lunes, 27 de enero de 2014

"Lazos" capítulo 18





Capitulo
NICOLA
Decidí terminar completamente las cosas con Priscila. Ella no estaba llevando las
cosas bien, pero Eugenia no estaba acostumbrada a ser rechazada. Di un paso en el
claro y el familiar olor de madera quemada y la música alta me daban la
bienvenida. Escuché gritar mi nombre varias veces en saludos pero no presté
atención a quién era. No estaba aquí esta noche para socializar. Había venido por
una razón. Había otras cosas que podría haber hecho esta noche. Pero otras cosas
no incluían echarle un vistazo a Angie. Mi mundo gira alrededor de verla. Si
supiera que ella iba a algún lugar, iría. Era el punto cuando empecé a considerar ir
a la iglesia los domingos. Sabía, por escuchar a Mario, que Angie canta solos la
mayoría de los domingos en la iglesia. No había escuchado su dulce voz cantando
en años.
—¿Es verdad? ¿Realmente rompiste con Priscila?
Me volví para ver a Rafael acercándose a mí, sonriendo. Siempre había tenido
una cosa por Priscila. Acababa de hacerle la noche.
—Sí —contesté, tomando un vaso y llenándolo con cerveza de barril.
—¿Entonces ella puede jugar libre o vas a pegarle a un chico si va tras ella?
Tomé un trago de la cerveza y reí en silencio. Yo en realidad pagaría a alguien para
sacarla de mi espalda. En el momento en que se diera cuenta que me deshice de
ella porque estaba enamorado de Angie sus garras iban a salir. No podía dejar
que dañe a Angie.
—Hombre, ella es un ave libre, por favor se mi invitado.
Rafael me golpeó en la espalda.
—DEMASIADO CALIENTE.

Si sólo supiera. La muchacha tenía problemas de una milla de largo. Cabeceé y
seguí bebiendo mi cerveza explorando la multitud buscando cualquier señal de
Angie.
En el momento que dio un paso en el claro sosteniendo la mano de Mario, mi
corazón se apresuró. Solamente verla me volvió loco. Odié ver su mano en Mario,
pero ella no le prestaba ninguna atención. Ella buscaba en la multitud, me buscaba
a mí. Lancé mi vaso en el cubo de la basura y caminé hacia ellos. Una vez que salí
de las sombras sus ojos encontraron los míos y una sonrisa de satisfacción levantó
las esquinas de su boca. El deseo hizo que mi estómago se encogiera haciendo
difícil que no fuera bruscamente hasta Mario y la reclamara como mía. Él no
debería tocarla.
—Mario —le dije a mi primo, asintiendo con la cabeza antes de permitirme mirar
un poco más a Angie.
Los vaqueros apretados que llevaba se adhirieron a sus Caderas mientras su
bronceado estómago plano jugaba a las escondidas con el dobladillo de su remera
azul pálido. Yo sabía exactamente cuan suave era su piel desnuda contra mis
dedos. Levanté mis ojos de su estómago para encontrar su mirada.
—Angie.
Miré su bello rubor, entonces agachó su cabeza y miró a la persona que estaba de
pie al lado de ella a través de sus pestañas. Seguí su mirada y vi a quien sólo
podría ser una versión crecida de Alondra. Ella me sonrió, pero yo podría ver que era
forzado. Me costó todo mi autocontrol contener una risita. Yo había atormentado a
la muchacha cuando éramos niños, pero ella era siempre tan humilde con Angie.
—Ni ola, recuerdas a Alondra. Creo que una vez la esposaste a la valla de los perros y
la forzaste a cantar alto para liberarla.
La introducción de Angie me hizo reír. No pude pararme a mí mismo esta vez.
Recuerdo haber visto la cabeza de Angiellena de rizos marrones mirándome
alrededor del tronco de árbol cubriendo su boca mientras sus hombros se sacudían
de la risa. Yo había estado tan orgulloso por vengar su honor y hacer, al mismo
tiempo, que se riera. Encontré la mirada de Rocio deseando por millonésima vez
que las cosas hubieran sido diferentes y que ella fuera mía.
—Recuerdo eso. Tú atormentaste tanto a Alondra que es un milagro que no haya
salido gritando cuando te vio esta noche.
La voz de Mario me asustó. Olvidé que él estaba aquí. No podía pensar en mucho
más con Angie mirándome tan dulcemente.
Tosí y volví mi atención a Alondra.
—Ah, sí, pero creo que usted lo pidió. Solía decir algunas cosas bastante ásperas a
Angie y nunca dejé que nadie se dirigiera a ella de ese modo.
Alondra me lanzó una sonrisa que decía que sabía más de lo que debía. ¿Le había
dicho Angie a su prima acerca de lo nuestro? La idea de que ella le haya dicho a
alguien acerca de nuestro verano juntos me hizo más feliz de lo que debería.
Quería que pensara acerca de eso. Quise que necesitara decírselo a alguien.
Diablos, sólo la quiero a ella.
—¿Dónde está Priscila? —preguntó Mario mirando sobre mi hombro como si
esperara que Priscila se agarrara de mí en cualquier momento.
Me costó toda mi fuerza de voluntad no mirar a Angie cuando contesté.
—Rompí con Priscila. No importa dónde está.
Quería ver la expresión de Angie.
—Uh, ¿de verdad? No esperaba eso. ¿No está embarazada, o si? —La acusación de
Mario de romper con Priscila porque la dejé embarazada ralló mis nervios.
¿Siempre había asumido lo peor de mí?
—No, sólo se terminó —contesté en un tono duro que normalmente no usaba con
él.
—¿Hay alguien más? —preguntó Mario.
Me pregunté cómo reaccionaría si le dijera que su novia era ese alguien más. No
dudaba que lo perdería para siempre. Su brazo se envolvió alrededor de la cintura
de Amgie. Ahora mismo era difícil recordar que él era mi primo. En todo lo que
podía concentrarme era en el intenso deseo de arrancar el brazo con el que la
estaba tocando.
—¿Por qué no vamos, nos unimos al grupo y dejamos de interrogar a Nicola?
Esta vez no pude dejar de mirar a Angie. Una sonrisa tocó sus labios antes de
darse vuelta y mirar fijamente a Mario.
—Tienes razón bebé. Puedo interrogarlo en otro momento —contestó Mario y me
guiñó un ojo antes de conducir a Angie hasta el grupo.
Me quede ahí incapaz de seguirlos. Verla acurrucándose contra su costado era
doloroso. Romper con Priscila había sido lo justo desde que la estaba usando sólo para
llevar el estrés pero ahora no había ninguna distracción para dejar de mirar a
Mario con Angie.
—Este no debería ser asunto mío, pero el modo en que Angie y tú se siguen
mirando el uno al otro como si quisieran comerse va a, tarde o temprano, alertar a
tu primo. Él es una persona confiada pero no pienso que sea estúpido.
Quité mi mirada de Angie y y di vuelta para ver a Alondra todavía allí
mirándome con ceño el fruncido y las manos sobre sus Caderas.
¿Qué sabe ella?
—Tienes razón, no es asunto tuyo —contesté bruscamente y me dirigí hacia el
barril de cerveza. Necesitaba otra bebida.

ANGIE
Mario estaba esforzándose para asegurarse de que Alondra se sintiera cómoda con
todos. La presentó a sus amigos más cercanos y fue a buscarle una bebida. No me
preocupaba. De hecho me daba tiempo de mirar a Nicola sin distracciones. No tener
a Priscila alrededor suyo era un alivio, pero también hizo casi imposible que quitara
mis ojos de él. Nicola me atrapó mirándolo y me guiñó un ojo. Mordí fuertemente
mi labio inferior para evitar reírme. Me dieron un codazo en las costillas que me
hizo jadear y me gire a mi alrededor para encontrar a la persona que me golpeó.
Alondra me sonreía inocentemente.
—Estás siendo muy obvia —me dijo entre dientes con una sonrisa falsa en su
rostro.
Sin embargo entendí el significado.
—Necesito ir al auto y buscar mi teléfono. Mi mamá probablemente ya me ha
llamado diez veces hasta ahora —me anunció Alondra.
—Iré contigo —contesté rápidamente, echando un vistazo a Mario quien parecía
satisfecho de que estuviera siendo amable con mi prima.

Yo solía buscar este tipo de aprobación de su parte, pero esta vez me molestó. Si no me gustara mi prima, la pisaría sólo para que él se cabreara.
Una vez que estábamos seguros fuera del claro y dirigiéndonos al coche, Alondra dejó de andar y se dio vuelta para fulminarme con la mirada.
—Tienes aproximadamente diez minutos para juntar a tus duendes antes de que tu
caballero con brillante armadura venga a buscarnos. Voy a ir a buscar mi teléfono y
hacer unas cuantas llamadas telefónicas.
Fruncí el ceño.
—¿A qué te refieres?
—Me refiero a que tienes que dejar de coquetear con Ni ola mientras el equipo
entero de fútbol está alrededor de testigo. Es como si ustedes pensaran que son los únicos allí. Todos tenemos ojos, sabes.
Ella se dio la vuelta y se dirigió a la parte más profunda del huerto de nueces,
hacia los coches estacionados.
—Ella tiene razón, pero es mi culpa. —La voz de Nicola debería haberme asustado,
pero no lo hizo. De alguna manera sabía que él hallaría el modo de encontrarme a
solas.
—Sí, probablemente —dije bromeando mientras me daba vuelta para encontrar su
mirada.
Nicola dio un paso hacia mí, después llevó la mano hacia su cabello y murmuró una
maldición.
—Quería dañar la mano que tenía en tu cuerpo, Angie. Mario, por quien debería
hacer cualquier cosa. Quería dañarlo. Si te toca de nuevo en frente mío voy a
explotar. No puedo con esto.
Eliminé el espacio que había entre nosotros y rodee su cintura con mis brazos. Lo
había hecho. Mi necesidad de estar cerca de Nicola había creado esta situación
imposible.
—Lo siento —murmuré contra su pecho deseando poder hacer que todo
desapareciera.
Él me miró y me envolvió con sus brazos, arrastrándome contra su cuerpo.

—No te disculpes. Sólo intenta que no te toque. Cuando te toca me pongo rojo de
ira. No puedo evitarlo. No quiero verlo a él o a nadie más tocarte.
Retrocedí hasta que pude mirarlo. Su mandíbula estaba apretada fuertemente.
Saber que él pensaba en Mario con tal ferocidad me hizo sentir tan culpable. No
había querido meterme entre ellos y de todos modos lo estaba haciendo.
—¿Qué puedo hacer para que esto esté bien, Nicola? No quiero meterme entre
ustedes. Esa es la razón principal por la que estoy haciendo esto. Él es tu familia.
Nicola enredó sus dedos en mi cabello y me acarició la cabeza.
—Estando con él. Dejando que te toque, que te sostenga, Dios. Me está comiendo.
Estas evitando que Mario me odie, pero lo único que estás haciendo es que yo lo
odie a él.
Levantó sus brazos y los sujetó lejos de mi cabeza mientras que yo daba un paso
atrás. Las lágrimas nublaron mi visión.
—¿Qué se supone que haga, Nicola? Dime. ¿Qué se supone que haga?
Abrió su boca para responder y la cerró mientras sus ojos miraban sobre mi
hombro. Un destello posesivo atravesó sus ojos como si quisiera advertir a
cualquier depredador que estuviera cerca lo que era suyo. Yo sabía sin darme
vuelta a quien le fruncía el ceño con tanta ferocidad. No miré a Mario. No estaba
segura de qué decir.
—¿Qué está pasando? Amgie nunca le grita a la gente. ¿Qué mierda le hiciste,
Nicola?
—Es mi culpa. —La voz de Alondra hizo que deshiciera mi postura derrotada y me
diera vuelta hacia ella.
—¿Qué? —Nicola y Mario dijeron a la vez.
Alondra dio un suspiro dramático y encogió sus hombros.
—Nicola coqueteaba conmigo y a Angir no le gustó. Piensa que él no es lo
suficientemente bueno para mí o algo así. Ellos comenzaron a discutir cuando le
dijo a Nicola que me dejara sola.
No podía creer lo que había escuchado. ¿Acababa Alondra de mentir tan creíblemente por mí y Nicola?
Ella rió y mordisqueó su uña con algún tonto gesto coqueto y sonrió con
satisfacción.
—¿Qué? También podrías decirle la verdad. Tú no piensas que su primo es digno
de tu prima.
Dejé de observar la mirada tímida de mi prima y me volví la reina del drama
cuando giré para estudiar la cara de Mario. ¿En realidad se lo había creído?
Seguramente no. Él miraba con el ceño fruncido a Nicola.
—Nicola deja a la prima de Angie sola. Ella no es una de tus chicas de una noche. Ve y
busca alguna otra muchacha para reemplazarla. No sirve de nada dejar que Amgie se
alborote por todo esto.
Increíble.
Eché un vistazo a Nicola y su expresión me dijo que estaba demasiado furioso.
Estaba listo para matar a Mario. Intervine entre ellos dándole la espalda a Mario
y suplicándole a Nicola silenciosamente. Articulé las palabras "por favor" y vi como
su ira disminuía antes de que se diera la vuelta y se internara más en el huerto de
nueces.
Necesitaba asegurarme de que estaba bien pero no podía hacer eso con Mario
parado detrás de mí esperándome para regresar juntos al campo. De nuevo a
fingir. De nuevo a ser miserable.

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