martes, 28 de enero de 2014

"Amigos Desconocidos" capítulo 30




El primer día de clases tras la gran revelación había concluido. Diana estaba agotada de quitarse de encima a cuanto moscardón pasaba junto a ella. Estaba segura de que era un complot para irritarla hasta volverla loca de histeria. Estaba al borde de un ataque psicótico que no beneficiaría a nadie. 

Tras quitarse de en medio al último conquistador que quiso hacer el milagro de seducirla, se sentó junto a Vico en el césped, en la zona de siempre. Se apoyó sobre el árbol que prácticamente tenía marcado como de su propiedad, y suspiró exasperada.

- La culpa la tienes tú por venir vestida así -le acusó Juli risueño.

Había decidido que era una tontería seguir fingiendo lo que no era. Pero tampoco se sentía muy cómoda yendo muy arreglada. En realidad, no iba nada arreglada, se dijo mientras se miraba de arriba a bajo. No llevaba ni una pizca de maquillaje, unos vaqueros gastados y una camiseta simple de tirantes. Era posible que la camiseta se ajustase a la perfección a su cuerpo y que los vaqueros fuesen una segunda piel, pero ella no consideraba que eso fuese suficiente para el escándalo que todos le estaban armando. Decidió dejarse el pelo suelto porque al menos así podría cubrirse un poco y que no viesen la cara de cólera que tenía. Pero su acompañante no tuvo problemas en darse cuenta.

- Aún no me creo que Isra te cachara -afirmó Juli sacándola de su irritación con el sexo masculina.

Sí, la descubrió ¡La descubrió por completo! Y ella a él. Y le encantó lo que vio, tocó, besó, acarició,... Tenía que dejar de pensar en Israel así porque solo se hacía daño. Solo eran amigos. Y ni eso estaba a salvo aún. Tendría que esforzarse mucho para mantener su amistad. Sabía que Israel era muy comprensivo y la perdonaba por todos sus engaños. Pero no lo olvidaría. Estaba segura de que acabaría teniendo malas consecuencias para su relación.

Isra estaba algo nervioso por ir al encuentro de su amiga. Sabía donde encontrarla. Llevaba toda la mañana escuchando comentarios de todo tipo sobre su apariencia, así que supo que no la encontraría con una de sus camisetas viejas precisamente.

Y así era. En la distancia la distinguió sin problema. Apoyada distraídamente sobre su árbol favorito, con el cabello brillante haciéndole la competencia al sol. Era tan hermosa que no debería ser aconsejable mirarla durante mucho tiempo, si quería mantener su salud intacta. Se veía triste. Cuando un grupo de novatos se acercaron a ella y minutos después salieron despavoridos, supo qué le pasaba. Estaba harta de que todos la juzgasen por su físico. Comenzaba a entender por qué había mentido. No le gustaba ser el centro de atención como al resto de superficiales que él conocía.

¡Esa si era su Diani!, se dijo orgulloso Israel, mientras seguía observándola. Pero a continuación su alegría se evaporó al verla apoyar su cabeza sobre Julián y este besarle la frente. Ella estaba demasiado bella para que un contacto como ese fuese amistoso. Lo fuese o no, a él no le dio tiempo a recapacitar, cuando ya estaba frente a ellos con el ceño fruncido.

- ¡Hola! ¿Interrumpo? -espetó secamente Israel.
- Sí, el Sol. Me lo tapas -respondió Julián haciendo un gesto para que se moviese.

Diani se quedó petrificada al escucharlo. Se veía tan bello allí como una roca parado frente a ellos. Parecía un dios con el Sol a su espalda. Tuvo que contener la respiración con esa imagen. Pero mantuvo la compostura y solo fue capaz de mirar a Julián tras su pequeña broma. Este notó la tensión en el ambiente y se excusó, poniendo tierra de por medio.

Pasaron unos minutos incómodos e Israel se sentó junto a ella. Se suponía que debería actuar como siempre. Pero se le olvidó cómo se hacía. Suspiró frustrado e intentó buscar un tema de conversación. No lo encontró.

Era la primera vez en sus vidas que la presencia de Vania dirigiéndose hacía ellos los alegraba. Y ella parecía igual de feliz, al menos, sonriente.

- ¡Oh, Diana que cambio! ¡Estás muy... bien!

¿Bien? Él diría espectacular, preciosa, bellísima, más hermosa que una diosa bajada del Olimpo. Tenía que dejar ya de fantasear con ella. No era correcto que pensase así de su amiga. Aunque él tuviese razón y fuese la mujer más guapa del planeta.

- Sí, gracias -contestó Diana con media sonrisa- De vez en cuando es bueno ponerse mona para recordar que no soy uno más de los chicos. Claro está, no pienso levantarme dos horas antes para ponerme cinco capas de maquillaje para que no me reconozca ni yo en el espejo.
- ¿Insinúas algo? -preguntó irritada Vania.
- ¡Claro que no! Si es más que obvio que los dos dedos de raya negra en tus ojos y los dos kilos de colorete, son de lo más naturales en tu cara -respondió sarcástica.
- Eres una... -intentó decir furiosa mirándola como si la quisiese asesinar- Sin duda hacéis una pareja perfecta -espetó iracunda- Un impotente y una idiota que se cree femenina por ponerse un top por primera vez en su vida ¿Lo has hecho para ligártelo? Todo el mundo sabe que estás enamorada de él ¿Crees que así te echará más cuenta?
- Con tu primo funcionó -contestó Diana sonriente.
- ¡Golfa! -insultó furiosa.
- Gracias. Se hace lo que se puede -replicó la chata burlona.

Israel estaba acostumbrado a escuchar a su amiga burlarse de Daky, con ingeniosas réplicas. Pero sabía que esta vez no todo era mentira. sabía que ella había tenido algo con Niko. Era consciente de que ella no pretendía seducirlo, se había vestido así porque estaba harta de ir disfrazada. Comparada con la ropa que le había visto ese fin de semana, en ese momento, parecía una monja. Y aunque le irritó el verla tan a gusto con el tema se relajó al notar como se lo tomaba a broma.

Vania no sabía cómo responder. Solía pasarle con mucha frecuencia. Lo normal era que Isra acabase saliendo en su defensa y le parase los pies a Diani, para que no se mofase en exceso. Pero ya había perdido los favores de Isra y eso la irritó más. Haciendo que su foco se desplazase hacia él.

- ¡Que patético! Como no puedes excitarte con una mujer de verdad te buscas a una medio hombre como ella -espetó Vania sofocada.
- Bueno -empezó a decir Israel buscando la mirada de su amiga en señal de aprobación. Al obtenerla prosiguió- no puedo quejarme. No le cuesta ningún trabajo ponerme a tono -replicó orgulloso colocando sus manos cruzadas sobre la nuca.

Diana no pudo evitar soltar una carcajada. No solo por la cara de espanto de Vania sino porque era cierto. No recordaba ni un minuto seguido en él que su miembro no hubiese estaba erecto desde que se metieron en la cama. Ni fuera de ella. 

- Ya te dije Vania. Yo que tú iba al médico ¿Cómo es posible que un chico con tanta potencia sexual no... funcionase contigo? En serio, yo que tú me lo miraba -se burló Diana.

Ambos estallaron en risas al ver a Vania alejarse. Isra se acercó a ella y como siempre que estaban de broma le zarandeó suavemente la cabeza. Pero como esta vez llevaba el pelo suelto, una maraña azabache le cubrió el brazo como si quisiese devorarlo.

Israel dejó de reír aunque no de sonreír y la observó mientras se colocaba bien el cabello. Le gustó el tomarse a broma lo que hubo entre ellos. Nadie sabía que era verdad, así que podían bromear cuanto quisiesen. Parecía el tema perfecto para empezar a reconstruir su amistad.

- ¿Así que tengo mucha potencia sexual? -preguntó burlón mientras enmarcaba una ceja.
- Sí, es que pensé que si con ella fuiste... incapaz, iba a quedar poco creíble que dijese que conmigo tuviste eyaculación precoz -bromeó ella sonriente.
- Yo nunca he padecido de tal cosa -espetó irritado.
- Oh, vaya ¿Para ti ese es tú tiempo normal? -preguntó con fingido asombro.
- Serás...

Israel se le abalanzó haciéndole cosquillas sin parar y despeinándola ante las miradas atónitas de todos a su alrededor. Pero les daba igual. Podrían superar lo sucedido entre ellos. Habían sido capaces de hablar sobre el tema e incluso, bromear. Y había algo más, una nueva intimidad que solo ellos dos entendían y conocían. Ya no había nada de lo que no fuesen capaces de hablar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario