Diana había decidido exactamente lo que haría para librarse del molesto novio, y así se lo contó a Yidda. Su amiga tenía reservas respecto al plan. Le había propuesto que huyese si lo veía o inventase una tapadera. En vez de esto Diana había decidido defenderse atacando.
- No me parece un buen plan -dijo escéptica- Así no consigues quitártelo de encima sino todo lo contrario -protestó Yidda.
- Mi Yidd -cubrió uno de sus hombros con el brazo- Puede que no me libre de él pero lo tendré dominado ¿Para qué mentir si soy una experta manipulando?
- Pero Niko se está enamorando de ti. Si no lo desilusionas será peor- Discutio Yidda
- Para él, no para mí. Si se enamora es su problema. Yo le dejé claro que no quería nada serio. Si se empeña en ver donde no hay, i´m sorry, pero no tengo la culpa- Respondo Diana
- Me importa un pimiento el corazón roto de ese chico, pero si lo buscas ¿no será peor para ti? Quiero decir que se obsesionará y te dará más problemas- explico Yidda
- Mi pobre e inocente Yiddi- se burló Diana mientras la abrazaba- ¡Tengo tanto que enseñarte!
- ¡Loca! -rió divertida Yidda- Yo sé que siempre consigues lo que quieres pero en este caso creo que no te saldrá. Y obvio tienes mucho que enseñarme.
- Como por ejemplo; a librarte de ese novio tuyo.
Yidda era sensual, extrovertida y tan traviesa como Diana. Pero el acaparador, posesivo y celoso de su novio la hizo olvidar su propia forma de ser. Aunque había conseguido dejarlo, seguía sucumbiendo a sus encantos en cuanto se le aparecía. Le rogó de todas las formas posibles a Diana que la ayudase a ser suficientemente fuerte para olvidarlo. Y había comenzado la instrucción.
- Ya no es nada mío -gruñó Yidda
- Recuérdatelo cuando lo veas. Mira a tu alrededor -la giró Diana para que viese a todos los hombres que la observaban- No hay un solo hombre de esta habitación que no desee acostarse contigo. Y salvo sexo, tu querido Miguel no te aportaba nada más. Yo sé que no es fácil volver a crear la confianza e intimidad que ya tenías. Pero él no te aportaba nada. Busca en otros lo que necesites. Seguro que obtendrás más de lo que tenías.
- ¿No crees en el amor? -preguntó extrañada Yidda.
- Mi Yidd, claro que creo en el amor, ¡yo estoy enamorada!-Respondo Diana
- ¿De quién? -quiso saber curiosa Yidda.
- De Peter Pan, pero la diferencia de edad lo hace imposible.- se burlo Diana
- ¡Graciosa! Bueno, pues yo si he estado enamorada y aunque es doloroso, ¡existe!- Dijo Yidda
- El amor es tan real como los cuentos de hadas. Solo existe lo que hay en tu imaginación. Si quieres creer existirá sino confórmate con la realidad. Tú estabas habituada a una vida con un hombre que te cohibía y por el que la atracción y la intimidad, te habían hecho necesitarlo. Pero si cubres todas tus necesidades, él dejará de ser relevante -concluyó Diana- Solo te acuerdas de él porque no estás satisfecha.
- ¿Crees que es fácil olvidar al amor de mi vida?- pregunto Yidda
- No. Creo que es fácil olvidar a un tipo que solo te ha hecho sufrir. Y comprobarás que también será divertido. Un verdadero amor solo es de verdad si te hace feliz, sino lo hace ¿para qué lo quieres?- Contesto Diana
- ¡Gran teoría! -afirmó sonriente Yidda.
- Los hombres son tan... simples. Pero pueden ser realmente divertidos -concedió burlona Diana- ¡No te conformes con lo bueno que tienes si puedes conseguir lo mejor que existe!
- ¿De quién es esa frase?- Pregunto Yidda
- ¡Mía!- Burlo Diana
El buen humor del momento se esfumó en cuanto vio acercarse a Israel. Era evidente que la belleza de Yidda no le había pasado desapercibida. Pero antes de que este llegase ella se fue, asustada por no saber si metería la pata y hablaría de más. Diana le sonrió y despidió, tras lo cual se aproximó a su amigo, ceñudo al verla marcharse.
- ¿Ya se va tu amiga? - pregunto Israel
- Ya se ha ido. Por mucho que mires la puerta no va a volver -bromeó risueña Diana.
- ¿De que os conocéis? -preguntó asombrado Israel.
- Trabajamos en el mismo antro todos los fines de semana -dijo serena Diana.
- ¡Muy graciosa! Ya en serio ¿de dónde se conocen?- Dijo Israel
Conste que ella le había dicho la verdad, pensó Diana. Pero ella sabía exactamente como decir las cosas para resultar creíbles o no. Y decir una bomba como esa de la forma más tranquila que le era posible, no era en lo absoluto creíble. Y lo sabía. Por eso sonrió, sacudió la cabeza y resolvió sus dudas. En realidad no lo hizo pero le dio una respuesta que hizo que se olvidará de la escultural morena.
- Es mi mejor amiga -afirmó impasible Diana.
- ¡Yo soy tu mejor amigo! -corrigió enfadado Israel.
- Bueno, hay cosas que no puedo hablar contigo.- hablo Diana
- ¿Cómo qué? ¡Yo te lo cuento todo! -replicó Israel cruzándose de brazos irritado.
- Lo sé -y lo contaba con todo lujo de detalles, pensó Diana- Pero tú te aburrirías con algunas cosas que comparto con ella
-Oh vamos! ¿Pretendes que me crea que hablan cosas de "mujeres", se van de compras y se maquilláis frente a un espejo mientras pones verdes a los hombres?- dijo Israel
- Isra -dijo Diana boquiabierta mostrando su mejor cara de sorpresa- ¿no me digas que eso es lo que haces tú los sábados por la noche cuando no te veo? -continuó soltándose en carcajadas- Porque para ser hombre sabes muy bien lo que hacen las mujeres a solas.
- Yo... ¡Oh Diana! No digas tonterías.
- Vamos grandullón, no te enojes -ordenó con una gran sonrisa su amiga mientras lo abrazaba- e invitarme a una cerveza.
- ¿Soy tu mejor amigo? -preguntó berrinchudo Israel.
- ¡Obvio! -respondió divertida Diana.
- ¡Bien! -dijo Israel serio pero aliviado mientras la llevaba abrazada hasta la cafetería como si se le fuese a escapar.
Diana sabía desde hacía años lo celoso que era su amigo. La sola idea de que otra persona pudiese ocupar su lugar hacía que se distrajese con enorme facilidad. Y ella sabía utilizarlo a su favor. Había pocas cosas que ella no supiese como utilizar para su provecho. La única que conocía era la felicidad. Nunca fue capaz de utilizarla como era debido. Pensaba que no estaba hecha para ser feliz, que no sabía valorarlo o que simplemente, le aburría enormemente. Puede que solo fuese que aún no había conocido la verdadera felicidad. Si es que existía.
Para la desgracia de Diana no todos sus amigos eran tan volátiles, y en cuanto llegó junto a ellos tuvo que contestar al interrogatorio. Inventó un encuentro casual y una floreciente amistad, basada en el apoyo incondicional. Intentó convencerse de que no era todo mentira, pero comparar una amistad forjada tras la competencia en un local de moda por ser la más exuberante, con una inocente amistad bien intencionada entre dos personas que no comparten el mismo círculo social... no era en absoluto parecido.
Estaba claro que las botas altas y el vestido de un tono chocolate, ceñido hasta la mitad del muslo y abotonado, que llevaba Yidda, no combinaban, para nada, con los vaqueros gastados y la camiseta ancha de Diana. Era lógico que todos pensasen que esa amistad era extraña y peculiar. Pensarían que Yidda estaría haciendo una obra de caridad y quizás quisiese ayudarla a ser más femenina, o que Diana, por alguna razón incomprensible para aquellos hombres, se había acercado a ella para ayudarla en algún asunto. Sabían que ella tenía debilidad por ayudar a todos los que necesitaban ayuda, pero también sabían que Yidda era la clase de mujeres que Diana no soportaba. Pero ¿por qué?, se preguntó Diana ¿Tan difícil era de creer que una mujer autosuficiente sea amiga de otra aunque vistan de distinta forma y tengan distintos gustos? Habría sido un gran argumento, pensó Diana, sino fuese porque ese vestido era suyo.
.....ADAPTACIÓN....
_________________________________________
Gracias a @marioismyshine por la foto! Una genia mi nao!! Espero que les guste y feliz Navidad!
No se olviden de seguir a @Criss_Marilyn

No hay comentarios:
Publicar un comentario