miércoles, 25 de diciembre de 2013

"Amigos Desconocidos" capítulo 4




Los días iban pasando y Diana se estaba relajando. Las clases recién comenzaban por lo que no estaba muy ajetreada. Y aunque era su último año para licenciarse, estaba tranquila porque tenía su futuro planeado. No todos podían permitirse terminar y comenzar a trabajar en la empresa de papá, como Israel. Pero ella había hecho sus contactos y echaría mano de ellos en cuanto acabase en la universidad. Puede que no la respetasen como mujer de negocios, recién licenciada y con sus antecedentes, pero los que la conocían sabían que su cerebro podía ser una autentica maquina de hacer dinero. Ya había tenido varias solicitudes para hacer pequeñas colaboraciones en un ámbito que le encantaba: la publicidad. Pero sabía que como comenzase a trabajar dejaría de lado los estudios, así que se dispuso a acabar lo antes posible y después buscar empleo. Los veranos solía trabajar junto a Israel en la gran empresa de su padre y así tener algo de experiencia laboral. Pero no quería aprovecharse de su amigo. Sabía que si la contrataban no sería por su capacidad. Y aunque en otro caso no le habría importado, si en el de él. Que otro pensase que darle trabajo es hacerle un favor, le daba igual, ya que le demostraría cuan cualificada estaba. Pero no quería ni pensar que Israel pudiese creer que ella no era valida para el empleo. Puede que le importase demasiado lo que pensase él de ella pero era normal, ¡eran amigos!, se dijo Diana convencida de ello.

Israel deambulaba por la facultad haciendo tiempo para su próxima clase. Sonrió a un grupo de chicas que casi se infartan al verlo y caminó hacía secretaría para terminar de arreglar todos los papeles para la matricula. Siempre dejaba todo para el último momento, le había reprochado Diana. Y era cierto. Era el último día para solucionarlo o se quedaría fuera de esa universidad. 

La secretaria del campus sonreía extasiada a un joven alto y atractivo, que por su tez morena Israel dedujo que no era de allí. No es que no hubiese morochos de ojos claros pero no de piel tan bronceada. Se le acercó e intentó disimular la curiosidad. Pero la mujer estaba tan ocupada babeando por el bello rostro del hombre que no contestaba a sus preguntas. Israel se compadeció de él y le indicó a dónde tenía que ir y le explicó algunas cosas importantes sobre el campus. Tras arreglar los papeles. Cosa que tardó en ocurrir, debido al sofoco de la empleada al cargo, al tener a dos ejemplares de varones jóvenes tan bien formados frente a sus narices. Fueron a dar una vuelta por la universidad y así explicarle mejor su dinámica.

- ¡Perdón! He sido un descortés. Me llamo Julián Zucchi -se presentó extendiendo la mano- Pero puedes llamarme Juli.
- Israel Dreyfus–repuso estrechándole la mano- Isra para los amigos
- Un placer. Perdón, pero esa mujer me tenía medio histérico.
- Vete acostumbrando. No sé de donde vengas pero aquí las mujeres son así de... desinhibidas -concluyó Israel soltando una carcajada.
- No tengo claro de si eso es bueno o malo - dijo Julián sonriente- Yo recién llego del extranjero. Estuve unos años en Europa. Mi padre quería que me formase en una universidad inglesa como él hizo. Pero falleció hace unos meses y me he tenido que hacer cargo del negocio familiar. Pensé que no sería una buena idea dejar de estudiar porque no me tomarían en serio mis empleados, además este es mi último año. Pero no podía seguir fuera, por eso me he trasladado aquí.
- ¿Entonces eres de acá?-pregunto Israel
- Mi padre sí, y yo nací aquí, pero mi mamá es sueca.-respondio Julián 
- Ahora entiendo. Y siento mucho lo de tu papá -afirmó Israel comprensivo 
- No te preocupes. Apenas lo conocía. Mis padres vivían juntos pero tenían vidas separadas y yo estaba siempre con mi madre. La única vez que mi padre se percató de mi presencia fue para enviarme a Londres. Ahora vivo con mi mamá de nuevo.- añadio Julián 
- Mis padres también se separaron. Pero ellos tuvieron que poner tierra de por medio. Mi madre no consiguió arruinar a mi papá por mucho que se esmeró, y decidió irse a buscar una nueva victima lejos de aquí, donde nadie supiese como era en realidad. Viví un tiempo con ella pero no soporté su frivolidad y volví con mi papá. No me quejo, ahora tengo una familia de verdad. Mi papá se volvió a casar y es una mujer muy buena. Y tengo muchos amigos. Creo que mi necesidad de volver fue más por no perder a mis amigos que por mis padres -meditó Israel.

Hablaron durante largo rato sobre sus vidas. Ambos notaron la facilidad con la que se abrían el uno al otro. Se habían caído muy bien. Y aunque Julian lo necesitaba para conocer más de ese lugar desconocido para él, no fue eso lo que le impulso a estar toda la mañana con él, sino lo cómodo que le resultaba. 

Ya con bromas Israel iba clasificando a los estudiantes que se encontraba a su paso. Comentó la afición por el tabaco ilegal de un grupo sentado en una zona estratégica del campus, señaló a los típicos lerdos, que no era necesario esmerarse en reconocerlos, y fueron hasta el campo de fútbol donde entrenaba con sus amigos. El entrenamientos aún no comenzaba pero las animadoras estaban ejercitándose.

- Me imagino que la morocha es la jefa de animadoras -dijo Julián sonriente por la forma en la que ella los miraba.
-Sí -afirmó Israel con un suspiro- Es Vania o Vani como todos le decimos.
- Veamos si adivino: eres el capitán del equipo de fútbol y ella algo así como tu amiguita en circunstancias especiales -bromeó Julián.
- Algo así -verificó Israel con una sonrisa.
- Esto parece una película de lo más estereotipada. Solo falta que aquella chica -dijo Julián señalando- sea la típica impopular que sueña con ser animadora y vive enamorada de ti. Te hará los trabajos para estar cerca de ti y contentarte.
- No podrías estar más equivocado. Ella es Diana, mi mejor amiga. Odia a las animadoras y todo lo que representan. Y le cuesta la misma vida acordarse de hacer sus propios trabajos, no creo que nunca se pare a pensar en hacerme alguno a mí -explicó divertido Israel.
- ¡Vaya! Eso no me lo esperaba. El capitán del equipo de fútbol el mejor amigo de una... - Julian se quedo helado al verla girarse y sonreír. Sin nada de maquillaje y una simple cola, era el rostro más perfecto que había visto nunca. Sus enormes ojos marrones se le clavaron en el alma y esa sonrisa lo cegó hasta no recordar quien era o lo qué hacía allí- ¡preciosidad!
- ¿Qué? ¿Diana? -preguntó extrañado.
- Por Dios, ¿no serás tan ridículo de decir que semejante mujer es fea? Esos enormes ojos y esos labios carnosos... ¡Tienes que presentármela!
- ¿Estás de broma, no? ¿Diani? -repitió Israel de nuevo incrédulo.
- ¡Oh vamos! Esa ropa no engaña a nadie. Podría ponerse un saco y estaría igual de bien. Aunque no hay mucha diferencia con lo que lleva. Puede que necesite un asesor en moda, y no es el tipo de mujeres en las que me suelo fijar, pero con esa cara de ángel ¡haré una excepción!
- ¿Estás de broma, no? -volvió a repetir Julian malhumorado- Diana es mi mejor amiga, no voy a dejar que juegues con ella. Puede que no sea una belleza pero es muy buena chica.
- ¿Es que no tienes ojos en la cara? ¿Que no es una belleza? ¿Es que tiene que llevar pompones para que la veas bien? -le espetó Julián extrañado.
- ¡No digas tonterías! Puede que yo no sea muy objetivo porque siempre la he visto como mi hermanita, pero si nunca ha tenido novio ni ningún hombre se ha interesado por ella es por algo.

Por supuesto que no era bella, pensó Israel. Era cierto que tenía unos enormes ojos en los que podías perderte como si fuesen un océano. Puede que cuando sonriese pareciese capaz de salvar una vida con esa simple sonrisa. Es seguro que tenía una cara angelical. Pero en ningún momento podría decirse que era una belleza. Nadie la compararía con esas huecas y superficiales que se llevaban horas delante de un espejo buscando la forma perfecta de seducir a un hombre.Nunca sería una mujer segura de si misma y de su aspecto que haría que los hombres cayeran rendidos a sus pies. Nunca sería la clase de mujer que a él le gustaba.

Aprovechó la llegada del inseparable de su primo para que verificase su opinión. Stephano era muy sincero y además, nunca lo contradecía, así que estaría de acuerdo con él.

- Stephano ¿tú crees que Diana es guapa? -preguntó Israel sin querer escuchar ninguna clase de afirmación y lo dejó claro- ¿A qué no?
- ¿Diana? ¿Guapa? -Stephano miró extrañado a su primo- Pues claro que lo es.
- ¿Qué? Hablo en serio ¿Te parece guapa? -insistió atónito Israel.
- Que sí ¿por qué crees que todos quieren bloquearla cuando jugamos a básquet? -bromeó Stephano. Reía divertido hasta ver la cara de enojo de su primo, y se puso serio al instante- Todo el mundo sabe que es muy guapa. No es el tipo de mujer que haga que te caigas del asiento porque tiene cero feminidad, pero es guapísima.
- ¿Y por qué ninguno me lo ha dicho nunca? ¿O ha intentado nada con ella jamás? -protestó Israel enojado- Si tan guapa les parece habría alguno al que no le importase de qué forma vistiese.
- Más de uno -confirmó Stephano muy serio- Pero todos cuando los conocen piensan que estan juntos y ya después se convierte en un colega más y es como morboso intentar ligar con uno de los nuestros, aunque sea una chica.
- Hola ¿De qué hablan que están tan serios? -se preocupó Diana al acercarse. 
Nadie contestó y solo miraron a Israel que la inspeccionaba de arriba a bajo como buscando algo que se le hubiese pasado por alto.
- Nada -dijo finalmente Stephano- Solo decíamos que eras muy guapa e Israel no estaba de acuerdo.

Por alguna razón ese comentario le dolió más de lo que le gustaría reconocer a Diana. A ninguna mujer le gusta que le digan que no es hermosa pero no a ella. Es cierto que le gustaba seducir y aprovechaba su aspecto para ello. Pero ella consideraba que era cuestión de actitud no de físico. Si alguien no la consideraba bella no le importaba, para gustos los colores, y a ella los gustos de los demás le eran bastante irrelevante. Había conseguido que hombre que odiaban las castañas, que se sentían atraídos por mujeres mucho más voluptuosas o incluso, que no soportaban a las chicas tan exuberantes, cayesen rendidos a sus pies. No le preocupaba que la considerasen fea. Ninguno excepto Israel ¿Por qué demonios pensaba que era fea?, se preguntó ella. Le entraron unas ganas locas de ir a su casa colocarse un vestido ceñido y unos tacones de aguja y demostrarle lo bella que podía ser. Pero no era más bella por disfrazarse mejor, pensó apenada. Si con la cara limpia, su verdadero rostro, pensaba que era fea, daba igual que con un kilo de maquillaje si estuviese hermosa.
Israel maldijo el día en que dejó que su primo se acercase a ellos. Vio fugazmente la tristeza en los ojos de su adorada amiga y quiso matar a golpes a ese bocazas. Pero justo cuando iba a corregir el error de Stephano, Diana sonrió y desvió la mirada curiosa hacía el tercer hombre, desconocido para ella. Y no le gustó nada las sonrisas que se procesaban ambos. Diana no podía fijarse en un tipo como ese. Era el típico mujeriego. Lo tenía todo y presumía de ello. Era un modelito que creía poder conseguir a cualquiera. Era... ¡como él!, afirmó Israel asombrado por el camino que estaban tomando sus pensamientos. Ella no podía fijarse en un tipo como... ¡No podía!

__________________________________
Hola!! Gracias a todos por leer!!
Si quieren leer otra novela isriana sigan a @fco_israydiana sube una novela dms linda! La primera nove isriana que existió! Y 100% recomendable

Gracias en serio a todos los que leen y FELIZ NAVIDAD!!

No hay comentarios:

Publicar un comentario