CAPITULO 1
DIANA:
Todo el mundo sabe que soy perfecta. Mi vida es perfecta, la ropa que visto es perfecta e incluso mi familia es perfecta. Y me he dejado la piel en guardar apariencias y hacer que los demás lo crean así, aunque todo sea una farsa. Esta imagen de ensueño se desvanecería si saliese la verdad a la luz.
Estoy en pie frente al espejo del cuarto de baño. Me tiemblan las manos, maldita sea. El comienzo del último curso del instituto y el rencuentro con mi novio después de un verano separados no son motivos para angustiarme de esta manera, pero hoy me he levantado con el pie izquierdo
Mi hermana está sentada en la mesa, en su silla de ruedas, intentado comerse su comida triturada, porque aunque tenga 20 años, sus limitaciones físicas no le permiten masticar y tragar como el resto de la gente.
Mi hermana extiende sus vacilantes brazos y me lanza una sonrisa ladeada. Me encanta cuando sonríe.
- ¿Quieres que te de un abrazo? -le pregunto, aunque conozco la respuesta de antemano.
Mi hermana asiente. La estrecho entre mis brazos procurando que no pueda alcanzarme el pelo con las manos.
.Oh no. Son las 7:30. Mi mejor amiga, Angie, se va a poner como loca si llego tarde a recogerla.
Israel
El último curso. Debería sentirme orgulloso de ser el primer miembro de la familia que terminara el instituto. Sin embargo, cuando eso ocurra, empezará una nueva época para mí. La universidad es sólo un sueño. Este último curso será como una fiesta de jubilación de un hombre de 75 años. Sabes que sirves para algo, pero todos esperan que te retires.
Tras una ducha rápida, regreso a la habitación con una toalla atada a la cintura. Pillo a MI HERMANO con uno de mis pañuelos estilo bandana en la cabeza y se me forma un nudo en el estómago. Se lo arranco y le advierto: - No vuelvas a tocar esto.
Para EL, tan solo es una bandana. Para mí, es un símbolo del presente y de lo que nunca seré en el futuro. ¿Cómo se supone que voy a explicárselo a un niño de once años? Él sabe lo que soy. La sed de venganza y represalia me empujaron a entrar en este círculo, y ahora no hay manera de salir de él. Pero antes muerto que uno de mis hermanos se deje engañar.
- no toques mis cosas. Sobre todo si son de los Latino Blood.
He heredado el nombre de mi padre, que al morir me dejó la responsabilidad que le toca asumir al hombre de la casa. Israel junior. Junior… a mí me da igual.
Antes de subirme a la moto, les devuelvo el saludo a pesar de que me consume la rabia por dentro. Si quieren a un tipo duro como miembro de su banda, lo van a tener. Me he metido tanto en el papel que represento, que a veces me sorprendo a mí mismo.
- Israel, espera -me implora una voz de chica que me resulta familiar.
Vania, mi vecina y ex novia, se acerca corriendo a mí.
- Hola Vania-farfullo.
- ¿Qué tal si me llevas al insti?
La minifalda negra deja al descubierto unas piernas increíbles y la camiseta ajustada realza unos pechos preciosos. Hubo una vez en la que podría haber hecho cualquier cosa por ella, pero eso fue antes del verano pasado, cuando la pillé en la cama con otro, o en el coche… lo mismo da.
- Venga Isra, no muerdo… a no ser que tú quieras que lo haga.
Vania es mi chica Latino Blood. Seamos o no pareja, debemos cubrirnos las espaldas. Es nuestro código.
- Sube -digo
se sube a la moto de un salto, y mientras me abraza con fuerza el torso, acaba colocándome deliberadamente las manos sobre los muslos. Sin embargo, no surte el efecto que espera. ¿¿Qué piensa, qué he olvidado todo lo que pasó?? De ningún modo. Mi pasado define lo que soy en mi presente. Intento concentrarme en mi último año, en el aquí y ahora. Aunque es muy difícil hacerlo porque, por desgracia, lo más probable cuando termine el instituto, es que el futuro que me espera sea tan jodido como el presente.
DIANA
- El pelo se me encrespa siempre que monto en este coche, Angie. Cada vez que bajo la capota parece que me ha pasado un tornado por encima -le comento a mi mejor amiga - Es que el aspecto es todo.
--Diani, pareces una diosa griega con un peinado azabache salvaje. Sólo estás nerviosa porque estás a punto de ver a Mario.
Desvío la mirada hacia la foto en forma de corazón que hay sobre el salpicadero, en la que salimos Mario y yo.
- La gente puede cambiar en un verano.
- Pero la distancia refuerza el cariño en una relación -responde Angie- Tú eres la capitana de las animadoras y él es el capitán del equipo de fútbol del instituto. Si ustedes 2 no están destinados a estar juntos, es que el mundo se encamina a su fin
Entro en el aparcamiento del instituto pensando más en mi hermana que en la carretera. Las ruedas del coche chirrían cuando freno en seco al ver que casi impacto con un chico y una chica montados en una moto. Pensaba que había un espacio libre para aparcar.
- Cuidado niña -dice Vania, la chica que veo en la parte de atrás de la moto, y que ahora me enseña el dedo.
Es obvio que no presto mucha atención en clase de educación vial cuando hablaron de la violencia en la carretera.
- Lo siento -grito para que puedan oírme por encima del rugido de la moto-. Pensaba que no había nadie aparcando.
Entonces me doy cuenta a quién pertenece la moto. El conductor se da la vuelta, con una mirada enfadada en sus ojos y una bandana roja y negra. Me hundo en el asiento del conductor tanto como puedo.
- Maldicion, es Israel -digo, haciendo una mueca.
- Mierda, Diani -añade Angie en voz baja-. Me gustaría vivir para ver nuestra graduación, así que sal aquí antes de que decida matarnos a las 2.
Israel me fulmina con la mirada diabólica mientras baja el caballete de su moto. ¿Acaso va a plantarme cara?
Israel da un paso hacia el coche. Mi instinto me dice que salga de allí y eche a correr, como si estuviera atrapada en las vías del tren y viera la locomotora aproximándose directamente hacia mí. Miro a Angie, quien está demasiado ocupada buscando en el bolso. ¿Está jodiendo o qué?
- No consigo poner la maldita marcha atrás. Necesito ayuda. ¿Qué estás buscando? -le pregunto
- Pues… nada. Sólo intento no mirarles a los ojos a los Latino Blood. Date prisa, ¿quieres? -dice Amgie entre dientes-. Además, yo sólo sé conducir coches automáticos.
. Después de dejar el coche en la zona oeste. Lejos de un pandillero cuya reputación atemorizaría al más duro de los jugadores de fútbol del instituto, Angie y yo subimos los escalones que llevan al instituto Berckington. Por desgracia, Israel y el resto de sus amigos nos esperan en la entrada principal.
- No te detengas -masculla Angie- Haz lo que quieras, pero no los mires a los ojos.
Cuando Israel se coloca frente a mí, bloqueándome el paso, se que va a resultar muy difícil seguir el consejo de Angie.
¿¿Cual era la frase que debía entonarse justo antes de morir??
- Eres una pésima conductora -dice Israel con su acento latino, adoptando una pose de macho ibérico.
El chico tiene el cuerpo musculoso y el rostro impecable, casi podría pasar por un modelo, pero la expresión de su rostro es más bien de las que aparecen en las fotografías de los más buscados en las comisarías.
Los chicos de la zona norte no se relacionan con los chicos de la zona sur. No es que nos creamos mejores que ellos, pero somos diferentes. Hemos crecido en la misma ciudad, pero en zonas completamente diferentes. Nosotros vivimos en grandes casas, y ellos viven cerca de las vías del tren. Nosotros nos vestimos, hablamos y actuamos de otro modo. Nuestro aspecto es distinto. No quiero decir ni que sea algo bueno ni malo, pero así funcionan las cosas. He de admitir que la mayoría de las chicas de la zona sur me tratan como lo hace Vania… me detestan por lo que soy.
O mejor dicho, por lo que creen que soy.
La mirada de Israel me recorre lentamente el cuerpo, de arriba abajo, antes de detenerse de nuevo en la cara. No es la primera vez que un chico me mira de esa forma, pero nunca lo habían hecho como lo está haciendo Israel, tan descaradamente… y tan cerca. Siento que empiezo a ruborizarme.
- La próxima vez, mira bien por dónde vas -dice con un tono de voz frío y dominante.
Está intentando intimidarme. Es todo un profesional. No permitiré que se salga con la suya y que gane este jueguito de intimidación, aunque el estómago no deje de darme vueltas. Enderezo los hombros y le lanzo una sonrisa de desprecio, la misma que utilizo para quitarme a la gente de encima.
- Gracias por el consejo.
- Si alguna vez necesitas a un hombre hecho y derecho que te enseñe a conducir, puedo darte algunas clases.
Los silbidos y exclamaciones de sus amigos me sacan de quicio.
- Si fueras un hombre hecho y derecho, me habrías abierto la puerta en lugar de bloquearme el paso -digo, regodeándome con la respuesta, aunque me flaqueen las rodillas.
Israel se aparta, abre la puerta y hace una reverencia como si fuera mi mayordomo. Está riéndose de mí, lo sabe y yo también. Todos lo saben. Echo un vistazo a Angie, que intenta a la desesperada buscar nada en el bolso. Qué ingenua.
- Madura un poco -le suelto a gaston.
- ¿Como tú? Deja que te diga algo, preciosa -contesta el con brusquedad-. Tú vida no es real, solamente es una farsa, como tú.
- Al menos es mejor que vivir la vida de un perdedor -le espeto, esperando que mis palabras le duelan tanto como lo han hecho las suyas-. Como haces tú.
tomo a mi amiga por el brazo y tiro de ella hacia la puerta abierta. Los silbidos y comentarios nos siguen mientras atravesamos la entrada del instituto. Por fin, dejo escapar el suspiro que he estado reprimiendo y me vuelvo hacia Angie. Mi mejor amiga me está mirando fijamente, los ojos como platos.
- Mierda Diani. ¿Quieres que te maten o qué?
- ¿Con qué derecho intimida Israel a todo aquel que se interpone en su camino?
- Bueno, puede que ayude el arma que lleva escondida en los pantalones o los colores de su bandana -dice Angie, con un tono de voz cargado de sarcasmo.
- No es tan estúpido como para traer un arma al instituto -le contesto-. Y me niego a ser intimidada ni por él ni por nadie.
Por lo menos en el instituto, que es el único lugar donde puedo fingir mi fachada perfecta porque todos se lo tragan.
- Me asegurare de que tengas un funeral p-e-r-f-e-c-t-o, con flores y todo.
- ¿Quién ha muerto? -pregunta alguien a nuestra espalda.
Me doy la vuelta. Es Mario. El sol le ha aclarado el pelo , y luce una sonrisa tan amplia que parece ocuparle toda la cara. Ojalá tuviera un espejo para comprobar que no se me ha corrido el maquillaje. No obstante, estoy segura de que a Mario no le importaría, ¿¿o sí?? Echo a correr y le doy el más fuerte de los abrazos.
Él me sujeta con firmeza, me besa con dulzura en los labios y se aparta para preguntarme de nuevo:
- ¿Quién ha muerto?
- Nadie -contesto- Olvídalo. Olvida todo lo que no tenga que ver estar conmigo.
- Es fácil hacerlo cuando estás tan guapa -dice y me besa otra vez-. Siento no haberte llamado. Ha sido un estupidez. Tenía que deshacer las maletas y todo eso.
Le sonrío y me alegro de que la distancia que nos separó durante el verano no haya influido en nuestra relación. Parece que el mundo no va a acabarse, al menos por el momento.
Mario me rodea los hombros con el brazo cuando se abren las puertas del instituto. Israel y sus amigos se abren paso a empujones como si estuvieran allí para atracar el centro.
- ¿Por qué se molestan en venir a clase? -masculla Mario suficiente bajo para que nadie pueda oír el comentario-. De todas maneras, la mayoría abandonara el instituto antes de que acabe el curso.
Mi mirada se cruza brevemente con la de Israel, y un escalofrío me recorre la espalda.
- Esta mañana casi choco con la moto de Israel -le cuento a Mario en cuanto Israel desaparece por el pasillo.
- Pues ojala lo hubieras echo.
- ¡¡¡¡Mario!!!! -le regaño.
- Por lo menos le hubiera dado un poco de emoción al primer día de clase. Este instituto es un jodido aburrimiento.
¿Aburrimiento? Casi tengo un accidente de coche, una chica de la zona sur me ha mandado a la mierda y he sido acosada por un peligroso pandillero a las puertas del instituto. Si esto es un anticipo de lo que me espera el resto del año, el instituto será todo menos aburrido.

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