo rápidamente, pero podía ver por su rostro que iba completamente en serio.
—¡Así que eso es por lo que Sheyla se me abalanzó fuera del auto! ¿Quién
demonios esta con esto, Ángel? —preguntó Nicols, sonando realmente enfadado.
—Bueno, Millet lo esta arreglando. Todo el equipo de porristas, la mayoría de las
Seniors, yo, Micheille, Yidda —contesté, nombrando a la gente que sabía, pero Nicola
me cortó.
—¿Tú? —preguntó, con los ojos muy abiertos.
Asentí, riéndome.
—Bueno sí, mil ochocientos dólares es mucho dinero. Eso si, solo habían
doscientos cuarenta cuando entré, pero aun así, me gusta jugar —bromeé, dándole
una sonrisa sexy por el espejo.
Israel parecía que iba a explotar.
—¿Tú? ¡De ninguna jodida manera! ¿Qué mierda estabas pensando? —me gritó,
haciéndome estremecer. Odiaba ver a Israel enfadado.
—Israel, es mucho dinero simplemente pensé, ya sabes, sería divertido. Nunca se
sabe. Podría perder mi virginidad con el famoso Nicols —bromeé, moviendo
las cejas hacia él.
Israel comenzó a reírse, parecía aliviado; obviamente pensó que estaba bromeando.
Sonreí y miré por la ventana; no era buena mintiendo, si me preguntaba si estaba
bromeando tendría que decirle la verdad.
—Jesús, Ange, ¡me asustaste! Creí que ibas en serio —rió Israel, golpeando el
hombro de Nivola, orgulloso—. Mil ochocientos dólares es asombroso, Nicola. Me
pregunto a cuantas chicas te podrás tirar en una noche, si ellas se creen que es
para ganar la apuesta.
Jadeé. ¡Oh mierda! Genial Israel, pon eso en su cabeza, ¡estoy segura que es lo que
necesita oír ya que su novia no quiere hacerlo!
—¡Maldición Israel! Tengo novia —gritó Nicola, sonando un poco desesperado.
—Sí, lo sé, pero vamos, las chicas van a estar desesperadas por ganar, te apuesto a
que puedes conseguir lo que sea —Israel sonrió, moviendo sus cejas.
—Israel, para. No quiero a nadie más, estoy loco por mi chica. No la voy a joderlo
con ella —empezó Nicols, orgulloso. Me sonrió por el espejo y mi respiración
comenzó a disminuir mientras mi pánico descendía. Confianza. Necesitaba confiar
en él y parar de asumir siempre lo peor.
Dejamos a Israel en el gimnasio y Nicols nos llevó a casa.
—¿Apostaste veinte dólares a que serías la siguiente en dormir conmigo? —
preguntó, sonriendo hacia mí, engreído.
—Exactamente no, la apuesta es sobre la siguiente en cazarte —me encogí de
hombros, riendo.
Rió y cogió mi mano mientras conducía.
—No puedo creer que esto esté pasando. Pensé que una vez la gente supiera que
no estaba interesado, me dejarían en paz, ¡no que tendría más chicas detrás de mí!
De verdad lo siento —frunció el ceño y me besó el dorso de la mano suavemente.
—No te preocupes, no es tu culpa. Supongo que toda esa cosa de la confianza va a
ser muy necesaria a partir de ahora, ¿eh? —bromeé, haciendo una media sonrisa,
fingiendo no estar preocupada por todas las chicas que querían echarse encima de
él en un futuro inmediato.
Llegamos a mi casa y aparcó en su entrada.
—¿Eh, quieres entrar? Podemos decirles a mis padres que estamos juntos. Les dije
que tengo novia y mi madre casi se muere. Te lo juro —dijo, asintiendo hacia su
casa con expresión esperanzadora.
—Wow. ¿Todo eso de conocer a los padres ya? —bromeé, fingiendo estar
asustada—. Digo: ¿Qué si no les gusto? —pregunté, rodeando su cintura con mis
brazos y apoyando mi cabeza en su pecho, fingiendo horror. Rió y también lo hice.
La idea de que a los padres de Nicola no les gustara era seriamente graciosa. Ellos ya
piensan en mí como una hija. Nicola era hijo único por que su madre tuvo algunos
problemas cuando el nació, lo que la hizo incapaz de tener más niños, así que me
amaba y siempre decía que Israel y yo éramos parte de su familia. Los amaba
también; eran unas personas geniales, amables, divertidas y reflexivas. Exactamente como Nicola, aunque me tomó mucho tiempo ver más allá de su bravuconeria.

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